• No se han encontrado resultados

TRES MANERAS DE HUMILDAD [EE 165-168].

In document Sabiamente Ignorante (página 112-114)

LA PRE-ELECCIÓN (EE 177-182)

TRES MANERAS DE HUMILDAD [EE 165-168].

Textos: Jn 15, 14. Jn 15, 4. Jn 5, 18. Jn 16, 4. Aclaraciones.

o Hay una pregunta subyacente a esta oración: ¿Es mi determinación deliberada seguir a Jesús? La determinación toca a una opción del amor y la libertad, es decir no sólo del conocimiento ni de la voluntad. Y a esa tercera cuestión trata de responder la Meditación de tres modos de humildad.

o Propiamente no se trata de una meditación, ni tampoco de una contemplación, sino de una consideración a juzgar por lo que se dice en el número 164. Es algo que he de considerar a ratos durante el día. No exige por tanto preámbulos, sino que el énfasis está en ver lo que se considera y sobre todo en el coloquio que se describe en el Nº 168.

o Para entender bien el contenido del ejercicio es importante entender que la palabra "humildad" en la época de San Ignacio era equivalente a "amistad". Tres maneras de humildad podríamos traducirlo como tres modos de amistad. Evidentemente se está hablando de tres modos de amar a Dios.

o En definitiva, en este ejercicio se trata de que yo considere cuál y cuánta es mi capacidad de amar a Dios, sea cual sea su voluntad. Lo difícil es que hay que hacerla antes de que yo sepa cuál es su voluntad, antes de saber el deseo del amado. Hay que decir sí previamente. Es como cuando se quiere en la distancia. Se está calibrando cuán cierto es aquello que dije en la oblación del Reino "es mi determinación deliberada". Se trata de que lo diga con profunda honestidad, que yo opte por donde quiera Dios que opte, pero con un plus: que Dios me llame a imitar a Jesús en el más alto grado de amistad, donde también es más difícil seguirle: “parecerme más actualmente a Cristo” en la persecución, en la pobreza, en la desnudez total. Como que el ejercitante dice: Yo estoy listo para seguirte en lo que Tú me digas, pero que sea siempre donde tenga la más alta configuración contigo, si es que Dios me lo permite, o como dice al final del Coloquio "si igual o mayor servicio y alabanza fuere a la su divina majestad".

o Esta consideración se entiende unida a todo el proceso anterior que sintéticamente se esbozaba en la oblación de la meditación del Reino: en Banderas Dios me puso lúcido acerca de cuál es el verdadero camino de Cristo y ahí me aclaré acerca del quiero. En Binarios miré bien mi voluntad, mi capacidad de entregarme y traté de aclararme si en verdad deseo. Ahora en el tercer modo de humildad se me pregunta acerca de mi opción, lo que yo desearía, cuál es mi determinación deliberada.

Lo que se considera.

Puede servirme de telón de fondo bíblico el capítulo 15 de Juan, el último discurso de Jesús a sus discípulos, en el que les habla del seguimiento.

o El primer modo de amor (EE 165), es un nivel donde el que ama a Dios entra en la órbita de la voluntad del amigo. Hace lo que el otro le manda. Es la posición de la que habla Jesús cuando dice en Jn 15, 14: Ustedes serán mis amigos si hacen lo que yo les mando. Hay un fuerte componente de fidelidad que no se negocia ni se tuerce por todo el oro del mundo, ni por el mayor poder humano. Entro en la voluntad de Dios, pero desde una voluntad amorosamente sumisa a sus mandamientos.

Para mostrar mi amor a Dios estoy dispuesto a cumplir a rajatabla los mandamientos y su voluntad. Aún lo de pecado mortal me mueve. Estoy "a lo que Dios me mande". Es un poco el primer nivel de amor que Jesús le presenta al joven rico: cumplir los mandamientos. Y el joven rico, responde "Todo eso ya lo he cumplido desde joven" (Mc 10, 20). No es poco este primer nivel. Hay una fidelidad en el obedecer lo que Dios y la Iglesia me piden.

o El segundo modo de amor (EE 166), presupone el primero y va aún más adelante. Aquí ya estoy dispuesto a cuidar aún aquello que suponga un pecado venial. Mi afecto, mi amor es tal que soy fiel no sólo en lo que está mandando, sino también en los deseos particulares que Dios quiera tener conmigo. Esta delicadeza de la amistad se da cuando estoy libre para lo que me pueda pedir, estoy dispuesto a vida larga o corta, salud o enfermedad, pobreza o riqueza... según lo que El quiera. Entro en la órbita de compartir con el amigo su vida. Eso sería en la línea de lo que se dice en Jn 15,4: "Permanezcan en mí, como yo permanezco en Uds". No se quiere romper la amistad por nada. Mi amor es tal que se hace indiferencia de Principio y Fundamento. Es lo de aquel discípulo que le dice a Jesús: "Te seguiré a donde quiera que vayas" (Lc 9, 57).

o El tercer modo de amor (EE 167) es superior, perfectísimo, dice San Ignacio. Ciertamente presupone los anteriores: cumplir normas y estar indiferentes, sin torcerme ni por dinero ni por poder. Pero hay un nivel superior: entro en la órbita de la intimidad y la identificación, “por parecer más actualmente a Cristo”. Trato de conocer sus gustos y preferencias y los hago míos. Y por eso estoy listo para lo peor que venga: “cuando el mundo les odie, recuerden que antes me odió a mí” (Jn 15,18).

Aquí es un amor que está dispuesto a ir más allá de la indiferencia del Principio y Fundamento. Está listo a romper la lógica. Yo para mostrar mi amor a Jesús elegiré siempre más pobreza que riqueza. Siempre me ubicaré en la radicalidad de la bandera de Cristo. Y eso "actualmente" o sea, de hecho, hoy y ahora; en esta sociedad dividida en empobrecidos y enriquecidos. Y eso, no porque yo ame la pobreza, sino porque amo a Jesús, "por imitar y parecer más actualmente a Cristo Nuestro Señor". Todo eso lo hago por El “que primero fue tenido por tal". Sería vivir esa frase de Pablo a los Gálatas: “ya no soy yo quien vive, sino Cristo que vive en mí”.

El Coloquio (EE 168).

Es como un coloquio que presupone la libertad: para el que desea alcanzar esta tercera manera de amor. Aquí lo que se pide en el Coloquio no es solamente lo que se pidió en Banderas y Binarios, sino se pide que el Señor me quiera elegir “en esta tercera mayor y mejor humildad”. Recordando siempre que es Dios quien llama y no yo quien voy a optar. El protagonismo le corresponde a El.

In document Sabiamente Ignorante (página 112-114)