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No es fácil ver realmente a su hijo. Su visión está nublada por sus esperanzas y te- mores. Su hijo puede recordarle a usted o a su pareja o a otro hijo. Usted tiene opinio- nes sobre cómo debiera ser su hija, y sobre cómo espera que sea. Es un desafío, pero cuando sea usted capaz de ver con precisión a su hijo estará usted recompensado con una relación más gozosa, con expectativas más razonables y menos conflictos. Y estará us- ted contribuyendo a la autoestima de su hijo.

El ver con precisión a sus hijos fomenta su autoestima de cuatro formas diferentes. En primer lugar, es usted capaz de reconocer sus capacidades y dones específicos: de reforzarlos, criarlos y ayudarles a reconocer qué hay de especial en ellos.

En segundo lugar, es usted capaz de comprender su conducta en el contexto de quie- nes son ellos: no interpreta usted erróneamente una natural timidez como una muestra de inamistad, o una necesidad de privacidad como rechazo. Contemplada en este contexto, incluso la conducta negativa resulta más comprensible y predictible.

En tercer lugar, el ver a sus hijos con exactitud le ayuda a enfocar el cambio exclu- sivamente de aquellas conductas importantes para cambiar: una conducta que es perju- dicial para ellos, una conducta que les aisla socialmente, o una conducta que es molesta para la familia.

En cuarto lugar, los niños que sienten que son vistos y entendidos realmente por sus padres pueden permitirse ser auténticos. Estos niños no tienen que ocultar partes de sí por temor a ser rechazados. Si usted acepta a su hijo en su totalidad, las partes buenas y malas, su hijo podrá aceptarse a sí mismo. Ésta es la piedra angular de la autoestima.

Ejercicio: ¿Quién es su hijo?

1. Escriba, en el curso de una semana, una descripción de su hijo. Imagine que la está escribiendo a alguien que no le ha conocido nunca (como un viejo amigo de la es- cuela o un familiar lejano). Asegúrese de que describe a su hijo con todo lujo de de- talles: física, social, intelectual y emocionalmente. ¿Cómo se comporta su hija en la escuela? ¿Qué le gusta hacer cuando está sola? ¿Qué le enoja, le pone contenta, le su- pone un reto? ¿En qué destaca? ¿Cuáles son sus fallos? ¿Cómo satisface sus necesi- dades de seguridad, atención y afecto? ¿Qué le supone más difícil a usted? ¿En qué se parece a usted? ¿En qué se diferencia? ¿Le van más las situaciones estructuradas o la libertad? ¿Prefiere el orden o el caos? ¿Le gusta la música, los deportes, el di- bujo, los libros o las matemáticas?

Escriba una descripción lo más detallada posible y auméntela a lo largo de la sema- na. Pronto comprobará que piensa en su hijo y le mira más detenidamente ahora que des- de que nació. Puede usted descubrir cualidades que nunca constató o revisar una opinión anterior. Una madre descubrió que aún consideraba a su hijo de dieciséis años como una persona «ausente, en las nubes». Cuando tenía doce años, el muchacho siempre dejaba la puerta abierta cuando salía de casa. Se olvidaba el bocadillo en el autobús, la chaque- ta en el campo de deportes o traía de la escuela unos deberes equivocados. Cuando es- cribió su carta descriptiva se dio cuenta de lo mucho que había cambiado. Era un mu- chacho responsable en casa, sacaba buenas notas, tenía un trabajo después de la escuela y se había costeado su propio coche. No era ya el «atolondrado ausente» que había sido a los doce años.

Para completar su descripción, contacte con otras personas que conocen a su hijo: maestros, amigos o padres de amigos. Puede usted sorprenderse (y deleitarse) al conocer alguna cualidad que han registrado los demás y que usted nunca observó en casa. Pue- den describir a su hija como una verdadera líder o como una persona con verdadero es- píritu de equipo. Pueden describirla como una persona útil, sensible o divertida. Haga de esta descripción una búsqueda del tesoro de sus talentos. Fíjese en sus dotes potenciales. Sea sincero con sus limitaciones, hábitos molestos y fuentes de conflicto.

