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La energía de los alimentos

In document Coaching Nutricional (página 65-68)

¿Por qué comes lo que comes? Una vez elegido lo que quieres comer, ¿podrías responderte esta pregunta? ¿Por qué no quieres comer determinados alimentos? ¿Estás contento con tu elección o te lamentas por no poder comer determinados alimentos? Lo que sientes a este respecto es extremadamente importante. Si el enfoque para tu nuevo es lo alimen cio es posi vo, entonces lograrás tu propósito. Hace muchos años, me propuse dejar de comer bollería industrial como donuts y cosas por el es lo. Realmente no lo como porque me parece veneno, así que no me cuesta nada no comerlo. De hecho, a lo largo de estos años, creo que una vez hinqué el diente a un donut y pensé: «Madre mía, que malo está esto», con lo que me reafirmé en mi creencia: «Como yo me quiero a mi misma y quiero obsequiarme con lo mejor, elijo para comer alimentos libres de veneno».

Cuando se ingiere un alimento, su energía pasa a formar parte de nosotros. ¿Te has parado a pensar qué energía estamos integrando en nuestro organismo después de comer, por ejemplo, foie? El foie es el hígado graso (una patología) que desarrollan los patos cuando son forzados a comer a través de un tubo que se les inserta desde la boca hasta la tráquea. ¿Has comido alguna vez obligado y sin hambre? ¿Te imaginas cómo lo deben pasar estos patos? Las personas delgadas que quieren subir de peso y son animadas a comer sin hambre, lo que cons tuye la misma visión fragmentada de la nutrición que hacer dieta para adelgazar (es dieta para engordar), lo pasan bastante mal. Te sugiero que comas alimentos vegetarianos que no hayan implicado que un animal sufra, no sólo porque no son necesarios y es agradable evitar que otros seres sufran si están en nuestra mano; sino porque esa energía de sufrimiento se integra en nuestro organismo. Todo es energía. El miedo, la ansiedad, la angus a y el dolor del animal entra directamente en ti cuando lo comes.

La producción ecológica con ene la mejor energía. También puedes aumentar la vibración energética del alimento bendiciéndolo y agradeciendo por él.

Convivir con personas que no comen como tu

Si convives con personas que no comen como tu, en casa o en el trabajo, se te presentarán muchas ocasiones en las que te ofrezcan comida que no quieres comer. A veces puede resultar complicado decir que no, sobre todo si quien te ofrece insiste y te intenta convencer. Los argumentos más habituales son: «por uno no pasa nada», «si nadie se va a enterar», «no sabes lo que te pierdes», etc. Hay varias posibilidades. Puedes aceptar una pequeña can dad de lo que te ofrecen y dejarla disimuladamente en tu plato, aunque a veces te observan y ¡esperan a que te lo comas! Puedes decir que no enes hambre, que ya has comido, que no te encuentras bien… o dar todas las explicaciones sobre cómo y por qué comes como comes. Lo que a mi mejor me funciona es decir «no, gracias» con una amplia sonrisa. Normalmente replican «¿no?» y vuelvo a decir «no». Fin del asunto, continuamos con la conversación que había antes.

Personalmente me aburre dar explicaciones sobre lo que como, ya soy vegetariana desde hace 25 años y es muy pesado contar lo mismo una y otra vez. Busca tu qué es lo que te funciona a

. Puedes ensayar múl ples respuestas hasta dar con la tuya propia. Quizá no sea di cil para decir que no, pero en mi experiencia, he visto que es un asunto que suele preocupar mucho a quienes cambian sus hábitos dietéticos.

Mi sugerencia es evitar hacer proseli smo. No somos evangelizadores ni jueces, ni podemos controlar las elecciones dieté cas de los demás, igual que no permi mos que nadie controle lo que elegimos nosotros. Si estás en las fiestas de un pueblo, rodeado de bocatas de panceta, o si sales a cenar con 3 amigos que piden al camarero 3 entrecotes poco hechos… ¿qué puedes conseguir juzgándoles o intentando convencerles de que coman más verdura? ¿se sen rán mejor ellos? ¿tu mismo? Intenta pensar en otras cosas y dejarlo estar. Que cada cual haga lo que quiera con su comida. Busca otro punto interesante donde focalizar tu atención. Este po de situaciones sencillamente suceden. No se trata de que elijas amigos vegetarianos, sino de que a veces nos vemos en momentos en los que coincide que comes con alguien, por temas profesionales o de familia, que no lo es. Cuando uno se dedica a evangelizar a otros que no quieren ser evangelizados, lo normal es que consiga el efecto contrario. Así que será mucho más produc vo dar información a quien la pida y dejar a los demás en paz. ¿Te imaginas que uno de los chicos del bocadillo de panceta te estuviera dando la lata toda la noche sobre la importancia de comer proteínas del cerdo? En lugar de intentar manipular a los demás para que hagan lo que queremos, creceremos más como seres humanos si dejamos las cosas estar y nos enfocamos en ser flexibles y abrir nuestra mente.

Vamos a realizar otro ejercicio para arrojar más luz sobre nuestros patrones dieté cos. Consiste en responder a las siguientes preguntas escribiendo las respuestas con la mano no dominante en tu cuaderno especial personal:

– ¿Cuándo como en exceso?

– ¿Qué circunstancias me rodean en ese momento?

– ¿Cómo me siento antes, durante y después de comer en exceso? – ¿Suele tener el mismo estado de ánimo antes de comer de más? – ¿Y durante?

– ¿Y después?

– Cuando como de más, ¿qué es lo que como?

Responder estas preguntas ayuda a clarificar tus hábitos dieté cos y ver qué patrones emocionales hay detrás. Conocer estos patrones es la clave para sanarlos.

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