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Sergio Serg

In document Cortázar J. cartas (página 150-165)

C

ARTA al coronel Osokovsky, por mal nombre Sergio Sergi Buenos Aires veintialgodejuliodemilnovecientoscuarentayalgo Oso:

Es extraordinario que yo le escriba esta carta, porque hace bastante tiempo que he descubierto con satisfacción lo bueno que es no rescribir cartas, lo estupendamente descansado que es pensar en los amigos y no escribirles, dándoles a la vez la

oportunidad de que hagan lo mismo. Usted se habrá fijado que nunca se escribe una carta sin cometer el horroroso pecado de poner al pobre destinatario en la infernal tarea de contestarla. No me parece del todo mal que usted me conteste, porque los xilógrafos me merecen en general poco respeto y los considero bastante despectivamente. Lástima que para darme el pequeño placer de que usted me conteste, oh Oso, tengo que someterme al suplicio de ponerme en esta máquina (que anda mal, como toda máquina de oficina) y llenar este papel (que no es de color lila, ni —está perfumado, ni tiene mis hermosas iniciales) con diversas frases indudablemente inteligentes y aún armoniosas, pero muy enervantes —para mi sistema neurosimpático.

Sí señor, porque usted no merece en modo alguno que yo le escriba. Yo le escribo porque soy bueno, aunque en realidad le escribo porque soy malo y lo pongo en el compromiso de con-tes-tar (por supuesto que usted se vengará espléndidamente con un silencio de tres años y meses). Los remordimientos (microbios desagradables) me han estado asaltando desde que, tiempo ha, le dije a Gladys que no tardaría en mandarle a usted mi librito. Claro que en realidad no han pagado más que ocho o nueve semanas, lapso que, para nosotros, filósofos imperturbables, no cuenta gran cosa. Pero anoche, antes de dormirme y en el espacio de cinco minutos que concedo a los buenos recuerdos, descubrí con enorme encanto que a usted no le gusta mi libro. Sí, señor: no le gusta. Lo sé, porque usted ya lo había leído en una revista. Naturalmente, me faltó tiempo para venirme inmediatamente a la Cámara del Libro103 y empezar esta carta y este envío. Observe, Oso de entintadas zarpas, cuánta loable perversidad se junta para provocar el sorprendente suceso representado por esta carta.

Últimamente he estado oyendo el agradable eco de los elogios a usted prodigados con motivo del maquillaje que le propinó a la noble UNC (Universidad Nacional de Cuyo, N. de la R.) en ocasión del —Congreso de los que Piensan en Difícil. [...] Por otra parte presumo que usted guarda cuidadosamente todas mis cartas, ya que en el futuro habrán de publicarse en suntuosas ediciones, y usted se beneficiará con menciones como ésta: "El coronel Osokovsky, cuya fotografía no aparece aquí, fue uno de los corresponsales más fieles del gran cuentista J.C.". Ya ve su conveniencia de guardar mis cartas. Por mi parte si usted me manda TODOS SUS GRABADOS, yo me ofrezco a guardarlos celosamente, para retribuirle la atención.

¿No es cierto que es una carta amable? En fin, ya que tengo que escribirla, que salga lo más caldeada posible; hoy hay menos de cinco grados en Buenos Aires y la calefacción de la Cámara funciona mal. [...] Noticias mías: creo que me voy a Europa antes de fin de año. No se asuste, será nada más, ay, que un viaje de tres meses a Italia y Francia. Por supuesto que este viaje depende de un montón de cosas (por suerte no de dinero, porque hace un año que me aprendí de memoria la fábula de la cigarra y la hormiga, y me puse resueltamente de parte de la hormiga, lo cual es asqueroso ya que la cigarra tenía toda la razón; pero todavía no se han inventado viajes gratis a Europa, salvo cuando a uno lo manda la Universidad. Y usted sabe, ojo, usted sabe que yo... etc., etc.).

