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Las migraciones y El derecho de gentes de John Rawls

La m em bresía política -las condiciones de ingreso en las sociedades y salida de ellas- raram ente ha sido considerado un aspecto im portante de las teorías de justicia dom éstica e internacional. La filosofía política de John Rawls no es ninguna excepción. A sí en E l liberalismo político es­ cribe que «una sociedad dem ocrática, com o cualquier sociedad política, debe verse com o un sistema social completo y cerrado. Es com pleto en el hecho de que es autosuficiente y tiene un lugar para todos los p ro p ó si­ tos principales de la vida hum ana. También es cerrado [...] en que el in ­ greso es solo p o r nacim iento y la salida p o r m uerte [...]. Así, no se ve que ingresemos en la sociedad a la edad de la razón, com o podríam os ingresar en una asociación, sino que nacemos dentro de una sociedad donde llevamos una vid^com pleta» (Rawls, 1993. Énfasis mío.).

Sin duda Rawls buscaba usar el m odelo de una sociedad cerrada co­ mo una ficción coniial.ulica, com o un experim ento conveniente del

pensam iento al razo n ar acerca de la justicia; sin em bargo, al no o torgar .1 las condiciones de ingreso y salida de la com unidad política u n papel central en u na teoría liberal-dem ocrática de justicia, dio p o r supuesto que el m odelo(E stadocéntricojÍe naciones delim itadas territorialm ente, con fronteras relativam ente cerradas y bien custodiadas seguiría g ober­ nando nuestro pensam iento en estas cuestiones. Las razones de Rawls para ado p tar u na perspectiva E stadocéntrica al razo n ar sobre la justicia internacional se clarificaron am pliam ente luego en E l derecho de gentes.

U n papel im portante del gobierno de u n pueblo, p o r arbitrarios que

puedan

aparecer los co n to rn o s de una sociedad desde un p u n to de vista

histórico, es ser el agente representativo y efectivo del pueblo al to m ar este responsabilidad sobre su territo rio y su integridad am biental, así com o del tam año de su población» (Rawls, 1999: 38-39). Rawls agrega en la nota al pie de este pasaje que «U n pueblo tiene al m enos u n d ere­ cho calificado de lim itar la inm igración. D ejo de lado aquí cuáles serían estas calificaciones» (ibíd., 39 n. 48). A l escoger las com unidades p o líti­ cas delim itadas com o la un id ad relevante para desarrollar una concep­ ción de justicia dom éstica e internacional, Rawls se alejaba significativa­ mente de Im m anuel K ant y su enseñanza del derecho cosm opolita. Sj el_, m ayor avance de K ant fue articular un dom inio de relaciones de justicia » 11 ir eran válidas para todos los individuos com o personas morales en la . 11 e na internacional, en E l dereÚyo'de'geñt<Fs~átV^iw\s los individuos no son los principales agentes de justicia; en cam bio ,están sum ergidos en unidades que Raw ls llama «pueblos». Para K ant, la esencia del Jus cos- m opoliticum era la tesis de que todas las personas morales eran m iem ­ bros tic una sociedad m undial en la que p o d rían interactuar potencial- m ente entre sí. Rawls, en contraste, ve a los individuos com o m iem bros de pueblos y no com o ciudadanos cosm opolitas.

1 la habido considerable debate en la literatura respecto de p o r qué Kawly elegiría desarrollar u na visión de justicia internacional desde el pu n to de vista de pueblos en vez de individuos (Beitz, 2000; B uchanan, ¿000; Kuper, 2000). Este co m ienzo m etodológico lo lleva a articular principios de jiusticia internacional no para individuos, considerados com o unidades de igual respeto y p reocupación m oral en una sociedad m undial, sinol para pueblos y sus representantes. P ero es du d o sa la lu cíza de la definición de pueblos de Rawls. U n exam en del supuesto de Kawls respecto de los pueblos tam bién nos ayudará a aclarar p o r qué para él las com unidades delim itadas son las unidades de una teoría de justicia global, m ientras que las m igraciones se vuelven m ateria de la le o n a no ideal.

