Doña Gabriela Zamora Rodríguez: Doña Gabi
Nací en la capital, en la Avenida Elena, en zona 1; el 27 de febrero de 1937.
Antes de entrar a ser Representante del Programa Integral de Salud –reproinsa–, yo trabajaba por mi cuenta, como “guajera”, recogía la comida del basurero para dar de comer a los marranos y gallinas que criábamos.
Cuando se me murió el hombre y no tenía quien me ayudara, cambié de trabajo y pasé a recoger chatarra, pues las cosas pesadas eran lo que más centavitos me daban. A veces se recogían libros, aluminio, cobre y otras cositas. De donde yo vivía, caminaba jalando carreta como unas 20 cuadras..
Vivo en las barrancas y una nunca sabe si está seguro. Sólo Dios sabe.
Yo trabajaba en drenajes de nuestra colonia cuando aparecieron varias mujeres de diferentes organizaciones para invitarnos a trabajar en salud. Se apuntaron un montón pero no se presentaron en el día convenido; yo estaba zanjeando y era un lodazal, pues era tiempo de lluvias, cuando vinieron las doctoras y las trabajadoras sociales, ellas platicaron con la gente pero la gente como que era con su espalda y yo al verlas tan afligidas, ay Dios, por educación yo voy a ir. Y así fue como enrolé. Era voluntaria para cubrir la Joya 5 en La Verbena, zona 7 de la capital.
Ser responsable del programa integral de salud, reproinsa, me ha reportado bastante conocimientos, pues tenemos capacitaciones de toda clase. Entré con 6º grado y luego de reproinsa pasé a la farmacia y ahorita soy reproinsa capacitadora, recap, y también promotora jurídica. La gente me cuenta sus casos, les doy consejería en leyes y colaboramos con el Bufete Jurídico Popular de la Universidad de San Carlos.
Cuando principiamos, no teníamos un lugar donde estudiar. Era un saloncito de la Iglesia Católica, que en ese tiempo era pura covacha, de techo bajito que cuando pegaba el sol a mí me hacía bajar los ojos. Yo seguía atenta las capacitaciones pero las capacitadoras podían pensar que yo estaba dormida. Luego pasamos a dar los cursos en la escalinata de la capilla. Igual, cuando nos daba el sol a mí se me caían los párpados pero si me preguntaban algo, siempre podía responder, lo que demostraba que no estaba dormida.
Nunca he tenido tiempo para nada, pensando en las cosas de la casa, pero siempre encontré tiempo para los trabajos de reproinsa. A mí no se me quita la costumbre de trabajar.
Tuve seis hijos pero me viven sólo tres. Tengo nueve nietos que viven con sus padres y una de mis hijas vive cerquita, pero eso sí, cada quién en su casa.
Guatemala. Las voluntarias del PIS se denominaron “Representantes del Programa Integrado de Salud”, “reproinsas” y produjo cambios a nivel personal en la mujer pobladora, especialmente en las reproinsas, creó ambientes de reflexión local, aumentos en las coberturas de vacunación y disminución de la prevalencia de enfermedad diarreica y disminución en las tasas de mortalidad infantil.
El equipo técnico se integró con personal de Naciones Unidas para la Infancia –UNICEF–: un médico, una trabajadora social, un auxiliar de enfermería y un promotor social, por Médicos Sin Fronteras-Francia, una enfermera profesional y por el Ministerio de Salud, un inspector de saneamiento ambiental.
Para el manejo administrativo de los proyectos sociales y de los recursos financieros, las reproinsas organizaron en 1989 la Fundación Esfuerzo y Prosperidad –FUNDAESPRO–, legalizada en 1990 y que para 1991 trabajaba en 47 asentamientos y colonias.
Para doña Gabi (2005), “este movimiento de reproinsas inició en el Mezquital, por la alta mortalidad de niños por tifoidea. Para todo ese gentío sólo tenían un doctor y una enfermera y fueron a pedir al Ministro de Salud”.
Otras organizaciones que han desarrollado importantes esfuerzos son la Fundación Esperanza y Fraternidad –ESFRA–, presente desde 1978 en las áreas precarias de la capital y Médicos Sin Frontera, desde finales de los 80.