Queda muy bien esto; me salió por error pero ahora lo admiro francamente. Parece una pareja de bailarines haciendo un intrincado corte de tango.

abril y mayo quedaré al frente de mi famoso bufete de traductor público (en inglés y francés, quítese el sombrero, humilde profesor de dibujo, y barra el suelo con la pluma de su respeto). Sí entre abril y mayo quedo al frente de mi famoso bufete de traductor público, entonces deberé irme antes a Europa, ya que después será imposible moverme de aquí por bastante tiempo. Como usted ve, el plan es de una geométrica precisión y elegancia. Como los planes estratégicos alemanes... que les hicieron perder todas las guerras. De donde se infiere, oh sombra de Aristóteles, que acaso no me vaya a Europa.

INNEGABLEMENTE ÉSTA ES UNA BUENA CARTA CON UN DESTINATARIO QUE NO LA MERECE/

Acabo de leer en La Prensa que en Mendoza ha hecho un frío de catorce bajo cero. Naturalmente es mentira, pero qué frío habrán tenido ustedes, y que satisfacción para su naturaleza de oso veterano, lanzarse sobre la nieve (tampoco nevó pero yo lo pienso y entonces, en cierto modo, nieva) y patinar a lo largo de la Plaza Barraquero, aterrizar con un buen bufido en la pizzería donde estuvimos con Azzoni, nos indigestamos con empanadas y vino semillón.

Más la miro,

ME PARECE ÉSTA UNA BUENA, UNA MUY BUENA, GRAN CARTA. Y por eso

ES TIEMPO DE DARLE UN FUERTE ABRAZO

pedirle perdón por tantas macanas (pero es una buena carta) APARTARME MELANCÓLICO DE ESTE PAPELITO donde por un rato, usted y yo

nos dijimos alegres insultos fraternales y estuvimos bastante contentos. Julio

A Sergio Sergi

B

UENOS Aires, 26 de julio de 1946 Mi querido Sergio:

Hace mucho que le debo esta carta, pero Buenos Aires tiene entre muchas y señaladas virtudes el defecto menor de crearle a uno toda clase de nuevos problemas, dispersiones y episodios que alejan de la correspondencia. No vaya usted a creer que soy ingrato ni que dejo de pensar con harta frecuencia en usted y todos los de su casa. Sigo extrañándolos como en el primer día de mi ausencia de Mendoza, y pienso todavía en que tal vez la suerte hará que amigos como nosotros (Gladys incluida, naturalmente) vuelvan a juntarse y convivir tan gratamente como lo hicimos el año pasado. Pero todo esto es romanticismo y sentimentalidad; yo me cultivo un poco ese defecto y dejo que mi corazón charle demasiado. Por eso ahora le planto una doble vuelta de llave...ya otra cosa. ¿Para qué tantas palabras, cuando las cosas están ahí ciertas y perdurables?

La verdad es que ando ocupado. Las traducciones me llevan bastante tiempo, pues debo entregarlas a plazo más o menos breve y no soy muy disciplinado para trabajar (aunque usted opine lo contrario). La Cámara del Libro no me causa ya

mayor preocupación, pues una vez que se conocen los problemas y se aprende la técnica, es simple cuestión de rutina. He inventado un procedimiento de trabajo que me da gran resultado. Divido la tarea en dos secciones: a) gestiones a resolver desde mi escritorio; b) gestiones al aire libre. La sección a la cumplo en días nublados, cuando vale la pena quedarse en la oficina y bien pegado al radiador; la sección b la ejecuto apenas brilla el sol y se siente la tentación de echarse a la calle. Hago grandes paseos (cierto que sin los árboles y los paisajes mendocinos) y aprovecho para masticar todas esas cosas raras que me cruzan habitualmente por el cráneo. Ya ve usted que mi gerencia no ha conseguido hasta ahora ahogarme, ni lo conseguirá, ¡voto a bríos!

