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Diferencias individuales en Inteligencia Emocional y rendimiento

In document Tesis doctoral (página 143-148)

CAPÍTULO 3. INTELIGENCIA EMOCIONAL Y RENDIMIENTO ACADÉMICO

3.3. Diferencias individuales en Inteligencia Emocional y rendimiento

119 Petrides y colaboradores (2004) por ejemplo, analizaron el influyo de la IE de rasgo en el RA y el mal comportamiento, en Educación Secundaria. En el estudio participaron 650 alumnos con una edad media de 16,5 años. Utilizaron como instrumentos el TEIQue (2001) para valorar la IE, un test de razonamiento verbal, las valoraciones del KS3 (Key Stage 3, resultados de los tres últimos años de Educación Primaria), los resultados del certificado general de Educación Secundaria (General Certificate of Secondary Education-GCSE) y las faltas de asistencia. Se encontraron correlaciones significativas entre IE de rasgo con el inglés y el rendimiento general. Sin embargo, no hallaron una correlación significativa de la IE y las áreas de matemáticas y ciencias.

Pérez-González, Cejudo-Prado y Duran-Arias, (2014) investigaron en una muestra de estudiantes de secundaria y bachillerato la relación entre la IE y el RA, y obtuvieron una relación positiva y significativa entre la IE rasgo y el RA general, se demostró una mayor capacidad intelectual, y la predicción de la IE en las áreas de lengua y lenguas extranjeras, pero no en las matemáticas.

Puesto que no hay suficientes investigaciones o resultados suficientemente contrastados de la incidencia de la IE en rendimiento matemático, surge la necesidad de un mayor número de estudios longitudinales y transversales, en este ámbito. En nuestro estudio trataremos de aportar algo de claridad a esta cuestión.

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Para averiguar el origen de las diferencias por sexo en el ámbito de las emociones, la niñez es la etapa en la que debemos fijarnos, donde se desarrollan los aspectos principales de la IE. Las diferencias por sexo en el ámbito de las emociones (percepción, comprensión, regulación, empatía) se han explorado desde la infancia (Garaigordobil y Galdeano, 2006; Lafferty, 2004; Sunew, 2004).

Otro aspecto diferenciador es que las niñas suelen manifestar una gran expresividad facial, sin embargo, los niños conforme van creciendo se vuelven menos expresivos (Brody y Hall, 1993).

Maccoby y Jacklin (1974) dijeron que no había evidencia suficiente sobre el trato diferencial de los niños y las niñas por parte de los padres. Sin embargo, algunas investigaciones muestran que los niños y las niñas se desarrollan en contextos diferentes respecto a la educación emocional, es decir, los padres proporcionan más información emocional y diferente a las niñas que a los niños (conversaciones, detalles, descripciones, experiencias, vocabulario más rico, etc) (Adams, Kuebli, Boyle y Fivush, 1995; Brody y Hall, 1993; Dunn, 1990;

Fivush, 1991, 1998; Fivush, Brotman, Buckner, y Goodman, 2000).

Por tanto, estas diferencias en educación emocional, conllevan a que los niños y niñas no desarrollen las mismas habilidades y destrezas. Eisler y Blalock (1991) establecen que los hombres muestran emociones pero de diferentes manera.

Las mujeres suelen expresar aspectos más íntimos y emociones como la tristeza o la felicidad. Asimismo, las mujeres suelen tener más empatía, perciben mejor los sentimientos de los demás, frente a los hombres, que la sociedad no les enseña a expresar tanto sus emociones, son menos vulnerables y tienen otra forma de sentir la culpa, el miedo o el dolor (DiMatteo, Rogers, y Archer, 1979;

Hall, 1978, 1984; McClure, 2000; Rosenthal, Hall, Lewis, 1978).

Cole (1986), Davis (1995) y Saarni (1984) comprobaron que las mujeres eran superiores a los hombres a la hora de regular las emociones. Las mujeres se mostraban más sonrientes en contexto social y tenían más motivación para regular sus expresiones emocionales que los hombres.

121 Autores como Argyle (1990), Hargie, Saunders y Dickson (1995) aseveraron que las mujeres son más expresivas que los hombres, que identifican mejor las emociones en los demás y que muestran mayor habilidad en ciertas relaciones interpersonales que los hombres.

Candela, Barberá, Ramos y Sarrió (2001) declaran que el sexo femenino está más en contacto con los sentimientos y por ello, desde muy pequeñas son más emocionales que los hombres (Caballero, 2009; Feldman Barret, Lane, Sechrest y Schwartz, 2000).

A nivel neurológico, existen pruebas de que en las mujeres algunas áreas del cerebro pueden ser más grandes que en los hombres (Gur, Gunning-Dixon, Bilker y Gur, 2002) y se han hallado diferencias en la actividad cerebral (Jausovec y Jausovec, 2005).