2. Vuelva ahora a la descripción y subraye las cualidades positivas y negativas de su hijo. Construirá dos listas. La primera tendrá todas las cualidades positivas, talentos, habi- lidades, intereses y áreas potenciales de crecimiento que usted quiere fomentar. La otra lista tendrá las cualidades negativas, límites, problemas potenciales y malos hábitos. Ésta es una lista parcial acerca de Jane, un gimnasta de doce años muy popular en- tre sus amigos.

Cualidades positivas Cualidades negativas

Divertido. Hiperactivo: no puede estarse quieto. Creativo. Se frustra fácilmente.

Resuelto. Saca malas notas en matemáticas. Muy coordinado: destaca en los deportes. Se pelea con su hermana.

Extrovertido y sociable. Desordenado. Tiene dotes artísticas: dibujo, plastilina, Olvidadizo.

tela. Muy influenciable por sus amigos. Rinde mal cuando hay cambio de planes.

Mirando lo positivo

En primer lugar, mire la lista de cualidades positivas y destaque dos o tres aspec- tos que le gustaría reforzar. Asegúrese de que estas cualidades son realmente dotes o capacidades o áreas de especial talento que tiene su hijo: no algo que usted desea que fuese. Cada vez que usted refuerza esta conducta (elogiándola, recompensándola o re- conociéndola) hará más probable que su hijo vuelva a practicarla de nuevo. El refuer- zo de las cualidades positivas reales es una estrategia importante para el fomento de la autoestima.

He aquí tres cosas que puede hacer para reforzar sus cualidades positivas.

1. Repare en muestras de capacidad (talentos, facultades, intereses, etc.) en circunstan- cias muy diferentes. ¿Cómo las exhibe su hijo en la escuela? ¿Cómo las muestra en casa? Indíqueselo a él o ella. Su hijo puede no ser capaz de apreciar esas capacida- des por sí solo. «Seguro que eres bueno resolviendo problemas.» «Has colocado las flores como una verdadera artista, ¡qué bonito!» «Sólo alguien con mucha coordina- ción y equilibrio podía subir a ese árbol y rescatar a la gata.»

2. Encuentre la ocasión para alabar frecuentemente a su hijo. (Y no olvide elogiarle a

él o ante terceros por su capacidad.) Más adelante, en este mismo capítulo, volvere- mos sobre el lenguaje de los elogios. Muestre los trabajos, trofeos, cuentos o escultu- ras de su hijo. Cuéntele la historia de un dilema y cómo ha resuelto el problema. Re- salte lo paciente, imaginativo, decidido o creativo que fue. Haga a su hijo el héroe del cuento.

3. Dé a su hijo la oportunidad de mostrar su capacidad con frecuencia. Él necesita mu- chas oportunidades para desarrollarla y probarla, fortalecerla y contar con ella. Para desarrollar cualquier capacidad, ya sea nadar, leer o pensar, el niño necesita mucha práctica.

Estos tres pasos reforzarán la conducta positiva. Su hijo aprenderá a valorar estos ta- lentos y considerarse a sí mismo capaz y especial en estas áreas. Incluso cuando su hijo tenga problemas en otras áreas, aun puede sentirse bien, pues destaca extraordinariamen- te en algo.

Tras reforzar estas conductas durante dos semanas, vuelva a la lista y halle otros dos o tres aspectos para reforzarlos de igual modo. Pronto se acostumbrará a hallar las cua- lidades positivas especiales en la vida cotidiana de su hijo. Como usted considera a su hijo de forma positiva, éste empezará a verse también de este modo. Las voces paternas interiorizadas -las voces que fomentan o destruyen la autoestima- se teñirán de elogio y aprecio. Y su hijo desarrollará la capacidad de fomentar su propia autoestima.

