Cuarta Lección: descripción provisional de la atención conjunta
Opción 2: este entendimiento/conocimiento está constituido por la percepción en cuanto las habilidades
2.3. Lo relevante de la cooperación: comunicación
Un camino bastante popular para especificar no metafóricamente la expresión ‘apertura de la percepción’ consiste en explorar la estructura que hace posible la cooperación, en particular que la está basada en el uso de gestos/expresiones referenciales demostrativas. Los episodios de interacción de los ejemplos 4, 9 y 10 (y, a lo mejor, el ejemplo 8) hacen parte de esta clase de episodios de interacción: allí se resuelven tareas cognitivas cooperativamente basadas en la co- municación mediada por el uso/entendimiento de esta clase de gestos/expresiones comunicati- vas. Y pues —aquí está la conexión— nuestro uso/entendimiento de gestos/expresiones de- mostrativas depende de la percepción (Evans 1982: Capítulo 6, Campbell 2002: Capítulo 1 y 6, Soteriou 2016: Capítulo 4).
En filosofía (Campbell 2005, Roessler 2005, Eilan 2005, Seemann 2019, Cappuccio2013b) y en psicología (Tomasello 2003, 2012; Leavens 2004, 2011; Gómez 2005) se ha considerado que éstos son ejemplos paradigmáticos de la atención conjunta. Esta consideración hizo parte del entusiasmo de pensar que el corazón de la atención conjunta es la cooperación basada en comunicación verbal o proto-verbal (Peacocke 2005, Roessler 2005, Eilan 2014; Seemann 2011, 2019: 32-44). Esto condujo a una gran cantidad de investigación teórica y empírica de los casos más simples de cooperación social basada en comunicación verbal, a saber, los episodios de cooperación social basados en el uso/entendimiento del ‘señalamiento proto-declarativo’ o ‘proto-imperativo’ (ver. supra. ejemplo 5 de la sección I).
La manifestación de señalamiento proto-declarativo se convirtió —durante la mayor parte de esta discusión— en el principal síntoma de atención conjunta. Si un infante humano realizaba un señalamiento proto-declarativo, estaba ya participando en, o podía iniciar, un episodio de atención conjunta (Mundy & Newell 2007; Lawton & Kasari 201373). Psicólogos como Toma-
sello (1995, 2003, 2012), Call & Tomasello (2005), Gómez (2005) Mundy & Newell (2007), Hob- son & Hobson (2008, 2011) entre otros, pensaron que estudiar la manera en la que los niños (con desarrollo típico o autismo) o los animales no-humanos realizan señalamientos proto-de- clarativos es estudiar cuáles son las condiciones mínimas para que un sujeto entre/participe en un episodio de atención conjunta. Y, en su opinión, encontrar que algunos animales no-humanos o algunos humanos con autismo son incapaces de realizar señalamientos proto-declarativos es una razón para afirmar que carecen de la habilidad de usar lenguaje (proto-)verbal para cooperar
73 En esta discusión las nociones de ‘iniciar un episodio de atención conjunta’ o ‘entrar en episodio de atención conjunta’ son
equivalentes a ‘señalar proto-declarativamente’ (proto-declarative pointing) y ‘seguir el señalamiento proto-declarativo’ (point-following).
genuinamente, que no pueden participar en episodios de atención conjunta y, por lo tanto, que son incapaces de tener una inteligencia típicamente humana (Leavens 2004, 2011; Leavens & Racine 2009 para una discusión detallada de la tesis de Tomasello sobre el señalamiento proto- declarativo y de por qué es injustificada).
Episodios de interacción social como en el ejemplo 10 —donde padre e hijo están constru- yendo conjuntamente una torre de juguete— ponen de relieve el valor explicativo de este tipo de actos comunicativos. El uso de la partícula lingüística “aquí” (al interior de la pregunta “¿po- nemos más fichas aquí?”) es referencial declarativo, y contribuye a la tarea de construir conjun- tamente la torre solamente si a partir de lo que está involucrado en su compresión es suficiente para monitorear y orientar la interacción durante el episodio. ¿Qué está involucrado?
