La soja
La soja con ene todos los aminoácidos esenciales, ácidos grasos omega 3 y vitaminas del grupo B, por eso se ha recomendado tradicionalmente como sus tu vo de la leche y como complemento en las dietas para vegetarianos.
Sin embargo a la vez presenta propiedades tóxicas (un elevado contenido en aluminio) que la hacen un alimento nocivo, sugiriéndose su consumo sólo como la toman los asiá cos: fermentada sin pasteurizar y como condimento.
Como consecuencia de lo elevado de los niveles de ácido co de la soja, disminuye la absorción de minerales como calcio, magnesio, hierro, cobre y zinc.
Por otro lado, las altas temperaturas que se u lizan en su procesamiento, desnaturalizan la proteína haciéndola indigestible. Por eso a muchas personas les sienta mal.
Otro problema de la soja son sus altos niveles de fitoestrógenos, que pueden favorecer el desarrollo de tumores estrógeno-dependientes. No es un alimento beneficioso para el roides y puede causar cansancio, ganancia de peso, depresión y desánimo en personas que presenten problemas en esta glándula.
El trigo
Durante generaciones se nos ha convencido de que el trigo es un alimento saludable, pues es un cul vo eficiente, con el que se puede alimentar a mucha gente. Sin embargo, cuando se toma trigo refinado, en forma de pan, pasta, pizza, galletas, bollería… aumenta la glucosa en sangre y aparecen las ansias de comer dulces, lo que retroalimenta el deseo de seguir tomando trigo.
El trigo acidifica el organismo por su contenido en ácido co. Para neutralizar el exceso de acidificación se u lizan las reservas alcalinas del organismo (calcio de los huesos y de los dientes) con la finalidad de mantener el ph de la sangre. Luego de forma indirecta el trigo produce descalcificación, cuya consecuencia es la osteoporosis y las caries.
Aunque el trigo con ene muchos nutrientes, eso no significa que sea beneficioso para nosotros; de hecho el consumo de trigo se ha relacionado con enfermedades autoinmunes, artri s reumatoide, hipo roidismo y erupciones cutáneas; y en cuanto a número de
enfermedades ( sicas y mentales) con las que se le relaciona, se sitúa en segundo lugar (después de la leche).
El trigo con ene 15 opiáceos similares a la morfina, que además de ser adic vos porque generan ac vidad de las endorfinas, es mulan el ape to e interfieren con la química cerebral normal. Aunque el trigo integral con ene más fibra y nutrientes que el trigo refinado, también con ene más gluten. La mayoría de las personas padecemos algún po de intolerancia al gluten del trigo, su proteína, en mayor o menor grado, lo que desemboca en alergias y asma. La fibra insoluble del trigo, incluso cuando está germinado, es demasiado áspera para nuestro tracto intes nal, resultando irrita va para éste. Por ello se desaconseja en cuadros de colon irritable y si existe tendencia a la diarrea.
El trigo que se consume hoy en día está muy procesado, hibridado y manipulado gené camente, hasta el extremo que el organismo humano no lo reconoce como un alimento real, es decir, se ha conver do en un alimento tóxico y después de su consumo se produce leucocitosis posprandial.
El azúcar
El consumo de azúcar refinado aumenta los niveles de insulina en sangre, así como la incidencia de obesidad, problemas cardiacos y diabetes. La insulina crea en el cerebro el mismo estado que el alcohol en alcohólicos, por ello nos hacemos adictos al azúcar, que más que un alimento es una droga (también para los hongos y levaduras que viven en nuestro organismo). El azúcar es un an -nutriente, es decir, un antagonista que impide la absorción de otros nutrientes, como el calcio. También está implicado en caries, alcoholismo, obesidad, diabetes, artri s, asma, hiperac vidad, cáncer, hipoglucemia, venas varicosas, osteoporosis, depresión, dolores de cabeza, etc.
Otros
La sal de mesa o sal común es muy dañina. Altera nuestras papilas gusta vas hasta el punto en que no somos capaces de sen r los sabores reales de los alimentos —que por otra parte cada vez saben menos, salvo que se consuma producción orgánica—. Y además produce hipertensión arterial.
El café, el té negro, las bebidas de cola o las bebidas carbonatadas en general (si, el agua con gas también), estresan las glándulas adrenales y el hígado, e inducen a la pérdida de minerales.
El cacao con ene alcaloides como la cafeína y la teobromina que también pueden causar adicción.
La sacarina y el aspartame son sustancias relacionadas con la obesidad y el cáncer, así como con la adicción a la comida.
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Lo que uno come puede ser la mejor medicina o el peor veneno. Pero la mayoría de los humanos no se plantean la relación entre salud y comida (curiosamente, gran mayoría de los profesionales de la salud, como los médicos —salvo algunos orientados a la medicina natural —, que no enen ninguna asignatura de nutrición en la carrera de medicina) y si lo que comen está muy procesado, como los lácteos pasteurizados, las carnes envasadas o las grasas hidrogenadas. Está claro que necesitamos comer, pero no necesitamos comer ni azúcar blanca ni harinas refinadas. Por el contrario disponemos de un montón de opciones saludables, que además no se relacionan con una dependencia física.
La escasa conexión entre alimentación y salud que existe entre el sector médico queda patente en la comida de los hospitales. Recuerdo el caso de una amiga de una amiga mía que estaba en la UCI. Mi amiga me llamó pidiéndome una dieta para ella, que comía básicamente crudivegano y se negaba a comer lo que le preparaban en el hospital.
Indagué cual era su estado de salud y diseñé unos ba dos verdes (más información en el anexo de esta obra) adecuados para tratar su patología a la vez que normalizar el ph de su organismo. De este modo, ayudamos al organismo a recuperarse. No curan los médicos, el que se cura es el propio organismo con la ayuda de los medios que la naturaleza pone a su alcance… muchas veces a pesar de los tratamientos médicos. Esto no significa que la medicina de urgencia no sea ú l y necesaria, por ejemplo las transfusiones o como método de diagnós co, pero existe una medicina mucho más económica y natural que es la propia sabiduría natural que muestran los animales en la naturaleza. Esta medicina u liza los recursos que la naturaleza pone gratuitamente al servicio de todos: El agua, el sol, la erra, el agua de mar, el descanso y el reposo o el ayuno. Se nos ha adoctrinado tanto en que hay que comer para curarse, que no podemos plantearnos la idea de ayunar para sanar (más información en mi libro «Ayunar para sanar», consultar el anexo «Sobre la autora»).