Con frecuencia, el riesgo de experimentar pér- didas y los efectos negativos de un desastre se transfieren o se comparten con el tiempo y en el espacio. Las inversiones empresariales que au- mentan el riesgo de desastres podrían incre- mentar directamente el costo de los desastres para las comunidades perjudicadas. Las regula- ciones gubernamentales que no pueden prote- ger la infraestructura fundamental de un país podrían generar cuantiosos costos para los ne- gocios debido a apagones, fallas en las comuni- caciones e interrupciones en los sistemas de transporte. Asimismo, las generaciones del ma- ñana experimentarán los nuevos riesgos de hoy. Cuando se efectúan nuevas inversiones empresaria- les en zonas expuestas a las amenazas, se genera el riesgo de desastres para el propio negocio. Pero otros riesgos, a los que con frecuencia se les deno- mina costos sociales y ambientales externos, se transfieren o se comparten con otros actores, inclui- do el sector público. Cuando se toman decisiones de inversión, los negocios podrían no tener en cuen- ta la forma en que el riesgo de desastres puede
amenazar sus propias operaciones —y con menos frecuencia los negocios toman en consideración riesgos que se comparten con otros. Estos riesgos compartidos no son valorados, por lo que general- mente no existen mecanismos de mercado que den cuenta de ellos.
Uno de los ejemplos mejor conocidos de la transfe- rencia o distribución del riesgo es a través de las emisiones de gases de efecto invernadero. El cam- bio climático antropogénico puede exacerbar las amenazas meteorológicas en otras regiones y por consiguiente aumentar las pérdidas que ocasionan los desastres. Sin embargo, el emisor no asume es- tos costos. Los pequeños Estados insulares en desa- rrollo (PEID), por ejemplo, contribuyen con menos del 1 por ciento del total de emisiones de gases de efecto invernadero, pero es probable que sufran de forma desproporcionada los efectos de la elevación del nivel del mar o de los riesgos relacionados con marejadas ciclónicas e inundaciones costeras. Pero el cambio climático es solamente uno de los mecanismos mediante los que se comparte el ries- go. Por ejemplo, una nueva carretera o un proyecto de desarrollo inmobiliario en las zonas urbanas po- drían disminuir la capacidad de los sistemas de ges- tión del agua y de los suelos para absorber el exceso de agua durante una tormenta en las ciudades. Por lo tanto, el nuevo proyecto de desarrollo urbano ge- nera riesgos de inundaciones, los cuales se compar- ten posteriormente con familias de ingresos bajos en aquellas zonas más propensas a las inundacio- nes y que experimentarían las pérdidas más cuan- tiosas. Los gobiernos municipales también experi- mentarían pérdidas, ya que tendrían que invertir en infraestructura de drenaje. El Recuadro 2.2 destaca la forma en que en 2001, durante las inundaciones del río Chao Phraya, en Tailandia, las familias de in- gresos bajos experimentaron una transferencia del riesgo.
Otros mecanismos para compartir el riesgo incluyen las inversiones empresariales que contribuyen a agotar los servicios productivos o regulatorios de los
ecosistemas —por ejemplo, cuando se destruyen los manglares debido a las camaroneras, cuando se ex- plotan excesivamente los recursos de las aguas sub- terráneas para diversas actividades agrícolas co- merciales o recreativas, tales como los campos de golf, o cuando talan los bosques para el desarrollo agrícola o urbano.
Según una encuesta reciente, los costos ambienta- les externos de 11 sectores industriales importantes aumentaron en un 50 por ciento entre 2002 y 2010, pasando de 566 mil millones de dólares americanos a 854 mil millones, y cada 14 años se duplica esta ci- fra. Sólo en el sector de agroindustrias, los costos ambientales externos superaron las ganancias tota- les (KPMG International, 2012). Aunque estos riesgos y costos sociales y ambientales no están en los ba- lances generales, sí se comparten con otros secto- res y con las futuras generaciones.
No obstante, el hecho de compartir el riesgo no es unidireccional. La incapacidad del sector público de gestionar el riesgo en su infraestructura provoca que lo comparta con los negocios que enfrentan in- terrupciones debido a apagones o disrupciones en el transporte. De forma similar, la incapacidad de re- gular eficazmente el ordenamiento territorial o de controlar las normas de construcción aumenta el riesgo en las regiones metropolitanas. Entonces, los negocios asumen estos riesgos y los costos externa- lizados.
Sin embargo, en última instancia, al compartir el riesgo se podría ocasionar un “efecto búmeran” (Beck, 1992), debido a que las entidades o las perso- nas que lo generan también están expuestas al mis- mo. Desde esta perspectiva, el riesgo de desastres es un riesgo compartido y los negocios, el sector pú- blico y la sociedad civil participan en su generación. Por lo tanto, se debe considerar que la gestión del riesgo de desastres es un valor compartido —un tema que retomaremos en el último capítulo de este informe. En el próximo capítulo, se planteará el nue- vo panorama del riesgo intensivo y se presentarán resultados del modelo global del riesgo del GAR.
i Estas categorías son las que define y mide empíricamente el Banco Mundial (Banco Mundial, 2011), pero existen muchas otras clasificaciones. Los elementos presentados son únicamente un ejemplo de los componentes incluidos en cada categoría.
ii Las actividades ‘primarias’ hacen referencia principalmente a la minería, las industrias extractivas y el petróleo.
iii Regiones económicas según las define el Banco Mundial. En el este de Asia y el Pacífico se excluyen los países de la OCDE, tales como Australia, Japón y Nueva Zelandia.
iv Un sistema de organizaciones, tecnología, información y re- cursos que trasladan productos y servicios de los proveedores a los clientes.
v Cifras expresadas en precios de 2010 con el uso de deflactores del PIB incluidos en la base de datos del Banco Mundial (http://data. worldbank.org/indicator/NY.GDP.DEFL.ZS). El porcentaje presenta- do es la proporción de las exportaciones para el total de ventas de productos. El rendimiento en cada año fiscal se basa en datos de 360-450 productores de piezas de automóviles en un año determi- nado.
vi Véase http://www.japia.or.jp/research/index.html. Notas