Hace cinco días me di de narices (literalmente pues casi lo tiro abajo de un tranvía) con nuestro amigo Dáneo, quien avanzaba como una fragata con todas las velas desplegadas por la calle San Martín. Iba con su hija, que me presentó de inmediato, y fue una lástima no poder charlar largo pues ellos andaban con unos amigos y yo tenía apuro en seguir. Quedamos en encontrarnos luego, pero Dáneo se volvía enseguida a Mendoza y yo andaba con mucho trabajo esos días —De manera que convinimos en que el próximo abrazo será en Lunlunta. De la fecha, eso sí, no hablamos...

De lo que está ocurriendo en la Universidad prefiero no decir nada, pues conozco a medias la situación y los informes de los diarios son muy ilustrativos. Veo que la purga ha sido y es mayúscula, pero su alcance y significado no me parece enteramente claro. Más que nunca me alegro de haber rajado de ahí justo a tiempo, pues no creo que hubiese tolerado algunas cosas. Por ejemplo: me parece muy bien que le hayan expedido a Villaverde y a Blanco González. Pero no me parecerá nada bien si los reemplazan con jóvenes tomistas. ¿Comprende mi punto de vista? Admito la higiene, y creo que esos dos señores eran unos Tartufos de la docencia; pero si se los fleta para reemplazarlos por Caballeros ungidos por el Papa y el padre Sepich... ahí empieza mi oposición. Prefiero, cobardemente pero con una gran paz de espíritu, estar a 1140 kilómetros del lugar donde ocurren tales cosas.

¿Cómo están ustedes? Tuve carta de Gladys, que le contestaré pronto; después me quedé sin noticias, lo cual es lógico dado que tampoco yo he escrito. Me desmoralizó mucho el tener que quedarme en BA. después (de) mi bien planeado viaje en junio. ¡Y al final no ocurrió nada en la Cámara, no la intervinieron ni la asaltaron ni la violaron... y yo me tuve que quedar en mi casa!

He estado aquí con algunas chicas mendocinas que me dieron buenas noticias de ustedes. Sé que usted está contento de su exposición. Sé que los ositos están grandes y diablos. (Esto último lo sé por Mecha Samada.)

Me ocupo de escribir un boletín bibliográfico para Viau, y usted naturalmente figura entre los habitantes de Mendoza que lo recibirán. Espero que, emocionado por la justeza de la "rédame", proceda a comprar mensualmente todos los libros que se recomiendan. (Le mandaré un número de prueba para que se divierta leyéndolo como me he divertido yo escribiéndolo.)

Aquí estuvo Vigo e hizo una exposición en Amauta. Fui a la inauguración y encontré a toda la "intelligentsia" de izquierda —¡claro!—. Me gustaron mucho algunas cosas viejas (que no conocía) y algunas recientes; creo con todo que la

xilografía no es para él. Mirando los grabados de Vigo se descubre dolorosamente que un artista no da de sí todo lo que podría dar si no agrega la ciencia a la intuición pura. A veces una torpeza de dibujo le malogra algo que podría ser magnífico. Pero cuando se dedica más tiempo a leer la biografía del padrecito Stalin que a mirar grabados de Durero, las consecuencias saltan a la vista.

27 de julio, 9 de la mañana

¡Llegó su carta! Me alegro mucho de que yo no hubiera terminado todavía con ésta, pues en su sobre vienen los recortes que precisamente me estaban haciendo falta para tener una idea más precisa de lo que ocurre en la U.N.C. Ante todo aclaremos una cosa: he dicho "carta" y maldito si hay carta. Dos líneas garabateadas y los recortes Pero no me enojo pues estaba en deuda con usted y no puedo pretender que me mande una novela de diez páginas. Gracias por su afectu-oso gesto al mandarme esas informaciones; es un gesto muy cariñ-oso, gener-oso y bondad-oso.

