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El abandono de la perspectiva fenomenológica: Marx y Weber

2.2. Löwith: una historia de éxito

2.2.2. Filosofía y teología: secularización

2.2.3.2. El abandono de la perspectiva fenomenológica: Marx y Weber

Pronto se dio cuenta Löwith de que la comprensión del Mitwelt exigía incluir la reflexión sobre la fuerza objetiva de la estructura social, así como su historia.199 Su (pre)ocupación por el destino del ser humano en la época moderna requería una ampliación hacia lo social, que acometió en el texto sobre Marx y Weber, publicado en 1932 en la legendaria revista Archiv für Sozialwissenschaft und Sozialpolitik.200

Después de su escrito de habilitación, que como hemos señalado no tiene una continuación en cuanto a su estilo,201 Löwith comienza a emplear sistemáticamente uno de sus recursos favoritos: intentar mostrar la verdad de un tema mediante la comparación del pensamiento de dos o más autores, concebido como un juego teatral de diversos personajes, en virtud del cual se pretende revelar la verdad de la obra (o tema). Löwith juega a ese juego con Marx y Weber con objeto de demostrar que, si no en sus fines, al menos sí en sus motivaciones el tema fundamental de ambos era el ser humano; es decir, como filósofos202 de la época posthegeliana, que lanza a todo pensador hacia

199 Löwith, K., Mi vida en Alemania..., p. 170.

200 En esta revista se habían publicado las dos partes de La ética protestante y el espíritu del capitalismo. Lamentablemente, cerraría al año siguiente, et pour cause (1933).

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Puede ser considerado como un ejercicio de introyección de la praxis gremial filosófica que, cual capullo, abandona una vez ha sido empleada.

202 Löwith (Max Weber y Karl Marx, Gedisa, Barcelona, 2007, p. 37) eleva la condición de ambos a filósofos. Hoy esta afirmación no nos dice nada, pero considerar en 1932 que Weber tenía oído para la filosofía (ante la que parece ser tenía tanto oído como para la religión), y que Marx, el profeta del comunismo soviético, era un filósofo a la altura de Platón, Agustín de Hipona o Hegel, le supuso muchos problemas y graves malentendidos. Con posterioridad se ha demostrado que en este gesto de inclusión Löwith fue un pionero. Pero en su época fue considerado como un excéntrico por impartir docencia sobre autores posteriores a Hegel (y más, sobre Marx) y por considerar filosóficamente al Nationalökonom que era Weber. El propio Heidegger contemplaba extrañado los intereses de su primer discípulo y, en una carta de abril de 1932, despachó rápidamente este escrito felicitándole a Löwith por un trabajo sobre autores que él desconocía: "Ya que no conozco a Marx ni a Weber (a excepción de la Ciencia como vocación y algunos ensayos metodológicos), no soy capaz de tomar posición. Encuentro de todos modos

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las aguas de la antropología, ellos también sucumbieron a la tendencia antropologizante del pensamiento.

Se tratará de aquí en adelante, por lo tanto, de lo siguiente: de mostrar, a través del análisis comparativo del motivo de investigación básico de Weber y Marx, lo común y la diferencia en su idea del ser humano, como fundamento de la economía y la sociedad. [...] Su idea del ser humano no ha sido, ni para uno ni para otro, el fin consciente y expreso de sus investigaciones, pero sí su motivo originario. El tema explícito de las investigaciones científicas de Marx y Weber es el capitalismo. El impulso para su investigación es, sin embargo, la pregunta por el destino humano del mundo presente de los seres humanos, para el cual el "capitalismo" es la expresión característica de su problemática203

El interés de la obra de ambos radica para Löwith en que allí se introducen nuevos saberes (economía, sociología, estructura social, antropología, etc.), habitualmente despreciados por los filósofos de la pura conciencia y del puro análisis existencial, y que, sin embargo, son imprescindibles para el análisis del Mitwelt y de toda propuesta antropológica. Ante este descubrimiento, en parte asociado a su puesto en Marburgo como profesor dedicado a la antropología y las ciencias del espíritu, abandona Löwith el análisis fenomenológico; y no sin motivo.

