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GUSTAVO LE BON

In document Thule - La Cultura de La Otra Europa (página 59-62)

El médico, etnólogo, psicólogo y sociólogo francés Gustavo Le Bon nació el 7 de mayo de 1841 en Nogent-le-Retrou (departamento del Eure et Loire) y murió el 15 de diciembre de 1931 en Paris. Estudió la carrera de Medicina, en la que se doctoró en 1876. Se dedicó primero a la higiene y a la fisiología, para posteriormente dedicarse casi por completo a la etnología y a la arqueología. Estamos, pues, ante un hombre que posee todos os conocimientos teóricos básicos para desarrollar una tarea científica y objetiva acerca de la psicología en todas sus particularidades; para llegar a ser el número uno, el genio - valga decir, para ser conscientemente ignorado hoy -, sólo debía poseer además una innata intuición y estar libre de los perjuicios progresistas e igualitarios que imperaban en la época, ya que sin ambos requisitos todos sus conocimientos teóricos sólo le hubieran servido para merecer el adjetivo de "filisteo cultivado", en afortunada expresión de Nietzsche. Para su gloria, y para gloria de la psicología, estaba tan sobrado de la primera cualidad como exento de filisteismo.

Leyendo al Conde de Gobineau y a Gustavo Le Bon, tenemos la sensación de que se halla junto a nosotros la esencia misma del espíritu francés: pensamientos razonados; nada de subjetivismo, tan caro al espíritu hegeliano alemán de la época; y una agudeza en la observación y el análisis que impresionan por su objetividad.

A los profundos trastornos político-militares de la segunda mitad del Siglo XIX que padece Francia (Guerra Franco-Prusiana, la proclamación de la "Comuna de Paris", etc.), le corresponde el honor de contar con un historiador y psicólogo que, lejos de elucubrar teorías inútiles para la paz y la concordia mundial, describe por el contrario la inutilidad de tales presupuestos, cuando no el efecto contrario que producen de la letra que los inspira (no hemos dicho del espíritu).

PENSAMIENTO FILOSOFICO-PSICOLOGICO DE LE BON

La concepción básica de Le Bon es su creencia en la prominencia del sentimiento y las pasiones sobre la razón en los actos humanos, sobre todo colectivos. Su concepción del alma de la raza enlaza con la teoría –Ley- del alma colectiva. Destacan sus razonamientos sobre la sociopsicología de las razas. Acerca del primer concepto, resalta la importancia del concepto de raza en la explicación del fenómeno social. Cada raza tiene una alma propia (Spengler diría, confundiendo, cada cultura tiene su alma), conjunto de caracteres heredados, estableciendo por consiguiente una jerarquía entre las distintas razas (escala de valores). Nuestra época es calificada acertadamente como la época de las multitudes, en cuanto que el advenimiento de las masas (tercer y cuarto estado) a la vida política y su transformación en clases "directoras" es la característica de nuestro tiempo. Ve en ellas una fuerza inmensa por su peso muerto, no por su cualificación, pues, aunque poco aptas para el razonamiento, son extremadamente manejables para imponerse en beneficio del "falsificador de la cultura", en una acertada expresión de Yockey. Asigna también a las multitudes un alma colectiva, haciendo notar que, al formarse, la personalidad individual consciente se difumina y los sentimientos individuales, inconscientes, se orientan en la misma dirección. Los sentimientos multitudinarios son, invariablemente, la impulsividad, la irritabilidad, la sugestibilidad y, junto a su exageración o símplismo, la tolerancia o el dogmatismo. Las opiniones y creencias que influyen decisivamente en las multitudes son las que están profundamente arraigadas en el alma de la raza y en sus tradiciones. Pero sobre todo considera que existe una necesidad instintiva en toda multitud de seres a obedecer a un agitador o a un "leader" (que es lo mismo, aunque se confunda arbitrariamente), estudiando minuciosamente sus medios de acción, particularmente la afirmación categórica, la repetición y la plasmación de la imagen ideal,

De su voluminosa creación literaria-histórica-psicológica, cabe destacar por su importancia y rigurosa actualidad: "Psicología de las multitudes" y "Psicología del socialismo", que abordan temas del máximo interés general y cotidiano, pero no por ello menospreciamos en todo su valor obras como las siguientes: "La Revolución Francesa" y "Psicología de las revoluciones" en un solo libro, "Leyes psicológicas de la evolución de los pueblos", "El desequilibrio del mundo", "La evolución actual del mundo", "La Civilización de los Arabes", "Las Civilizaciones de la India", etc.

En "Psicologia de las multitudes", nos muestra con diáfanos ejemplos el comportamiento que adoptan en este estado las masas de distintos pueblos con componendas raciales heterogéneas; demuestra lo superfluo de las constituciones "de homologación" y de las teorías sobre el Estado y sistema de gobierno que no encarnen realmente el alma de sus respectivos pueblos. Aunque en esta obra lo más significativo sea la descripción psico-patológica de los demagogos, de los parlamentos, de las asambleas. En el párrafo que entresacamos puede sintetizarse el pensamiento de Le Bon sobre lo anterior: "Las decisiones de interés general tomadas por una asamblea de hombres distinguidos (pero demócratas), y dedicados a especialidades diferentes, no son sensiblemente distintas de las decisiones que tomaría una reunión de imbéciles". Y continúa: "En las muchedumbres lo que se acumula no es el talento, sino la estupidez".

