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El sinsentido de una "historia universal" y la miseria del historicismo

3.1. Una teoría de la Antigüedad

3.1.2. Una Antigüedad histórico-política

3.1.2.2. El sinsentido de una "historia universal" y la miseria del historicismo

315 Löwith, K., El hombre en el centro..., p. 139: "La problemática filosófico-histórica se nutre precisamente de los restos de una doctrina escatológica que se ha vuelto mundana y finita".

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La "historia universal" es para Löwith un concepto erróneo. La historia universal propiamente dicha es la historia del universo, no la historia del ser humano, que es un minúsculo fragmento de aquél.316 La desproporción entre lo histórico-humano y lo histórico-universal317 es tan evidente para él que le resulta extremadamente cómico que el ser humano considere su propia historia como si fuera universal. ¡Qué alta consideración de sí mismo y de su lugar!

Si la tierra tuviera 24 horas, los seres humanos llevarían 1 minuto y 17 segundos sobre ella. De acuerdo con el calendario cósmico de Carl Sagan, si comparamos la historia del universo desde el Big Bang hasta nuestros días con un calendario anual de 365 días, los primeros seres humanos aparecerían a las 22:30h del 31 de diciembre.318 Löwith no llegó a utilizar tales comparaciones,319 pero ilustran bien el sentido de su constante admonición sobre la insignificancia del ser humano ante la grandeza del cosmos. Lo verdaderamente digno del pensamiento es el cosmos, no las vicisitudes políticas o "histórico-universales" del ser humano, que siempre siguen un mismo patrón de ascenso y decadencia, como las de la vida de todo ser humano y toda comunidad humana. Y, sin embargo, no es sólo una cuestión de tiempo. Si ese fuera el caso, alguna forma de historicismo vencería. Se trata también de una cuestión de extensión espacial. Comparados con el universo en expansión, la Tierra, el Sistema Solar, la Vía Láctea y las estrellas que vemos de noche en el cielo son una parte extremadamente pequeña del mismo. No sabemos ni tan siquiera lo que desconocemos: en el improbable caso de que la vida humana perdurara varios miles de años y aumentaran nuestros conocimientos sobre el universo, nuestros debates actuales sobre el Big Bang, sobre la existencia de vida extraterrestre, sobre la teoría de cuerdas o sobre las soluciones a la paradoja de Fermi les resultarán tan ingenuos a nuestros descendientes como nos parecen a nosotros

316 SS 2, p. 319: "Die uns bekannte Weltgeschichte von einigen Jahrtausenden ist ein Verschwindendes im Ganzen des physischen Universums und seiner unhistorischer "Revolution"."

317 Tiempo humano y tiempo cósmico de acuerdo con Blumenberg.

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Carl Sagan en la serie Cosmos: a personal voyage, emitida en 1980. El título habría hecho las delicias de Löwith, así como el proyecto en general.

319 Ambas presuponen la aceptación de la teoría del Big Bang, sobre la que parece que Löwith no se pronunció, aunque consideraba que el mundo es eterno y no tiene principio ni fin

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los debates sobre las esferas, los deferentes y los epiciclos, o las disputas sobre el geocentrismo. Löwith, de forma coherente con su reivindicación de la filosofía escéptica, bien podría haber recurrido al tópico del "nada se sabe" de Francisco Sánchez, porque es cierto que sobre cuestiones cosmológicas no sabemos nada. La existencia del ser humano es tan ínfima que resulta ridículo pensar que su efímera presencia sobre la tierra pueda ser “traducida” como una historia universal.

Una vez admitido que desde el punto de vista cósmico la "historia universal" es un contrasentido, Löwith persiste en su burla del concepto "historia universal". Si tan "universal" es la "historia", resulta dramáticamente chocante que sea un concepto tan reciente, una invención del siglo XIX que apenas tiene poco más de ciento cincuenta años. Posiblemente se riera Löwith de ese humilde historiador que cree haber descubierto que la historicidad constituye la vía de acceso privilegiado a la verdad, sin darse cuenta de la historicidad de su afirmación sobre la historicidad de todas las cosas. Dicho de otro modo: el historicismo es un producto igualmente histórico, relativo a una época y a una determinada situación histórica. A fin de cuentas, lo paradójico de la tesis del historicismo de que todo pensamiento está históricamente condicionado es que contradice su propio principio sobre la relatividad de lo histórico. Especialmente aguda es su crítica del historicismo como dogmatismo encubierto.320 La reconducción de toda afirmación a su contexto histórico y la relativización de toda aspiración de verdad como verdad sólo de su época es el más refinado producto dogmático jamás inventado. Según Löwith, el historicismo absolutiza su propio relativismo; un relativismo que emplea como arma crítica frente a cualquier afirmación, a la que acusa de absolutismo si no reconoce su relatividad histórica, mientras que es el supuesto relativismo histórico el que defiende la posición más absolutista posible bajo la retórica de la protección del relativismo. Es como si alguien afirmara que "nada es verdad" sin darse cuenta de que esa es una proposición que aspira a ser verdadera. El historicismo es para Löwith aquel niño o niña dueños de la pelota de fútbol que se llevan la pelota a casa cuando los demás no admiten sus instrucciones de cómo ha de ser el juego.

320 Poco tiene que ver la crítica de Löwith con la crítica de Popper al historicismo, publicada igualmente en los años cuarenta.

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Y aun así, el problema más grave para Löwith no es que el historicismo sea incapaz de reconocer su propia historicidad y su absolutismo respecto a una verdad que se relativiza en y por la historia misma, sino que tampoco se da cuenta de que funciona como una creencia: el historicismo es la fe de los modernos intelectuales que ya no tienen más dioses a los que rezar y se encomiendan al devenir histórico, de por sí más allá de razón y sinrazón, como fuente de verdad. Dado que se consideran a sí mismos como los grandes relativistas de toda verdad, los historicistas tienen graves dificultades para reconocer el componente fideístico que se encuentra en el fundamento de su praxis. Si absolutamente toda afirmación y toda verdad están condicionados históricamente, la historia se convierte en la fuente última de toda afirmación y toda verdad. La historicidad se convierte en ese agujero negro del pensamiento en el que todo se desintegra pero del que nada surge.