• No se han encontrado resultados

1ª ORACIÓN: PEDRO, MODELO DE PECADOR PERDONADO.

In document Sabiamente Ignorante (página 58-60)

CULPABILIDAD SANA Y ENFERMA

1ª ORACIÓN: PEDRO, MODELO DE PECADOR PERDONADO.

TEXTOS:

Lc 22, 54-63 y Jn 21, 15-17.

Primero nos detenemos en el pecado de Pedro:

 La negación es un hecho evidente: tres veces, hasta con maldiciones y juramento. Mi pecado es evidente. Dejar que se corra la cortina y se vea lo que hice.

 De suyo, visto políticamente es un acto inocuo, hasta inteligente. Siempre hay derecho a defenderse. Si lo matan, nos quedamos sin primer Papa. Pero fue un acto de complicidad con los que mataban a Jesús. Y es que en el fondo, el pecado no es tanto la ruptura de un código de normas, sino la ruptura de una amistad honda, de una alianza: "Eso no se hace a un amigo" solemos decir. Comparar esto con la falsedad de la promesa de amistad de Lc 22,33: “Iré contigo hasta la cárcel y la muerte”.

 El Señor le miró. Pedro se dejó mirar. Alzo su mirada. Y entonces vino sobre él el llanto de dolor. Antes era el hombre lleno de fanfarronería, de contradicciones. La mirada de Jesús abre la conciencia de Pedro, que comienza su proceso de perdón.

 Pedro está cerca de Jesús: hay una conexión entre el estar cerca y recibir el perdón. Más que una proximidad física, importa la apertura y docilidad. ¿Cómo puedo recorrer este camino?

Luego pasamos al momento del perdón que Pedro recibe:

 Jesús interroga a Pedro sobre el cariño, le hace el examen del amor. Jesús no le recrimina la supuesta traición, le está dando la oportunidad de reparar sus negaciones. Allí donde Pedro ha pecado le comunica su fuerza. Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia (Rm 5,20).

 Pedro responde con humildad, sin la fanfarronería del hombre viejo y creído: Tú sabes LO que te quiero (es decir poco, pues hace unos días te negué públicamente y tres veces). Tú sabes lo que no te amé. También sabes que deseo amarte más. Te amo, pero quisiera amarte más. Tengo deseos de deseos.

 El perdón se vuelve tarea. La fuerza que se comunica en la debilidad es para beneficio de los débiles y los pobres: “apacienta mis ovejas”. El perdón se hace confianza infinita en la tarea más delicada. De ahora en adelante será testigo fiel, presencia del Padre (Papa) y hermano en la Iglesia. Ya se lo había profetizado Jesús en Lc 22, 54: "Cuando te arrepientas, afianzarás a tus hermanos". Y es que cuando soy perdonado, Dios se fía de mí. La historia de mi seguimiento no disminuye en la primera semana, aumenta. Y la tarea se me confía no como se la dan a un obrero, sino como a un amigo al que le se pide colaboración: “ya no los llamo siervos sino amigos" (Jn 15, 15).

 Para poder llevar a cabo esta tarea sólo hay una condición: Déjate conducir (Jn 21,18). Otros -El, los demás, los pobres- te llevarán, te harán capaces de amar, abrirán tus brazos,

desbloquearán tus resistencias. Tú no podrás amar, no podrás ser radical, vivir en fidelidad, amar en generosidad... pero Otro y otros te llevarán a donde no puedes ir. COLOQUIO:

EE 63: Más que hablar mucho, se trata de mirar y sentir cómo me mira Jesús: conocimiento de como me ve desde dentro de El, como el primer día que llamó a Pedro (Lc 5): “apártatate de mí que soy un pecador”... “no temas, desde ahora serás pescador de hombres”.

2ª y 3ª ORACIÓN: CONDICIONES DEL PERDÓN.

1. QUE YO ME PERDONE.

Si yo no me perdono es difícil abrirme al perdón de Dios. Mi conciencia no lo es todo. La última referencia de mí y de mi vida la tiene Dios. Perdonarme no es negar mi pecado o querer justificarlo. Es decirme la verdad, pero desde el amor. El que no es capaz de misericordia consigo mismo, difícilmente será capaz de misericordia con los demás.

En esta oración quizá tenga que trabajar en mis condicionamientos psicológicos que ponen resistencias al propio perdón: la vinculación con mis heridas, mis mecanismos de defensa, mis falsas imágenes de Dios… ¿qué es lo que más me cuesta perdonarme? Muchas veces vivimos con proyectos severos de nosotros mismos. Y suelen haber nacido de una severidad exterior a nosotros o de una inseguridad original en nuestra vida.

Sentir que donde abundó el pecado, sobreabundará la gracia. Acudir al pozo más hondo de mi vida donde Dios ha dejado una huella imborrable, el pozo que me ha dado vida a lo largo de mi historia. Desde la gracia, el pecado se celebra: Pablo en su conversión puede decir sus pecados anteriores a ella, sin miedo; Ignacio comenzó su Autobiografía relatando todos los pecados de su vida.

Mirar más el proyecto de Dios sobre mí que mi pasado... Dios también lloró por Judas. Mirarme con esperanza, desde los ojos cariñosos del Padre, desde la mirada amorosa de María.

2. QUE YO PERDONE A QUIENES ME OFENDIERON. (Mt 5, 24; Mt 6, 36)

Poner aquí a los protagonistas conscientes o inconscientes de mis heridas. Los presentes y ausentes. Hacer una lista de estas personas, ponerme frente a cada una y pensar cómo los perdono. Aunque sabemos que el perdón es un proceso, ayuda decirle a cada uno “te perdono”. Detenerme en quienes más me cuesta perdonar (cfr. 1ª Jn 4, 20).

Tal vez sienta que tengo que perdonar incluso a Dios. Tal vez sienta que no lo he perdonado por lo que no me dio en mi vida anterior o por lo que me dio. Tal vez me pregunto ¿por qué no actuaste a mi favor? En realidad, El no es el culpable, sino los hombres. De lo único que le puedo culpar es de haber creado a los hombres libres.

3. QUE PERMITA A DIOS PERDONARME.

Tengo que dejar a Dios tomar el protagonismo de perdonarme. No soy yo quien logra el perdón. Es Dios. Hay que dejarle a El que tome la iniciativa. En el evangelio esta actitud se significa en saber acercarme a Jesús, ponerme delante de él, a sus rodillas como la pecadora en casa de Simón (Lc 7, 40).

Pablo dice en Rom 5,8 que Dios nos ha amado cuando éramos pecadores ¡allí está el misterio! Dejarle a Dios que tome ese gusto, que sea quien en verdad es. Ponerme en la escena del hijo pródigo mirando al Padre y dejarme abrazar.

Puede ayudarme también Isaías 62, 1-9. En todo caso, tengo que desbloquearme de mis conceptos de amor e imaginar a un Dios cuyo amor me supera. Por eso decía Tony de Mello: “¿cuándo un pecado está perdonado?… Antes de ser cometido”.

In document Sabiamente Ignorante (página 58-60)