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La contabilidad tradicional en la nueva economía

EL CAPITAL HUMANO EN EL MARCO DE LA TEORÍA DE LOS INTANGIBLES

4.3. LA NUEVA ECONOMÍA

4.3.4. La contabilidad tradicional en la nueva economía

Weatherly (2003) ha calculado que en 1982 los activos materiales representaban el 62% del valor de mercado de una empresa mientras que diez años después, en 1992, el porcentaje se limitaba al 38% y en 2003 podría ser tan escaso como el 15% del valor de mercado en algunas empresas. Puede que estas cifras sean exageradas, pero en cual- quier caso deja en evidencia que una parte significativa de los activos de la empresa son intangibles y, por tanto, de acuerdo con Weatherly, no habrá más remedio que buscar una forma de integrarlos en la contabilidad.

Los primeros estudios sobre la falta de adecuación de la contabilidad tradicional a la nueva economíaabarcan desde la aparición de la teoría del capital humano en 1964 y la preocupación por la innovación tecnológica, hasta el año 1999, en que se celebra un importante simposium de la OCDE en Ámsterdam. Puede encontrarse un excelente re- sumen de esta primera época pre-Ámsterdam en Cañibano y otros (1999). También hay numerosas referencias bibliográficas así como una interesante clasificación de las teor- ías económicas que han dado lugar a la teoría de los intangibles en Ducharme (1998).

106 La relación directa entre inversión en bienes tangibles y crecimiento empezó a verse cuestionada después de la crisis del petróleo de 1979 por la reestructuración em- presarial que provocó. Los franceses, en 1982, prestaron atención por vez primera a la relación entre los intangibles y el crecimiento con la intención de establecer un marco analítico válido para su Comisatriat General Du Plan. A partir de ahí, nace una inquie- tud por establecer un marco analítico válido para valorar la inversión en intangibles tan- to en las cuentas individuales y consolidadas como en la contabilidad nacional.

La contabilidad tradicional se adecúa con dificultad a la nueva economía porque, pese a haber desarrollado un sistema complejo y eficiente para registrar el valor del ca- pital físico y sus variaciones, e incluso haber dado tímidamente acogida al capital tec- nológico en forma de activo inmaterial o derechos de propiedad industrial e intelectual, todavía no ha desarrollado un sistema para contabilizar los activos de conocimiento. Quizás en el fondo esto se deba a un problema conceptual, pues perdura una idea de la etapa industrial de que el personal es fungible, es decir, esencialmente sustituible52 y no

vinculado permanentemente a la empresa porque el trabajador es esencialmente libre de continuar prestando sus servicios o no.

En Estados Unidos el primer estudio de estas características es “Financial Re- porting in the 1990s and Beyond” de Peter Knutson (1993), profesor de la Escuela de Negocios Wharton, que, a lo largo de 70 páginas, presenta la posición de la Association for Investment Management and Research (AMIR) respecto de los nuevos retos de la contabilidad. El hecho de que AMIR sea una asociación privada de gestores de inver- siones profesionales y no un instituto público, aporta un valor adicional al documento. El informe abordaba varios aspectos como el uso de los estados financieros en el proce- so analítico, forma, contenido y frecuencia de los mismos, los documentos complemen- tarios necesarios para el análisis financiero, la globalización de los mercados financie- ros, el creciente uso de medios electrónicos y la adecuación de la contabilidad basada en el coste histórico para las empresas de servicios financieros y otros de la Nueva Eco- nomía.

52 Upton (2001, pág. 7) provee una interesante diatriba sobre el cambio conceptual a partir del supuesto taylorismo de Henry Ford como fabricante de vehículos en los años 20.

