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MOVERSE POR PAMPLONA

In document La Guia Del Trotamundos - Navarra (página 98-108)

Los autobuses se llaman en Pamplona "villavesas" por- que la primera línea que se puso en funcionamiento es la que hacía el recorrido Pamplona-Villava. Se distinguen fácilmente por su color verde y en todas las paradas figura un cartel con el recorrido que realiza la línea.

El transporte urbano es bastante barato en comparación con otras ciudades similares. Un billete cuesta 75 pesetas y se compra en el propio autobús. También hay bono-buses válidos para diez viajes que pueden adquirirse al precio de 385 pesetas en los estancos y en algunas librerías. Los jubilados y minusvá- lidos tienen que pagar 190 pesetas.

Además de las líneas que unen el centro con los diferen- tes barrios, existe un autobús nocturno que funciona desde las 22,40 horas hasta las 24,00 horas con una frecuencia de veinte minutos.

Los taxis son bastante caros si se compara con otras ciudades españolas. Un recorrido medio sale por unas 500 pesetas. La tarifa nocturna supone un incremento del 25 por ciento si el recorrido es fuera de la ciudad y de un 50 por ciento si es en el interior.

Además de las paradas ya reseñadas en las estaciones de autobuses y ferrocarril y en el aeropuerto, hay parada de taxis en la plaza del Castillo, Navas de Tolosa, plaza de la Cruz, plaza

del Conde de Rodezno, Teobaldos, Clínica Universitaria, Mo- nasterio de la Oliva, Erletokieta, Txantrea y Errotazar. Si ne- cesitáis un taxi, podéis solicitarlo en los teléfonos 232300 y 230000.

En Pamplona no han puesto todavía limitaciones de apar- camiento tipo ORA u OTA. Sin embargo, es mejor que no entréis en el casco viejo en coche porque os encontraréis cor muchos atascos debido a las furgonetas de carga y descarga y además os resultará imposible encontrar un sitio para aparcar. Si a pesar de todo, insistís y aparcáis en segunda fila o en algún lugar pro- hibido, es muy probable que la grúa aparezca y se lleve vuestro vehículo con total descaro. En los últimos años el Ayuntamiento de Pamplona ha triplicado el número de grúas y aparecen en el momento más inesperado. Si queréis recuperar el coche, debe- réis llamar a los teléfonos 092, 111111 ó 255150 o acudir directamente a la sede de la Policía Municipal en la calle Monas- terio de Irache.

Para que no os ocurra esto, podéis aparcar en el solar que está situado en la calle Tudela, justo detrás de la Estación de Au- tobuses (párking gratuito) o bien en el aparcamiento subterráneo de la plaza de Toros o en el de la Avenida del Ejército, junto al Go- bierno Militar. Este último es más barato.

Tanto en las entradas a la ciudad, como en el interior del casco urbano, existen gasolineras. Estas son las direccio- nes:

Estación de Servicio La Milagrosa: Avda. de Zarago- za, 53.

Estación de Servicio Pío XII: Avda. de Pío XII, s/n. Cooperativa Navarra de Gasolineras: Alfonso el Bata- llador, 2.

Compañía Comercial Distribuidora: Avda. Guipúz- coa, 1.

Estación de Servicio: Navas de Tolosa s/n.

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Pamplona es una ciudad que puede y debe recorrerse a pie. La mayor parte de las iglesias, monumentos, museos y edificios de interés se encuentran en el casco antiguo y sus alre- dedores.

La plaza del Castillo

Os recomendamos iniciar la visita de la ciudad por la plaza del Castillo, el cuarto de estar de los pamploneses y el lugar pre- dilecto de jubilados, estudiantes y parados para pasear, citarse, tomar el sol o leer el periódico. En los últimos años han proliferado los yonkis y las prostitutas más marginadas, vigilados de cerca por los munipas.

El kiosko de la plaza del Castillo suele ser el punto de partida o de llegada de casi todas las manifestaciones que se ce- lebran en Pamplona. La plaza se encuentra rodeada de cafés con terrazas y en cuanto sale un rayo de sol, se llenan de gente. La mayor parte de los edificios que merecen la pena están rehabi- litados. El del café Iruña y el palacio Goyenetxe son los más re- presentativos.

Al lado de la plaza del Castillo se encuentra el Paseo de Sarasate. que algunos llaman Paseo de Valencia, bisagra entre la parte antigua y la nueva. Está jalonado con diversas estatuas de monarcas españoles, que fueron concebidas para ser insta- ladas en el Palacio Real de Madrid y a ambos extremos se sitúan el Palacio de Justicia, construido a finales del siglo pasado y el Palacio de Navarra, sede del gobierno toral, de corte neoclásico. En el interior de este edificio destacan el salón del trono, cuyo te- cho y frisos están decorados con motivos referentes a la historia de Navarra y la capilla, que contiene un hermoso retablo. En sus distintas dependencias hay valiosas obras de arte de Goya, Madrazo y Vicente López, entre otros.

