cooperación internacional para el desarrollo
3. Impacto (desigual) de la crisis en los países en desarrollo
La incorporación de los países subdesrrollados al sistema internacio- nal fue bastante traumática en una doble dimensión. En lo político, se encuentran con un sistema bipolar, donde parece casi obligado estar dentro de la dialéctica amigo-enemigo, o con Estados Unidos o con la Unión Soviética, a pesar de los intentos por mantener una neutralidad activa. En lo económico, el orden se fi jó en la conferencia de Bretón Woods: entrar en un sistema de libre mercado, donde se proclama la liberalización comercial y se practica el proteccionismo, donde la relación real de intercambio es claramente perjudicial para
los países del Tercer Mundo y en el que, como mucho, esos países reciben la limosna de la ayuda al desarrollo.
A esa cadena de hechos se la añaden otros problemas que vienen a agravar la situación, como el de la deuda externa: ¡se les presta dinero y encima no quieren pagar lo que deben¡ Frente a esa lectura presuntamente ortodoxa, se ha desmantelado completamente esa situación por autores como Joan Martínez Alier y Arcadi Oliveres6: «El problema de la deuda externa de los países del Tercer Mundo se nos presenta como uno de los elementos que más gravemente pone en juego la posibilidad de cubrir las necesidades básicas de sus ciudadanos y que en mayor medida imposibilita los procesos de desarrollo humano». De ahí que el Tribunal Internacional de los Pue- blos sobre la Deuda, impulsado por iniciativa de la red internacional Jubileo Sur, en cuanto tribunal de opinión y no de justicia, declarara, el 18 de abril de 2002 que «Toda la deuda externa, siendo ilegítima e inexistente, debe ser repudiada y anulada inmediatamente». En la situación en la que estamos, la crisis ha tenido como efecto revelar el alcance de la desigualdad global, que ha llevado al se- cretario general de la ONU Ban Ki-Moon a afi rmar que «La crisis fi nanciera puede llegar a convertirse en una crisis humanitaria si no actuamos». Pero cada día que pasa hace que la frase tenga que volver a repetirse, sin mucho éxito, por cierto, como si se confi ara en que la situación se calme, aunque no se hayan solucionado las cuestiones de fondo.
El panorama no por cotidiano deja de ser desolador. Según la lista de Forbes (publicada el 10 de marzo de 2010), en nuestro planeta común hay 1.011 personas con una fortuna superior a los 1.000 mi- llones de dólares (730 millones de €); el primero, el mexicano Carlos Slim, con 53.500 millones $; por países, lo que también es revelador de los tiempos que corren, los tres primeros son EEUU (403), China (64), Rusia (62). ¡Si Lenin y Mao levantaran la cabeza!
6 En la obra Deuda ecológica y deuda externa ¿Quién debe a quién?. Publicada en el año 2003, el diario Público ha hecho una reedición en 2010.
Como comentábamos anteriormente, cada día encontramos noticias relativas a quiebras de empresas y despidos de trabajadores mientras que muchos de los responsables (directos o indirectos) de la crisis no sólo no son juzgados por su comportamiento criminal, sino que cobran sueldos o indemnizaciones millonarias.
Y, mientras, más de 1.100 millones de personas sobreviven con me- nos de un dólar diario. De ellos, el 70% son mujeres. Un informe del Banco Mundial, titulado Perspectivas económicas mundiales 2010: Crisis, fi nanzas y crecimiento, señala que la crisis está teniendo impor- tantes efectos acumulados sobre los pobres y que unos 64 millones de personas más caerán en la extrema pobreza hacia fi nes de 2010, en comparación con lo que sucedería de no haberse producido la crisis, según el análisis actualizado.
El peligro es que hemos normalizado, asimilado, esas situaciones. Por eso conviene detenerse en las palabras de Lula da Silva, al hablar del hambre crónica («la más terrible arma de destrucción masiva», Lula), que padecen más de 1.000 millones de personas, un 15% de la población mundial. La situación es más dramática si tenemos en cuenta fracasos tan inmorales como el de la Cumbre de Seguridad Alimentaria (Roma, noviembre 2009).
En los primeros momentos de la crisis se mostraba la imagen de que los países pobres, y muy especialmente los llamados ‘países emergentes’, no se verían tan afectados, pero la radiación ha llegado inevitablemente hasta todos ellos. Incluso los países latinoamerica- nos, quizá mejor preparados por la constancia con la que la sufren, vienen notando su impacto negativo en la disminución de la pobreza y en las políticas de lucha contra la desigualdad.
«La crisis redujo el comercio internacional y con ello las exportacio- nes y demanda de materias primas de ALC, provocando una caída en sus precios y un deterioro en los términos de intercambio y la Balanza de Pagos. Bajaron la inversión externa (30%), la inversión interna (16%), el turismo, las remesas externas y el crédito interna- cional. Debido al aumento del gasto público, en parte por medidas ainticíclicas, el défi cit fi scal promedio se duplicó, aun así moderado respecto a crisis anteriores. … Aunque la recuperación no es comple-
ta, puede ser lenta y es desigual entre los países, la evidencia indica que América Latina, al contrario de lo ocurrido en crisis anteriores, no fue un factor causante de la recesión y, además, ha sido menos afectada que los países desarrollados como Estados Unidos que generó la peor crisis mundial desde la Gran Depresión»7.
