5. Más cerca de la meta: la igualdad económica de la mujer
5.2. La actividad laboral de la mujer
Antes de analizar la tasa de actividad de la mujer, conviene recordar varias definiciones. En primer lugar, se define la tasa de actividad fe- menina como el número de mujeres de 16 a 64 años empleadas o para- das dividido por el número de mujeres del mismo intervalo de edad en la población. Se consideran mujeres de 16 a 64 años porque 16 es la edad mínima para trabajar y, por encima de 64 años, la mayo- ría de trabajadores se han jubilado, dado que 65 es la edad normal de jubilación. En segundo lugar, se define la tasa de fecundidad to- tal del periodo (año), que también se denomina el indicador coyun- tural de la fecundidad, como la suma de las tasas específicas de fecun- didad (para cada edad) de las mujeres de 15 a 49 años en el periodo. La tasa específica de fecundidad, a la edad xen el añot, es el número de nacidos vivos de las mujeres de edad xen el año t di- vidido por el número de mujeres de x años cumplidos a 31 de di- ciembre del año t y multiplicado por 1000. La tasa de fecundidad total del periodo se denomina indicador coyuntural de la fecundidad porque predice el número de hijos que nacerían de una mujer re- presentativa si a lo largo de su vida fértil (15-49 años) experimenta- ra una fecundidad similar a la observada para las mujeres de 15 a 49 años en un año determinado. Las mujeres que en un cierto año tie- nen edades entre 15 y 49 años constituyen lo que se llama una gene- ración o cohorte sintética. Por esta razón, a la tasa de fecundidad total también se la denomina índice sintético de fecundidad.
En España, en los últimos veinte años, la tasa de actividad feme- nina se ha incrementado considerablemente y, al mismo tiempo, ha disminuido de forma muy acusada la tasa de fecundidad. Si nos fija- mos en las mujeres de 20 a 49 años, puesto que constituye el inter-
valo de edad fértil, comprobamos que su tasa de actividad ha pasa- do de un 40% a principios de los años ochenta a casi un 60% a fina- les de los noventa. Esto supone un incremento del 50% en dos dé- cadas. La otra cara de la moneda es la fecundidad —el número medio de hijos por mujer—. La llamada tasa de fecundidad total ha pasado de 2,8 hijos por mujer en 1975 a 1,1 en 1999. Esto significa que en veinticinco años España ha pasado de tener una de las tasas de fecundidad más altas de Europa a tener la más baja del mundo.
Por Comunidades Autónomas, existen diferencias que se han ido reduciendo en el tiempo; desde las comunidades del sur, con las ta- sas más altas, a las comunidades del norte, con las tasas más bajas, en particular Asturias.
A continuación, se analiza la evolución de cada una de estas va- riables por separado. Posteriormente, se procede a relacionar entre sí las series históricas de actividad femenina y fecundidad, teniendo en cuenta otras tendencias como la tasa de matrimonios, el nivel de estudio de las mujeres y las tasas de paro, para el conjunto nacional y por Comunidades Autónomas16.
El gran incremento de la actividad laboral femenina en los úl- timos veinte años en España no ha sido homogéneo por edades.
Las mujeres de 25 a 49 años son las que han entrado con más ím- petu en el mundo del trabajo, especialmente a partir de media- dos de la década de los ochenta (véase el capítulo 3). En cambio, las generaciones más jóvenes han tendido a prolongar progresiva- mente su permanencia en el sistema educativo con vistas a ingre- sar mejor equipadas al mercado de trabajo, lo que hace que au- menten rápidamente las tasas de actividad a las edades de finalización de los estudios, entre los 23 y los 26 años. Han sido las mujeres casadas las que han contribuido más a la tendencia cre- ciente de la tasa de actividad femenina. Al retrasarse la edad a la que se contrae matrimonio, la inmensa mayoría de las mujeres de las nuevas generaciones entran al mercado de trabajo cuando es- tán solteras.
Para ilustrar la evolución de la tasa de actividad femenina desde una perspectiva temporal, se ha construido el gráfico 5.1, basado en
16Algunas de las ideas expuestas en este capítulo están inspiradas en Alba (2000).
datos de la EPApara el periodo 1977-2003. En dicho gráfico se repre- sentan las tasas de actividad de distintas generaciones de mujeres en España. Un primer punto que se puede ilustrar con este gráfico es que la mayoría de las mujeres entran en el mercado de trabajo cuando es- tán solteras. Por ejemplo, si bien el 70% de las mujeres nacidas en el periodo 1965-1969 estaban activas a los 25 años, a esa edad sólo el 35%
de las mujeres estaban casadas. Si a los 25 años de edad el 70% de las mujeres estaban activas y el 65% estaban solteras, esto significa que, a la indicada edad, de las 70 de cada 100 mujeres que se encontraban ac- tivas, al menos 49 habían ingresado en la actividad antes de casarse.