107 Otro documento que critica la falta de adecuación de la contabilidad tradicional es el Informe Jenkins (1994), una obra que fue precursora a la hora de reclamar reformas para adecuar la contabilidad financiera a la llamada "Nueva Economía". El Instituto Americano de Censores Jurados de Cuentas (AICPA), había creado en 1991 un Comité Especial para estudiar la capacidad de la contabilidad financiera tradicional para res- ponder al entorno de Internet y la globalización de los mercados. El Comité tenía por nombre Special Committee on Financial Reporting, pero era más conocido por el nom- bre de su presidente, Jenkins. El fruto de los trabajos de este comité se plasmaría en el informe ”Improving Business Reporting – A Customer Focus". Meeting the Information Needs of Investors and Creditors‖ (AICPA, 1994). En su origen están las preocupacio- nes sobre la utilidad y relevancia de la información financiera en su estado actual, que en opinión de los expertos estaban perdiendo importancia. El Informe Jenkins reco- mendó mejorar el tipo de información contenida en los estados financieros y, lo que es más importante, diseñó un modelo de informe financiero completamente nuevo, foca- lizándose en los tipos y en la periodicidad de la información que interesa a inversores y analistas para evaluar sus riesgos. Fue un trabajo rompedor en su momento a pesar de que, en lo que atañe a los intangibles, consideraba que no requería demasiada prioridad, aunque sí ponía énfasis en el papel de la información no financiera para suplir o com- pletar los datos para mejor analizar los balances.

El Informe Jenkins fue seguido por otros trabajos que profundizaron en la inade- cuación de la vieja contabilidad para la nueva economía, como el de Litan y Walison (2000) o el del Financial Accounitng Standards Board (Upton, 2001), así como todos los reunidos con ocasión de la celebración de un gran simposium por parte de la OCDE en Ámsterdam en 1999 sobre el tema de los intangibles.

La línea argumental común de estos estudios es que la contabilidad tradicional no tiene los resortes suficientes para informar satisfactoriamente de las nuevas realida- des empresariales53. En particular, las normas contables no se han interesado tradicio-

nalmente por los activos intangibles con la misma intensidad que lo han hecho por los edificios, maquinaria, instalaciones, medios de transporte o por el capital financiero. La explicación hay que buscarla, aparte de los condicionantes socioeconómicos que quedan

53 El Libro Blanco de la Contabilidad en España también reflejaba en un capítulo específico el debate sobre Internet y los nuevos medios de comunicación en la difusión de la información financiera (ICAC, 2002, págs. 171 - 178)

108 apuntados más arriba, en dos factores de transcendencia pura y exclusivamente conta- ble: la relevancia de la información y su fiabilidad54.

Durante una década, el objetivo de los investigadores caminará por ese mismo sen- dero: si los estándares contables no permiten recoger la riqueza intangible de las empre- sas, éstos deberían ser complementados por notas en la memoria o en el informe de ges- tión, presentaciones específicas de las empresas a inversores, documentos difundidos en Internet y, en general, por todos los informes no financieros que permitan una visión más amplia de las fuentes de creación de valor de la empresa. Por contraposición a la información contenida en los estados financieros, estos datos serían de tipo no financie- ro.

En los países nórdicos tuvo lugar la primera aplicación práctica de la teoría del Capital Humano, concretamente en Suecia con el movimiento llamado ―The Swedish Community of Practice‖ cuya obra culminante puede ser la publicación de ―La nueva riqueza organizativa‖ por Sveiby (1997). Esta escuela posteriormente se bifurcó en dos orientaciones, la Contabilidad de Costes de RRHH y la llamada Orientación Konrad, que llevó finalmente a Sveiby a desarrollar el método ―el monitor de activos intangi- bles‖55.