Hay varios escenarios en los que el impacto ha sido más o menos negativo en lo que se refi ere a los países llamados en desarrollo: en su ritmo de crecimiento, en la adopción de políticas más restrictivas, en un menor gasto social con el consiguiente aumento de la pobreza; también se ha notado su impacto sobre las migraciones, en varias cuestiones, aunque especialmente en las remesas. En todo caso, las remesas nos sirven para comprobar los cambios que se están dando en el panorama mundial: en 2001 Estados Unidos estaba en el primer lugar, con un predominio absoluto, como país del que salía el 31% de todo el dinero enviado desde un país a otros; en la actualidad sigue siendo el primero, pero con un 18%, seguido, ya no tan lejos, por países como Rusia, Suiza, Arabia Saudí, Alemania, España, y otros que han aumentado considerablemente, como Malaisia, Ka- zajistán e Indonesia.
Como un meteorito, el impacto de la crisis golpea también –una vez más con mayor o menor efecto según los lugares– sobre varios escenarios: aumento del desempleo, aumento del proteccionismo, disminución de las exportaciones, disminución de las inversiones. Otra consecuencia es la caída del comercio mundial. La pregunta subsiguiente es, en este entorno ¿se cerrará la Ronda de Doha? Re- cordemos que en noviembre de 2001, en Doha (Qatar), se pusieron en marcha por medio de la Declaración de la Cuarta Conferencia Ministerial de la Organización Mundial de Comercio (OMC), que es- tablecía el mandato para negociaciones sobre diversos temas y otros trabajos. Las negociaciones comprenden las relativas a la agricultura y los servicios, que comenzaron a principios de 2000); disminución del comercio mundial, tendencias proteccionistas, disminución de los ingresos por exportaciones.
También la crisis ha llegado a la Ayuda Ofi cial al Desarrollo (AOD). Aunque los datos correspondientes a 2009 nos ofrecen un balance positivo, desagregándolos vemos otros resultados. Según el último informe del Comité de Ayuda al Desarrollo (CAD)8, la AOD aumen- tó en 2009 un 0,7% con respecto a 2008 en términos reales, y llega al 6,8% si se excluye la condonación de la deuda. Los principales donantes en volumen de ayuda, de un total de 23 miembros, son Estados Unidos (28.665 millones de dólares, aunque representa el 0,20 de su PIB), Francia (12.431), Alemania (11.982), Reino Unido (11.505), Japón (9.480) y España (6.571). Cumpliendo con una situa- ción clásica, sólo cinco países superan el 0,7% de su PIB dedicado a ayuda al desarrollo: Dinamarca, Luxemburgo, Países Bajos, Noruega y Suecia.
En el caso de España la AOD disminuyó en un 1,2% con respecto a 2008 (de 6.867 millones a los 6.571), aunque el porcentaje con respecto al PIB ha aumentado ligeramente, pasando del 0,45% en 2008 al 0,46% en 2009. Las perspectivas dicen que habrá un aumento signifi cativo en 2010, recordando que el Gobierno del PSOE se ha comprometido a llegar al 0,7% en el año 2012, el último de la ac- tual legislatura. Si ampliamos el foco a la UE –15 de los 27 Estados miembros pertenecen al CAD– el panorama es más sombrío, pues ha bajado un 0,2%, con un total de 67.100 millones de dólares, lo que supone un 0,44% del PIB acumulado de esos 15 países. La AOD representa el 56% del total de la AOD.
Una luz de esperanza la pone el comisario de Desarrollo de la UE, Andris Piebalgs, al afi rmar en la reunión del Consejo informal de Desarrollo de la UE (La Granja, 17 de febrero de 2010) que «La crisis no debe ser excusa para reducir la ayuda a los pobres». Con- fi emos en que le haga caso más de un Gobierno de la propia Unión Europea.
Instituciones con Intermón Oxfam han destacado que ese mínimo aumento total no permitirá abordar las carencias crecientes para las personas de los países más pobres, que están sufriendo con dureza
las consecuencias de la crisis económica. Se pide a España, que tiene la presidencia de la UE durante el primer semestre de 20109, un ma- yor esfuerzo para liderar el esfuerzo necesario para el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, que será revisado del 20 al 22 de septiembre de 2010 en Nueva York, 10 años después de su adopción. El incumplimiento de esos Objetivos no sólo supone que un número determinado de personas hayan mejorado cuantita- tivamente su situación y se reduzca el número de pobres, sino que supone una clara violación de los derechos humanos, aunque esta perspectiva suela pasar desapercibida.
4. El papel de los Estados y de las instituciones; el debate público/