Para entender mejor la evolución de la tasa de actividad femeni- na, conviene explicar que el incremento en la actividad laboral de una generación de mujeres a otra se debe a dos efectos: 1) a la cre- ciente participación de las casadas: por ejemplo, a la edad de 25 años la tasa de actividad de las mujeres solteras estaba en torno al 80%, tanto en la generación de 1960-1964 como en la generación de 1965-1969. Pero, a la edad de 25 años, la tasa de actividad de las
GRÁFICO 5.1: Tasas de actividad de mujeres por generaciones
Fuente:Encuesta de Población Activa (EPA).
mujeres casadas en la generación 1965-1969 era siete puntos por- centuales más elevada que en la generación de 1960-1964; 2) al aumento de la soltería entre las mujeres jóvenes: Al haber cada vez más solteras, la tasa de actividad crece en las sucesivas generaciones simplemente porque las mujeres solteras, que tienen mayor pro- pensión a la actividad que las mujeres casadas, tienen un peso cre- ciente en la población. Téngase en cuenta que la inmensa mayoría de las mujeres se incorporan a la población activa cuando están sol- teras. Cada vez son menos las que salen de la actividad por razón del matrimonio o que abandonan la ocupación por el nacimiento de un hijo. Sin embargo, hay una alta probabilidad de que las mujeres paradas se hagan inactivas cuando tienen un hijo, en parte porque en esa circunstancia la línea divisoria entre la actividad y la inactivi- dad se hace más delgada.
El gráfico 5.1 muestra que, a partir de la edad de 24 años, la tasa de actividad de las sucesivas generaciones ha aumentado considera- blemente en España. En la medida en que las nuevas generaciones estén más inclinadas a participar en el mercado de trabajo, la tasa de actividad del conjunto de mujeres aumentará en el futuro. Nóte- se cómo la vaguada que forman las curvas de actividad por genera- ciones en el entorno de los 30 años ha ido disminuyendo progresi- vamente hasta casi desaparecer para las generaciones posteriores a 1960. La razón fundamental es el retraso del matrimonio y, con ello, el retraso de la maternidad. Además, como se ha indicado anterior- mente, hay una tendencia a que la mujer no abandone la actividad laboral ni con el matrimonio ni con el nacimiento de los hijos.
5.2.1. Ocupación y paro por generaciones
Como ilustra el gráfico 5.1, el comportamiento laboral de las su- cesivas generaciones de mujeres ha cambiado dramáticamente. Por debajo de los 22-23 años, las tasas de actividad se han reducido ex- traordinariamente y por encima de esa edad se han incrementado de manera continua. La explicación de esta pauta es muy sencilla:
las mujeres jóvenes han invertido cada vez más fuertemente en edu- cación y se han ido arraigando cada vez más en el mercado de tra- bajo. Por ejemplo, si comparamos la generación de 1955-1959 con la generación de 1970-1974 —entre las que sólo media un intervalo de quince años—, se comprueba que a la edad de 18 años
las tasas de actividad eran el 54 y el 36%, respectivamente; sin embargo, a la edad de 28 años eran el 50 y el 74%. Entre ambos momentos del ci- clo vital, la tasa se redujo en cuatro puntos porcentuales para la genera- ción de 1955-1959 y se incrementó en 38 puntos porcentuales en la ge- neración de 1970-1974. Estas cifras dan una idea de la magnitud del cambio que ha tenido lugar en el mundo laboral de la mujer española.
Para tener una visión más precisa de dicho cambio nos vamos a fi- jar en las tasas de ocupación y en el porcentaje de mujeres paradas por generaciones17, tal como se recoge en los gráficos 5.2 y 5.3, respectiva- mente. Lógicamente, el gráfico de tasas de ocupación (5.2) se parece mucho al gráfico de tasas de actividad (5.1). Sin embargo, hay algunas diferencias interesantes que conviene resaltar, tal como se refleja en el gráfico de los porcentajes de mujeres paradas (5.3). Por supuesto,
17El porcentaje de mujeres paradas es la diferencia entre la tasa de actividad y la tasa de ocupación. Se debe insistir en no confundir la tasa de paro (porcentaje de mujeres pa- radas dentro del total de mujeres activas) con el porcentaje de mujeres paradas en la po- blación.
GRÁFICO 5.2: Tasas de ocupación de mujeres por generaciones
Fuente:Encuesta de Población Activa (EPA).
para interpretar esas diferencias hay que tener en cuenta la influencia del ciclo económico. Probablemente, al igual que entre los varones, la generación de mujeres más afectadas por el paro ha sido la de 1965- 1969. Las generaciones siguientes han tendido a permanecer más tiempo en el sistema educativo y ello les ha permitido beneficiarse de condiciones de trabajo relativamente más atractivas. De la indicada ge- neración quizá los trabajadores que salieron peor parados son los que ingresaron en el mercado de trabajo después de seguir estudios post- secundarios, pues ingresaron en el mercado de trabajo justamente en la profunda crisis del empleo de principios de los años noventa.