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Volvemos a ponernos de pie

Yanar Mohammed dirige la Organización por la Libertad de las Mujeres en Irak, una de las pocas ONG de mujeres que sigue denunciando los abusos contra los derechos humanos de las mujeres en el país, a pesar del número creciente de se- cuestros y ejecuciones de activistas.

Cuando pasó por Londres de regreso a Baghdad, la llamé para conversar. Nos pusimos al día sobre la familia y el trabajo: criar a su hijo como madre soltera, apoyar a su madre a lo largo de un año de quimioterapia; las horas interminables frente a la computadora, dirigiendo programas, escribiendo informes y propues- tas. Discutimos los riesgos en materia de seguridad y los pros y contras de su re- greso a Irak, considerando las amenazas recientes y su alto perfil como activista que no se calla.

Cuando le pregunté cuándo fue la última vez que se había tomado vacaciones, se rió y me respondió‘¿Qué es eso?’. Lo que mencionó fueron algunos días robados por aquí y por allá, con alguna amiga cercana u otras colegas y agregó:“Bueno, es difícil. Pero, Jane, sabes que me encanta esto. Que amo este trabajo’. Ahí fue donde, por fin, lo entendí.

El activismo por los derechos humanos es agotador, estresante, inseguro, se paga poco (cuando se paga). Deja poco tiempo para l*s amig*s, la familia, las pa- rejas pero en su mejor expresión, es una de las vocaciones más gratificantes, más desafiantes y más poderosas del mundo.

De alguna manera, eso es lo que –en buena medida– hace que las activistas sigan adelante. No se necesita mucho, apenas saber que de alguna manera, en alguna parte, todo lo que hacemos cuenta.

Entonces, ¿cómo lo hacemos? ¿Cómo logramos seguir adelante? ¿Mantenernos fuertes? ¿Conservar el sentido del humor? ¿Preservar la capacidad de amar? Shaya y Emily lo logran bailando los5Rhythmspara empezar el día.xxxiiiMaria

se dedica al sexo excelente, se viste de punta en blanco y cocina platos exquisitos. Pilar regala guantes. Rauda se va al gimnasio.

En Sierra Leona, se juntan y ‘descargan el fardo’. En Filipinas, todo el mundo se sumerge en la comida para reconfortarse.

Bebemos, gritamos, peleamos; casi todas lloramos, por lo general a solas, a veces con amigas y sí, creo que unas cuantas de nosotras se abrazan a los árboles. Somos resilientes.

Nos derrumban. Y volvemos a ponernos de pie. Así es como lo hacemos:

Apóyate en mí

Una de las principales estrategias de resistencia con que cuentan las activistas es pasar un rato con sus amigas:

Eso es algo muy importante para las feministas: la amistad. Una amistad que es más que solidaridad. Es amistad verdadera: ir avanzando con una comunidad con la que, a lo largo de los años, has ido desarrollando con- ceptos compartidos. Un idioma en común. Donde puedes sentirte cómoda, pese al hecho de que todas tenemos posturas diferentes en algunos temas ... Lo importante es mantener las ventanas y las puertas abiertas a esas diferencias, sin dejar por ello de cultivar las amistades. Creo que en esta etapa de mi vida la política de la amistad es muy importante, yo diría que probablemente ése es el elemento más importante de mi práctica política y de mi feminismo.(Sonia)

Nos ayudan a relajarnos y a cantar:

Cuando necesito relajarme, me encuentro con las amigas con las que he estado trabajando todos estos años, conseguimos una guitarra y cantamos NUESTRAS canciones.(Leyla)

En los Balcanes, las amigas llegaron desde afuera de la región para brindar su apoyo:

Lo que nos sostuvo fueron las mujeres que vinieron de fuera para apoyar- nos, mujeres que podían mostrarse tranquilas y objetivas. Que no estaban extenuadas.(Rachel Wareham)

Además, literalmente tus amistades pueden salvarte la vida.

Conocí a Marina a comienzos de los 90 en Moscú. Fue al poco tiempo de haberse derrumbado la Unión Soviética y realmente había en el aire una sensación de posibilidades. Una apertura, un espacio para el cambio. En ese espacio, Marina y sus amigas crearon algo sorprendente: la primera línea telefónica de ayuda para mujeres en situación de crisis en Rusia.

Hace aproximadamente un año llamé a Marina para ponernos al día, y descubrí que la Red Anna ahora trabaja con 40 centros combatiendo la violencia contra las mujeres en toda la ex Unión Soviética.

Mientras nos íbamos contando lo que había sucedido en los años que se extendían entre nosotras, Marina me contó una historia sobre la amistad:

Pasé muchos años trabajando a todo vapor, muchas veces sola. El trabajo era estresante y a veces inclusive peligroso. En 1994, cuando perdí el sen- tido del olfato, me di cuenta de que algo andaba mal ...

Luego en 1995, en Beijing, mis amigas decidieron hacer algo al respecto. Dieciséis de ellas me llevaron aparte, y me entregaron un contrato que ha- bían redactado, por el que me comprometía a cuidarme o de lo contrario... El castigo por no cumplir el contrato: beber licor de arroz chino todos los días en el desayuno ... Esa parte fue divertida.

Pero realmente lograron que me detuviera y pensara en serio acerca de qué podía hacer para cuidarme.

Nuestras familias (en el sentido más amplio del término) son también nuestr*s amig*s. Y cuando nos apoyan, a nosotras y a nuestro trabajo, se convierten en nuestros puntos de referencia, en nuestras anclas. Están allí desde el comienzo mismo, cuando damos el salto hacia el activismo, como recordó Rita:

Era como si hubiera estado poseída por la idea de crear una organización para hacer el trabajo con el que soñaba ... Por suerte para mí, mis hijas

me apoyaron y me alentaron. La fe inconmovible que me tuvieron fue con- movedora.xxxiv

Nos escuchan cuando todo lo que necesitamos es hablar:

Hablo con mi madre, ella realmente es mi columna vertebral. Pero a medida que envejezco, cada vez me preocupa más ver que ella ya lleva tan- tas cargas que lo que quiero hacer es aliviarla y no cargarla todavía más.

(Zawadi)

Yo hablo con mi marido, él me apoya.(Leyla)

Hablo con mi hermana Rose. Mi sistema de apoyo en casa es maravilloso y me ha ayudado a sobrellevar las cosas, sobre todo la tristeza que siento al relacionarme con las mujeres con las que trabajo.(Kaari)