Como se vio en la discusión del ejemplo 4 y del ejemplo 9 en la sección anterior, Tomasello (2003:94-133) asume una explicación inspirada en Grice (1957) y Strawson (1964) acerca del entendimiento de los actos comunicativos. Y recientemente Seemann (2019: 35-44) adopta una explicación bajo el mismo espíritu:
[Que un sujeto S] ‘diga algo al usar x’ es (aproximadamente) equivalente a decir que "[Un sujeto S] pretende que la emisión de x produzca algún efecto en una audiencia mediante el reconocimiento de esta intención [pretensión]". (Grice 1957: 385, citado por Seemann 2019: 37, corchetes añadidos)
De acuerdo con este enfoque griceano, los actos de comunicación se explican en términos de las intenciones comunicativas. Cada acto comunicativo/declarativo-referencial es social — dice Tomasello— porque “la referencia lingüística es un acto social en el que una persona intenta que otra persona centre su atención en algo en el mundo” (2003: 97). Entender un acto de esta clase descansa en la habilidad de atribuir una intención comunicativa compleja. La intención atribuida durante los episodios de atención conjunta y, por lo tanto, de comunicación, tiene la siguiente estructura “tu intentas que (yo comparta atención a X)” (Tomasello 2003: 102, énfasis añadido) (Tomasello 1995; Leavens 2009, 2011). Escribe Tomasello
Este análisis deja bastante claro que la comprensión de una intención comunicativa es un caso especial de la comprensión de una intención; es entender la intención de otra persona hacia mi estado de atención. Com- prender esto es claramente más complejo que entender la intención simpliciter de otra persona. Entender que la intención de otra persona es patear una pelota, simplemente debo determinar su objetivo con res- pecto a la pelota. Pero entender lo que otra persona pretende cuando hace el sonido “¡Bola!” en mi dirección, debo deter-
minar su objetivo con respecto a mis estados intencionales/atencionales hacia una tercera entidad [la bola] (Tomasello
2003: 102-3, énfasis y corchetes añadidos)
Lograr atribuir al hablante la intención comunicativa de ‘compartir atención’ a un objeto es el corazón de la descripción griceana de los episodios de comunicación durante la atención con- junta (Eilan 2005: 3). Las habilidades cognitivas detrás de esta atribución es lo que explica el
éxito de los episodios de comunicación en cuanto que el ejercicio de dichas habilidades es lo que garantiza que ‘lo dicho’ (por parte del hablante) sea lo mismo que ‘lo entendido’ (por parte del oyente): es decir, que haya un entendimiento/conocimiento compartido respecto de lo que se comunicado. Y dado que la comunicación durante la atención conjunta —de acuerdo con esta descripción— es dependiente del uso de expresiones/gestos referenciales demostrativos, la iden- tidad entre ‘lo dicho’ y ‘lo entendido’ será respecto de ‘lo percibido’. En otras palabras, el ejercicio de habilidades de atribución de intenciones comunicativas busca lograr que haya una perspectiva compartida respecto a lo percibido: un entendimiento/conocimiento perceptual común. Insiste Seemann que
Los [usos de expresiones] demostrativas y las demostraciones [o gestos demostrativos] desempeñan un papel indispensable aquí: es mediante la instrucción a la otra persona sobre la ubicación y la naturaleza del objeto seleccionado que los comunicadores pueden ampliar el inventario de su conocimiento actual sobre él. Y es en virtud de la naturaleza conjunta de la constelación perceptual [esto es, en virtud del episodio atencional conjunto] que las expresiones y gestos pueden desempeñar este papel. (Seemann 2019: 32, cor- chete añadido)
Y más adelante dice
El conocimiento perceptual común se adquiere generalmente por medio de comunicaciones lingüísticas en las que los sujetos realizan actos de habla a través de la expresión de oraciones que contienen expresio- nes demostrativas (Seemann 2019: 35)
El fenómeno de compartir ‘compartir atención’ se ha especificado de muchas maneras: compartir conocimiento (McDowell 1998, Schiffer 1972, Treavanler 1979; Seemann 2019: 35), compartir creencias (Grice 1957, Peacocke 2005), compartir percepciones (Campbell 2005, Eilan 2014; Seemann 2019: 34), compartir emociones (Roessler 2005, Eilan 2005). No hay una manera única de especificarlo. Intentaré capturar el espíritu de todas estas propuestas al afirmar que un señalamiento proto-declarativo requiere que el hablante tenga la intención de compartir ‘su pers- pectiva’ de los aspectos materiales del ambiente.