Los recortes me demuestran: a) que en todas partes se cuecen judías (y judíos); b) que los señores "democráticos" —Jofré, Goyo Lugones, etc.—son una luz para escurrirse cuando llaman a degüello (no sé si habrá usted advertido que no firmaron los telegramas a Perón, ni los manifiestos); c) que los susodichos "democráticos" (¡¡pobre palabra prostituida!!) sacan a relucir mi nombre cuando les conviene —aludo a eso de que "también el profesor Cortázar perdió una cátedra ganada en concurso"—. Mire, Sergio, esos tipos son unos perfectos hijos de mala madre. Los concursos los pilotearon ellos, y me hicieron ganar esa cátedra sabiendo perfectamente que yo no la aceptaría. Estaban perfectamente seguros de que no iba a volver a Mendoza, y en el caso de haber vuelto y la situación haberles sido favorable, me hubiesen degollado con la misma eficiencia con que hoy los degüellan a ellos. ¡Oh témpora, oh mores! Ahora se debaten y chillan, pero ellos estaban dispuestos a lo mismo o mucho peor llegado el caso.

Mi situación fue siempre paradójica en Mendoza, y por eso insisto en que he hecho harto bien en tomarme el portante. Si hubiese ganado la U.D.104 (por la cual tanto peleé) yo sabía de antemano que estaba frito en Mendoza. ¿Cree usted que por el mero hecho de quedarme 5 días en la Facultad sitiada me iban a perdonar mi intransigencia ante sus mediocridades? ¿Cree usted que iban a perdonarme que fuera amigo de Cruz, que me saludara con Soaje o que fuera camarada con Felipe? No, mi buen Sergio; el triunfo de la U.D. era mi pasaporte. Exactamente lo mismo que lo era el triunfo de Perón, pero aquí por razones muy distintas. Porque yo no tengo estómago para aguantar la vuelta de Jesucristo a la Facultad, los Sepich y los Soaje entronizados. De modo que en el primer caso "me iban", y en el segundo me iba yo por mi cuenta. Le gané de mano a ambas cosas y me alegro inmensamente.

Basta de Universidad, por favor... (Me gustaría con todo que me escribiese usted sobre el aspecto que el asunto tiene en la Academia. Ya sabe usted que no me entristece la desaparición por el foro de Manolo Civit. ¿Pero cómo han quedado ustedes, ahora? Escriba, escriba; mande noticias pronto.)

Los cuentos irán a Nova en estas semanas, y como constituyen el tercer tomo de una colección, espero que aparecerán, Dios sea loado, hacia octubre o noviembre. Termino de corregir y rehacer la vela; he estado metido en ella estos cuatro meses y sigo sin comprenderla. Hay momentos en que la metería en el fuego de cabeza.

Otras veces descubro bellezas y aciertos. Lo que le falta, eso es evidente, es cohesión y unidad; son capítulos aislados, sueltos, que apenas se enlazan por la presencia de personajes comunes; como atar un montan de páginas con un piolín. Pero la daré a leer a mi presunto editor, y que haga lo que se le antoje. Yo quiero dedicarme a cosas nuevas. Bueno, Sergei Hocévar, grabador conspicuo, me salgo de esta hoja como los que pasean por los cuadros de Trifón y Sisebuta. Dígala Gladys que le escribiré a ella sólita uno de estos días. Acuérdense de mí, gusanos, y hasta pronto, con todo afecto y un abrazo de octopus y muchos abrazos más,

Cariños a Mecha y a su mamá. Julio

A Sergio Sergi

B

UENOS Aires, 4 de diciembre de 1946 Mi querido Sergio:

Comienzo por decirle que ayer recibí cierta carta, negligentemente mecanografiada en horrible color violeta (con abundantes salpicaduras que contribuían a darle un aspecto entre lúgubre y repelente), la cual resultó ser de su cara mitad en la primera carilla, y de su mitad de usted en la opuesta (donde los garabatos de lápiz no contribuían precisamente a mejorar el tono general de desaliño de tan lamentable espécimen epistolar).

