• No se han encontrado resultados

El ser humano es humano porque es natural

1.3. La filosofía del mundo-naturaleza

1.3.2. El ser humano es humano porque es natural

La principal premisa de la filosofía de la naturaleza de Löwith es que existe mundo sin ser humano, mientras que el ser humano es impensable sin el mundo. Por lo tanto, cualquier antropología depende de una cosmología previa para fundamentarse plenamente. Y en esta afirmación Löwith conecta con la filosofía antigua, pues ningún filósofo griego o romano pensó que la investigación de la unidad y totalidad de los seres de la naturaleza habría que partir de la autoconciencia del hombre o de su ser más propio. Löwith quiere que la filosofía vuelva a pensar seriamente la Naturaleza y el carácter natural del hombre. Para eso es preciso fundamentar la filosofía en una cosmología de la que se deduzca una antropología y no al revés. Ese, sin embargo, es el camino de todo el pensamiento bíblico, que eleva al ser humano por encima del mundo, bien en conexión con una divinidad trascendente (pensamiento bíblico original), bien en una soledad existencialista que hace del individuo (o de la conciencia, de la existencia, de la finitud, etc.) el alfa y el omega de la filosofía (pensamiento bíblico secularizado moderno). Löwith dirige sus flechas contra aquellos que, sin referirse directamente a la doctrina cristina, no buscan la esencia del ser humano en la naturaleza, sino que la buscan en otro sitio. Según Löwith, ese otro sitio retrotrae a la filosofía a un pensamiento que hace del ser humano un alienígena que nada tiene que ver con un entorno o mundo que le hace ser lo que es. El ser humano queda definido como un ser no natural, y que es humano por sus especiales características (es el único animal racional, el único que conoce el universo, el único que crea sus propias condiciones y puede modificar la historia, etc.). Estas filosofías, que funcionan como si Dios no existiera, mantienen el privilegio, de origen bíblico, que hace del ser humano una excepción. Habitualmente, este tipo de descripciones hacen del ser humano un animal que tiene que tomar una decisión con respecto a lo que puede llegar a ser (para bien o para mal), como si su esencia dependiera de su voluntad y no de su naturaleza. Y ahí interviene otra vez el pensamiento bíblico. La crítica de Löwith a Heidegger (así como a

74

Haeckel y Scheler97, que hacen que la esencia del ser humano dependa de una decisión) se apoya en su continuidad con los absurdos presupuestos bíblicos: el ser humano es humano porque es creado, porque es cristiano, o porque es heideggeriano, haeckeliano o scheleriano. Para Löwith, todos estos pensadores anteponen la pregunta por el ser humano a la pregunta por el mundo: antropologizan la filosofía, en un movimiento que empieza con el pensamiento bíblico. La filosofía moderna es para Löwith demasiado antropocéntrica....

Según Löwith, el ser humano es un animal que forma parte del mundo, que ocupa un lugar en él siguiendo un orden, que dicho con los antiguos es "la jerarquía de los seres naturales" y que dicho con Darwin es "la evolución natural". En todo caso, el ser humano pierde sus privilegios bíblicos en el pensamiento de Löwith. La filosofía no sólo debe cortarle la cabeza al rey (suprimir a Dios), sino también el especial puesto del hombre en el cosmos (según el famoso título de Scheler). Es preciso suprimir de raíz los presupuestos bíblicos, pues de lo contrario seguiremos sin hacer verdadera filosofía. Para Löwith, hoy sigue triunfando el pensamiento bíblico, que hace del ser humano un animal excepcional, esencialmente diferente al resto de seres vivos. La gran filosofía del siglo XX (desde Husserl a Heidegger y a Sartre, pasando por el marxismo en todas sus variantes, el historicismo, el pensamiento cristiano o la hermenéutica) no piensa la animalidad del ser humano, su carácter esencialmente natural, como si Darwin y la moderna biología no hubieran existido y sin prestar atención a lo más granado del pensamiento antiguo. En el marxismo, en el existencialismo o en la fenomenología alemana que conoció Löwith, se volvió a perder el mundo de la vida, de la animalidad, de la naturaleza y del ser humano de carne y hueso. Por eso Löwith reivindica la investigación filosófica de las actividades "naturales" que realiza todo ser humano vivo: respirar, dormir, alimentarse, etc. Y, sobre todo, nacer y morir. No sólo la muerte, como enfatiza el Heidegger de Ser y tiempo, sino también el nacimiento98, así como el suicidio.

97

Löwith, K., El hombre en el centro..., pp. 181-183.

98 Cfr. Sloterdijk, P., Venir al mundo, venir al lenguaje. Lecciones de Frankfurt, Pre-textos, Valencia, 2006.

75

El ser humano es un animal que nace y muere. Tan pronto como nace, ya es lo suficientemente viejo para morir. Y ambos procesos son absolutamente independientes de la voluntad del ser humano. Son acontecimientos que ocurren sin más. Al igual que otros procesos fisiológicos como respirar, alimentarse, dormir, orinar o excretar, que son procesos naturales que realiza todo ser humano viviente. Es cierto que, por ejemplo, uno puede dejar de alimentarse voluntariamente, pero esto precisamente demuestra que la alimentación es una condición indispensable para la vida humana, es decir, que es un proceso natural que no depende del ser humano, pues no existe un ser humano que no respire, se alimente, duerma, orine o excrete. Además, existe una serie de acontecimientos comunes a todos los seres humanos, vinculados habitualmente a las comunidades de pertenencia de los individuos, y que son precisamente aquellos acontecimientos que las religiones (y sobre todo las religiones pre-monoteístas) tienden a sacralizar: el nacimiento, la alimentación, el baño, la sexualidad, el juego, el sueño, la procreación, la guerra, la muerte, etc. Son acontecimientos que suelen estar sujetos a prescripciones y rituales.99 También existen acontecimientos naturales venerados: salida y puesta del sol, la luna, el agua, la tierra, el fuego, el aire, los bosques, los manantiales, los océanos, etc. Acontecimientos todos ellos a los que las religiones pre-monoteístas tienden a otorgar una divinidad.

Nos creemos desligados de la naturaleza, pero somos extremadamente dependientes de procesos en los que habitualmente no paramos mientes: "la coordinación de nuestro movimiento corporal y de la orientación con el campo gravitatorio de la Tierra por medio de un órgano concreto localizado en el oído interno se produce de una manera tan inconsciente como la orientación de las aves migratorias por la posición cambiante del sol".100 El mundo de la naturaleza es devastador con el ser humano, pues no lo necesita. Que el ser humano crea que es necesario para la naturaleza es realmente cómico. Además, la hiperespecialización de la época moderna ha hecho que, precisamente en la época del mayor desarrollo tecnológico, sepamos menos de nuestras condiciones de

99

Las religiones sacralizan esos acontecimientos naturales que reúnen a los seres humanos: no sólo el nacimiento y la muerte, sino también el paso a la madurez, la sexualidad, los oficios, los ciclos astrológicos, etc.

76

vida que un troglodita. Cuanto más domina el ser humano la naturaleza y menos natural se considera a sí mismo, tanto más le domina ésta.