De acuerdo con esto, el tipo de intención comunicativa atribuida es una intención bastante compleja. El sujeto que interpreta (en este caso, la audiencia) debe atribuirle al otro sujeto (el hablante) la intención de compartir cierta perspectiva respecto al ambiente; esto es, debe usar sus habilidades cognitivas para atribuirle al hablante la creencia de que la audiencia tiene actitudes intencionales sobre el ambiente (Grice 1957). En estricto sentido, debe atribuirle al hablante la intención de producir en la audiencia una creencia perceptual acerca del ambiente. ¿Cómo espe- cificar cuál es la intención apropiada para lograr compartir creencias o conocimiento perceptual acerca del ambiente? La audiencia debe atribuirle al hablante la intención de formar en la audien- cia una creencia cuyo contenido sea acerca del ambiente y que, simultáneamente, reconozca que
dicha creencia ocurre en virtud del acto comunicativo, por ejemplo, señalar proto-declarativa- mente. Y, al mismo tiempo, para compartir perspectiva, el hablante debe atribuirle a la audiencia la creencia de que el hablante le hace creer a la audiencia algo sobre el ambiente en virtud del acto comunicativo de señalar proto-declarativamente (Roessler 2005, para una exposición de esta clase de explicación) Seemann, orientado por esta explicación, escribe
¿Cómo los sujetos que se comunican llegan a conocer perceptual y comunalmente cuál objeto es seleccio- nado en virtud de las emisiones demostrativas del hablante? La respuesta corta es: al lograr el tipo correcto de disposición perceptiva —el tipo de constelación triádica que generalmente se llama atención conjunta—.
Una forma de lograr esta constelación es mediante la realización por parte de un hablante de un acto demostrativo que resalte el objeto de su intención referencial para el oyente. Necesitamos una explicación de cómo los hablantes refieren a
los objetos de sus intenciones informativas: se necesita saber qué determina la referencia de la emisión demostrativa de un hablante con el propósito de desarrollar una respuesta a la pregunta de qué necesita saber el oyente para saber respecto del cuál [objeto] el hablante está intentando informar. (Seemann 2019: 39, énfasis añadido)
Si la explicación es correcta, tenemos una imagen muy particular de lo que ocurre al interior de los episodios de comunicación y, por lo tanto, al interior de los episodios de atención con- junta. La imagen consiste en que hay al menos dos sujetos, uno (el hablante) sabe algo acerca del ambiente, o sea, que tiene una perspectiva respecto de éste, y el otro (la audiencia) que ignora dicha perspectiva. El primero (hablante) realiza gestos o emite los sonidos apropiados para que el segundo (la audiencia) logre disfrutar de la perspectiva que disfruta el primer sujeto; el primer sujeto realiza un esfuerzo cognitivo para lograr compartir su perspectiva. Mientras el segundo sujeto (la audiencia) aprecia en estas acciones el intento de decir algo, y por esa razón inicia un proceso de interpretación que consiste en la atribución de las intenciones comunicativas adecua- das para darle sentido correctamente a las acciones del otro sujeto (al hablante). En esta imagen, la comunicación exitosa resulta del esfuerzo cognitivo de ambos sujetos por encontrase a propósito de alguna perspectiva del ambiente material: bien sea (desde el punto de vista del hablante) por producir creencias, emociones, percepciones en los demás, o bien sea (desde el punto de vista de la audiencia) por atribuir la intención comunicativa correcta. La comunicación exitosa y, en este sentido, la atención conjunta, para usar la expresión de Bruner (1985), es un encuentro entre mentes (“meeting of minds”), un cruce afortunado entre el ejercicio individual de dos conjuntos de habilidades cognitivas.
