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Y el placer, ¿qué tiene que ver en esto?

Una última consecuencia ... ¿qué pasa con el placer?

La primera vez que oí mencionar el placer fue en la agenda de una conferencia que organizó AWID en Bangkok en 2005. Pero no cualquier clase de placer... pla- cer sexual.

Me quedé atónita, confundida de verdad.

¿Qué tenía que ver el placer con los derechos de las mujeres? ¿Qué clase de te- mas podían discutirse en una presentación de esa clase? Me pareció incon- gruente, frívolo.

Tenía que encontrarle el sentido. Entonces, después de pensarlo un rato, decidí que debía tener que ver con las consecuencias que tiene la violencia contra las mujeres y las restricciones que ésta ocasiona para la función sexual. Debían estar hablando de MGF o de fístula vagino-vesicular (FVV). Eso tenía sentido.

Archivé el tema como un problema resuelto y asistí al resto de la conferencia sin- tiéndome aliviada. Para mayor seguridad, me mantuve bien alejada de todo debate que tuviera que ver con el placer.

Pero trabajar con Jelena implicó no poder seguir eludiendo el tema del placer por demasiado tiempo. Por más que lo intenté, Jelena continuaba planteándolo, di- ciéndome que el placertenía que vercon el sexo. No con la clase de sexo que se utiliza como un arma de poder y de ira, no con esa clase que está inevitablemente ligada a la violencia, la tristeza y el miedo. No, se trataba de lo bueno. Del placer que se descubre gracias al cuerpo de otr*, o al propio, sin restricciones, sin miedo. Sexo que es divertido. Sexo que celebra la vida.

Jelena seguía diciéndome que el sexo tiene muchísimo que ver con el activismo. Mi respuesta inmediata fue que había visto dos veces los Monólogos de la Vagina. ¿No era eso suficiente?

Al final fueron Bernedette y Maria las que hicieron que me diera cuenta que te- níamos que hablar de sexo, y que teníamos que hablar de eso aquí. Aun cuando se trata de algo tan ... personal.

Conocí a Maria, activista ugandesa, en Kathmandú. Su actitud frente al sexo –sin concesiones y directa– me pareció fascinante, pero también me asustó un poco. Para sorpresa mía, ella fue una de las pocas activistas que mencionaron el buen sexo como estrategia para poder seguir adelante:

A veces, en momentos de emoción extrema, no importa si se trata de ‘es- trés’ extremo o de ‘felicidad’extrema, me dedico a la práctica excelente del sexo, con pareja o sin ella.

AMary Jane Real también le resulta claro que, cuando se trata de mantenerse com- pleta, recurre a‘esa clase de sexo que te sacude el alma, y en grandes cantidades’. Bernedette mencionó una organización entera que tiene una actitud maravillosa frente al trabajo y el placer:

En Nigeria hay una organización activista que tiene dildos y vibradores en su oficina ... ¡ahí tienes una buena idea!

Pero lo más frecuente es que terminemos hablando de la falta de sexo. Algunas la llaman la ‘muerte de la cama’. Otras la llaman agotamiento. Aunque Maria ce- lebra el placer sexual como parte importante de su vida, ella también señaló que el estrés crónico, que suele combinarse con la exposición constante a temas de

violencia sexual, terminan privando de deseo a muchas activistas:

La vida de una activista comprende 24 horas de momentos estresantes. Como activistas, lidiamos con temas que generan mucho estrés y que mu- chas veces incluyen la violencia sexual, lo que se agrava por el hecho de que nuestro trabajo no tiene fin. Muchas estamos acostumbradas a tener que despertarnos en medio de la noche para garabatear alguna mentira que escuchamos, por miedo a que se nos olvide. ¿A qué hora dejamos de trabajar para disfrutar del sexo?

Maja nos describió el precio que tuvo que pagar una amiga suya que trabajaba en violencia sexual:

Hace unos días hablé con una amiga que trabaja con mujeres sobrevivien- tes de violencia sexual. Me contó que cuando empezó a trabajar en vio- lencia sexual, dejó de tener vida sexual activa. Hoy no se puede imaginar siquiera sintiendo deseo sexual. Ahora está con licencia médica y se ha dado cuenta que su trabajo está relacionado con la forma como ella siente su sexualidad.

Bernedette fue todavía más lejos, vinculando el hecho de desdeñar el placer sexual con el rechazo hacia el propio cuerpo:

En Sudáfrica ... hemos estado viviendo con mentalidad de sobrevivientes. Por eso hemos descuidado por completo nuestras propias funciones corporales y el poder y la belleza que ellas encierran. A muchas mujeres, feministas, les resulta espantoso hablar de la menstruación. Un falo es algo precioso, pero los cuerpos de las mujeres despiertan el desprecio y el desagrado más completos.

El placer sexual encabeza la larga lista de actividades y emociones no esenciales que las activistas descartan de sus vidas para poder seguir funcionando. Maria llegó a la conclusión de que...

Muchas veces el placer sexual se considera algo trivial y por ende no im- portante, algo egoísta de lo que una puede prescindir en aras de una causa mayor.

Como tantos temas que me empeñé en eludir, resultó que entender nuestra relación con el placer sexual era fundamental para destrabar la compleja telaraña en la que están atrapadas la sostenibilidad y el bienestar.