Analizaremos primero la experiencia de FUNDAESPRO, como organización de base, y de la Fundación Esperanza y Fraternidad, en el perfil de ONG.
Se denomina colonia al grupo habitacional que legalizó la propiedad de la tierra y asentamiento a quienes ocuparon ilegalmente la tierra y están en fase de legalización.
Fundación Esfuerzo y Prosperidad –FUNDAESPRO–
Al entrar en la oficina de FUNDAESPRO, una casita en la zona 1 de la capital, “un milagro, un sueño” para doña Magdalena, “aunque cuesta sostenerla por los costes de la luz, que cobran demasiado”, un papelógrafo en una de las salas recuerda que el “objetivo es generar procesos de desarrollo integral plenamente participativos... como parte de la sociedad civil que transforma con sus acciones las condiciones de vida de los pobladores. La misión es fortalecer las capacidades organizativas y de participación y que a través de proyectos autogestionarios se genere un proceso de desarrollo humano de calidad. La visión es reconocer la capacidad de los pobladores como sujetos”. Para doña Magdalena García, con 19 años de reproinsa y actual administradora, “FUNDAESPRO es la organización de las oportunidades, una organización de base, vital. El trabajo abarca 65 colonias de la capital y su región metropolitana, que se agrupan en 17 áreas: TOCAFO (Plaza de toros, Carmen y Forestal), Santa Fe, Mezquital. Villalobos I y II, Chinautla urbana, Chinautla rural I y II, Verbena, Champas, Tierra Nueva II, Cerro Gordo y Loma Blanca, Lomas de Santa Faz, Oralia, Candelaria, Esquipulas, Esfuerzo y Ceiba, Justo Rufino Barrios con Guajitos”.
Gladis Flores, 16 años de reproinsa y actual secretaria ejecutiva y Magdalena explican que “el trabajo se organiza por áreas y sectores con un Consejo General de Dirección y un equipo de asesoría. Y una vez al año es la asamblea general de reproinsas. En la oficina de la zona 1, se reúne dos veces al mes el Consejo General de Dirección –CGD–, formado por una coordinadora general de cada área, la representante legal y muchas veces la administradora. Se presentan los informes, las propuestas y nos ponemos de acuerdo con la vitamina A, desparasitación, vacunaciones, etcétera. Y la coordinadora de área se reúne dos veces al mes con la coordinadora que a sus promotoras denomina Representantes del Programa Integral de Salud, popularmente
conocidas como reproinsas y la otra es la experiencia de la Fundación Esperanza y Fraternidad, una ONG ecuménica.
Las áreas precarias: los asentamientos.
En “Una experiencia de participación comunitaria en las áreas precarias de la ciudad de Guatemala” (1994) de la que son autores Espinosa e Hidalgo, se relata la historia de un asentamiento histórico El Mezquital.
En marzo de 1984, unas 10,000 personas ocuparon un terreno baldío en el sur de la ciudad de Guatemala, frente a la colonia Villalobos. Fueron expulsadas por las fuerzas de seguridad y la población se desplazó hacia los barrancos situados en las inmediaciones de la colonia El Mezquital, ubicándose en unos terrenos antes rechazados por la organización estatal Banco Nacional de la Vivienda, BANVI, porque representaban un alto riesgo habitacional, pero no fue obstáculo para que al cabo de cuatro meses, 45,000 personas habitaran en el lugar. En una extensión de doce hectáreas se creó el asentamiento de El Mezquital que comprende: El Éxodo, Monte de los Olivos, Tres Banderas, El Esfuerzo y La Esperanza.
La ausencia de servicios tuvo efectos alarmantes en la salud de la población infantil, estimándose una tasa de mortalidad infantil entre 100-150 defunciones por 1,000 nacidos vivos. Para hacer frente a las dificultades, los pobladores se organizaron en comités locales que centraron su atención en dos problemas: tierra/vivienda y salud. La movilización de los pobladores se difundió en los medios de comunicación y las autoridades gubernamentales solicitaron la colaboración de diferentes organizaciones nacionales e internacionales.
Es así como en 1985, llegan las primeras ayudas externas. El carácter poco participativo y no coordinado de las primeras ayudas, así como el “asistencialismo y clientelismo” que predominó en las acciones, generó la desconfianza de los pobladores, quienes calificaron la cooperación de “oportunismo”.