Sucede que no todas las pistas puestas a disposición del oyente en virtud del acto demostrativo del hablante tienen que ser precisas si el intento de comunicación demostrativa del hablante tiene éxito. […] La ubicación
indicada por el hablante es la pista principal del oyente en su intento de determinar el objeto intentado en el
acto referencial de hablante: si no sabe dónde buscar, la comunicación demostrativa no puede tener lugar [get off the ground] (Seemann 2019: 44, énfasis y corchetes adicionales).
Otra manera de redescribir esta imagen consiste en decir que hablante y oyente están sepa- rados: tienen vidas mentales internas (más o menos bien definidas) y el ejercicio de sus habilida- des cognitivas de interpretación es individual en cuanto que es metafísicamente independiente del ejercicio que otro sujeto ejercite alguna habilidad cognitiva. En estas condiciones, el hablante trata de que el oyente tenga acceso a su perspectiva al dejarle pistas mediante el ejercicio de sus propias habilidades de referencia intencional y la audiencia trata de acceder a la perspectiva del hablante mediante el ejercicio de sus propias habilidades de atribución intencional a partir de dichas pistas. De acuerdo con esta imagen, la perspectiva que comparten es dependiente del ejercicio individual de sus habilidades de atribución y, por esta razón, se queda en este nivel (de atribución) doxástico; y al final, luego de un largo ejercicio de interpretación, pueden lograr com- partir sus opiniones, creencias, conocimientos o evaluaciones emocionales respecto del mundo material.
Esta imagen luce muy difícil satisfacer.74 En principio no es obvio que ejercitar las habilida-
des individuales para interpretar a los demás (mediante la atribución de una vida mental interna) sea suficiente para garantizar, en todos los casos, en un sentido relevante, la comunión de la perspectiva que requieren todos los actos de comunicación referencial exitosa y, por la misma razón, los episodios de atención conjunta. Si la comunicación exitosa entre un par de sujetos descansa en el ejercicio individual de estas habilidades de interpretación, ¿Qué garantiza cómo lograr compartir perspectiva en un sentido que explique casos de genuina cooperación? Es po- sible pensar en situaciones en las que dos sujetos se interpretan mutuamente al ejercitar sus habili- dades para atribuir una vida mental y aun así no sea un caso de comunicación mutua pese a que, en algún sentido, compartan la misma perspectiva sobre el ambiente. Piense en el caso de dos sujetos humanos que se están espiando mutuamente pero no saben que el espionaje es mutuo.75
Para que la tarea de espiarse mutuamente tenga éxito, ambos deben ser capaces de atribuir los aspectos correctos de la vida mental al otro sujeto, sin que esto implique, por hipótesis, que ambos se percaten de que tienen una perspectiva compartida. Algunos ejemplos basados en si- tuaciones experimentales reales apuntan a señalar el mismo hecho. Call & Tomasello (2005)
74 En contra este cuadro (en particular contra Seemann 2019: 31-44) pienso que ningún ejercicio de interpretación conducirá a
compartir percepciones. En este cuadro parece que el rol de la apertura de la percepción simplemente es el de suministrar un acceso adecuado a un aspecto de la vida mental individual e interna de cada cual y, sobre este tipo de acceso, cada sujeto puede ejercitar sus habilidades individuales de atribución de vida mental con el propósito de compartir perspectiva. Puesto en estos términos, estas herramientas teórico-conceptuales son insuficientes para dar cuenta de la cooperación presente durante la atención conjunta (ver. infra. sección 2.4, Parte I, Capítulo 1, y sección 1, parte I, Capítulo 3)
75 Este ejemplo está inspirado en otro ejemplo presentado por Peacocke (2005: 304). Sobre el ejemplo de Peacocke, volveré al
presentan episodios de interacción competitiva entre primates no-humanos en los que un pri- mate (el líder de grupo) tiene comida en su poder y evita que los demás miembros del grupo accedan a ella, mientras que los demás tratan insistentemente de arrebatarle la comida (ocurre igualmente con interacciones humanas competitivas: ver ejemplo 7 de la primera parte de este capítulo). Para que la actividad de competencia pueda llevarse a cabo con éxito, cada primate no- humano debe ejercitar individualmente sus habilidades de interpretación respecto a los demás en cuanto que, aparentemente, cada uno es capaz de atribuir una vida mental al otro, incluso contenidos intencionales singulares similares acerca de la comida; tal que, a partir de dicha atri- bución, cada uno sea capaz de monitorear/vigilar al otro para cumplir su papel en la interacción competitiva.
