• No se han encontrado resultados

El tiempo dedicado a las responsabilidades familiares

5. Más cerca de la meta: la igualdad económica de la mujer

5.4. El tiempo dedicado a las responsabilidades familiares

gan que no trabajan más horas por «labores del hogar, cuidado de niños y de otras personas» está en torno al 25% en ambos grupos.

Por su parte, «otras razones» tiene una importancia muy reducida entre las que trabajan menos de 15 horas (11%), comparada con las que trabajan de 15 a 29 horas (34%). Puesto que «por estudios, en- fermedad y por no desear más horas» son razones contempladas ex- plícitamente, cabe pensar que esas «otras razones» tienen que ver con las preferencias personales.

Aunque se ha producido un cambio generacional en el sentido de tener los hijos más tarde, también es cierto que se ha reducido el número de hijos que por término medio tiene una mujer a lo largo de su vida fértil. En una publicación reciente del INE(1998), basada en los datos sobre nacimientos, es posible calcular las tasas de fecun- didad para el primer hijo y para todos los órdenes, respectivamente, a cada edad de la mujer para diversas generaciones. Debido a que los datos sobre nacimientos sólo están convenientemente desagre- gados desde 1975, se tiene una visión parcial de la vida fértil de cada generación. Se observa que la caída en la fecundidad en las edades jóvenes no se compensa con el incremento de la fecundidad a eda- des posteriores. De ello resulta la reducción en el número medio de hijos por mujer en las sucesivas generaciones hasta una determina- da edad. Al mismo tiempo, es posible comprobar que la fecundidad continúa disminuyendo en las generaciones más recientes, lo que es coherente con el aludido descenso en la proporción de mujeres casadas y la creciente participación de la mujer en el mercado de trabajo.

En el Panel de Hogares (PHOGUE), se hace la siguiente pregunta a todas las personas de 16 o más años: «¿incluyen sus actividades dia- rias quehaceres no remunerados como el cuidado de niños propios y ajenos?». Entre las personas de 16 a 64 años responden que «sí» el 36% de las mujeres y el 15% de los hombres. Entre las personas de 30 a 44 años de edad, los porcentajes de mujeres y de hombres que manifiestan dedicar tiempo al cuidado de niños son 65 y 32%, res- pectivamente. Lógicamente, en esas edades centrales hay más per- sonas que tienen responsabilidades familiares. En ambos casos, lo que destaca es que las mujeres doblan a los hombres en su respues- ta afirmativa a la pregunta de la indicada encuesta. Más del doble de mujeres que de hombres dedicando tiempo al cuidado de los hijos no significa que haya una relación de 2 a 1 en la distribución de ese tipo de tareas domésticas. La misma encuesta pregunta a quien res- ponde «sí» a la pregunta anterior cuántas horas dedica diariamente a esa actividad. Hay grandes diferencias entre el tiempo dedicado a los niños por las mujeres y el dedicado por los hombres: el 82% de las mu- jeres dedican más de cuatro horas diarias, mientras que ese tiempo sólo lo dedican el 29% de los hombres, esto es, el 70% de los varones que cuidan sus hijos lo hacen durante cuatro o menos horas diarias

—el 30% dedica menos de dos horas al día—. La distribución del tiempo dedicado al cuidado de los niños, entre quienes realizan esa actividad, no varía mucho entre considerar a todas las personas de 16 a 64 años o considerar a las que tienen una edad de 30 a 44 años.

Otra actividad doméstica que recae fundamentalmente sobre las mujeres es la que se refiere al cuidado no remunerado de adultos necesitados de una ayuda especial por razones de ancianidad, enfer- medad o discapacidad, tanto si vive en el mismo hogar como en otro distinto. El 10% de las mujeres de 30 a 44 años lo hacen, fren- te al 3% de los hombres de la misma edad. En cuanto al tiempo de- dicado a dichos cuidados, más de cuatro horas diarias las dedican el 48% de las mujeres y el 27% de los varones. De nuevo, estas cifras ponen de relieve cómo las tareas domésticas son realizadas en mu- cha mayor medida por las mujeres que por los varones.

Para dar una idea de la doble jornada conviene considerar úni- camente a las personas que están ocupadas (trabajan 15 o más ho- ras a la semana). En este caso, los porcentajes de personas que dedi- can parte de su tiempo a las dos tareas domésticas indicadas se reducen, como es lógico, pero las diferencias entre hombres y mu- jeres se mantienen. Si nos centramos en el grupo de edad de 30 a 44 años, el cuidado de niños lo realiza el 57% de las mujeres ocu- padas y el 33% de los hombres ocupados. Las proporciones de los que dedican cuatro o más horas a esa actividad son el 72% de las mujeres y el 22% de los hombres. En cuanto al cuidado de otras personas, ancianas o discapacitadas, la probabilidad de hacerlo y el tiempo que se dedica a ello no cambian mucho entre las personas que están ocupadas y las que no lo están. Esto demuestra hasta qué punto ese tipo de cuidados se tienen que prestar independiente- mente de las obligaciones laborales y, de nuevo, son las mujeres las que están en mayor medida implicadas en ello, con las lógicas con- secuencias para ellas.

5.5. El conflicto entre trabajo y familia

Cuando se ha llegado a un reconocimiento explícito de la igualdad económica de la mujer por parte de todas las instituciones y el dere- cho a la igualdad está protegido por Ley, la igualdad real depende

ahora más que nunca de la empresa y de la familia. El conflicto en- tre estas dos esferas de la vida de la mujer se pone de manifiesto en el contraste entre el aumento de la tasa de actividad y la disminu- ción de la tasa de fecundidad total. Con algunos matices, esa corre- lación se observa en todas las Comunidades Autónomas españolas.

