La etapa republicana de la historia romana puede dividirse de la siguiente manera:
• La República aristocrática: fase de predominio político y social de los patricios. Abarca desde el 509 a.C. hasta mediados del siglo III a.C.
• La República patricio-plebeya: tras la equiparación de ambos sectores sociales y la sustitución del orden aristocrático por uno timocrático. Es la fase del auge republicano y comprende desde el siglo hasta mediados del siglo II a C.
• La Crisis de la República: caracterizada por el estallido de conflictos sociales y guerras civiles. Se extiende hasta la fundación del imperio.
Durante este periodo republicano, los hechos más relevantes fueron:
• La construcción progresiva de un nuevo sistema de gobierno, cuyos principios básicos siguen siendo válidos hoy (siglo V y IV a.C)
• La igualación de patricios y plebeyos, por la presión de estos últimos (siglos V, IV y III a.C.)
• La conquista de Italia, que se produjo paralelamente al hecho anterior, favoreciéndolo y siendo favorecida por él al mismo tiempo (siglos V, IV y III a.C.)
• La conquista del Mediterráneo, por razones defensivas primero, e imperialistas después, y cuyo episodio más destacado fueron las Guerras Púnicas (siglos III, II y I a.C.)
• El proyecto reformador de los hermanos Graco, quienes quisieron resolver las contradicciones que había creado la expansión militar (siglo II a.C.)
• Las guerras civiles, que enfrentaron a los sectores rivales de la polarizada sociedad romana bajo la dirección de los más destacados caudillos militares de la época (siglo I a.C.)
Revisamos cada uno de estos episodios a continuación.
a. El nuevo sistema político
Los tres elementos básicos del sistema eran las Asambleas los Magistrados y el Senado:
• A través de las asambleas o comicios, que podían ser curiados, centuriados o tribales, los ciudadanos elegían o consagraban a los gobernantes, llamados Magistrados.
• Los magistrados eran anuales, colegiados y ordinarios. Esto último indica que las magistraturas estaban ordenadas por importancia y era obligatorio, para desempeñar cualquier de ellas, haber ocupado todos los cargos que le antecedieran. Este era el cursus honorum, cuya estructura básica, de menor a mayor jerarquía, era:
* El Cuestor, que se encargaba de las finanzas, la contabilidad y los gastos del tesoro. * El Edil, cuya función era mantener a Roma en orden y abastecida.
* Los Pretores, que administraban justicia. Este cargo y el siguiente eran "magistratura superior", por lo que el pretor poseía imperium (podía mandar tropas en caso de guerra).
* El Consulado, que era la más alta magistratura y equivalía a la jefatura del Estado. Era responsable de la defensa exterior, el orden interno y la hacienda, además de presidir el Senado.
* Los Censores, que eran elegidos para un periodo de dieciocho meses. Sus funciones eran elaborar el censo de los ciudadanos y velar por la pureza de las costumbres. Solo se designaba censores cada cinco años. * El Dictador, era la única magistratura no colegiada. El Dictador era una autoridad elegida en caso de
emergencia y dotado de poderes excepcionales para un periodo máximo de 6 meses, lapso en el que su autoridad era ilimitada.
• El Senado reunía a los ex magistrados. Su experiencia y continuidad (ya que no era anual como los magistrados) hicieron de él, el auténtico órgano director de la República (de facto, ya que de iure era solo un órgano consultivo)
b. La igualdad de patricios y plebeyos
Entre los elementos que permitieron que la clase plebeya se enfrente con éxito al patriciado podemos destacar: • Su importancia numérica y, por tanto, militar.
• Su progresivo crecimiento económico.
• La cohesión de sus miembros, lo que les permitió organizar acciones como la Rebelión del Monte Sacro y establecer sus propias autoridades, los tribunos de la plebe, cuyas atribuciones de veto, auxilio y sacrosantidad ayudaron a frenar la prepotencia de la aristocracia patricia.
En el largo proceso que equiparó a ambos órdenes sociales destacan los siguientes hitos:
• La redacción de las primeras leyes escritas romanas por los decenviros (la ley de las XII tablas).
• El reconocimiento de la igualdad política de patricios y plebeyos (leyes Licinias, Genusia, Ovinia y Valeria- Horatia).
* La legalización de los matrimonios entre miembros de ambas categorías sociales (ley Canuleya). * La apertura, para la plebe, de los colegios sacerdotales (ley Ogulnia).
La trascendencia de esta nivelación radica en que:
* Dio nacimiento al máximo aporte romano, el Derecho.
* Cohesionó a la sociedad romana y le permitió afrontar con éxito las contiendas de la época.