El ―Grupo Konrad‖ se formó en Suecia por un conjunto de empresas pertene- cientes a la ―nueva economía‖ con el fin de divulgar entre los inversores información sobre sus activos intangibles de conocimiento. Con esa finalidad, se constituyó un grupo de trabajo que estableciera las pautas para realizar la valoración de los intangibles y un modelo de comunicación pública. El resultado fue un informe publicado en 1988 titula- do "Dennya Årsredovisningen", (Las nuevas Cuentas Anuales), así como un libro edita- do por el propio Sveiby en 1988. El trabajo de Sveiby inauguraba la búsqueda de un marco conceptual para la valoración de intangibles y acuñaba las expresiones ―Capital estructural‖ y ―Capital humano o individual‖. El nuevo método de valoración de activos intangibles se basaba en un fundamento ideológico muy innovador, que consideraba que

54 Desde el punto de vista de la relevancia, es claro que las normas contables vigentes, forjadas durante la era de la economía indus- trial, no concedían la misma importancia a factores que ahora sí la tienen como la fidelidad de la clientela o el talento, el compromi- so o la creatividad de la plantilla. Pero es que la fiabilidad, el otro elemento que determina cuándo un elemento de la economía de la empresa puede acceder a las cuentas, tampoco ayudaba. En efecto, la dificultad de asignar valores a los intangibles ha actuado como un freno a su inscripción contable.

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109 son las personas quienes realmente conforman las empresas, y por tanto los activos ma- teriales o financieros son meramente el resultado de decisiones personales. El capital humano es así la primera fuente de riqueza de la organización. Sin embargo, tan impor- tante como la aportación conceptual es el hecho de que el libro ofreció un modelo para la preparación de informes contables sobre la plantilla. Aunque dichos informes se ba- san en datos no financieros, su motivación es netamente contable: ofrecer información fiel y comparable sobre la verdadera situación de la empresa. Este método sería aplicado con éxito por empresas como Skandia, W-M Data o KREAB y terminó extendiéndose a EEUU y Canadá.

En un ya célebre artículo titulado ―El balance invisible‖ (1998), Sveiby analizó el caso de la compañía Nokia, mostrando cómo los activos tangibles de su balance sólo representaban el 5,78% del valor de capitalización bursátil de la compañía. Para recoger el valor total que los accionistas están pagando en la bolsa, concluía Sveiby, habría que hacer visible la parte invisible del balance. Sin embargo, la parte invisible del balance, ese sobreprecio que pagan los accionistas por adquirir títulos respecto al valor en libros de la acción, es muy inestable, pues la capitalización bursátil está hecha de expectativas y por tanto no sirve para medir el desempeño financiero de la empresa. Ante un pánico de los inversores se produce una caída del valor o ante rumores de fusión se produce una apreciación que no tienen mucho o nada que ver con los resultados financieros de la empresa. Por tanto, el balance invisible (la capitalización bursátil) puede ser una aproximación, pero es un reflejo válido del valor de los intangibles de la empresa.

Para eliminar la volatilidad de las cotizaciones en la valoración de los intangi- bles, Sveiby creó el Monitor de Intangibles, dividiendo los activos intangibles en estruc- tura interna, estructura externa y competencia. Puede decirse que gracias a este método, Sveiby es quien primero llevó a la práctica una experiencia de contabilidad del capital humano, e influyó en autores como Leif Edvinson, a quien se debe haber acuñado el término Capital Intelectual.

El informe Konrad, publicado en 1988, intentaba guiar a las empresas en la nue- va economía del conocimiento con nuevos instrumentos. Partían de la base de que la información financiera tradicional no captura el conocimiento humano tácito. Las em- presas e inversores que se basan en este tipo de información no habían entendido los

110 desafíos de la nueva economía, sino que simplemente envasaban conocimiento como si fueran productos industriales. También criticaban que se invirtiera más en tecnología que en personal e incluso que se llegara a pensar que puede medirse el desempeño en términos financieros.