I 11 o neepto de pueblos es in tro d u cid o p o r Rawls com o un disposi tivo de repieseniai ion, en gran medida com o la concepción de persona ftV

m oral en Teoría de la justicia ([1971] 1972) y la de ciudadano en E l libe­

ralismo político (1993). U n dispositivo de representación acentúa ciertos

rasgos del ob jeto a ser representado m ientras se p o n en entre paréntesis o m inim izan otros. L o m ism o sucede con el concepto de pueblos. Los pueblos raw lsianos son definidos idealm ente com o «pueblos liberales» y tienen tres rasgos básicos: «U n gobierno dem ocrático constitucional razonablem ente justo que sirve a sus intereses fundam entales; ciudada­ nos unidos p o r lo que Mili llam ó “sim patías c o m u n es” y, finalm ente, un carácter m oral» (Rawls, 1999: 23). Se vuelve una preocupación im p o r­ tante para la visión raw lsiana de la justicia cóm o o p o r qué u n D erecho de G entes escogido p o r los representantes de pueblos liberales sería aceptable para pueblos no liberales tam bién. D e allí que el D erecho de G entes se desarrolle en dos pasos, prim eros desde la perspectiva de so ­ ciedades liberales y subsiguientem ente desde el p u n to de vista de «pue­ blos decentes no liberales» (ibíd., 59-68; cfr. B eitz, 2000: 675).

P ero es más significativa la m ezcla de atrib u to s sociológicos y éticos de los p u eb lo s desde el p u n to de vista de Rawls. La categoría de R aw ls hace u n solo paquete con rasgos em píricos así com o norm ativos: si bien la m ayoría de los científicos sociales e historiadores acordarían que puede ser necesaria alguna m edida de «sim patías com unes» para d istinguir u n p u eb lo o nación de o tro , es extraño estipular que los p u e ­ blos no serían tales a m enos q ue estuvieran g obernados p o r «un go­ bierno dem ocrático constitucional justo».' La dificultad surge a p a rtir de que R aw ls u ne estipulaciones norm ativas con características so cio ­ lógicas. El m éto d o de Raw ls de idealización dificulta en ten d er si busca que su co n cep to de pueblos sea válido histórica y sociológicam ente o tan solo aceptable norm ativam ente desde el p u n to de vista de sus p r in ­ cipios de justicia. E videntem ente, busca que sea am bas cosas, p ero h a­ cer c o n flu ir estas dos perspectivas desde el com ienzo crea u n a serie de problem as que reverberan en to d o lo que sigue.

D ado que desea evitar los peligros de la teoría realista internacional, que tom a a los estados y sus intereses com o los actores principales en la arena internacional, R aw ls desea d istinguir los estados de los p u e ­ blos. A rg u m en ta que los pueblos, n o los estados, son los actores m o ra­ les y sociológicos relevantes al ra z o n a r sobre la justicia a escala global. Pero no logra convencer de que p u ed a hacerse u n a distin ció n analítica­ m ente válida entre pueblos y estados en sus p ro p io s térm inos. ¿Q u é form a política fuera de u n E stad o m o d ern o p o d ría ten er un pu eb lo que es go b ern ad o p o r u n «gobierno dem ocrático constitucional justo»? ¿Podría ser un im perio? ¿P odría ser una ciudad-estado?

Rawls insiste en que los p ueblos no son estados principalm ente poi que no desea .tilsi ribii li s soberanía. 1 )os de los rasgos más com unes