En ambos tipos de caso del párrafo anterior tenemos sujetos ejercitando individualmente sus habilidades de atribución intencional sin que este ejercicio exitoso conduzca a afirmar que ellos están compartiendo perspectiva respecto del ambiente (en un sentido relevante) y, por lo tanto, sin que se estén comunicando o participando en un episodio de atención conjunta.
Para que los episodios de interacción social pintados en este cuadro cuenten como episodios de atención conjunta se requiere hacer explícito un sentido relevante el que ambos sujetos com- partan perspectiva. Tomasello (2012: 34-43) dice que ambos sujetos deben saber que están compar-
tiendo dicha perspectiva. Este conocimiento asegura el tipo de estructura intencional detrás de las
interacciones exitosas basadas en comunicación. ¿En qué consiste que ambos sujetos sepan que están compartiendo perspectiva? Una manera bastante popular de especificarlo es acudiendo a la noción de conocimiento mutuo o común promovida por Lewis (1969: 52-60), Schiffer (1972), Peaco- cke (2005), (parcialmente) McDowell (1998), y usada/defendida ampliamente por Bratman (2014: 5)76 y Tomasello (1995, 2003, 2012). Lo que Tomasello escribe sobre ‘tener una meta
individual’ o ‘tener una meta conjunta’ aplica perfectamente a la idea de ‘tener una perspectiva individual’ o ‘tener una perspectiva conjunta’
Caracterizamos la formación de una […] intención conjunta con más detalle de la siguiente manera (ver Bratman, 1992). Para que usted y yo formemos una meta conjunta (o una intención conjunta) de perseguir un ciervo juntos, (1) yo debo tener la meta de capturar al ciervo junto con usted; (2) usted debe tener la meta de capturar el ciervo conmigo y, claramente [critically], (3) ambos debemos tener conocimiento mutuo […] de que ambos conocemos la meta del otro. […] [E]s importante que tengamos conocimiento mutuo de las metas de los demás, es decir, que nuestras metas respectivas sean parte de nuestro terreno conceptual
común. Cada uno de nosotros puede querer capturar el ciervo junto con el otro, pero si ninguno de nosotros
76 Dice Bratman “Para los fines actuales, trabajaré principalmente con una noción intuitiva de conocimiento común. Sin em-
bargo, cuando sea útil tener a mano un modelo más específico de conocimiento común, recurriré a un modelo jerárquico tal como se acaba de esbozar.” (2014: 5)
sabe que este es el caso, es muy probable que no logremos coordinar (por todas las razones descritas por Lewis y Schelling, entre otras). (Tomasello 2012: 38, énfasis y corchetes añadidos)
En este sentido, lo que completa la imagen que estamos describiendo es lo siguiente: el ejercicio individual de habilidades de atribución intencional tiene que ser suficiente para que ambos sujetos lleguen a tener un conocimiento común o mutuo de cuál es la perspectiva compartida; esto con el propósito de comunicarse, coordinar y tener éxito durante estos episodios de inter- acción.
¿Qué es y cómo se logra el conocimiento común?