Pese al deplorable efecto estético que causóme vuestra misiva, que le dicen, os lo agradezco mucho, OSOS mendocinos con mezcla santafesina. Empiezo por contestarle (a) usted, pues los hombres son primero, y ya me ocuparé uno de estos meses de enviar cuatro o cinco líneas a la personita de la cinta violeta y las salpicaduras aguachentas, posiblemente emanadas de la cafetera a juzgar por su color cristalino.

Tuve algunas noticias suyas por Felipe, a las que se agregaron las de su puño y letra (léase zarpa y garabato). Sé que está bien de salud y mal de espíritu, y es de eso que quiero hablarle. Empiezo por hacerle notar que su estado de ánimo es el de todos los que en este momento conservamos aún cierto sentido de los valores. Nos sentimos directa o indirectamente amenazados por peligros que, después de todo, sería preferible que se concretaran de una vez y nos dejaran frente a una situación clara y terminante. Por lo que respecta a usted, insisto en que no me parece que tenga razones directas para estar preocupado, aparte del clima general de malestar que sin duda reina en la UNC y del que Felipe y otras personas me han hablado suficientemente. Estoy seguro de que seguirá usted enseñando dibujo (bastante mal, por cierto) a los pobres chicos y chicas de la Academia; estoy seguro de que nadie tendrá motivo para crearle a usted una situación incómoda o peligrosa. (Esto me brota un poco del corazón, pero creo que objetivamente refleja su posición como docente y como individuo en la Universidad. No tiene usted razón para afligirse por lo que ocurra a otros, desde el momento que los otros han tenido otros procederes, y distinta actuación que la suya, siempre imparcial y ponderada.)

nada puede servir en estos momentos en que se vive precariamente y al margen de todo lo que puede servir de punto de referencia. Le pido que no se preocupe más de la cuenta, que acuda a ese magnífico aliado que es el sentido del humor, y que convierta su "spleen" en cuatro o cinco grabados de esos que usted sabe y nosotros queremos.

Por mi parte, continúo haciendo de gerente y traduciendo libros, aparte de leer incontables novelas y escribir uno que otro poema. No se siente uno con ánimo para mucho más; cada vez que me toca acudir a una oficina pública, o diligenciar algún asunto de la Cámara ante reparticiones nacionales, me quedo con una amargura que me afecta días enteros; hay algunos momentos y algunas situaciones en que se tiene la idea cabal e inequívoca de lo que está ocurriendo a la República.

Pasé aquí unas gratas horas con Felipe, oyendo noticias (no tan gratas) y recordando tiempos idos. Tengo frecuentes saudades mendocinas, y me gustaría poder verlos a ustedes con más frecuencia. ¿Sabe que tengo ganas de pasarme allí diez o doce días en enero? Si usted está allá en ese tiempo, y yo me decido a viajar, le escribiré con anticipación para que me resuelva el problema del alojamiento y vaya afilando las uñas para fabricar un inmenso goulash. Realmente me encantaría poder estar algunos días charlando o paseando con ustedes, y acaso sea posible.

*

He recibido ayer un libro de poemas de Calí. Aún no he tenido tiempo de abrirlo, pero lo leeré con gusto a fin de semana, a esas horas de la siesta donde la poesía entra en uno más intensamente que en los días hábiles. (¿No le parece que la poesía es el monumento a la holganza más fabuloso que haya concebido el hombre... después de la pintura y el grabado?)

Sergio, fuera de la carta se me quedan montones de cosas que querría y debería decirle. Imagínelas, usted que me conoce como pocos allá. Un gran abrazo ukelelesco a Gladys y a los bichitos, y hasta pronto, con todos mis deseos de verlo y un abrazo muy apretado de su siempre camarada,

1947

A Sergio Sergi

B

UENOS Aires, 3 de enero de 1947 Aquerido Sergio:

Le debo una carta desde hace muchos días, y no creo que mi melancólica postal de fin de año haya pagado esa deuda. Si he demorado en escribirle, es porque me retenía la posibilidad de entrar en la magnífica combinación veraniega que su

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