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JOSE MARIA PEMAN

In document Thule - La Cultura de La Otra Europa (página 174-177)

Si preguntásemos en 1936 qué intelectual representaba más fielmente en España el espíritu fascista del Movimiento que acababa de nacer el 18 de julio, se nos respondería posiblemente que José María Pemán.

José María Pemán tenía ya sus 38 años y era un escritor popular, que había ya realizado algunas de sus obras inmortales. Gaditano de sangre y espíritu, había nacido en 1897. Su "Divino Impaciente", escrita en 1930, fué no sólo una obra dramática excepcional, sino que se convirtió en bandera contra la República. Además, Pemán escribía en diversos diarios, especialmente en ABC, periódico que entonces representaba la ultraderecha contra la República, cercano en muchas ocasiones a la línea moderada de los fascismos de preguerra. Esta actividad suya de oposición a la República democrática y marxista pasó pronto de la dialéctica a conjura movimentista, con la muerte de Calvo Sotelo, gran amigo suyo. A él dedicó unos sentidos versos en su muerte: '

“iNo hay nada que decir!. ¡Hay mucho que hacer! ¡Y por Dios y por Santiago que se hará!" Pemán se alistó entre las figuras representativas del Movimiento, siendo miembro de la Junta Técnica de Burgos de 1936, como encargado de Cultura y Enseñanza, colaborador íntimo de Franco como representante máximo de la intelectualidad fascista española. Fue partidario decidido de la unificación entre Falange y Requeté en un sólo partido único, vistiendo él mismo numerosas veces la boina roja y uniforme azul. Su primera contribución propagandística al Alzamiento fué su poesía "Poema de la Bestia y el Angel", canto lírico a la guerra santa, a la cruzada nacional contra la democracia y el marxismo, un canto a la sublevación armada. En su prólogo define que esta guerra no es una guerra civil, sino la lucha eterna entre el mal y el bien, entre la Bestia y el Angel:

"La mano de la guerra es como cinco arados que buscan por la tierra de nuestro ser, los otros enterrados.

Mi mente se ha hecho exacta, definida, segura, lejos de toda niebla de vaga realidad.

La Guerra es casta y dura como es dura y casta la verdad.

No me turba el destino ni la suerte... ¡Cuánta paz en el fondo de la guerra".

Inmediatamente inició una campaña ideológica mediante arengas radiofónicas y folletos. Es famosa su alocución en Radio Nacional de Salamanca el 18 de mayo de 1937, bajo el título "Los Intelectuales y el Nuevo Estado", en la que define claramente el enemigo del Alzamiento y del fascismo: "Para el delito de la alta traición nacional que significa el pacto masónico, judío, internacionalista, cometido con el agravante de la inteligencia, el nuevo Estado reserva toda su dureza depurativo".

Efectivamente, Pemán ve en el judaísmo y la masonería el eje central del caos democrático y marxista. En los folletos de arengas en Cádiz (1937), vuelve a denunciarlos: "Hay toda una Europa judaica, untuosa y masónica, que como sabe que en el frente no puede vencer al pueblo, querría vencerlo por el retorcido camino ya ensayado de desteñir la intransigencia de nuestra posición victoriosa".

Pemán defiende totalmente el concepto fascista del "intelectual", tan lejano del "erudito". Un intelectual de combate, luchador del libro y la trinchera: "Corren malos días para la frívola y sutil pedantería intelectual".

"El intelectual, o sea, como su mismo nombre indica, aquel tipo humano mutilado o incompleto que se caracteriza por el crecimiento e hinchazón excesiva de una facultad

Su posición dentro del Alzamiento es resaltada inmediatamente al ser nombrado en 1936 miembro de la Academia de la Lengua, y en 1939 director de la misma. En 1936, Pemán representa la línea dura del fascismo intelectual español, la línea disciplinada jerárquicamente, frente al ala liberal, independiente, aunque piense en fascista, que podría estar personificada en Unamuno, Ortega o Baroja. Pronto chocarán ambas concepciones.

