... “Mas todos nosotros que con el rostro descubierto contemplamos como en un espejo la gloria del Señor, nos vamos transformando en esa misma imagen, cada vez más gloriosos conforme a la acción del Señor que es el Espíritu" (2ª Cor 3, 18).
A una nueva semana, la 2ª, le corresponde una nueva manera de orar: la contemplación: el primer día y primera contemplación es de la Encarnación (EE 101). De ahora en adelante, el modo normal de orar hasta el final de los Ejercicios será la contemplación, salvo en algunos casos Ignacio nos pedirá volver a realizar algunas meditaciones o "consideraciones". Pero ¿qué es contemplación?...
Aclaraciones previas:
1. Recordemos ante todo el esquema del día ignaciano: - 1ª oración a medianoche: 1ª contemplación. - 2ª oración al amanecer: 2ª contemplación.
- 3ª oración: repetición de la 1ª y 2ª contemplación. - 4ª oración: repetición de la 1ª y 2ª contemplación.
- 5ª oración, repetición de la 1ª y 2ª contemplación... ¡aplicando los sentidos!
De modo que el ritmo de la oración va siguiendo como el del sol y la
naturaleza: cuando más limpio estoy, más puede trabajar la imaginación
construyendo imágenes. A medida que avanza el día, en las repeticiones se
van haciendo retoques a lo pintado. Al atardecer, al concluir el día, la
imaginación se reposa mirando todo el cuadro pintado y así va quedando
como un resumen.
2. Ante todo, la contemplación no es meditación. Tampoco es contemplación platónica ni abstracción filosófica. En general es una oración más del afecto, del corazón. Debo retirar las tres potencias que puse a trabajar en la meditación (memoria, inteligencia y voluntad). Por eso es importante darle ese tono general a la relación con Jesús, en estos días. Huir del discurso o de empezar por el autoanálisis. En general la gente piensa que la espiritualidad ignaciana está dominada por la fría meditación, puro ejercicio de entrar y entrar en la profundidad del pensamiento. Nada más falso. Lo que más predomina en los Ejercicios son las contemplaciones. Ignacio es hombre del Renacimiento e incorpora a su espiritualidad toda la sencillez de orar desde el cuerpo. Lo difícil de la contemplación es –justamente- que es sencilla, parece hasta ingenua e infantil. En general, podríamos decir que la oración de meditación sólo es el arranque, es como para la primera semana donde el ejercitante aún está "interiormente frío", sólo puede usar lo que más tiene a la mano para acercarse a Dios: sus primeras potencias, más frías, la memoria, la inteligencia y la voluntad. La contemplación indica un paso adelante en el proceso de la maduración espiritual: mayor atención, mayor salida de mí mismo e interés por lo que Dios me quiere decir.
3. En el fondo todos llevamos un poco de aquellos primeros herejes de los orígenes de la Iglesia que negaban la humanidad de Jesús. El Jesús que llevamos dentro no tiene rostro, no habla... El pueblo nos enseña a contemplar: ¿cómo imaginar una capilla sin la imagen del patrono o de la Virgen, o un vía crucis sin una cruz, o una procesión sin una imagen? Los intelectuales han hecho a Dios un “Algo”, el pueblo nos educa la fe para volver a convertirlo en “Alguien”. Es una purificación de ídolos de Jesús.
4. Siempre que vaya a la oración, antes de entrar en ella tendré presente a dónde voy y a qué. Esto quiere decir que me ubique en el momento de los Ejercicios que estoy
viviendo y en concreto, en el momento del seguimiento en el que voy. Pero a la vez, eso supone tener bien presente de dónde vengo, es decir por dónde me está conduciendo Dios, según me haya mostrado el examen de la oración anterior. En ese sentido no es tan importante el ir siguiendo paso a paso las hojas de los puntos, pues si en alguna contemplación encuentro alguna luz que debo interpretar y leer, de allí debo retomar hasta dejar que Dios me muestre lo que me quiere decir. Y al encontrar algo que no entienda, he de preguntarle a El, como los discípulos a Jesús, qué se les quería decir.
Organización de la contemplación.
o El punto cero, el punto de partida será siempre la oración preparatoria (EE 46) que siempre me pone en el rumbo del Principio y Fundamento: que lo que yo vaya a hacer me ponga en el contexto de buscar y realizar, ya desde ahora, y por encima de todo, la voluntad de Dios.
o Después pondré los tres preámbulos:
1. El primer preámbulo es "traer la historia" (EE 102). Se trata de reconstruir la historia de lo que contemplo a partir de los datos bíblicos o de los que Ignacio me da en el libro de los Ejercicios. No se trata de inventarla, sino de venir a lo ocurrido. El centro de la contemplación es el Misterio revelado en Cristo, Verbo hecho carne. Para ello ayudará el leer detenidamente y varias veces el pasaje que quiero contemplar de la Biblia, sacar la foto del álbum, tratando de ser fiel a la historia de lo que ocurrió. Es importante saber leer el Evangelio como si nunca lo hubiéramos leído o escuchado. Algo así como aquella práctica de "revitalización" de los monjes budistas tibetanos cuando se quedan largos tiempos en lo alto del cerro mirando el cielo y luego bajan paso a paso por la ladera mirándolo todo como si por primera vez lo vieran. Muchas veces creemos que conocemos el Evangelio, pero no es así. Todo el mundo habla de los Reyes Magos pero Mateo sólo habla de Magos, no de Reyes. Todo el mundo dice que Pablo se cayó de un caballo, pero él sólo habla de caerse al suelo... Y así en otros casos... 2. El segundo preámbulo es "la composición de lugar" (EE 103). Es decir yo tengo que
componer la escena, re-crearla, reconstruirla desde los datos que la Escritura me ofrece. A veces me lleva bastante tiempo. Ese preámbulo ya es oración porque el modo como Dios me lleva a fijarme en alguna parte de la escena ya es una indicación de las áreas que Él quiere reconstruir en mi persona. En realidad solemos creer que somos nosotros quien reconstruimos la escena, pero ya es Dios quien dirige la cámara de vídeo hacia donde Él considera que debemos mirar más. Si no hay composición de lugar, la imaginación vuela en el vacío; cuando hay composición de lugar hay menos distracciones, porque cuando se me va la fantasía, fácilmente puedo volver a la oración volviendo a la escena.
3. El tercer preámbulo es formular la petición (EE 104). La petición es la que enrumba la oración, la pone en búsqueda de algo, no la hace simple pasatiempo, sino persistente interés en alcanzar algo. Y la respuesta a mis peticiones se me da en acción: en el modo como yo soy conducido por Dios. Como en el AT, como en la vida de Jesús, Dios prefiere actuar a través de signos históricos o biográficos, mas que a través de discursos de ideas. El modo como actúa en la historia de mis oraciones es el modo como me conduce y como me pide conducirme. Si Dios me tiene largo tiempo esperando, se me está indicando que espere. Si en esa espera, yo tiendo a dialogar con el temor, se me está diciendo que espere siendo fiel ante la tentación del temor.