.isociados a la soberanía, a saber, la soberanía interna sobre una pobla- i ion y la soberanía externa de declarar la guerra contra otras unidades soberanas, se derivan del D erecho de G entes en el esquem a de Rawls y por tanto no deben verse com o rasgos que ya poseen partes co n tratan ­ tes de la justicia internacional. Se hace que tan to la soberanía interna com o la externa dependan del D erecho de G entes. Este es un aspecto encom endable del argum ento de Rawls: hace que la legitim idad de la soberanía de u n E stado esté condicionada al reconocim iento de ciertos principios de justicia, entre ellos el respeto p o r los derechos hum anos y el com prom iso de no instigar la guerra p o r m otivos distintos a la au ­ todefensa (Rawls, 1999: 37). Si bien podem os seguir el deseo de Rawls de im poner límites morales sobre concepciones de soberanía estatal, es incoherente pensar en el gobierno constitucional de un pueblo sin al­ guna form a de soberanía territorial.2 E sto crea entonces un dilem a pa- ra la teoría de Rawls: debe su p o n er que los pueblos unidos p o r «simpa-

t tas com unes» y «gobernados p o r u n gobierno constitucional justo» están organizados territorialm ente com o unidades sem isoberanas, que poseen rasgos m uy similares a los de los estados, o debe renunciar a su estipulación de que los pueblos y a deben poseer u na cierta form a de gobierno y sim plem ente aceptar u na concepción más em pírica y m enos norm ativa de la condición de pueblo.

L os pueblos no pueden tener los siguientes rasgos norm ativos que

K.iwls les adscribe y no ser considerados com o estados m odernos o r­ ganizados y circunscritos territorialm ente, autogobernados. E ntre las

oí lio condiciones norm ativas que Rawls enum era para caracterizar un

pueblo (ibíd.), la obligación de «observar tratados e iniciativas», la obligación de «no instigar guerras que no sean fen] defensa propia», y honrar los derechos hum anos», si bien son inobjetables desde un punto de vista m oral, son difícilm ente concebibles sin un aparato esta- t.il m oderno con ejércjtjosjdispaaibles, una burocracia judicial y adm i-

nisii .ttiva plenam ente desarrollada y otras instituciones representati-

v i . Una vez más, la distinción entre pueblos y estados m odernos con l'obiei nos representativos desaparece.

I n su defensa de Rawls, «W hat self-governing peoples owe to one

.m ol lier: universalism , diversity and The L aw o f Peoples», Stephen M a-

• cilo ha sostenido que, «el significado moral de estados o pueblos no es realm ente tan m isterioso, pero recordém onos lo que un pueblo ha he­ cho .il asum ir poderes de autogobierno. H a form ado una u n ión gene- i .límente entendida com o perpetua y afirm ado un control perm anente sobre un territo rio dado, quizá com o resultado de una lucha violenta pin I.i independencia» (M acedo, 2004. énfasis mío.). Macedo clara­ mente lisa los tet minos pueblo y Estado de m odo indistinto. Al hacer

lo, se aleja de la m anera en que' Rawls desea co n stru ir los pasos en su teoría. Para Rawls la condición de E stado soberano debe suceder a la condición de pueblo y la aceptación del pueblo del D erecho de G entes y no precederlos. N uevam ente, esto sugeriría que es necesario estip u ­ lar un concepto más em pírico y m enos norm ativo de pueblos, de acuerdo con el cual p o d rían verse com o que ya poseen una form a de «gobierno constitucional justo».3

El tercer criterio para la condición de pueb lo de Rawls, a saber,jjue cada pu eb lo d e b í poseer «una naturaleza m oral» es aun más difícil de defender. Raw ls procede aquí a p artir de u n a visión holística de los pueblos, cada u n o de los cuales supuestam ente puede definirse p o r fronteras claram ente delim itadas y p o r un co n ju n to de valores y v irtu ­ des identificables. En esta visión holística, los pueblos se ven com o p o rtad o res de u na visión del m u n d o m oral coherente. Pero tal co n ­ cepción holística de la sociedad pertenece a la infancia de las ciencias sociales.