Ese mismo año, UNICEF identificaba como áreas prioritarias El Mezquital, Plaza de toros, Incienso, Nueva Chinautla y La Línea del ferrocarril.
Si en 1986, existían en la capital y área metropolitana 130 asentamientos precarios, con una población aproximada de 450,000 personas, al finalizar 1991 eran 230 asentamientos con 750,000 habitantes.
La Asociación de Asentamientos Unidos, organización local que unía a los cinco asentamientos de El Mezquital tenía como prioridad la obtención de títulos de propiedad, pero la necesidad de servicios llevó a la conformación de comités de salud, que estarían conformadas por voluntarios y que finalmente quedaron constituidos sólo por mujeres. A través de ellas se perseguía resolver principalmente acciones preventivas de educación y salud. Así surge el Programa Integrado de Salud –PIS–, con el objetivo de mejorar el estado de salud y bienestar de la población de El Mezquital, a través de ampliar los servicios de salud con una activa participación comunitaria.
El PIS fue concebido como un proceso de enseñanza-aprendizaje y se convirtió en una alternativa diferente de trabajo local en las áreas precarias urbanas de la ciudad de
champurradas, almuerzos y refacciones, el estipendio para el pasaje estimulaba a las participantes. También los proyectos productivos como la venta social de medicamentos, red de círculos domiciliares, las manualidades, la alfabetización... pero fue difícil mantener los grupos cuando llegaron varias ONG como Visión Mundial y Plan Internacional que daban apoyos económicos a las voluntarias y muchas se fueron con ellos. Mucho del éxito estaba en las actitudes del personal (institucional) y en las motivaciones de las reproinsas”.
“Las reproinsas más capaces o que disponen de más tiempo se forman como reproinsas capacitadoras, recap. Las recap con metodología de educación popular replican el PIS, formulan un proyecto y buscan fondos para hacerlo realidad. Ha habido dos promociones de recap en Salud comunitaria y VIH Sida. En 1994 iniciaron el curso 30 promotoras de las que acabaron 25 como recap y siguen 17. En la formación de VIH-Sida tuvo que ver con Médicos Sin Frontera y estas recap hacían de intermediarias entre la comunidad y el hospital. El hospital vio que eran pilas y varias fueron contratadas por ellos” (Espinosa, 2005)
Para Doña Gabriela Zamora Rodríguez, “como reproinsa capacitadora preparo las clases para que sean dinámicas, activas, para que la gente esté atenta. Con todo esto he tenido más conocimiento. A Dios gracias tuve unos padres que fueron muy sabios, recogí mucha sabiduría aparte de la primaria. Mis padres no podían darme otras capacitaciones pues no agarraban un lápiz, pero eran muy prácticos, sabían hacer muchas cosas que me han servido, aunque ahorita se hacen diferente”. “Las líneas de trabajo de la organización son salud, educación, centros infantiles, proyectos sociales como la venta de medicamentos, centros de atención integral, e infraestructura (agua, saneamiento, mejora de espacios...). En la formación, de primero se formaban en atención de la salud y después se especializaban en alfabetización o círculos infantiles, cursos de laboratoristas de las que salieron 25-30 técnicas y también de auxiliares de farmacia” (Espinosa, 2005). “Tenemos compañeras nuestras trabajando en infectología en el hospital Roosevelt y nos dicen que trabajamos con mucha humanidad” (Magda y Gladis).
El Dr. Lair Espinosa, sigue relatando que:
Una reproinsa “descubrió la alfabatetización”...y pensó alfabetizar desde su formación de salud. De ahí nació la relación con la Coordinadora Nacional de Alfabetización –CONALFA–. No han surgido envidias entre las reproinsa y “las conalfa” pues a éstas les reconocen Q 350.00 mensuales. Pensamos que hay un reciclaje de autoridades, representantes... y esa rotación ha permitido que continúen. También la variedad de oportunidades: salud, medicamentos, alfabetización, niños, etc., las estimula a cambiar. Cada área presenta al Consejo sus proyectos y nos encontramos con una gran variedad de éstos, pero el Consejo respeta y apoya sus decisiones pues son sus demandas, no son impuestos sino que son fruto de autodiagnósticos. Esta ha sido una fortaleza que ha facilitado la permanencia de FUNDAESPRO, unidas en la autonomía y el respeto somos más fuertes. Hay tres representantes en el equipo de proyectos y con ellos se busca la autosostenibilidad y el servicio a la comunidad. Hay proyectos económicos como el de las farmacias, de costura y tienda comunitaria. Si hay financiamiento se da un reconocimiento a las representantes. A final de año, si quedan fondos se decide en asamblea, el ayudar a algunas personas o lo más frecuente hacen un pachangón.
