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EL LUGAR DE LA DERIVACIÓN ESCOLAR EN LA CONSULTA PSICOLÓGICA

Nuestra práctica profesional, en torno al trabajo en red con instituciones escolares, desarrollada en el ámbito público y privado, nos ha demostrado que el mayor número de consultas por niños, especialmente varones, son solicitadas a partir de derivaciones escolares y con frecuencia se acompañan de diagnósticos previos tales como dificultades de aprendizaje, Dislexia,

Hiperactividad. Si bien, generalmente es la escuela en principio, la que

“descubre” el diagnóstico, suele ser avalado por profesionales de la salud. En la actualidad, el sobrediagnóstico del Trastorno de Déficit Atencional delinea una problemática específica a la que nos referiremos en el Capítulo 4 de este volumen.

Para dar cuenta de la extensión y profundidad de la problemática, referimos un estudio de corte estadístico. Ésta indagación fue realizada en el Centro Interdisciplinario de Servicios (CIS) de la UNSL, por Taborda y Díaz (2007), entre los años 2000 y 2004, en base a una muestra integrada por 130 niños, de ambos sexo. Los datos obtenidos evidencian que en el 96% de los casos la atención psicológica para niños se solicita por derivaciones escolares, en una proporción de dos varones por una niña. Sólo el 4% solicita atención psicológica en forma espontánea, por síntomas que no atañen a lo escolar. Del 96%, el 33 % consulta por problemas de aprendizaje, el 54 % suman a esta problemática conductas impulsivas, el 10 % manifiestan que la derivación escolar se fundamenta en la presencia de conductas impulsivas que obstaculizan la adaptación a las normas y el 3% restante consultan por fobias escolares. Una tendencia similar se registró durante el 2007, el 88 % de la consulta por niño se realizó por problemas escolares.

Teniendo en cuenta el total de las consultas realizadas a partir de la derivación escolar, en el 60% de los casos, esta fue aceptada y se desarrolló un proceso transferencial que permitió sostener la instancia diagnóstica y la derivación a tratamiento psicoterapéutico, en aquellos casos en que fue recomendable realizarla.

Al recibir en el CIS las derivaciones de las instituciones escolares por niños en las que, como primer emergente refieren inhibiciones consolidadas que dificultan el aprendizaje y/o transgresiones severas a las normas académicas, hemos observado que ambas dificultades pueden manifestarse conjuntamente o a través de modos contrapuestos de expresar el sufrimiento psíquico. Dentro de estas modalidades antagónicas encontramos:

1) Niños que se oponen en forma agresiva sistemática y buscan, de manera desafiante, poner a prueba al otro repitiendo relaciones en las que priman las polaridades rechazar- ser rechazado, castigar- ser castigado, excluir- ser excluido, someter- ser sometido en círculos sadomasoquistas de repetición compulsiva.

2) En otro grupo, predomina la indiferencia, el ensimismamiento, la pasividad; que se manifiesta en algunos casos con retraimiento, inhibiciones en la capacidad para jugar, imaginar y expresar su mundo de fantasía, en plantear sus problemas, para pensar en diferentes alternativas y para enfrentar la ambivalencia. Cuando las alteraciones son aún más profundas, predomina un déficit en el desarrollo que se evidencia a través de severas dificultades de contacto con la realidad interna- externa, para mentalizar y verbalizar sus necesidades, emociones y conocimientos; y

3) Los niños que ubicamos en el tercer grupo, alternan entre la impulsividad y la pasividad. En relación con esto, consideramos que las dificultades anteriormente señaladas, con frecuencia, son modos contrapuestos en que la depresión primaria y los déficit en la constitución del narcisismo se manifiestan.

Cabe subrayar que la consulta a partir de las derivaciones escolares incluye, también, a aquellos niños y púberes que presentan dificultades transitorias en la producción académica, en quienes no se observan déficit en la constitución psíquica.

Una pregunta que resulta central es: ¿Por qué en la actualidad la derivación proveniente de las instituciones escolares tiene la fuerza suficiente como para motivar la consulta psicológica y/o médica? Estos interrogantes nos conducen a formular otros, tales como: ¿Qué esconden/qué develan las dificultades para aprender? ¿Son problemas de aprendizaje o de fracaso de rendimiento escolar? ¿Las perturbaciones están en el niño, en las instituciones o en el encuentro entre lo individual, lo dual y lo grupal?

Al respecto, podemos señalar que en la actualidad circula un discurso alrededor de la integración, aunque resulta evidente que la gran problemática que enfrenta el hombre, gira en torno a la temida exclusión. En el ámbito educativo, la escuela es percibida como la primera institución que señala o, en su defecto, deniega la posibilidad de desarrollar un camino para incluirse en el sistema.

La escuela, por su carácter de obligatoriedad, es una de las pocas instituciones que influye activamente en la vida de todos y cada uno de los habitantes, por lo cual se convierte en un lugar de ineludible recepción de las problemáticas actuales. Si bien las derivaciones que de ellas provienen tienen una función preventiva, reconocemos que las instituciones educativas también están atravesadas por las crisis contemporáneas. Los pocos recursos

con los que cuenta y la fuerza de los vertiginosos cambios que no se alcanzan a pensar, generan tensión, dudas, sentimientos que provocan malestar y toman un cariz particular en cada institución, en cada docente, en cada niño. Por ejemplo, es indiscutible que en aulas sobrepobladas resulta altamente complejo enseñar y aprender contenidos programáticos; escuchar las dificultades, agresiones verbales que surgen en los grupos; promover caminos de sustitución de las agresiones físicas, etc. Podemos afirmar, que la función que la escuela debería cumplir en la constitución de la subjetividad, en muchas oportunidades, está empobrecida.

En otras palabras, como habitantes de esta época compartimos el transcurrir de un cambio de milenio, en el que se condensan transformaciones rotundas y vertiginosas que impactan en las configuraciones culturales, en el ámbito individual, familiar, social, político y económico, regulado por las leyes del mercado y el libre consumo, sostenido por la globalización. Así, el discurso de la tan mentada integración convive con la problemática de la exclusión.

En este marco, lo que sucede en el devenir de la vida llega de manera imprevista y desaparece sin previo aviso, ya nada se puede conocer con seguridad. Todo lo que se sabe, puede conocerse simultáneamente de otra manera, tan buena o tan mala como la primera y, por lo tanto, tan volátil y tan precaria que llena de inseguridad e incertidumbre. Estas transformaciones dejan sus huellas dentro del sistema educativo, en cada institución, en la práctica áulica, en los docentes, en los niños, en los padres, en todos y cada uno de nosotros.

El malestar que hoy se vive en las instituciones educativas es una temática compleja, que trasciende nuestras fronteras y se configura como una problemática universal. Ya Doltó, (1981), señaló que la escolarización basada en un nivel de inteligencia actualizable y en un ritmo homogéneo, puede promover el desarrollo de neurosis hasta en niños que vivían sanamente antes de la escolaridad.

UN MODO DE ENTENDER