* Trasladó el poder de las familias patricias a una nueva élite patricio-plebeya, condicionada ya no por el nacimiento sino por la fortuna económica.
c. La conquista de Italia
Pese a la relativamente escasa extensión del territorio italiano, Roma debió combatir durante siglos para poder dominar toda la península. Sin duda, entre los factores que le permitieron imponerse figuran la administración competente del Senado, la posibilidad de efectuar grandes levas (todo ciudadano era potencialmente un soldado) y una notable capacidad de adaptación que le permitió progresar de los fracasos, aunque fuese copiando los elementos que le daban ventaja a sus enemigos. Sus más notables rivales fueron:
• En la región central de Italia: latinos, ecuos, volscos y etruscos.
• En la zona oriental: las tribus samnitas. Estas guerras samnitas, larga y difíciles, se decidieron finalmente tras las victorias romanas de Heraclea y Ausculum.
• En la parte meridional: los griegos de Tarento, que llamaron en su auxilio a Pirro, rey de Epiro; la habilidad de este militar no impidió que fuera finalmente vencido en Benevento.
Una mención aparte merecen los galos, habitantes del norte de Italia. Grandes guerreros, llegaron a saquear la ciudad de Roma en el 390 a.C., aunque fueron vencidos luego por el dictador Camilo. Sin embargo, Roma no llegó a conquistar la región hasta casi dos siglos más tarde, tras la primera guerra púnica.
De esta forma, hacia el 270 a.C. casi toda la península itálica se hallaba unificada bajo el poder romano en la Confederación romano-itálica, cuyos miembros, llamados socios o aliados, mantenían cierta autonomía, aunque debían ceder parte de sus tierras al pueblo romano (el ager publicus) y apoyar con tropas en las guerras. A cambio de su fidelidad se les recompensaba progresivamente con privilegios, concesiones, derechos, etc. de modo que la Confederación se mantuvo relativamente estable en los años siguientes. Además, Roma instaló en el ager publicus a miles de ciudadanos; estas colonias no solo beneficiaban al pueblo romano sino que permitían vigilar a los aliados e impulsaban la romanización de la península. Por último, la construcción de una densa red de caminos contribuyó a integrar a los pueblos itálicos en un todo y facilitó el traslado de fuerzas, de ser necesario.
d. La conquista del Mediterráneo
Convertida en potencia tras su expansión en Italia, Roma debió enfrentarse a partir del 264 a.C. a Cartago, la otra gran potencia del Mediterráneo occidental. En estas guerras púnicas sobresalen los hechos siguientes:
• Las primeras victorias navales romanas en la primera guerra púnica. Pese al talento de estrategas como Amílcar Barca, Cartago debió rendirse tras ser vencida en las islas Egates; Roma obtuvo así una indemnización y la isla de Sicilia, a la que añadió, en los siguientes Cerdeña y Córcega; aprovechando los disturbios internos de los cartagineses.
• La invasión de Italia por Aníbal Barca en la segunda guerra púnica. Partiendo de sus bases en España (donde su padre había tratado de rehacer el poderío púnico y reunir fuerzas para la revancha), Aníbal cruzó los Alpes y sorprendió a los romanos en Tesino, Trebia, el lago Trasimeno y, sobre todo, en Cannas (desastre inaudito en la historia romana), al mismo tiempo que provocaba la deserción de numerosos aliados de la Confederación. Sin embargo, la habilidad del Senado, la estrategia de desgaste (impulsada por Fabio Máximo) y el agotamiento del cartaginés equilibraron la situación. Finalmente, el joven militar romano Publio Cornelio Escipión organizó un ataque directo a Cartago, que culminó con la derrota de Aníbal en la batalla de Zama. Cartago fue despojada así de sus posesiones coloniales, de su poderío militar y comercial y de su autonomía política (201 a.C.).
Los territorios adquiridos fueron organizados como provincias y ya no como aliados. Carentes de autonomía y obligados a pagar un tributo (mayormente en especies), estaban gobernados por procónsules o propretores designados por el Senado. Asimismo, parte de sus tierras pasaban al ager publicus, aunque esta vez, este no benefició directamente al pueblo romano.
Culminadas estas campañas (que pueden justificarse como guerras defensivas), la República Romana siguió su expansión, ahora esencialmente con acciones en la zona oriental de Mediterráneo, sede de los "reinos helenísticos". En este contexto hay que resaltar:
• El quebrantamiento de la potencia de macedonia y la " liberación" de las ciudades griegas. • La protección dada a Egipto, que fue salvado por Popilio Laenas de Antíoco IV Epífanes de Siria.
• La destrucción definitiva de Cartago (tercera guerra púnica) por instigación de Catón el Censor (146 a.C.). • La ocupación del reino de Pérgamo, en Asia Menor, legado a los romanos por el rey Atalo.
De esta manera el poder romano acabó por imponerse en toda la cuenca del Mediterráneo; hacia el siglo II a.C había surgido el Mare Nostrum.