En los Upanishad védicos surge la magnitud 5 como una entidad cataliza- dora -la Akasa- que permite la existencia, las uniones y las combinaciones de los cuatro elementos que componen nuestro mundo: agua, aire, tierra y fuego (apas, vayu, prithivi y agni). Así, por su misma naturaleza, se convierte en símbolo de la creación y da no sólo vida, sino razón de ser a lo creado, del mismo modo que justifica y hasta explica la existencia (22). Es el «éter» de que habla Platón en el Timeo, y el «primer motor» de Aristóteles. El mismo que, transformado por el esoterismo de los alquimistas medievales, se convierte en lo que Arnau de Vilanova llama spiritus, la quintaesencia de la Gran Obra (23). Simbólicamente, esta quintaesencia se representa de varios modos, pero uno de ellos, posiblemente el más significativo junto con el pentáculo, es la pirámide de cuatro lados, en la cual cada uno de los vértices de la base representa un elemento, y la cúspide que los une significa la quin- taesencia.
Si despojamos de sus implicaciones esotéricas estas significaciones y nos atenemos a una pura lógica del simbolismo, en abstracto y sin aplicación -de momento -a las llamadas ciencias ocultas, veremos cómo la magnitud 5 es la representación inmediata y el atributo esencial de todo lo que tiene existencia material, es decir, de todo aquello que puede ser apreciado por los sentidos -que son también 5-; y, sobre cualquier otra cosa, la materialización de la trascendencia, la objetivación de lo que existe por más oculto que perma- nezca a la expresión o a la observación humana.
Pero precisamente por su significación, los ocultistas consideraron, a través del tiempo, que todo aquello que contuviera de un modo u otro la magnitud 5 tendría que ser, esencialmente, representación de la fuerza que hace posible la existencia. Trabajar sobre la base 5 sería lo mismo que profundizar en la representación de lo existente y, en consecuencia, crear el módulo trascendente de esa misma vida. Y esto lo mismo en la alquimia que en el arte de la construcción.
22. Esta cuestión surge en los siguientes textos védicos: Aitareya Upanishad, del Rig Veda (V, 3); Prashna Upanishad del Atharva Veda y Mundaka Upanishad del mismo libro (II, 2); Shvetasvatara Upanishad, del Ya jur Veda (VI, 2); Brhadaranyaka Upanishad del Yajur Veda
blanco (III, 7); Maltri Upanishad del Sama Veda (III,2).
23. Esta quintaesencia está representada muchas veces en los textos «mudos» alquímicos como un dragón, cuyas alas significan los elementos ligeros de la materia -aire y fuego- y sus patas los elementos pesados -agua y tierra-. La cabeza del dragón, en estos casos, es la materia primordial que combina la acción de los elementos, que los conduce por el camino de la perfección y coordina su existencia, sus poderes y sus posibilidades de superación.
Veamos un ejemplo inmediato que, a mi modo de ver, aclara más este concepto. En el Tarot, extraído de la Cábala y desarrollado por ocultistas europeos (24), el quinto arcano corresponde a la figura del papa. Pero comencemos teniendo en cuenta que este papa está visto allí menos como cabeza de la Iglesia que como pontífice, es decir, como constructor de puentes, que fue uno de los grados superiores entre los arquitectos medie- vales (25). Al mismo tiempo, este arcano representa a la letra He del alfabeto sagrado hebreo ה, cuya forma recuerda al dolmen -el bethel de Jacob-, que es, curiosamente, la primera construcción mágica conocida por el hombre. Una construcción levantada por medio de una fuerza o una técnica desconocidas, que también coincide con el nombre y el significado del sefira cabalístico correspondiente: GEBURA (la fuerza), ubicado en el brazo izquier-
24. Prescindo de los orígenes pretendidamente egipcios del Tarot. Creo que, efectivamente, existe una remota cadena que unifica en el tiempo y en el espacio a todas las formas del ocultismo, pero este hecho no nos interesa, al menos aquí y ahora. Nos basta con tener presente que, en su más remota raíz, todos los conocimientos proceden de un solo saber primordial que los unifica y los trascendentaliza.
25. Recordémoslo: los grandes pontífices del Camino de Santiago -Domingo de la Calzada y Juan de Ortega- fueron santificados por la iglesia, lo mismo que el mítico san Julián, que pasó buena parte de su vida pasando peregrinos de una a otra orilla de los ríos. El pontífice construía puentes materiales, pero era considerado como el que tendía un puente entre esta vida y la vida
do del Adam Kadmon (26). Los significados de este sefira nos llevan a la unión de la esencia y la existencia, y su principio, la suma de los cuatro elementos, lo identifica a través del tiempo y de los credos con la Akasa de los Upanishad.
No se detienen aquí los significados, sin embargo. Al GEBURA de la Cábala se corresponde el signo de Géminis en el Zodíaco. Y este signo es el equi- valente astrológico del Yin-Yang oriental, que une y separa a la vez a las dos fuerzas contrarias y complementarias, que rigen la existencia y que forman parte, como dos polos opuestos, de todo cuanto vive, de todo cuanto tiene existencia en el mundo que apreciamos con nuestros cinco sentidos tridimen- sionales.
Como vemos, el ocultismo tradicional y la magia, lo mismo que las creen- cias religiosas superiores, han concedido una importancia muy peculiar a la magnitud 5. Lo podríamos seguir comprobando a cada paso y a lo largo y ancho de la historia de las religiones. Es el 5, en tanto que fuerza y técnica, el que queda representado en las manos que los adeptos de los santuarios religiosos prehistóricos pintaron en las paredes de las cavernas iniciáticas. Es la misma mano que, como talismán, representan los musulmanes con la mano de Fátima. Y es ésa exactamente la misma mano que luce en su collar la damita esculpida en un capitel de la sala capitular del monasterio de Batalha, construido con toda la simbología oculta que los caballeros de la or-
26. Para el cabalista Eleazar de Worms -de quien hablábamos al referirnos al gotem-, la letra He simboliza el soplo, el aliento. Y su número, el 5, representa los cuatro humores del cuerpo unidos
den de Cristo heredaron directamente de los templarios, como veremos más adelante.
Pero esta magnitud 5 tiene ocasionalmente una representación muy pecu- liar: el pentáculo, la estrella salomónica de cinco puntas, el signo especial- mente utilizado por los constructores medievales que heredarían los masones desde sus albores oficiales en los inicios del siglo XVIII.