Había estado mirándola a los ojos, tratando de acechar en ellos una reacción, una respuesta. Sin embargo, aquel azul era de hielo, impávido como una fiera al acecho. Así, acabó por bajar la vista en el momento decisivo.
- ... a tu confianza para que creas en lo que te voy a decir. Creo que las dos podemos colaborar para evitar el estallido de una guerra entre la U.R.S.S. y Occidente. Las dos estamos en la situación ideal para ello, si colaboramos de buena fe. A grandes rasgos, el plan es este: nos intercambiaremos documentos falsos que demostrarán a nuestros superiores que la otra parte no quiere ir a la guerra. Las dos podemos hacerlo, por nuestros conocimientos de inteligencia y por nuestros contactos. - Sarah había levantado de nuevo la vista, deseando ver en aquellos ojos una respuesta que no llegaba. Nadia se limitaba a mirarla con intensidad, y tal vez con una expresión levemente irónica. Sería terrible si se limitaba a encogerse de hombros y a reírse de su infantil idealismo. Todo, más que todo, habría terminado.
Sarah comprobó, mientras esperaba aquella decisiva respuesta, que ambas estaban muy cerca la una de la otra. Recordaba que la mujer había posado una de sus manos, cubierta con un guante de negro cuero, sobre su hombro. Ahora tenía ambas manos sobre sus hombros, sujetándola a una cortísima distancia. Incluso la sacudió levemente cuando, tras lo que parecieron siglos, le dijo:
- Comprendo. Pero quiero saber por qué lo has hecho.
Sarah frunció el cejo, extrañada. ¿Es que no había escuchado lo que le había dicho? Iba a repetirle todo el plan, cuando comprendió el sentido de su pregunta. Le estaba preguntando por sus razones personales para hacer todo aquello. No sabía qué responder, cuando fue sacudida de nuevo, al tiempo que la soviética insistía.
106
- Dímelo. Quiero oírlo. Dime por qué te has metido en semejante lío.
Sarah comprendió lo que hasta entonces se había ocultado incluso a sí misma. Viendo aquellos ojos brillantes, aquella boca entreabierta como si aguardase ansiosa su respuesta, comprendió sus propias motivaciones. No consistían sólo en salvar la paz mundial.
- Porque... - se atragantó, recuperó la voz - ... porque me sentía mal por haberte traicionado de aquella forma, y más cuando supe que habías caído en mi trampa por... por las razones que lo hiciste. No quise perjudicarte y... - aquella mirada exigía la verdad, no sólo parte de ella - ... y porque te quería. Y te quiero.
Las enguantadas manos que la sujetaban la atrajeron, y en un movimiento que pareció durar siglos, la entreabierta boca se acercó a la suya, parsimoniosa y lenta, hasta que ambas se encontraron.
Sarah se halló al final de aquel largo beso sentada sobre uno de los camastros de la fila. Nadia forcejeaba con los botones de su blusa. Estaba intentando... Quería... Sarah comprendió que apenas podía respirar, su aliento salía pesado por su boca abierta. Aquello iba muy deprisa... Sus manos subieron hasta su blusa, donde se encontraron con las de Nadia, que seguía manoteando sobre sus pechos y aquellos endiablados botones. No sabía muy bien qué pretendía, pero al fin intentó ayudarla. Pese a ello, la torpeza de ambas aumentó su nerviosismo. Al fin, los botones saltaron en todas direcciones, mientras se oía el sonido de la tela al rasgarse. Quedaron paradas por un instante, hasta que sintió aquellas manos sobre su piel. El contacto la electrizó, y se abandonó a sí misma, dejando que Nadia terminara de desgarrar sus ropas, sintiendo una boca y lengua húmedas y ansiosas sobre su piel desnuda.
No supo tampoco muy bien cómo logró Nadia deshacerse de su uniforme y botas, pero al fin sintió la piel de ella sobre la suya. Sintió cómo le separaban las piernas, y el peso de aquella mujer sobre su cuerpo. Comprendió entonces que
107
había soñado con aquello, y que al fin estaba ocurriendo. Besos, caricias, delicados mordiscos se sucedieron, hasta que una cálida lengua la recorrió de arriba abajo, abajo, cuando se sintió ir...
Nadia sabía lo que hacía, y lo hizo varias veces, con tanta ansia como deleite, hasta que Sarah sintió unas firmes manos sujetándola por la nuca. Éstas la condujeron hasta unos pechos que besó y mordisqueó, y luego más abajo, despacio...
- Ohhh... - Sarah sabía adónde la llevaban, y comprendió lo mucho que lo deseaba cuando sintió un leve cosquilleo en la nariz. Se concentró entonces en hacerlo lo mejor posible, rodeando a la vez aquellas firmes caderas entre sus brazos...
* * * * * * * * *
Después de largo rato, las dos se relajaron la una junto a la otra, despiertas aunque algo adormiladas por el calor compartido bajo la manta militar. Nadia la había atraído a su lado, y ella se había recostado contra la curva entre su cuello y pecho. Una voz algo ronca habló entonces desde una boca situada junto a su sien.
- Sarah... Todo esto ha sido una locura. - dijo Nadia, en tono sin embargo afectuoso.
- ¿Te refieres a...?
- A todo. - la interrumpió. - Pero principalmente a tu plan. Es una locura.
- No lo es. - respondió con una indignación a la que le faltaban fuerzas. - Debemos intentarlo. Por favor...
108