Mirando lo negativo

Cada interacción de su hijo es un intento de satisfacer sus necesidades. Esto es así tanto si su conducta consigue o no satisfacerlas. Esto es así tanto si su conducta es acep- table como si no.

Un niño que se pelea con sus hermanos, que molesta, se hace el bebé o actúa regre- sivamente ¡necesita algo! Puede ser más atención, o menos presión o más retos. Un hijo desafiante puede necesitar que usted le imponga límites congruentes a su conducta, o puede necesitar tomar más elecciones en la vida. Una hija que se comporta mal o se que-

ja continuamente puede necesitar su atención exclusiva durante un momento, para poder expresar que realmente quiere y siente que le oiga. En muchos casos, si usted puede de- terminar qué necesidad está expresando, puede usted ayudar a su hijo a satisfacer esa necesidad de forma más apropiada.

Pruebe este ejercicio. Con cada aspecto de la lista negativa, hágase estas tres pre- guntas:

1. ¿Qué necesidad está expresando con esta conducta?

2. ¿Puedo ver expresión de alguna cualidad positiva en esta conducta?

3. ¿Cómo puedo ayudar a mi hijo a expresar esta cualidad y satisfacer sus necesidades de forma más positiva?

Un padre describió a su hija como una chica «tozuda e inflexible, voluntariosa y mandona». Primero se fijó en la necesidad que estaba expresando con su conducta. Vio que su hija tenía una gran necesidad de controlar lo que le sucedía. En vez de verla con su adjetivo negativo «tozuda e inflexible», el padre reenmarcó su conducta de forma po- sitiva. Vio a una chica decidida e independiente que tenía una resuelta opinión de cómo debían ser las cosas. Tras reflexionar un momento en ello, decidió seguir tres estrategias para ayudar a su hija a expresar su independencia, así como su necesidad de control. 1. Darle la posibilidad de elegir siempre que sea posible. («¿Quieres hacer sus deberes ahora o después de cenar?» «Puedes ver una hora de televisión. Decide qué quie- res ver.»)

2. Reforzar las formas positivas y adecuadas que tiene de expresar su decisión e indepen- dencia. («Cuando quieres algo, realmente no paras hasta conseguirlo; me gusta eso.») 3. Reconocer lo difícil que le resulta aceptar la decepción. («Te costó muchísimo seguir intentándolo aun cuando los demás chicos eran mucho mayores. Siento que no llega- ses a formar parte del equipo.»)

Por supuesto, las cosas no siempre han de ser como ella quiere sólo porque es deci- dida, y a veces tendrá que colaborar con los demás aun si es una persona independiente. Pero las decepciones y frustraciones son más fáciles de aceptar cuando los niños sienten que sus padres conocen y aceptan quién son y que se están reconociendo sus esfuerzos y dificultades.

Los padres de Jamie observaron que tenía dificultades en sentarse a hacer los debe- res o a practicar con el piano. Siempre estaba jugueteando, corriendo o peleándose con su hermano, buscando siempre excusas para salir y escabullirse.

¿Qué necesidad estaba expresando? Jamie tenía mucha energía física y nerviosa. Le resultaba enormemente difícil «estar quieta». Al final de la jornada escolar necesitaba dar vueltas. En vez de considerar su energía como un problema, sus padres advirtieron que podía ser una facultad si se canalizaba de forma positiva. Si tenía la oportunidad de ser realmente activa después del colegio, podría estar en mejores condiciones de sentar- se a hacer los deberes después de cenar. Los padres de Jamie decidieron realizar algunos cambios para asegurarse que satisfacía sus necesidades y utilizaba su energía de forma positiva. Le animaron a apuntarse en un equipo de fútbol que practicaba después del co- legio en el que se apreciase su enérgico estilo, y su rendimiento en este deporte le dio más autoestima y confianza. Se le concedió frecuentes pausas mientras hacía sus debe- res, pues le ponía inquieta estar sentada más de media hora. De hecho, ahora hacía más

cosas en menos tiempo porque tenía mejor concentración después de hacer una pausa. En vez de clases de piano, Jamie se apuntó a clases de batería y durante los fines de se- mana en un cursillo de judo. Allí aprendió disciplina y control, utilizando su energía como otra salida positiva.