Löwith se percata de que la época demanda antropología y que ésta exige prestar atención al poder que se ha convertido en nuestro destino: la economía y, sobre todo, el capitalismo. La comparación entre Marx y Weber es magistral, presentando las diferencias entre ambos: mientras que Marx propone una terapia, Weber, más comedido, propone "únicamente" un diagnóstico; mientras que Marx pretende denunciar la (auto)alienación, Weber describe la racionalización inevitable; mientras que en Marx late la voluntad de intervenir en el presente y en el futuro, Weber

que aquí usted, igual que en su escrito de habilitación, se ha sumergido a fondo en la cuestión y ha tenido también la sensibilidad para hacerlo" (citado por Donaggio, E., Op. cit., p. 97).

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discrimina las profesiones del político y del científico y prohíbe al segundo que intervenga en política haciendo pasar sus opiniones por verdades científicas comprobables; mientras que Marx se permite, sobre todo en su juventud, cierto tono profético, Weber, aquí como buen hegeliano, se prohíbe cualquier coqueteo con el profetismo. En un mundo en el que la economía ha devenido destino, Löwith elogia la penetrante capacidad analítica de Marx y Weber, pero se siente igualmente alejado de ambos. El relativismo existencial de Weber la parece tan insostenible como la teleología histórica de Marx.204 Su "Max Weber y Karl Marx" se trastoca en "ni Max Weber ni Karl Marx". Pero Löwith plantea una salida, que se zafa de las propuestas burguesas de Weber y de las propuestas revolucionarias de Marx, en nombre de un aristocratismo defensor de la libertad individual (aunque sólo de algunos egregios individuos) enfrentado a las tendencias democratizantes, y reivindicador de la naturalidad del ser humano: una postura ejemplificada a la perfección por Burckhardt:

Contra lo irrefrenable de la racionalización burocrática se puede preguntar, según Weber, cómo sería posible aún, vista esta tendencia omnipotente a la racionalización de la vida completa, salvar algún resto de un movimiento de libertad individualista, en algún sentido. Sin embargo, ese movimiento de libertad es el que él, en verdad, no ha "salvado", sino que constantemente ha combatido, casi por el gusto de la lucha misma. Un hombre como Jacob Burckhardt la salvó, a través del regreso consciente a la esfera "privada" y la cultura de la "vieja Europa", y casi lo ha hecho también un estudioso como E. Gothein. Por el contrario, Weber combatió constantemente esa libertad, en tanto tomó posición ostentosa y precisamente en ese mundo, para actuar en él contra él, en una "acción de dolorosa renuncia".205

Como veremos más adelante, Löwith encomia la retirada casi monástica en la vida privada del individuo sabio, desorientado por las tendencias democráticas modernas, capaz de salvar los bienes culturales europeos de las plebeyas pasiones de las masas

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Löwith, K., Mi vida en Alemania..., p.185: "El relativismo existencial de Weber en relación con la libre elección de un valor supremo me parecía tan insostenible como la tesis marxista del ser humano como ser perteneciente a una clase social, y cuyo deber es seguir la tendencia de la historia universal."

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desenfrenadas. Para Löwith, las propuestas de Marx y Weber pretenden amoldarse a la realidad de la sociedad democrática de masas, y son por ello erróneas. Löwith predica ese retiro mundano típico, como veremos, del círculo suizo de Basilea.

En todos los textos antropológicos de la época de Marburgo,206 Löwith intenta pergeñar una nueva antropología caracterizada por el naturalismo (Feuerbach) y el escepticismo (Burckhardt). A diferencia de la antropología burgués-weberiana, filosófico- existencialista, proletario-marxista, religioso-cristiana o religioso-judía, mancomunadas en su rechazo de la naturalidad del ser humano, Löwith busca una antropología no cristiana que suprima los presupuestos del cristianismo y vuelva a pensar la naturalidad del ser humano, así como su anclaje en una realidad tan irracional como es la vida. Las antropologías previamente mencionadas son para Löwith erróneas: definen al ser humano en tanto que cristiano o judío (el ser humano es humano porque ha sido creado a imagen y semejanza de la divinidad), en tanto que existencialista (el ser humano es humano porque debe tomar una decisión o estar resuelto) en tanto que revolucionario ("el género humano es la Internacional"; de donde se deduce que fuera de la Internacional no hay género humano), en tanto que burgués (el ser humano es humano porque vive azacaneado por el bullicio de la alienante vida económico-capitalista). Ni rastro de la naturalidad sugerida por Nietzsche, Feuerbach y Burckhardt.