En el intento del Grupo Konrad había un propósito de racionalizar las empresas de la nueva economía del conocimiento e incluso las empresas de publicidad, consultor- ía, o contabilidad, y mejorar el análisis para las que cotizaban en la bolsa de Estocolmo. La primera empresa en intentar aplicar el Informe Konrad fue Skandia, que en 1991 creó un grupo de trabajo interno para informar sobre su capital humano. También el Gobierno se interesó por esta iniciativa, e incluso se constituyó un grupo de trabajo que llegó a sugerir se aprobase legislación obligando a obtener y publicar indicadores no financieros relativos a la plantilla para todas las empresas con más de 100 empleados. Los indicadores serían en principio sencillos (rotación de la plantilla, absentismo por enfermedad, formación, entorno laboral). La norma no llegó al Parlamento, pero en 1993 el Consejo Sueco de Empresas de Servicios recomendó a sus afiliados que publi- caran las cifras de capital humano en sus estados financieros (como datos en la memo- ria) de acuerdo con una serie de indicadores, sugeridos por el Informe Konrad y expe- rimentados por Skandia. En 1994, 43 empresas suecas midieron y publicaron sus acti- vos intangibles de acuerdo con el modelo de Konrad (Sveiby, 1996). El Grupo Konrad había pensado desarrollar también un sistema de medida para fines de gestión interna, aunque nunca lo llevó a cabo. Sin embargo, hubo dos empresas, WM-Data y Skandia AFS que desarrollaron el método de Konrad y se convirtieron en líderes mundiales en este campo.

La investigación de Sveiby fue continuada en Estocolmo por Ulf Johanson, de la Universidad de Estocolmo, que creó el ―Instituto de los Indicadores Fundamentales‖, una base de datos con indicadores de Recursos Humanos que recopila datos de 130 em- presas representativas de 250.000 trabajadores. Más adelante, este grupo se transformó en el proyecto MERITUM (MEasuRing Intangibles to Understand and improve innova- tion Management, 1998 – 2001). Este proyecto, capitaneado desde la Universidad de Estocolmo, contó con participación de nueve universidades e institutos de investigación en siete países europeos, entre ellos España (Johanson, 1999).

111 De todos los trabajos realizados antes de RICARDIS, puede decirse que MERI- TUM es el que más influencia ha tenido por su solidez conceptual. Ciertamente, es la base de la que han partido métodos, como el modelo austriaco ARC o el alemán Wis- senbilanz (balance intelectual) y ello se debe a que propuso un marco conceptual com- pleto para la identificación, medida y control de intangibles. En particular, ha sido gene- ralmente aceptada la clasificación del capital intelectual en la triple división de capital humano, capital relacional y capital estructural.

Además, MERITUM incluyó una serie de criterios para publicar la información sobre aquellos intangibles que son clave en la determinación del valor de una empresa. Introdujo la división entre las ―existencias‖ de intangibles y las ―actividades‖. Las exis- tencias conforman el stock, una noción estática, una medida tomada en un momento del tiempo, en tanto que las actividades son un concepto dinámico que implica una asigna- ción de recursos para (i) desarrollar internamente los intangibles necesarios o adquirir- los a proveedores externos, (ii) aumentar el valor de los existentes y (iii) evaluar y se- guir los resultados de las otras dos actividades.

El procedimiento para elaborar el informe tiene tres fases:

1º Identificación de los intangibles: En esta fase la empresa identifica los activos inmateriales que tiene y, en su caso, los que necesita adquirir.

2º Medida: Aquí se determinan los indicadores financieros y no financieros que han de servir como una medida subrogada (―proxy‖) que refleje el valor del acti- vo. Los indicadores se contrastan con una serie de características para garantizar que el proceso de medida produzca resultados válidos y razonables.

3º Acción. Esta importante fase sirve para integrar el informe de capital intangi- ble con el resto de las rutinas en la gestión de la empresa. De esta forma, se pue- den evaluar los resultados de las acciones y dar un sentido de conjunto al infor- me sobre capital intelectual.

MERITUM, promovido por la Comisión Europea, fue instrumentado como un proyecto cuya ejecución se desarrolló mediante un contrato público. El adjudicatario fue

112 un consorcio de entidades del conocimiento cuyo socio principal fue el Instituto Univer- sitario de Administración de Empresas (IADE) de la Universidad Autónoma de Ma- drid56.