Adosado al palacio de la Diputación se halla el Archivo Real, uno de los mejores del Estado en cuanto a fondos medie- vales. Sobre la imposta del piso principal se han esculpido ocho medallones que representan personajes ilustres de la historia de Navarra.

Frente a la Diputación, el monumento a los Fueros, erigido en 1903. Lo remata una estatua de bronce que simboliza Nava- rra con sus cadenas rotas y con la Ley Foral en el brazo. El mo- numento, obra del arquitecto Manuel Martínez de Ubago, es rico en figuras simbólicas e inscripciones que hacen referencia a las peculiaridades del pueblo navarro.

En el paseo de Sarasate se instala durante los meses de junio y julio la tómbola de Caritas. También es sede de las diferentes ferias del libro nuevo, del libro antiguo y de oca- sión.

El casco antiguo

Desde el paseo de Sarasate podéis adentraros en el casco artiguo por la calles San Nicolás y San Gregorio. Son las calles del poteo y de las compras. Por desgracia, todavía no se ha peatonalizado el casco antiguo, que a veces parece el feudo de los coches, las camionetas de reparto y el humo. La gente va cabreada porque los vehículos invaden incluso las aceras y sólo se puede andar en fila india, sin poder mantener una conversa- ción con el-la colega. Parece que el Ayuntamiento va tomando conciencia de esta situación y ya ha iniciado algunos estudios para comenzar a peatonalizar algunas calles.

La iglesia de S. Nicolás comenzó a construirse a finales del siglo XII, si bien en el s. XIV se construyó la torre que todavía subsiste. En el interior domina el carácter románico austero y pri- mitivo, aunque la nave central es cisterciense.

En el número 19 de la calle S. Nicolás nació el conocido violinista Pablo Sarasate. Siguiendo por la calle Comedias llega- réis a la calle Zapatería que, como su nombre indica, está llena de comercios dedicados a la venta de calzado. En esta calle abundan las casas palaciegas con blasones heráldicos y se hallan representados los mejores ejemplos de la arquitectura ci- vil de ia ciudad. En el portal número 40 hay un edificio barroco del s. XVIII fácilmente reconocible por los dos arcos que tiene a ambos lados de la planta baja.

Un poco más adelante, en el número 50, está el Palacio de los Navarro Tafaila, con una parte central profusamente deco- rada y en el portal 53 el Palacio del Conde Guendulain, un edificio austero de corte clásico. Si os asomáis en el interior del portal, veréis una carroza de estilo rococó.

Frente a este palacio, está la plaza del Consejo, que rememora el emplazamiento de los antiguos Tribunales Privati- vos de Navarra. Está rodeada de edificios de gran interés y el centro está ocupado por la Fuente de Neptuno, diseñada en 1788 por Luis Paret. Conectada a la plaza del Consejo está la plaza de San Francisco, presidida por la hermosa fachada modernista de la Biblioteca General de Navarra, el antiguo Grand Hotel de Pam- plona. La plaza siempre está animada. En un lado, junto a las Escuelas de S. Francisco, los chavales juegan a fútbol o saltan a la cuerda y enfrente, en la parte de la biblioteca, los estudiantes intentan ligar mientras se fuman un cigarro y se olvidan un rato de los exámenes.

En 1993 inauguraron el nuevo párking subterráneo, que generó tanta polémica al oponerse a su construcción numerosos vecinos y comerciantes de la zona, partidarios de peatonalizar el casco viejo en lugar de que entren más coches.

Al lado de la biblioteca, en la calle Ansoleaga está la Cámara de Comptos, una de las mejores muestras de la arqui- tectura civil medieval de Pamplona. Es un pequeño edificio góti- co, que albergaba el antiguo Tribunal de Cuentas del reino de Na- varra. En la fachada exterior sobresale un arco apuntado y unos pequeños ventanucos, mientras que en el interior un corredor de piedra con bóveda de cañón conduce a un tranquilo patio cuadrado con el suelo de hierba.

Desde aquí, por la calle S. Lorenzo, llegaréis a las calles Mayor, Jarauta y Descalzos. Adosada a la iglesia de S. Lorenzo, se encuentra la Capilla de S. Fermín, erigida en 1717 bajo el patronato del Ayuntamiento de Pamplona. En el interior se en- cuentra la imagen-reliquia del santo. Esta capilla está solicitadí- sima por las parejas que se quieren casar y reservan este lugar hasta con dos años de antelación.