Una forma sencilla de ver cómo se relaciona la tasa de fecundidad con la tasa de actividad femenina y otras variables importantes es cal- culando el coeficiente de correlación entre las series temporales des- de cuando hay datos de la EPAdisponibles, 1977. Para el conjunto de España se calcula el coeficiente de correlación entre la tasa de fecun- didad y cada una de las siguientes variables: la tasa de actividad, la tasa de paro, el porcentaje de mujeres con estudios universitarios y el por- centaje de mujeres casadas. Para España, los resultados que se obtie- nen son que la tasa de fecundidad tiene una alta correlación negativa con la tasa de actividad femenina, con la tasa de paro femenina y con el porcentaje de mujeres con estudios universitarios; y una correla- ción positiva con el porcentaje de mujeres casadas. Los coeficientes de correlación para cada una de las cuatro Comunidades Autónomas consideradas confirman estos resultados, con algunas diferencias poco destacables en los valores obtenidos para los coeficientes.

Para tener también en cuenta la dimensión espacial, se han cal- culado los coeficientes de correlación de la tasa de fecundidad total con las variables indicadas en el corte transversal de las 17 Comuni- dades Autónomas para cada uno de los años. La correlación de la tasa de fecundidad con la tasa de actividad en el espacio es bastante variable a lo largo del periodo. Debido a que la correlación entre la tasa de fecundidad y la tasa de actividad, la tasa de paro, el porcen- taje de mujeres con estudios universitarios y el porcentaje de muje- res casadas es altamente variable en el tiempo, no es fácil extraer conclusiones claras. Por ejemplo, el que la correlación de la tasa de fecundidad total y el porcentaje de mujeres de 16 a 49 años casadas haya aumentado considerablemente entre Comunidades Autóno- mas a lo largo del tiempo se puede interpretar como que las dife- rencias de fecundidad en el espacio dependen de la tasa de matri- monios más ahora que antes. Si la mayoría de los hijos nacen en el seno del matrimonio y las parejas tienen menos hijos, diferencias re- gionales en el porcentaje de mujeres casadas explican mejor las di- ferencias regionales en la tasa de fecundidad.

Por otra parte, está claro que la desigual distribución de tareas domésticas entre los cónyuges y la presencia de niños pequeños en el hogar hacen más complicado para la mujer trabajar fuera del ho- gar. Este hecho se puede ilustrar con las tasas de actividad según la presencia de hijos teniendo en cuenta la edad del menor. En 1987, la tasa de actividad de todas las mujeres de 20 a 45 años era el 35,12%, cifra muy similar a la de las mujeres cuyo hijo menor tenía menos de seis años; sin embargo, el incremento en las respectivas tasas en- tre 1987 y 1997 fue más de cuatro puntos porcentuales superior entre todas las mujeres de 20 a 45 años. En ese periodo, el incre- mento en la tasa de actividad más alto observado es el que tuvo lu- gar entre las mujeres cuyo hijo menor había alcanzado la edad esco- lar (seis o más años)22. El aumento de la actividad entre 1987 y 1997 fue del 36% entre las mujeres cuyo hijo menor tenía menos de tres años, del 56% entre las mujeres cuyo hijo más pequeño tenía de tres a cinco años, del 72% entre las mujeres cuyo hijo más pequeño tenía de 6 a 13 años, y del 83% entre las mujeres cuyo hijo menor te- nía de 14 a 17 años.

Los datos también ponen de manifiesto las indicadas diferencias cuando se utilizan las tasas de ocupación en lugar de las tasas de ac- tividad. Entre 1987 y 1997, la diferencia fue del 37,5% (10 puntos porcentuales) entre las mujeres con el hijo más pequeño menor de tres años y del 56,6% (14 puntos porcentuales) entre las que tenían el hijo menor en edad de 6 a 13 años. Para interpretar estos datos correctamente hay que tener en cuenta que en un año determina- do, la edad del hijo menor está correlacionada con la edad de la ma- dre. El que una mujer con un hijo más pequeño tenga una tasa de actividad (u ocupación) más alta que otra mujer con un hijo de más edad refleja también la diferencia generacional. Por eso nos hemos fijado en las variaciones de las tasas en un periodo determinado y no en los valores en un año determinado.

La decisión de la mujer sobre trabajar o no y durante cuánto tiempo dependerá de sus preferencias personales y de las

22En Estados Unidos se ha constatado que han sido las mujeres con hijos pequeños (menores de 6 años) las que se han incorporado a la actividad laboral con más intensidad a lo largo de los años setenta y ochenta (Hotz, Klerman y Willis, 1997).

oportunidades de empleo existentes. En el modelo neoclásico de oferta de trabajo a corto plazo, se considera que cada individuo hace máxima su función de utilidad trabajando las horas que desea trabajar. Sin embargo, la realidad es que existen restricciones sobre el número de horas de trabajo que el individuo puede realizar, he- cho que ha sido reconocido en la literatura sobre la oferta de traba- jo. Por razones técnicas o institucionales, muchos de los puestos de trabajo que existen en la economía requieren un número fijo de ho- ras a la semana. Ello hace que el individuo tenga dificultades para realizar las horas de trabajo que desea en cada momento. Aunque la persona puede cambiar de empleo, hay que tener en cuenta que ello conlleva costes y que no siempre se encuentra el empleo con las características y las horas de trabajo deseadas.