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Las instituciones de gobernanza internacional pueden ser responsables no solo de la rendición de cuentas de los Estados miembros, sino también de la sociedad civil mundial, que puede darle forma al ejercicio del poder y actuar como una fuerza compensatoria para los Estados y los mercados. Todos los tipos de asociaciones voluntarias, entre las que se incluyen organizaciones no gubernamentales, movimientos sociales, grupos de defensa, sindicatos y grupos comunitarios, han utilizado canales de influencia como elecciones, cabildeo, medios de comunicación y campañas públicas para transformarse en impulsores del cambio social en numerosos países líderes del Sur; entre los que se incluye a Brasil, Egipto, India y Sudáfrica. En el estado indio de Kerala, una rica historia de compromisos cívicos influyó en el Gobierno para priorizar extensos derechos sociales y la promoción equitativa de políticas públicas. En Brasil, el movimiento Sanitarista de los profesionales de atención de la salud desempeñó un papel central en el desarrollo del sistema de atención de la salud pública de Brasil y en la expansión de servicios para los pobres.24

Los grupos de sociedades civiles nacionales están utilizando cada vez más su experiencia para comprometer a los Gobiernos nacionales a que abran redes independientes de diálogos Norte-Sur y Sur-Sur por fuera de los canales de gobernanza internacional de las oficinas tradicionales. Estas redes trasnacionales están preparando

la sociedad civil mundial tiene la capacidad de difundir nuevas normas que transformen el comportamiento de actores estatales y privados

el terreno para una sociedad civil mundial emergente que está pujando por que se tomen medidas en cuestiones que van desde el cambio climático, pasando por las políticas migratorias y hasta los derechos humanos.

El potencial de la sociedad civil mundial de influir en la toma de decisiones acerca de las cuestiones mundiales fundamentales ha sido incrementado enormemente por la revolución de Internet, lo que permite la hiperconectividad de grupos dispares, ofreciendo plataformas donde los ciudadanos de todo el planeta pueden difundir rápidamente sus ideas e inquietudes. Las personas pueden hablar entre ellas, y las comunidades de científicos y otros profesionales pueden intercambiar ideas, sin la mediación de los poderes estatales o los mercados. Esta nueva facilidad de la comunicación mundial está impulsando asociaciones creativas, empoderando a los individuos y a las organizaciones sociales, conduciendo hacia nuevas formas de solidaridad, y permitiendo a los ciudadanos interaccionar y expresar sus valores a nivel internacional.

Las recientes revueltas de los Estados Árabes, culminación de complejos desarrollos históricos, mostraron que los medios sociales son una fuerza que los líderes y las instituciones mundiales ignoran, por su cuenta y riesgo. La rápida difusión del video Kony 2012 y la amplia respuesta que este generó, sobre el criminal de guerra acusado por la justicia Joseph Kony, del Ejército de Resistencia del Señor, puso de manifiesto que los medios sociales pueden involucrar a millones de personas en debates sobre cuestiones importantes en tan solo unos días.25 Puede haber desacuerdos sobre la legitimidad de inquietudes y plataformas particulares, pero el rápido intercambio de información entre las redes sociales claramente influye en la opinión pública en asuntos que preocupan a la ciudadanía mundial y, en última instancia, tiene influencia en la gobernanza internacional.

Ciertamente, una de las herramientas más valiosas de la sociedad civil mundial es la capacidad de difundir nuevas normas que transformen el comportamiento de actores estatales y privados. Al establecer y encuadrar las cuestiones, así como al presionar a los Estados, las redes de la sociedad civil pueden colocar nuevos asuntos en el tapete e influir en las acciones gubernamentales e internacionales hacia nuevos tratados, mecanismos de cumplimiento de la ley e, incluso, la intervención directa. Ejemplos clásicos de la influencia de la sociedad civil en normas mundiales incluyen la difusión mundial de los movimientos por el sufragio femenino, antiesclavitud y de la Cruz Roja, que condujeron a las convenciones de Ginebra y a la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y Media Luna Roja. Más recientemente,

las redes de la sociedad civil mundial han influido en la institucionalización de la legislación antiminería, el acceso más abierto a los medicamentos contra el sida y en campañas contra la violencia hacia las mujeres.

Mientras que la sociedad civil mundial guarda un gran potencial para influir en las normas de gobernanza y la toma de decisiones internacionales, la posible contribución de las organizaciones de la sociedad civil y de las redes trasnacionales debe mantenerse en perspectiva. Niveles más elevados de provisión de recursos llevan a las organizaciones no gubernamentales internacionales del Norte a ejercer una influencia desproporcionada en el espacio de la sociedad civil mundial.26 El régimen internacional de derechos humanos, por ejemplo, a menudo entiza los derechos civiles y políticos que son de particular interés para la sociedad civil en Europa del Este, más que los derechos sociales, que figuran mucho más prominentemente en las demandas de los movimientos populares del Sur. Las limitaciones del espacio cívico y otras limitaciones pueden afectar la capacidad de funcionamiento de las organizaciones de la sociedad civil.27 Una consideración más tiene que ver con la transparencia, ya que no resulta claro de qué manera los grupos de la sociedad civil provienen de fuerzas del Estado y del mercado. Cuando las organizaciones de la sociedad civil se convierten en extensiones del poder estatal, de influencias económicas o de autoridades tradicionales, la actividad de la sociedad civil puede exacerbar las desigualdades y la inestabilidad, en lugar de reducirlas.28

La legitimidad de la gobernanza internacional dependerá de las capacidades de las instituciones de comprometerse con las redes de ciudadanos y las comunidades; comprendiendo sus inquietudes, y adoptando sus ideas y enfoques para encontrar la dirección para sus propios esfuerzos e iniciativas. Dicho compromiso maximizará la legitimidad de sus acciones y asegurará la rendición de cuentas de los Estados miembros ante los ciudadanos (véase también el recuadro 5.2). La idea de la ciudadanía ecológica, por ejemplo, puede ser una manera prometedora de construir desde cero la opinión pública mundial sobre el suministro de bienes públicos mundiales.29

Para ser efectivas, las organizaciones internacionales necesitan formar asociaciones productivas con las comunidades de medios sociales y las organizaciones no gubernamentales del Sur y del Norte por igual. Deben comprometerse con grupos de ciudadanos para respaldar los cambios de políticas y una transición hacia principios e instituciones de gobernanza internacional más equitativos. La Organización Mundial de la Salud, por ejemplo, ha tenido que manejar los intereses del Estado

El desafío que enfrenta el sistema multilateral en respuesta al ascenso del Sur no es una falsa elección entre mundialismo y regionalismo, o entre las viejas estructuras concebidas y manejadas por los poderes tradicionales del Norte y los acuerdos más recientes que responden a las necesidades del mundo en desarrollo

cuidadosamente y ajustar el énfasis en la privatización de los servicios de salud que se volvieron predominantes en la década de 1980. Sus compromisos centrales con la salud pública y sus vínculos con la sociedad civil, sin embargo, le han permitido continuar trabajando en pos de políticas que enfaticen un enfoque de la salud basado en derechos.30