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OBJETIVO DEL DÍA:

In document Sabiamente Ignorante (página 40-42)

PRIMERA SEMANA

OBJETIVO DEL DÍA:

 Se trata de ir entrando ya en el segundo círculo concéntrico del pecado en el que yo estoy más implicado. Captar en verdad lo que sintió David cuando Natán le dijo “ese hombre eres tú” (1º Sam 11), hasta poder decir con el salmo 51: Mi pecado está ante mí y yo lo reconozco.

 En el Principio y Fundamento descubrí la historia de los dones de Dios, la historia de la gracia de Dios en mí. Ahora se trata de descubrir la historia de mi desgracia. Ver mi historia de pecado.

 Se tratan de meditaciones. Por eso hay que implicar la memoria, inteligencia y voluntad. Y hoy muy especialmente la memoria: recordar mi vida. Es importante enchufar bien este día con el anterior: si pude mirar el pecado en el mundo... ¡ese mundo es mi mundo! De una u otra manera pueden existir formas de complicidad con el pecado en el mundo, pues yo soy parte de ese mundo que niega a Dios como Padre y mata al hermano.

 Yo he colaborado con el pecado de este mundo con mi pecado "de pensamiento, palabra, obra y omisión". Hay muchas maneras de colaborar con el pecado: a veces no he hecho nada exterior, pero mi pensamiento, mi deseo ya no es limpio ni de un cristiano. O quizá porque colaboro con un mundo de consumismo, sea por mi discurso acerca de la realidad ("uno piensa desde donde vive") sea por lo que no hice y debería hacer, con mi silencio e indiferencia ante la Cruz de Cristo...

 Todo pecado tiene mucho de alejamiento, de ruptura de mi condición de creatura en relación a Dios. Y en esa misma medida tiene de ruptura con relación al hermano. ¿Cuán importante ha sido en mi vida el Dios que me dio la vida, lo que tengo y lo que soy? Si bien es más fácil descubrir mi complicidad en la ruptura de la fraternidad, también es importante descubrir mi complicidad con la ruptura de la filiación. Cuando yo no vivo consecuentemente mi fe, colaboro con el ateísmo, aumento la ausencia de Dios en este mundo. Es aquello que decía el Che Guevara: si los cristianos hubiesen sido consecuentes con lo que creen ya hace muchos años que América Latina hubiera cambiado!.

El esquema de las oraciones es el del segundo Ejercicio de San Ignacio, pero solamente los números 55, 56 y 61.

- La oración comienza siempre con la oración preparatoria, que me pone en el rumbo adecuado: le pido a Dios que la oración que voy a hacer me haga más hijo, más hermano, más libre. El objetivo no es sentirme destruido (por ver mis pecados) sino irme construyendo como hijo de Dios y hermano de los hombres.

- El primer preámbulo es la composición de lugar. Es la misma que en el primer ejercicio, pero con un matiz más personal: ya no se trata de imaginar al mundo encarcelado y deshumanizado, sino se trata de mí. Rememorar imágenes, escenas de mi vida en la que se me vea sin libertad y deshumanizado. Y aquí es importante tener imágenes concretas.

- La petición (EE 55): Pedir crecido e intenso dolor y lágrimas de mi pecado. Hay un cambio en la petición, en lo que deseo recibir en este día (recordemos que hay que pedir lo que quiero y querer lo que pido). Aquí lo que pido es intenso y crecido dolor y lágrimas de mis pecados. Es intenso, va en aumento, aunque tal vez "la lista" de pecados va en disminución. Es intenso también porque va invadiendo mi día, y por eso es importante ver si me toca sumarme con alguna actividad de penitencia. Intensidad dice hondura, no sólo toca mi cabeza en su pura comprensión lógica, sino aún mis entrañas. Y es dolor: es algo que me molesta, que me turba, que no me cuadra. Tanto que puede llegar a somatizarse

externamente con las lágrimas. Porque el hombre es una unidad en su cuerpo y espíritu, este dolor puede llegar a agarrarme hasta las lágrimas.