El Día de la Raza de 1936, en Salamanca, se produce el choque. En la Sala de Actos de la Universidad están Pemán, Unamuno, Astray, Maldonado, la esposa de Franco, etc. Maldonado y Astray hablan primero, ambos se expresan desafortunadamente respecto al pueblo catalán y vasco, sin comprender el problema racial, cultural, nacionalista de ambos. Unamuno, vasco ardiente, nacionalista exaltado (aunque antiseparatista convencido) replica con furia, se cruzan palabras con Astray. Astray lanza su" ¡Viva la muerte!", Unamuno replica y Pemán por fin defiende la ortodoxia movimentista apoyando a Astray, con su " ¡Viva la Inteligencia, pero mueran los malos intelectuales!" El incidente no tiene más importancia pero marcará el triunfo total de la línea ortodoxa, falangista, militar, de la intelectualidad movimentista frente a los independientes, y con ello una grave derrota para una auténtica cultura dentro del Movimiento, que precisaba de ambas líneas.

Pemán defiende el "Viva la muerte"' de Astray porque ve en ello el grito racial, enérgico, brutal pero místico, que necesita España en aquellas circunstancias. Será lo mismo que dirá en su artículo "Movilización de corazones": "La vida que nace de la muerte: la paradoja de la redención. La misma paradoja de ese ¡Viva la Muerte! con que los legionarios llenan los aires de aleluyas y responso... Y así, una vez más, la frase de Spengler que dice que en última instancia siempre un pelotón de soldados será el que salve la civilización".

Tras la guerra Pemán defenderá activamente los fascismos italiano y alemán. Mussolini le atraerá especialmente por su fascismo mediterráneo, más cercano temperamentalmente al carácter andaluz de Pemán. Dedicará a Mussolini una sentida poesía, en la que se declara su seguidor:

Desde entonces señala mi joven derrotero la mirada de un César, claro y semidivino, con un cráneo redondo, con un casco de acero y un labio prominente que arremete al Destino, y tras el cual, la Roma que semejaba muerta, coronada de flores y de luz estelar, en ademán de Imperio, tiene la mano abierta para coger el viento, la tierra, el sol y el mar".

Pemán colaborará en diversas revistas nacionalsocialistas, como en "Joven Europa", hoja de los combatientes europeos, en cuyo número de enero de 1942 encontramos a Pemán, Marquerie y W. Femandez Florez como representantes de la intelectualidad fascista española,

al lado de otros artículos de Hitler, Mussolini, Antonescu, Bruno Brehm, Pavelik, etc. Allí dirá: "¿Qué pasó en Rusia? Que la población quedó organizada en la forma que hoy subsiste, por unos 2 millones de privilegiados que, constituyendo los soviets y los comisariados del pueblo, comen y viven bien, y bajo los cuales quedan 180 millones de esclavos... La democracia con sus agitaciones, con sus periódicos, colapsos electorales, paralizadores de toda actividad desinteresada, con sus tentaciones de empleos públicos, convierten en orador al catedrático, en periodista al filósofo, en diputado al poeta y despilfarran así todas las energías espirituales del país. La democracia es ruido y la inteligencia no necesita ruido".

Pemán será un escritor prolífico, tanto en el tema político como en su encantador teatro costumbrista. En sus obras será constante la defensa de Occidente, la moral y el honor (léase su "Cisneros"). Atacará la democracia y el capitalismo como compendio de su doctrina fascista. Véase por ejemplo, su artículo "Representatividad": "Si se oye decir que un rey o jefe representó perfectamente el alma de su pueblo, generalmente es un autócrata. En cambio, si se oye decir que un pueblo es católico, devotísirno, hogareño... pero que su gobierno ha venido pensando o haciendo todo lo contrario, no cabe duda de que se trata de una democracia. No sé cómo se las arregla el mundo, pero ha sido precisa la intervención de la democracia para fabricar gobiernos que no tienen nada que ver con lo que piensa el pueblo". En otro de sus artículos, "Hacia un arte de consumidores", dirá: "En general la preponderancia de la burguesía y sus fórmulas económicas y democráticas de vida se caracterizan por un predominio del consumo". Pemán cree ver en la situación actual del mundo "un período de desfondamiento mental y de barbarie anticlásica".

Sin duda no es su estilo político el que da fama y honra a Pemán. Es un escritor genial, de una fina ironía gaditana en su teatro costumbrista que le hará famoso sin duda, con su personaje "El Séneca" gracias a su transmisión por la televisión nacional. Quizás lo que más nos atraiga a nosotros sea sin embargo, su teatro dramático, de corte clásico y versificado, donde se ve ese estilo de nobleza y honor que subliman toda su obra. Pemán fué la cabeza de la intelectualidad movimentista, hasta que, últimamente, en su decrepitud, ha cambiado su camisa azul, como tantos otros, influenciados decisivamente por el ambiente. R.B.

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