Entre los seguidores de MERITUM, el estudio ―Intelectual Capital Accounts‖, fue desarrollado por la Agencia Danesa para el Fomento del Comercio y la Industria en co- operación con diez empresas. El estudio danés clasifica el capital intelectual en cuatro categorías que grosso modo se corresponderían con cuentas de activo inmaterial en el balance:

 Capital humano (composición, gestión interna y satisfacción del personal).  Clientela: composición, gestión y satisfacción.

 Capital tecnológico: composición, funciones y aplicaciones de los sistemas in- formáticos de la empresa y otros activos tecnológicos.

 Procesos: alcance, equipo y eficiencia de los procesos productivos de la empre- sa.

Høegh-Krohn y Knivsflå (2000) pusieron de manifiesto, a partir especialmente de la experiencia sueca, aunque también recogiendo experiencias de Gran Bretaña y Estados Unidos, cómo la contabilidad de los intangibles es uno de los mayores retos para el fu- turo de la profesión contable. Las normas contables ha llevado los gastos en intangibles como el conocimiento, diseño, licencias sobre propiedad industrial o intelectual o mar- cas, al capítulo de gastos, y por tanto se han venido tratando como costes en lugar de registrarlos como activos. Esto produce una pérdida de visibilidad en los balances o de relevancia en relación con su valor que contrasta con su creciente importancia económi- ca. Los que cumplan determinados requisitos (aún por definir) deberían estar reconoci- dos en el balance como activos y ser amortizados en su vida útil. La relevancia de los estados financieros sería mayor. Los autores incluso abogan por una reversión de los costes (para el período transitorio, se supone).

56 Visto el desarrollo de la escuela nórdica en los años precedentes, no puede ser una sorpresa que la lista de colaboradores incluye- ra, entre sus cinco miembros, a cuatro nórdicos. Los colaboradores fueron Rita Asplund (Research Institute of the Finnish Econ- omy, Helsinki, Finland), Hervé Stolowy (HEC School of Management, Paris, France) Hanno Roberts (Norwegian School of Man- agement Department of Business Economics, NSM Group, Sandvike, Norway) Ulf Johanson (Stockholm University, School of Business, Sweden) y Jan Mouritsen (Copenhagen Business School, Fredericksberg, Denmark).

113 A partir de las experiencias nórdicas de mediados de los 90 con la incipiente contabilidad de intangibles, y de la publicación del artículo ―The invisible balance she- et‖ por Sveiby en 1997 que demostraba que casi el 90 por 100 de los activos de la com- pañía Nokia eran intangibles de producción propia y, por tanto, estaban ausentes de su balance, se desarrolló un movimiento para promover la divulgación de información vo- luntaria sobre intangibles del cual la mayor expresión es, probablemente, RICARDIS, el proyecto de la UE para divulgar más información sobre intangibles como un medio de conseguir que la inversión europea en I+D alcance el 3% del PIB.

El gran simposio celebrado por la OCDE en Ámsterdam en 1999, inauguró una nueva era en la que la preocupación era evaluar, con datos estadísticos, la verdadera magnitud de esta nueva generación de elementos creadores de valor, comparando la inversión en bienes tangibles frente a intangibles, así como la estimación de la relevan- cia de los intangibles en diferentes economías o incluso sectores.

La investigación de la OCDE sobre intangibles se remonta 12 años atrás, a 1987, cuando el Comité de Industria de la OCDE pidió a un consultor (Kaplan) un documento sobre intangibles. Aunque nunca llegó a publicarse, la OCDE considera ese imforme como el primer esfuerzo para establecer una metodología para medir los intangibles y utilizarlo para realizar comparaciones internacionales. Al margen de su valor como ini- ciador de una tendencia, su influencia fue amplia porque introdujo una primera clasifi- cación de intangibles en cuatro categorías básicas (I+D, programas informáticos, forma-