Si tenemos en cuenta los distintos tipos de instrumentos de evaluación de la IE, pruebas de autoinforme o de ejecución, se pueden descubrir diferencias de sexo:

En las investigaciones realizadas con pruebas de autoinforme, se observan resultados muy diferentes. No se han encontrado diferencias significativas con el EQ-i de Bar-On (Bar-On, 1997; Bar-On, Brown, Kirkcaldy y Thome, 2000;

Dawda y Hart, 2000; Devi y Rayulu, 2005), ni con el SREIT de Schutte (1998) y sus versiones (Brackett y Mayer, 2003; Brackett et al., 2006; Brown y Schutte, 2006;

Depape, Hakim- Larson, Voelker, Page y Jackson, 2006; Schutte y Malouff, 1998;

Tiwari y Srivastava, 2004), ni con el TMMS-48 de Mayer y Salovey (1995) y sus versiones (Fernández-Berrocal, 2004; Lumley, 2005; Palomera, 2005) en IE entre hombres y mujeres. Sin embargo, en otros estudios, las mujeres han obtenido mejores resultados para dirigir y manejar sus emociones y las de los demás. En otros casos, las mujeres se han mostrado superiores en atención emocional y empatía, y los hombres en Regulación Emocional (Austin, Evans, Goldwater y Potter, 2005) (versión del SREIT); Brackett, Warner y Bosco, 2005 (EQ-i);

Goldenberg, 2006 (SREIS); Harrod y Scheer, 2005 (EQ-i); Pandey y Tripathi, 2004 (EQ-i); Van Rooy, 2005 (EQ-i).

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Fernández-Berrocal, Alcaide y Ramos (1999) utilizando el TMMS y sus versiones con adolescentes, encontraron diferencias percepción emocional, las mujeres obtuvieron en atención y empatía niveles más altos que los hombres, en cambio, los hombres mostraban en claridad, reparación e inhibición emocional puntuaciones más altas.

Posteriormente, Extremera y Fernández-Berrocal (2003b), también con una muestra de adolescentes, observaron que las mujeres tenían una percepción mayor de sus sentimientos que los hombres de su edad. Sin embargo, los hombres manifestaban una mayor facilidad para reparar sus estados emocionales negativos y conservar los positivos. En el caso del factor de claridad emocional no encontraron diferencias significativas.

En esta misma línea, se hallaron diferencias significativas (en una población adolescente) sólo en el factor de Atención entre mujeres y hombres (Palomera, 2005; Thayer, Rossy, Ruiz-Padial, y Johnsen, 2003).

Guastello y Guastello (2003) se plantearon que el efecto generacional puede ser el causante de las diferencias de sexo en IE percibida. Por lo que, en las siguientes generaciones, estas diferencias podrían reducirse por efecto del conocimiento y de la educación.

Otra investigación mostró que las mujeres obtuvieron resultados mayores en IE que los hombres; aquellos con puntuaciones bajas sobre todo en percepción y asimilación emocional, manifestaban alto consumo de bebidas alcohólicas y drogas, relaciones negativas de amistad y más agresiones físicas (Brackett, Mayer y Warner, 2004).

Por lo general, las mujeres se perciben más hábiles para atender y comprender las emociones y los varones son más habilidosos en el control de impulsos y la tolerancia al estrés (Trinidad, 2007). En 2008, Kimber, Sandell y Bremberg, no encontraron diferencias significativas en hombres y mujeres en las habilidades socioemocionales.

123 Con medidas de ejecución como el MEIS o el MSCEIT, existen estudios que verifican diferencias significativas en IE por género. Las mujeres demuestran una mejor ejecución en las pruebas de habilidad en IE que los varones (Brackett y Mayer, 2003; Brackett, Mayer y Warner, 2004; Brackett et al., 2006;

Brackett, Warner y Bosco, 2005; Brody y Hall, 1993, 2000; Day y Carroll, 2004;

Extremera, Fernández-Berrocal y Salovey, 2006; Goldenberg, 2006; Lumley, 2005; Mayer et al., 1999; Mayer et al., 2002; Palmer, Walls y Burgess, 2005;

Young, 2006).

Molero, Ortega-Álvarez y Moreno (2010) en el factor de percepción emocional hallaron diferencias significativas a favor de las mujeres.

Castillo, Salguero, Fernández-Berrocal y Balluerka (2013) mostraron como tras la aplicación de un programa de intervención los hombres mejoraban más en empatía que las mujeres.

En un trabajo reciente con una muestra de 136 alumnos de secundaria en Bucarest, en el que también se tiene en cuenta la variable sexo, se dio a conocer que puntuaciones de IE más altas no correlacionaban significativamente con los resultados o logros en esa etapa. Y demás, los resultados concluyeron que el sexo no ejercía ninguna influencia en la relación de estas variables (Mitrofan y Cioricaru, 2014).

Por el contrario, Jenaabadi (2014) en una investigación descriptiva- correlacional, mostró que la IE y la autoestima no tenían ninguna influencia en sus resultados escolares, aunque si halló que la autoestima en las mujeres era superior que la de los hombres.

Cazalla-Luna, Ortega-Álvarez y Molero (2015) al igual que de Haro y Castejón (2014) y Ortega, Núñez, Molero y Torres (2015) no encontraron diferencias significativas entre hombres y mujeres en Percepción, Comprensión y Regulación, pero sí en satisfacción.

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Posteriormente, Hall, Gunnery y Horgan (2016) y Thompson y Voyer (2014), realizaron unos meta-análisis donde hallaron la existencia de diferencias a favor de las mujeres en Percepción emocional.

Por todo ello, y porque aún no hay resultados suficientemente contrastados, surge la necesidad de un mayor número de estudios longitudinales y transversales que nos muestren las relaciones existentes entre la IE y el sexo. En nuestro estudio trataremos de aportar algo de claridad a esta cuestión.

In document Tesis doctoral (página 143-148)