En la calle Mayor hay varios palacios de interés histórico- artístico: en el número 2, el Palacio del Condestable, residencia arzobispal durante el s. XVII y parte del XVIII y Casa Consistorial en otra época. En el número 31, el Palacio de los Redín Cruzat, restaurado a mediados del s. XVII. En su fachada hay una gran lápida dedicada a Martín Redín, que fue virrey de Sicilia y gober- nador de Galicia. En el número 65 el Palacio de Ezpeleta, de estilo barroco, cuyo portal tiene una preciosa escalera doble y al fondo hay un patio de planta cuadrada. En la fachada, profusa- mente decorada, hay relieves bélicos y un blasón.

Al final de la calle Mayor, se encuentra la Plaza de Reco- letas, llamada también plaza de los Ajos, por los puestos que se instalan en Sanfermines. Es un rincón muy tranquilo en el que destaca el Convento de las Madres Recoletas, fundado en 1634. La calle Recoletas conduce a la plaza de la O, junto a las murallas. Esta plaza , donde es frecuente encontrar jeringuillas, tiene muy buenas vistas sobre el río Arga y el barrio de la Rotxapea. En verano es uno de los mejores sitios para contem- plar las excelentes puestas de sol. A través de un puente conecta con el parque de la Taconera.

La calle Descalzos, con casas muy viejas y estropeadas tiene un encanto particular con su fuente de tres caños, construi- da en 1856 y el Convento de los Padres Carmelitas, de mediados

del s. XVII. Al igual que la Jarauta, es una calle castiza, aunque un tanto marginal, habitada por emigrantes y gitanos. Alguna parejas jóvenes han comprado en estas calles su piso o su buhar- dilla por poco dinero y la han rehabilitado.

Por la calle Descalzos llegaréis hasta Sto.Domingo, don- de podéis visitar el Museo de Navarra.

Las calles del encierro

En la calle de Sto. Domingo, a la izquierda, se encuentran los corrales, desde donde salen los toros para correr el encierra en Sanfermines. En plena cuesta de Sto. Domingo se encuentra el Hospital Militar. Actualmente lo están rehabilitando y será la futura sede del Departamento de Educación y Cultura del Gobier- no de Navarra. Siguiendo el recorrido del encierro, llegaréis a la plaza Consistorial, donde se encuentra el Ayuntamiento de Pamplona, un edificio barroco construido en 1755 sobre la ruinas del antiguo, del s. XV. El cuerpo inferior, dórico, está jalonado por las figuras de la Prudencia y la Justicia, símbolos de todo buen gobierno, el intermedio es jónico y el superior corintio. Remata el conjunto un frontón triangular con la figura de Hércules.

Por la calle Mercaderes os presentaréis en la mundial- mente famosa calle de la Estafeta, la calle de los toros. Es una de las más animadas del casco viejo, llena de bares y tiendas. Es la más indicada si queréis comprar algún recuerdo de la ciudad.

Desde Mercaderes también os podéis dirigir hacia las calles Mañueta, que desemboca en el mercado viejo, Navarrería y Carmen, que terminan en la murallas o Curia, que desemboca en la catedral.

La catedral

La catedral está situada en la parte más alta y más anti- gua de la ciudad. Edificada en los siglos XIV y XV sobre el mismo solar en que se levantaba la antigua catedral románica, consta de tres naves góticas y está presidida por un retablo del s. XVI. La catedral de Pamplona, junto con la de León, era la mayor de España en su época. La fachada principal es obra de Ventura Ro- dríguez y data de finales del s. XVIII. La nave central está iluminada por dos rosetones y una serie de vanos. En la nave la- teral izquierda se encuentra la capilla de Santa Cristina, con retablos de finales del siglo XVI. La sillería del coro está tallada

por Obray. Sobre el altar mayor se encuentra la imagen románica de la Virgen del Sagrario, ante la cual eran coronados los Reyes de Navarra.

El mausoleo de los monarcas Carlos III y su esposa Leonor de Trastámara, del siglo XV, es uno de los conjuntos es- cultóricos más importantes de Navarra, mientras que el claustro gótico (1277-1472) es a su vez uno de los conjuntos más ricos de la arquitectura medieval europea. Las obras más notables de este claustro son la puerta Preciosa, el refrectorio, la capilla de Jesucristo (siglo XII) y los sepulcros de Pere Amaut y Johana de Beunca.

Una de las torres de la catedral alberga la campana Ma- ría, construida en 1584. Su peso oscila entre los 11.600 y los 13.000 kilos y es la segunda en magnitud del Estado, después de la de Toledo.

Después de visitar la catedral, podéis dar una vuelta por el barrio de la Navarrería, cuna de la antigua Pamplona y del po- blado vascón anterior. El recorrido puede iniciarse en la plaza de San José, situada al lado de la catedral, para llegar hasta la plaza de la Navarrería, con su neoclásica fuente de Santa Cecilia, desde la cual se lanzan en plancha los australianos en Sanfermi- nes.

