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Cuando comenzamos este proyecto, sabíamos que iba a ser complicado. Pero por lo menos una cosa teníamos en claro: que estábamos hablando de mujeres acti- vistas por los derechos humanos.

Y con ellas hablamos, al comienzo. Mujeres que se definían como activistas. Pero con el tiempo empezamos a cuestionar la definición de activismo. Y más tarde, cuando empezamos a hablar de las limitaciones del concepto binario de gé- nero, y a trabajar con activistas transgénero e intersex, comenzamos a cuestionar qué queríamos decir con mujeres ...

El año pasado, cuando hablamos con Emily sobre sus ideas con respecto a la sos- tenibilidad del activismo queer, ella mencionó el concepto binario de género. En ese momento, yo no tenía idea de lo que era eso. Rápidamente y en silencio revisé mi archivo mental que contiene los diccionarios feminista y de los derechos de las mujeres. Nada. Miré en el archivo LBGTIQ (lésbica, gay, bisexual, transgé- nero, intersex y queer). Vacío.

Tras algunos titubeos, finalmente la interrumpí y le pregunté qué quería decir con eso: varón más mujer suma dos géneros. Eso es binario, ¿cuál es el problema? Me explicó que cuando nos aferramos a la idea limitada de que sólo existen hom- bres y mujeres, estamos silenciando a l*s activistas que se definen desde otros géneros, u obligándol*s a adaptarse a nuestra visión reducida del género. Eso me preocupó muchísimo. Estábamos escribiendo sobre activistasmujeres... sobre derechos de lasmujeres. ¿O no?

Seguí intentando volver a encerrar las excepciones en uno de los casilleros ya eti- quetados, haciendo que encajaran con la idea de los derechos humanos de las mu- jeres. Esa que a mí me resultaba cómoda.

Los mismos casilleros que Anissa señaló cómo limitadores:

Implícita o explícitamente, a menudo se nos pide que encajemos en alguno de los siguientes casilleros: homo, hetero o bi. Las/os activistas trans e intersex han complejizado esta ecuación incorporando la identidad de género al cuadro de la orientación sexual pero la expectativa más fre- cuente sigue siendo que cada persona “marque un solo casillero”.Ella también nos recuerda que.. parece que, de manera muy conveniente, siem- pre nos olvidamos de las y los célibes que cuestionan muy intensamente tanto la heteronormatividad como la sexualidad obligatoria.xxiii

Sally Gross se hizo eco de este punto:

Intersex cuestiona la premisa básica de que hay dos y sólo dos casilleros para marcar. Porque la verdad es que esos casilleros funcionan para la mayoría de la gente, pero si queremos describir en forma adecuada lo que produce la naturaleza tenemos que hablar de que hay una diversidad que es mucho mayor.

Al fin y al cabo, nos dimos cuenta de que este trabajo trata, en última instancia, delactivismo por los derechos humanos, desde la perspectiva de una variedad de activistas. Muchas que se definirán como mujeres activistas, y muchas que ni si- quiera han comenzado siquiera a analizar y cuestionar la idea del concepto binario de género.

También hay otr*s que rechazan por completo la idea de marcar el casillero de ‘varón’o el de ‘mujer’y que claramente no encajan en el marco de referencia tra- dicional, dominante, del activismo por los derechos de las mujeres. Porque

resulta que la mera idea de que te hagan encajar, o te‘incluyan’, en ese marco de referencia es uno de los principales elementos del problema.

Esto nos lleva de nuevo a la idea de que el ‘sólo para socias’refuerza el desequi- librio de poder. Que l*s activistas transgénero e intersex están afuera y tienen que ser incluid*s basándonos solamente en términos muy específicos.

Así que comencé a preguntarme cómo será compartir el poder de verdad, sospe- chando que eso significaría abandonar por completo los casilleros y crear un nuevo marco de referencia partiendo desde cero. Que podría llamarse, como su- girió Joo-Hyun Kang, ‘derechos de género’, o cualquier otra cosa.

Porque, como lo señaló Sally, la lucha por los derechos de las mujeres se basa en derrotarexactamente la misma clase de opresiónque impide la realización de los derechos intersex y transgénero:

La necesidad de centrarse en las cuestiones de las mujeres surge del pa- triarcado. Lo que representa la opresión que sufren las mujeres y lo que exige que las mujeres se organicen como tales es que la sociedad patriar- cal no es una sociedad plenamente humana.

Estamos procurando crear una sociedad en la que haya una integralidad, en la que se celebre la diversidad en materia de géneros. En la que no haya juegos de poder ni dominación basados en el género. En la que asu- mir un género determinado no sea un proceso violento.

La violencia y el rechazo que sufren personas como yo son íconos del pa- triarcado, y de la violencia que forma parte de la lucha por el poder. El movimiento de mujeres tiene que ver exactamente con romper eso. A mí me parece que el movimiento de mujeres debería considerar, natural- mente, el fenómeno de la intersexualidad y el movimiento surgido de ella como un regalo del cielo. Porque el hecho mismo de nuestra existencia representa un desafío para el patriarcado: objetivamente cuestiona la pre- misa fundamental de una dicotomía que se supone inmutable. Obliga a re- conocer que, como especie, somos mucho más divers*s.

Y eso es algo que habría que celebrar.

Pero sé que, para este libro, es necesario que tengamos claro que no estamos ha- blando sólo de mujeres que son activistas por los derechos humanos.

Estamos hablando de activistas por los derechos humanos. Activistas que com- parten una meta común que tiene que ver con modificar los diversos sistemas que oprimen, discriminan y silencian, que se superponen y se vinculan entre sí.