Durante la guerra de la Independencia, tanto el Estado napoleónico, como las Cortes españolas de Cádiz, hicieron tabla rasa de las tradiciones históricas de Navarra y lo mismo ocurrió durante el trienio constitucional entre 1820-23. Sin embargo, la restauración de Fernando Vil (III de Navarra) en 1814 y del absolutismo en 1824, trajo nuevamente la restitución de las insti- tuciones torales. Mientras tanto, las facciones más derechistas, los absolutistas, defensores de las viejas tradiciones, se agrupa- ron en torno a Carlos María Isidro, hermano del Rey, ante el problema sucesorio que se iba a plantear. Este no reconocía a Isabel II y fue desterrado a Portugal.
Los navarros apoyan al pretendiente Carlos, aunque en 1834, la Diputación proclama a Isabel II como Reina legítima. Los tradicionalistas se agrupan alrededor de Tomás de Zumalakarre- gui, que enarboló la bandera de los Fueros y la religiosidad de unas clientelas eminentemente campesinas y conservadoras. La burguesía apoyó al gobierno liberal que se sostuvo en Pamplona. La guerra tuvo graves consecuencias económico-sociales que se dejaron notar en toda Euskal Herria.
El 31 de agosto de 1839, los generales Maroto y Esparte- ro firmaron el Convenio de Vergara, con el que se puso fin a la guerra. Este acuerdo trajo consigo la Ley Confirmatoria de Fue-
ros. En julio de 1841, el Congreso de Madrid aprueba la Ley de Fueros de Navarra. Su promulgación introduce cambios sustan- ciales, tanto en la política como en la vida navarras. Por ella, el antiguo Reino se convierte en una provincia más de España, manteniendo algunas ventajas. Asimismo se desvincula por cuenta propia de la dinámica conjunta mantenida con las Vascon- gadas, que en 1876 también verán cómo sus Fueros serán abolidos al término de la segunda guerra carlista.
La Gamazada
A partir de 1876, el proceso centralizador es ya una realidad. A la muerte de Alfonso XII, María Cristina asume la regencia y en la vida parlamentaria y política se produce la alter- nancia de poder entre liberales y conservadores. Por lo que res- pecta a Navarra, el 10 de mayo de 1893, Germán Gamazo, Ministro de Hacienda, propone una ley por la cual se pretende "aplicar a Navarra las contribuciones, rentas e impuestos que ac- tualmente rigen y los que se creen en las demás provincias del Reino". Navarra reacciona de forma inmediata y a partir de este hecho se suceden manifestaciones de protesta.
El 4 de junio de 1893, 80.000 navarros recorren Pamplo- na, donde los alcaldes y diputados presentan al Gobierno políti- co de la provincia un libro con 120.000 firmas en señal de protes- ta foral. En recuerdo de tal acontecimiento, se crea una comisión para levantar el actual Monumento a los Fueros que hoy puede contemplarse frente al Palacio de la Diputación.
El siglo XX
Hasta 1923, fecha en que el dictador Primo de Rivera llega al poder, la política nacional discurre entre la aparición de nuevas fuerzas, la alternancia política y un clima de inestabilidad social y económica.
En Navarra, la llegada de la dictadura es recibida con los brazos abiertos entre los círculos ultratradicionalistas. El inte- grismo continúa siendo una constante en la vida política de Navarra.
A primeros de siglo, Navarra es una provincia eminente- mente rural. La pequeña burguesía instalada en Pamplona es aún incipiente y está a años luz de la vasca, en cuanto a ejercer un papel dinamizador. Predominan los grandes propietarios de la
Ribera y los pequeños en la Montaña. A medida que avanza el siglo la industria va adquiriendo importancia. El sector hidroeléc- trico comienza a despuntar con empresas como Hidroeléctrica de Navarra, el Irati o Aguas de Arteta.
También destaca la producción de cereales, fábricas de harina y conservas en la Ribera, papeleras en Oroz-Betelu y Villava y un incipiente núcleo siderúrgico en Vera de Bidasoa y All- sasua. Este proceso de industrialización conlleva la aparición de una nueva clase social: el proletariado industrial, que en Navarra va a jugar un papel muy importante hasta la transición democrá- tica.
En torno a los años 20 se van a implantar como fuerzas de izquierda, el PSOE, que en 1920 cuenta con 556 miembros. La Iglesia a través de la Acción Católica creó varios sindicatos rela- tivamente influyentes, sobre todo entre las mujeres obreras.
La República y el Estatuto Vasco
Con la llegada de la Segunda República se va a reanimar el interés político por la recuperación de un marco estatutario propio iniciado en 1916 y paralizado por Primo de Rivera. En 1917 una sesión de la Diputación concluía con la necesidad de exigir la derogación de la Ley de 1839 y la petición ante Madrid de la re- integración foral.
Durante los primeros días de la República distintas perso- nalidades de las cuatro regiones históricas de Euskal Herria encargan a la Sociedad de Estudios Vascos-Eusko Ikaskuntza la redacción de un "Estatuto".
En Navarra tras un proceso político lleno de complicacio- nes se optó por no apoyar el estatuto Vasco-Navarro que se votó entre los ayuntamientos de las cuatro provincias. Esto ocurría el 19 de Junio de 1932, de esta forma Navarra quedaba fuera del proceso estatutario vasco pero como ha demostrado el historia- dor local Jimeno Jurío, muchos compromisarios locales "cambia- ron el voto que les había sido encomendado".
Las nuevas elecciones generales de 1933 permiten a la derecha tradicionalista de Navarra obtener un triunfo absoluto. El denominado Bloque de Derechas es la candidatura más votada.
El éxito de las derechas es generalizado en todo el Estado y Lerroux dirigente del Partido Radical forma gobierno. Sin em- bargo la Revolución de Octubre le obliga a dimitir y se convocan 4 »
nuevas elecciones que en esta ocasión ganará el Frente Popu- lar. Desde el comienzo, los militares inquietos ante la situación comienzan a preparar el golpe de Estado. Es la situación previa a la guerra civil. En Pamplona, Mola junto a Yagüe se levantan apoyando a Franco.
En Navarra la situación previa al enfrentamiento era de clara agitación, los carlistas con el apoyo de Musolini realizaron acciones militares. Asimismo se crearon los "requetés" compa- ñías de tradicionalistas-fueristas cuyas máximas eran Fueros y Religión.
El 17 de Julio de 1936 Mola declara el estado de guerra en Pamplona. Lo que siguió fue una larga serie de ejecuciones y detenciones sumarias, una historia de terror que aún perdura en la memoria de muchos.
Durante la dictadura franquista todos los signos de iden- tidad vascos fueron prohibidos en Navarra, lo mismo que ocurrió en Vascongadas y se desató una fuerte represión contra quienes utilizaban la lengua o bandera vascas (ikurriña).
La Transición democrática
Tras la muerte de Franco, en 1979 se eligen por sufragio universal el Gobierno de Navarra o Diputación Foral y el Parla- mento Foral de Navarra, la primera de las Cámaras Legislativas del Estado. En 1982 se aprueba la ley de Amejoramiento y Rein- tegración del Fuero, que equivale a un Estatuto de Autonomía y opta por la uniprovincialidad.
Actualmente gobiernan en minoría los regionalistas de Unión del Pueblo Navarro (UPN), aunque han firmado un acuerdo presupuestario con los socialistas, la segunda fuerza política de la comunidad y con Eusko Alkartasuna. Herri Batasu- na sigue siendo la tercera formación política en número de votos. Izquierda Unida que cuenta con dos parlamentarios consiguió acceder al legislativo en las últimas elecciones autonómicas de 1991.