Conductas a ignorar. Mire otra vez las entradas de la lista negativa. ¿Son algunos de estos aspectos realmente cuestión de gusto, preferencia o estilo personal? No derro- che su tiempo o energía en cambiar estos atributos. Es mejor dejarlos. Ningún tipo de castigo o admonición hará extrovertido a un niño tímido, gracioso a un niño molesto. Ol- vídese de los tipos de peinado, vestimenta, los gustos musicales, etc. El insistir en estas cosas no servirá de nada para cambiarlas. Más bien, lo que conseguirá es enturbiar sus relaciones con su hijo. Algunas de las conductas que le molestan pueden estar relacio- nadas con su edad o con la cultura en la que vive. Por ejemplo, los chicos de ocho años imitan a superhéroes machos. Las chicas de doce años están a menudo «locas por los chi- cos». Los adolescentes suelen pasarse en su búsqueda de autonomía. El enfadarse por el aspecto que tiene su hijo adolescente o por su forma de decorar la habitación no hará más que crear conflicto y no servirá para cambiarle. Fije límites para proteger a su hijo y conservar su salud, pero atienda a cuestiones más importantes.

Un desafío especial: el niño diferente

Puede usted tener la sensación de que uno de sus hijos hubiera encajado mejor en una familia diferente. «¿De dónde ha salido?», se pregunta usted a menudo. Es un artis- ta sensible en una familia de atletas, una persona tímida en una familia de personas ex- trovertidas, una persona lenta en aprender en una familia de profesores. Es todo un reto ver a su hijo tal como es y no como no es. Si intenta usted nacerle «encajar en el mol- de», su hijo se sentirá frustrado e infeliz y terminará por creer que hay algo malo en él. Si reconoce y valora sus dotes específicas, un niño que no encaje en su patrón puede te- ner aun un buen concepto de sí mismo y una alta autoestima.

Martin era un niño poco atlético de una familia de destacados deportistas. Su padre era un líder del fútbol local y dirigía el equipo de la escuela. Su hermano había ganado tres diplomas escolares de pista, béisbol y fútbol. Su hermana practicaba atletismo y na- tación. Aunque Martin no era atlético, tenía muchas dotes mecánicas y era un gran afi- cionado a la música. De joven, desmontaba las cosas e intentaba arreglarlas. Siempre preguntaba cómo funcionaban las cosas. A los diez años, arregló un viejo tocadiscos y reunió una colección de discos de ópera sacados de tiendas de ocasión. Construyó su pro- pia radio para escuchar los conciertos, y con los años se aprendió las grandes óperas y una gran cantidad de música clásica. Pero sus padres nunca conocieron estos logros. Su padre se sentía frustrado. Él estaba siempre dispuesto a ayudar a Martin en actividades gimnásticas y de levantamiento de pesas, pero como su hijo no se interesaba por estas cosas, padre e hijo tenían poco contacto. A pesar de sus dotes, Martin desarrolló una baja autoestima porque se sentía como un fracasado en aquella familia. Aunque sus padres no se metían con él, nunca apreciaban sus cualidades. Martin tardó muchos años en encon- trarse a sí mismo y encontrar a otros como él que valorasen y fomentasen su capacidad natural.

Si las facultades de su hijo son realmente diferentes de las habituales en la familia, puede serle difícil incluso reconocerlas. El padre de Martin pensaba que su hijo «estaba dando vueltas por su habitación en vez de salir al sol y practicar deportes». Además, se sentía insuficiente cuando su hijo le hacía preguntas que no sabía responder («¿Cómo