En la calle del Carmen, número 25, está la casa en la que habitó el general carlista Tomás de Zumalacárregui. En la esca- lera del portal hay un abanderado hecho con cañones de fusil. Y en el número 17 de esta misma calle se encuentra el Palacio del Marqués de Rozalejo, de principios del siglo XVIII. Tiene un her- moso portón con arco central y un escudo en la parte superior. La calle finaliza en el Portal de Francia, construido en 1553. Las murallas

Desde el Portal de Francia, llamado así porque desde este lugar partía el camino hacia el país vecino, podéis dar un paseo por las murallas que miran sobre el Arga.

Las murallas de Pamplona poseían tal fama de inexpug- nables que nadie se aproximó jamás a ellas y únicamente sirvieron a las tropas de Napoleón para defenderse de los ingleses comandados por Wellington. La ciudad fortificada se quedó pequeña a finales del siglo pasado y a comienzos de este siglo comenzaron las demoliciones para derribar parte del cerco de piedra que la rodeaba, impidiéndole su expansión.

El recorrido por las murallas, uno de (os más hermosos que pueden hacerse en Pamplona, puede iniciarse en la luneta de San Bartolomé, situada en los jardines de la Media Luna. Enfrente se halla el baluarte del Labrit, cuyos fosos se convirtie- ron en frontón. El Paseo de la Barbazana, que se inicia aquí, conduce al fuerte del Labrit, construido en época de Carlos I. Desde este paseo se ven las huertas que proveen a los pamplo- neses de verdura fresca cada mañana.

Continuando por el Paseo de la Barbazana llegaréis nue- vamente al Portal de Francia y, más adelante, al Palacio de Ca- pitanía o de tos Virreyes, un enorme edificio con muy buenas vistas del barrio de la Rotxapea. A continuación llegaréis al Hospital Militar, un edificio de mediados del siglo XVI, actualmen- te en restauración.

En este punto el paseo se corta y hay que bajar a la cues- ta de Santo Domingo para continuar por la parte trasera del Museo de Navarra hasta el parque de la Taconera, un excelen- te mirador natural sobre el Arga y el monte San Cristóbal. Los parques

Si hay un elemento que hace de Pamplona una ciudad agradable para vivir, son sus parques. Tanto el casco antiguo como el Ensanche están rodeados de verde. Tan es así que los radioaficionados llaman a Pamplona "ciudad verde" por los 25 millones de metros cuadrados que tiene distribuidos en espacios verdes.

El parque de la Taconera es el más antiguo y cuidado. De estilo francés, posee una vegetación muy variada y hasta hace unos años se podían alquilar bicis. En verano es un lugar muy fresco y tranquilo para pasear bajo la sombra de sus antiquísimos árboles y observar los ciervos y los patos. Os podéis tomar un café en el Vienés, un café muy acogedor, del que os hablamos en el apartado de "Cafés ilustres".

Contiguos a la Taconera, se encuentran los parques de Antoniutti y Larraina. El de Antoniutti, muy arbolado y fresco, posee una pista de patinaje en la que entrenan los chavales du- rante todo el año. También se celebran verbenas populares en Sanfermines y algunos conciertos durante el verano.

El parque de la Media Luna, al este de la ciudad, es de lo más romántico, con sus vistas sobre las huertas de la Magdalena y las piscinas del Club Natación. Tiene un estanque con peces,

una pista de patinaje para niños, muchos árboles y hermosas farolas. Hay un café con una terraza muy animada durante el verano. Cuando el calor aprieta (cosa poco frecuente en Pamplo- na), resulta difícil encontrar una mesa.

Muy próximo a este parque se encuentra el de Tejería, entre la bajada del Labrit y el río Arga, en las faldas de las mura- llas. Hay un paseo peatonal que termina en el puente medieval de la Magdalena.

La Vuelta del Castillo era el espacio vacío que circunda- ba la Ciudadela. Hoy es el principal circuito de footing y el mejor lugar para jugar al fútbol y pasear al perro. Es un parque de estilo inglés con grandes campas y grandes árboles. En la zona situada junto a la plaza de los Fueros hay varias pistas polideportivas.

La Ciudadela surgió tras una ¡dea de Felipe II, que encargó su construcción al capitán Fratín en 1571. La fortaleza de Pamplona, con forma pentagonal, fue considerada en su tiempo como una de las más insignes del mundo. Sus cinco baluartes fueron bautizados con los nombres de Santiago, San Antón, Victoria, Reina y Real.

A la puerta principal, orientada hacia la parte antigua de la ciudad, se accede por la Avenida del Ejército. La otra puerta, llamada del Socorro, da a la Vuelta del Castillo.

En el siglo XVIII la Ciudadela se convirtió en prisión de

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