- Por tanto, la gradación de las peticiones es así: primero San Ignacio pone vergüenza; la vergüenza brota cuando se corre la cortina y se ve lo que hay, se destapa lo que en verdad soy. Eso me hace avergonzarme. Pero hay un nivel ya más profundo: no sólo conozco mi pecado, sino que siento un dolor que va en aumento hasta que lo lloro por dentro, sin forzarme. Si se da el llanto externo, tengo que hacer bien el examen de la oración para ver si solamente es algo somático, algo sentimental y pasajero (psicológico), como los que lloran cuando van al cine o ven telenovelas y se identifican con el protagonista, o bien es un don espiritual, un regalo del Espíritu. Es decir, tengo que discernir si mi llanto es del Buen Espíritu, porque también existen lágrimas de desesperación como las de la Magdalena, que había perdido la esperanza de ver al Resucitado.

- Para los puntos de este día sólo vamos a tomar el número 56 de San Ignacio y el coloquio. El Nº 56 habla del proceso de mis pecados: por eso es importante poner a trabajar la memoria, el recordar mi vida pasada, "traer" ese recuerdo. Y dice S. Ignacio que para ello ayudará recordar "el lugar y la casa donde he habitado" (el mundo de mis relaciones conmigo mismo), "la conversación que he tenido con otros" (el mundo de mis relaciones con los otros), y "el oficio en que he vivido" (el mundo de mis tareas y responsabilidades... y omisiones).

- Pecado no necesariamente es que yo he roto con unas normas, con un código. Es algo más profundo. Tal vez no hemos quebrado ninguna norma, pero hemos roto con una amistad, la más profunda de nuestra vida, la de Dios. Y se rompe no sólo cuando se pelea, sino también cuando faltan detalles en la amistad, faltan signos, se rompe el diálogo o se queda uno en el puro cumplimiento de formas con el que era amigo (Ejemplo: las negaciones de Pedro, la cobardía de Pilatos).

- El Coloquio: ante todo hay que subrayar que Ignacio dice imaginando a Cristo en Cruz. No es sólo cuestión de tener ideas teológicas sobre el Crucificado, sino tener una imagen. Hay que construirse esa imagen o mirar una que me impresione... Las imágenes son una gran ayuda para la oración. Tal vez me ayude para este coloquio releer Mt 25: “Tuve hambre y me diste de comer...”, pero poniéndolo en presente y con signos de interrogación: ”tengo hambre ¿me das de comer, beber,… visitas al enfermo, recibís al forastero, vestís al desnudo?...” Y tal vez la respuesta sea como en el relato ¿cuándo te vi con hambre...? A veces sucede que ese es el pecado, que ni siquiera me puse a ver a Cristo que sufría en mis hermanos por estar ocupado en mis propios procesos personales, en mi auto-realización.

- Fíjense que aquí hay una pequeña modificación: "hacer un Coloquio de misericordia", dice el Nº 61, “razonando y dando gracias”. Entonces el centro del coloquio no es tanto mi pecado sino que hay un cambio, es Dios que me ha salvado y me ha dado vida. Hoy, el centro del Coloquio era lo que yo hice, hago y haré. Mañana, el centro es lo que Dios ha hecho por mí. Y entonces de ahí brotará mi reacción agradecida. Porque Dios rechaza absolutamente el pecado, pero ama infinitamente al pecador...

- Dios perdona y borra nuestro pecado, pero sus huellas quedan en la historia. Pensemos en la huella imborrable de los 500 años de explotación de América Latina, la deuda externa de nuestro país, o el colonialismo en África. Lo mismo a nivel personal: lo que hice mal o lo que no hice, dejó sus huellas; así como lo que hicieron mal en mí ha dejado su huella en forma de herida.

- La batalla contra el pecado no termina con llorarlo. Termina en el perdón de Dios. Y ese perdón se traduce en una misión. Quien nos perdona nos da una tarea: luchar, con Jesús, para que los hijos no sean Crucificados. La conclusión no es pues algo romántico, sino una tarea histórica. Nos invita a bajar de la cruz a los crucificados y comprometerme por acabar con un mundo de violencia e injusticia.

- Y dice San Ignacio que ayudará terminar con el Anima Christi. Es una oración medieval que Ignacio hizo suya. Es importante orarla en clave histórica: No permitas que me separe HOY de Ti que sufres.

In document Sabiamente Ignorante (página 40-42)