Falta en esta visión una apreciación de la división interna significati­ va de las sociedades hum anas p o r clase, género, etnicidad y religión. E s­ ta visión holística tom a las aspiraciones de m ovim ientos liberal-nacio- nalistas en su período de ascenso en la segunda m itad del siglo X I X y principios del X X com o paradigm áticas y presenta estas aspiraciones co­

mo si fueran hechos sociales. Pero los pueblos no se encuentran; se de­ sarrollan a través de la historia. U n a manera crucial en la que los pueblos cruzados p o r cuestiones de clase, género, etnicidad y religión se desa­ rrollan es precisam ente a través de la contienda en to rn o de los térm inos y el significado de su «naturaleza moral» com ún. G rupos excluidos y marginados, com o los trabajadores y las mujeres en las repúblicas b u r­ guesas tem pranas, buscaron transform ar el código m oral de la nación para hacerla más inclusiva, m enos concentrada en jerarquías y distincio­ nes de propiedad, más receptivas a los logros de la ciudadanía femenina. Se dieron luchas similares p o r parte de grupos raciales, étnicos y religio­ sos, excluidos y m arginados. Ver a los pueblos com o entes hom ogéneos caracterizados p o r una «naturaleza moral» claram ente identificable y una fuente de «simpatías com unes» no es solo equivocado sociológica­ mente; es una visión hostil a los intereses de quienes han sido excluidos del pueblo porque se negaron a aceptar o respetar su código m oral he- gemónico. La visión de la condición de pueblo de Rawls se desliza al na­ cionalismo. En últim o análisis, su visión liberal-nacionalista es más na- i ionalista que liberal, precisam ente porque, en vez de tratar las aspiraciones hcgemónicas de los m ovim ientos nacionalistas de forjar un pueblo de simpatías com unes y una naturaleza m oral unificada com o hi> Ii.is ideológu as, les confiere la condición de hechos sociológicos.

Supóngase que u n o defiende la definición de Rawls siguiendo los li­ ncam ientos sugeridos p o r C harles Beitz: «La idea de u n pueblo es p a r­ te de un a concepción ideal del m undo. Rawls n o necesita m antener que m uchos estados (o incluso alguno) actuales satisfacen plenam ente los criterios de la condición de pueblo para m antener que sería deseable avanzar en dirección al ideal. La pregunta apropiada acerca de la idea de pueblo es si representa una form a suficientem ente deseable de orga­ nización social hum ana para servir com o el elem ento co nstituyente b á­ sico de una sociedad m undial, no si sirve com o aproxim ación realista a estados realm ente existentes» (2000: 680).

La defensa de Beitz sugiere que debem os ju zg ar la concepción de pueblo de Rawls éticam ente y no en térm inos de adecuación sociológi­ ca. E sto no es satisfactorio, precisam ente p o rq u e la visión sociológica acarrea im plicaciones éticas que deform an significativam ente nuestra visión norm ativa. La com prensión de Rawls de la condición de pueblo sigue la tradición del nacionalism o liberal y la sociología idealista del siglo XIX y oscurece elem entos de poder, opresión e ideología a través de los cuales se forja u n sentido com ún de nacionalidad.

Sostendría adem ás que ni siquiera es deseable norm ativam ente ver I.i Sociedad de los Pueblos com o u na com unidad m undial com puesta de colectividades tan altam ente integradas, hom ogéneas y hom ogenei- /an tes. Los perdedores en este rom ance nacionalista son precisam ente las norm as y los valores liberales y dem ocráticos que Rawls tam bién quiere a trib u ir a los pueblos. ¿Por qué? P o rq u e siem pre y necesaria­ m ente hay u na contestación, una desunión, una saludable disyunción entre los valores, norm as y principios unlversalizantes del justo go­ bierno constitucional y las «simpatías com unes» y la «naturaleza m o­ ral» particularista de u n pueblo. Raw ls m inim iza el aspecto contextual- trascendente de los valores y norm as liberal-dem ocráticos que son, p o r o tro lado, tan centrales a su visión de justicia y liberalism o político.