Se organizaron tiendas cooperativas pero no funcionaron. Lo que sí funcionaron son las farmacias comunitarias. La primera farmacia comunitaria fue del 89 y ahorita hay alrededor de 11 con una sala de suministros. Su sostenibilidad ha sido un gran logro. “Tenemos venta social de medicamentos, pues la gente iba a consulta con los médicos privados de salud de su área”.
Cada área, que puede corresponder a uno o varios asentamientos, tiene dos representantes en el Consejo y son elegidas para periodos de dos años con opción de otros dos de prórroga. Entre todas las áreas se elige a la secretaria ejecutiva y administradora que no deben ser de las ya elegidas para el Consejo. En sus 16 años de funcionamiento han realizado ocho elecciones en un ejercicio democrático. Hay una coordinadora de salud y su suplente (Espinosa, 2005).
Las reproinsas: selección, capacitaciones y trabajo
El Dr. Lair Espinosa, trabajador clave de UNICEF en la primera década del trabajo de FUNDAESPRO, “el ángel” de las reproinsas históricas, relata que “un grupo de familias elige a quién les representa, se capacita y les devuelve el conocimiento. La mayoría fueron electas, 15- 20% no fueron elegidas, pero ellas pedían trabajar en ello. Para ser reproinsa debían tener hijos, aunque tuvieran 16-17 años, sino no podíanenseñar. Empezamos teniendo algunos criterios, pero al final fueron elegidas por la gente con sus propios criterios, echaron los criterios a la... y eligieron algunas analfabetas y que nosotros viéramos como les enseñábamos. Sus sueños eran curativos, ser enfermeras de hospital...” (Espinosa, 2005).
“Después de un proceso de capacitación eran reconocidas como Representantes del Programa Integrado de Salud, reproinsas. Cada reproinsa se hacía cargo de 45-50 familias. El 65% de ellas tenían una edad comprendida entre los 35-50 años y el 81% se desempeñaba como ama de casa. El 54% había cursado los tres primeros grados de primaria, el 39% concluido la primaria, el 3% tenían algún grado de secundaria y el 4% analfabetas” (Espinosa e Hidalgo, 1994).
“Para trabajar como reproinsas dos o tres horas, tres días a la semana cuando estaban en las capacitaciones y luego 20 horas semanales. A los tres años baja el número de voluntarias y queda la mitad. La deserción promedio estaba en 50%. Aunque se van, se van con conocimiento. Hubo casos que se fueron a la Costa o Petén y allí siguieron de promotoras. Seguimos en la formación y pensábamos, van a seguir yéndose, pero con la organización crecieron en su identificación y se fueron menos. En otros momentos se fueron más las capacitadas como técnicas pues encontraron trabajo en otras instituciones” (Espinosa, 2005).
“A nosotras nos prepararon para prevenir no para curar. Algunas de nosotras aprendimos a inyectar, a vacunar, pero a título personal, no como FUNDAESPRO. Somos una organización de mujeres de las áreas precarias y nunca vamos a poder trabajar sólas, siempre vamos a necesitar de alguien para aprender a trabajar. Se han capacitado en este periodo más de 1,000 reproinsas estando de 300 a 600 activas. La reproinsa es una mujer capacitada que abrió sus ojos y que puede hacer algo más que recibir las órdenes de su esposo. Nadie ha quedado en su casa. Creíamos que no íbamos a sobrevivir por nosotras mismas y lo hemos hecho y más. Algunas de las inactivas, lo son por haberse recibido de auxiliares, peritos contadores y están trabajando en otras instituciones” (Magdalena García, 2005).