Para nosotros, que vivimos aquí (en España) y ahora, con todo el jolgorio parlamentario y partidista, la obra de Le Bon parece una fotografía de la realidad. Pero recordando a Nietzsche, tenemos que decir: "Lo más evidente es lo que hay que ir demostrando continuamente... " En cuanto a "Psicología del socialismo", sorprende la clara visión que de su naturaleza tenía ya formada el eminente psicólogo. Cuando aún podría creerse que el socialismo era una aspiración de las masas proletarias para su redención, Le Bon, después de pasar a examen el carácter común de los apóstoles del socialismo, advierte de ellos, en todos, las mismas constantes: impotencia creadora, envidia y revanchismo. Y al igual que Gobineau muestra otros momentos de la Historia en que estas tendencias se han impuesto. Seguidamente hace una clara distinción entre los sistemas socialistas que van desarrollándose en los distintos países: en Alemania se impone entre el profesorado, previamente influenciado por Hegel, siempre tan ávido de abstracciones filosóficas; en Inglaterra, por el contrario, es completamente imposible que se imponga, siempre y cuando una catástrofe nacional de grandes proporciones no altere en su esencia el carácter nacional, emprendedor y con gran sentido de la autorresponsabilidad, rechazando en consecuencia todo intento colectivista y (aunque parezca paradójico) por tal motivo, nada individualista y muy patriota (Pero hoy en día, Inglaterra ya sufre la catástrofe nacional: ¡Ganó la Guerra Mundial', entregó las colonias y alberga a la mayor población asiático negroide de Europa).

Continuando con esta obra, sumamente preciso es el diagnóstico que sobre la evolución del socialismo en los países latinos hace Le Bon. Con escasas élites (véanse a Gobineau y a Ortega y Gasset en su "España invertebrada"), los pueblos latinos, a falta del espíritu emprendedor de los anglosajones, pretenden que el Estado lo resuelva todo-, la iniciativa privada, cuando realmente existe, siempre está expuesta a ser asfixiada por la envidia de la plebe o por la anquilosado burocracia estatal (y esto sea cual sea el sistema de gobierno). Aquí el afán nivelador, al imperar la plebe, lo conforma todo. Incluso los que creen profesar ideologías más contrapuestas, como por ejemplo los que se llaman "Nacional Socialistas" no digamos ya los Nacional Sindicalistas , no toleran al individuo con ideas e iniciativas propias, poco apto por tanto para trabajar en "fraternidad" común, por más "parda" que esta sea. Su auténtica ideología, desde luego inconsciente ,no es otra que la Nacional Comunista, y esto por más ilusión nórdica (no he dicho espíritu) que pregonen.

Si hasta el presente los países latinos no han tenido gobiernos socialistas que se consolidaran, se debe únicamente a que la suma torpeza, en todo tiempo, de sus dirigentes ha propiciado la anarquía desde el mismo poder. Pero es que el pueblo latino, con todo su socialismo inherente, es en el fondo muy conservador, Al fin y al cabo, como el mismo socialismo...

En apoyo de todo lo dicho, no quisiera que se pensara que exagero o deformo lo expuesto por Le Bon y, como además lo escrito por él a principios de siglo mantiene su vigencia, reproduzco de "Psicología del Socialismo" los siguientes párrafos a modo de recordatorio y de broche final:

SOBRE EL "SOCIALISMO: "Todas las promesas de felicidad del socialismo deben realizarse en la Tierra. Ahora bien, la realización de tales promesas se estrella fatalmente con necesidades psicológicas y económicas, sobre las cuales nada puede el hombre, y por esto la hora del advenimiento del socialismo será también la de su decadencia indudable. Podrá el socialismo triunfar un momento, como han triunfado las ideas "humanitarias" de la Revolución (la francesa), pero perecerá muy pronto en sangrientos cataclismos, porque no se subleva en vano el espíritu de los pueblos. Constituirá, pues, una de esas efímeras religiones, que un mismo siglo ve nacer y morir, y que sólo sirven para preparar o renovar otras mejor adaptadas a la naturaleza humana y a las necesidades de toda especie. Considerándolo desde este punto de vista, como agente de disolución destinado a preparar la aparición de nuevos dogmas, es como el porvenir no juzgará quizás al socialismo enteramente funesto". (Ver sobre esto la exposición que Nietzsche hace al referir la "Ley del eterno retorno"; y cabe señalar que Le Bon y Nietzsche no se habían leído mutuamente en estas fechas).

SOBRE LOS LATINOS: "Un latino no considera la libertad más que como el derecho de perseguir a los que no piensan como él. Los pueblos latinos han dado siempre pruebas de una gran valentía. Pero su indecisión, su imprevisión, su falta de solidaridad, su carencia de sangre fría, su temor a las responsabilidades, hacen inútiles estas cualidades de valentía cuando no están bien dirigidas". Para seguidamente observar: "Cuando los latinos han tenido hombres de genio a su cabeza se han mostrado muy brillantes; pero sólo han brillado en estos momentos". Finalmente, hemos de decir que toda la ciencia raciológica, desde Gobineau a Jacques de Mahieu, ha coincidido en que la supremacía de una raza sobre otra no reside en la inteligencia abstracta o contemplativo (léase griegos socráticos o a los actuales hindúes), sino en el CARACTER, esto es, en la energía creadora. Así lo manifiesta igualmente Le Bon cuando afirma: "Importa hacer notar aquí lo que ya he observado muchas veces en mis últimas obras: que nunca es por la disminución de la inteligencia, sino por la extinción del carácter, por lo que los pueblos entran en decadencia y desaparecen de la historia. La ley se ha verificado en otro tiempo con los griegos y los romanos, entre otros, y hoy se verifica de nuevo". J.L.T.

In document Thule - La Cultura de La Otra Europa (página 59-62)