• N osotros, el pueblo» es u na fórm ula surcada de tensiones, que busca contener las aspiraciones universalizantes de reclam os de derechos y luchas p o r la soberanía dem ocrática d en tro de los lím ites de u na colec- I i viciad situada históricam ente. Tal colectividad tiene sus «otros» aden- I I o y «afuera». La condición de pu eb lo es una aspiración, no un hecho. N o busco hacer aquí una reivindicación escéptica posm odernista acerca de la inestabilidad de las categorías de identidad. Más bien estoy cnlatizando que, particularm ente si entendem os que los pueblos son gobernados p o r instituciones liberal-dem ocráticas, no puede haber ni es deseable que haya una narración colectiva incuestionada de sim pa- lias com unes y una naturaleza m oral única. Las identidades colectivas están conform adas p o r hebras de narraciones com petitivas y co n ten ­

ciosas en las que com piten entre sí aspiraciones unlversalizantes y m e­ m orias particularistas para crear síntesis narrativas tem porarias, que son a su vez cuestionadas y se ven atravesadas p o r nuevas divisiones y debates. Las narrativas de la condición de pu eb lo y en particular de la condición de pueblos liberal-dem ocráticos evolucionan históricam en­ te a través de disyunciones y disputas (véase Sm ith, 2003).4

La visión de Rawls de los pueblos no es defendible ética ni socio­ lógicam ente y, aunque le concedam os a Raw ls la legitim idad de las idealizaciones, estas idealizaciones no son pasos neutrales hacia un argum ento norm ativo, sino que tienen ellas m ismas consecuencias norm ativas. A lan B uchanan señala o tra consecuencia de la visión de Rawls: «Rawls supone que para los pro p ó sito s de u n a teoría m oral de las relaciones internacionales, el caso estándar es el de u n E stado cuya población se halla unificada p o r u na cultura política com partida, una concepción com ún del o rd en público, dicho de o tro m odo, u n E stado d en tro del cual no hay conflictos respecto de cuestiones fundam entales de justicia o el bien y no hay divisiones respecto de qué grupos tienen derecho a poseer E stado o derechos especiales de grupo» (B uchanan, 2000: 717). Tal visión de u n a «unidad pro fu n d am en te política» ignora el conflicto intra-E stado; desconoce las reivindicaciones y reclam os de grupos que n o tienen v oz ni representación para sus culturas y m odos de vida d en tro de los lím ites de tal cultura política. E n consecuencia, los derechos de grupos m in o ritario s o los derechos culturales de ciuda­ danía de pueblos que no están ellos m ism os organizados com o estados, sino que son m iem bros de estados soberanos m ayores -ta le s com o los aborígenes en A ustralia, las prim eras naciones en C anadá, los nativos am ericanos en E stados U n id o s y los indios en A m érica latin a- desapa­ recen del paisaje de los pueblos raw lsianos (véase B enhabib, 2002a so­ bre los derechos de grupos culturales).

Perm ítasem e volver o tra vez sobre la afirm ación de Rawls de que «una sociedad dem ocrática, com o cualquier sociedad política, debe verse com o u n sistema social com pleto y cerrado. Es com pleto en el he­ cho de que es autosuficiente y tiene u n lugar para todos los pro p ó sito s principales de la vida hum ana. Tam bién es cerrado [...] en tan to el in ­ greso es solo p o r nacim iento y la salida p o r m uerte [...]. Así, no se ve que ingresem os en la sociedad a la edad de la razó n , com o podríam os ingresar en una asociación, sino com o que nacem os d en tro de u n a so- eiedad d o n d e llevamos u na vida com pleta» (Rawls, 1993: 41. Énfasis mío.). En vista del análisis precedente, el p u n to de vista de Rawls resu l­ ta más inteligible aunque m ucho m enos defendible. Precisam ente p o r- t|UC ve los pueblos com o entes discretos unificados p o r una «naturalc- /.i m oral c o m ú n ", un pueblo dem ocrático para Rawls llega a sem ejar

un cosmos moral; de hecho, es u n cosmos moral. El supuesto de que entram os en una sociedad p o r nacim iento y que debe vérsenos com o que «vivimos una vida completa» dentro de ella, que la abandonam os solo con la m uerte, está tan alejado de la verdad histórica que su uso por Rawls solo puede ser entendido a la luz de los presupuestos más amplios relativos a la condición de pueblo y naciones.

La tensión entre las premisas universalistas del liberalismo político