Para Omeri de Leiva, enfermera del MSPAS que trabajó por muchos años en áreas precarias: “antes de los años 80, el MSPAS trabajaba con comadronas pero no con otras personas voluntarias. Pero cuando en 1984-85 se inicia el Programa Integral de Salud –PIS– con el apoyo de UNICEF, el Ministerio de Salud, la Coordinadora Interinstitucional de Áreas Precarias –COINAP–, las voluntarias eran 99% mujeres. El trabajo era preventivo y educativo, no se administraban medicamentos salvo el sobre de suero oral. Levantaban censos, identificaban niños... y las capacitaciones pretendían llegar al autocuidado familiar. Luego hubo capacitaciones en crecimiento y desarrollo infantil, tuberculosis, prenatal, enfermedades de la piel, etcétera. El trabajo lo desarrollaban sobre todo por las tardes y fines de semana. Pequeños incentivos como café y
viene siendo como trabajo” (Gabriela Zamora, 2005).
“Cuando se graduaban como reproinsas, hacían una clausura majestuosa que incluía misa, invitaban a sus familiares... La mayoría no había tenido posibilidades de graduarse en la escuela, estaban en tercero o cuarto de primaria y ahorita tenían un papelito que decía fulanita de tal y lo firmaba una autoridad. Lo ponían en un cuadrito, en el altar familiar junto a los santos. Era la única vez que yo ví a toda la familia junta, los hijos con la ropa limpia, en un 80% los esposos les acompañaban reconociendo que su mujer podía hacer y ser otra cosa, no sólo lavar ropa y parir. Algunas mujeres se hacían hasta su anillo de graduación. No eran nadie y ahorita las miraban de otra manera y decían: aunque sea esto, es un ejemplo para mis hijos, a pesar de que lavo ropa, plancho, aquí tengo mi diploma. Si yo he llegado hasta aquí, mis hijos tienen que llegar más lejos. Todo esto mejoraba la autoestima de las mujeres” (Espinosa, 2005)
Cambios en la vida de las mujeres
Para Lair Espinosa, el primer obstáculo que encontraron las mujeres fueron sus maridos. El 50% de las renuncias de reproinsas fueron por la presión de maridos e hijos, “estás aprendiendooo, ¡si querés vas, pero no hay más tortillas por eso. Estás perdiendo el tiempo!” y los nuevos conocimientos no fueron del agrado de algunos maridos,”eso de que mi mujer sepa más que yo”, y peor cuando en temas de sexualidad contrariaban al marido “eso no es así”, resultaban con el “mejor ya no le digo nada a mi marido”. Las mujeres mejoraron su autoestima, las enfermedades de los niños la veían más conjuntamente pero no cambiaron los roles sexuales ni el trabajo doméstico.
En el trabajo inicial de salud, hubo varios hombres, pero rápido fue identificado como trabajo de mujeres y éstas acabaron con el “mejor lo hacemos solas”. Las juntas directivas de las organizaciones comunitarias, eran mayoritariamente hombres y preocupados de la infraestructura de los asentamientos, cuando las reproinsas se acercaron a ellos para el apoyo jurídico, éstos temieron la feminización de las organizaciones y todas las juntas directivas las rechazaron. La respuesta fue “prestar la personaría jurídica, es cosa seria, esto es cosa de hombres. ¿Usted prestaría su cédula?”. Ésto las llevó a formar FUNDAESPRO. El diálogo en la ciudad, en las familias, es confrontativo. También hubo un tiempo de conflicto con las farmacias privadas y con los centros de salud, las desacreditaban porque siendo mujeres analfabetas ¿qué iban a poder hacer? Ésto también las llevó a que se las reconociera como FUNDAESPRO.
Para Magdalena García, “FUNDAESPRO me dio la oportunidad de pensar de otra manera de ser mujer, no sólo ama de casa sino romper ese círculo y abrirme al cambio, que tenemos los mismos derechos que los hombres, trabajar en la comunidad y ser reconocida en mi trabajo. Siento un gran avance en lo que es mi vida, me siento útil”. Para Magda y Gladis “a veces piensa una que sólo con título puede hacer las cosas y nosotras hemos visto que no, que nosotras también podemos