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Agente hasta el final

In document Posada Carriles Cuatro décadas de terror (página 172-177)

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uis Posada Carriles trabajaba activamente para la CIA en febrero de 1976, en Caracas, a unos me- ses del sabotaje de la aeronave de Cubana de Aviación, aunque la Compañía intentó luego encubrir esa rela- ción mediante un documento engañoso.

Lo confirma un documento de la Dirección de los Servicios de Inteligencia y Prevención (Disip) de Ve- nezuela, que describe las actividades del terrorista du- rante el gobierno de Carlos Andrés Pérez; el informe desclasificado define claramente el nivel de las rela- ciones que mantenía entonces con la Embajada norte- americana en la capital venezolana.

Hasta ahora, las autoridades estadounidenses nun- ca han admitido expresamente el verdadero estatus de Posada en relación con la CIA cuando ocurrió el aten- tado, el 6 de octubre de 1976, que provocó la muerte de 73 personas, salvo al desclasificar escasos elemen- tos de información que fueron difundidos con el pro- ¿Para quién trabaja Kiszynski? ¿Quién se esconde

detrás de sus actividades? ¿A quién mantuvo informa- do? ¿Qué intereses representa? Y, más aún, ¿quién en la prensa “libre” de EE UU tendrá el valor de investigar el caso de este agente demasiado especial que Luis Po- sada califica de “muy buen amigo”?

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pleado del sujeto (Posada), ciudadano Adolfo Reyes Mejías (a) Hernán”.

Según el texto, el tal Hernán usaba el cargo que mantenía en la Inspectoría Nacional de Identificación y Extranjería “para facilitar las investigaciones efec- tuadas por la agencia que dirige el sujeto, la cual está situada en el edificio Majestic, piso 7, oficina-aparta- mento 78”, en la céntrica avenida Libertador.

Se trata, por supuesto, de la Agencia de Investiga- ciones Comerciales e Industriales (ICICA), que Posada había creado en junio de 1975.

En el segundo punto, el agente “A-12” define: … el sujeto cuenta con la cantidad de trein- ta y seis (36) empleados, los cuales realizan investigaciones, seguimientos, controles de teléfonos, penetración a domicilios con ayuda de equipos modernos de cerrajería, etc. Varios de estos equipos fueron apro- piados indebidamente y son propiedad de la Disip. Estos equipos se los robó el ciuda- dano Adolfo Reyes Mejías.

pósito ahora evidente de descartar la responsabilidad de la Agencia en el acto terrorista.

Fechado el 26 de febrero de 1976, el documento se encuentra redactado en una planilla titulada “Informe del agente” y lleva el número de control 00314.

En el primer cuadro superior, precisa textualmente:

Sujeto: LUIS POSADA CARRILES (a) EL BAM- BI, C.I. 5.304.069.

Lugar: Caracas.

Asunto: INFORMACION SOBRE EL SUJETO, AGENTE DE COPEI Y DE EE UU.

El texto está escrito a máquina y lleva, en su par- te inferior, en el cuadro titulado “Clave del agente”, la mención “A-12”.

En el primer punto, se explica que “se tiene infor- mación” de que Posada está realizando investigaciones para la ubicación de un inspector de la Disip, “específi- camente el domicilio de éste”.

Se precisa que “el sujeto ha amenazado de muerte al ciudadano William Casas ya que éste hizo una de- nuncia de chantaje y extorsión realizado por el em-

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Acerca del carácter oculto de las actividades de Po- sada y de su agencia de investigación, el documento desclasificado de la Disip, en un cuarto punto, precisa entonces: “Se tiene la información de que el sujeto rea- liza trabajos especiales para la Embajada Americana, específicamente para la CIA, ya que lo tienen calificado como mercenario”.

Y añade una “nota” que señala toda la importancia del asunto reportado: “Con relación al presente infor- me, el inspector (nombre tachado) desea hablar perso- nalmente, sobre otros puntos, con el coronel jefe de la División de Seguridad Interior”.

Según documentos desclasificados, en mayo de 2005, por el Archivo Nacional de Seguridad de la Uni- versidad George Washington, Luis Posada Carriles fue reclutado por la CIA mientras se encontraba en el Ejér- cito norteamericano, entre 1963 y 1965. Sin embargo, otras fuentes sitúan su vinculación con la agencia cuan- do se le recluta como operativo de la Operación 40, que reúne a todo un grupo de matones especialmente adiestrados, paralelamente a la fracasada invasión de Bahía de Cochinos (Playa Girón), en abril de 1961.

En el curso de 1976, Posada y su agencia de inves- tigaciones estuvieron vinculados a toda una serie de Enumerando, en un tercer punto, nombres de co-

laboradores de Posada, identifica a Joaquín Chaffardet Ramos, el abogado venezolano que fue el único testigo de la Fiscalía en el juicio de Luis Posada Carriles ante un juez de Inmigración, en El Paso, Texas.

Menciona también a “Hermes José Rojas Peralta, C.I. 3.185.945”. Increíblemente, Rojas ha ocupado hasta el año 2004 el puesto de director de la Policía del estado Miranda, y era la mano derecha del gobernador golpista Enrique Mendoza. Ambos fueron barridos en las elecciones del año 2004.

Se supo también, 30 años más tarde, que este si- niestro personaje trabajó bajo las órdenes de Luis Po- sada Carriles durante las operaciones que conducirían al derrocamiento y la muerte del mandatario chileno Salvador Allende.

Mantiene en la actualidad relaciones con los cír- culos terroristas venezolanos y cubanoamericanos de Miami, incluso con Rodolfo Frómeta, quien dirige al grupo paramilitar Comandos F4, tolerado por el FBI. Frómeta era uno de los más locuaces extremistas que presentaron en la televisión de Miami una declaración a favor del uso de la violencia terrorista contra Cuba.

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sada, unos días después de la explosión de la aeronave. El autor de este texto desclasificado mantiene una ne- cesaria confusión y ni precisa cuándo Posada se sumó a ese controvertido órgano de inteligencia del gobier- no norteamericano.

Este texto dice muy escasamente:

El empleador de ambos, Lugo y Lozano, en Caracas, es Luis Posada Carriles, ex jefe de la división de contrainteligencia de la Disip (…). Posada es un ex agente de la CIA. Fue amis- tosamente terminado en julio de 1967 pero el contacto fue reestablecido en octubre de 1967. Perdió su puesto con la Disip en marzo de 1974 como resultado de un cambio en el gobierno de Venezuela y fue amigablemente terminado. Hemos mantenido contactos ocasionales con él. Su último contacto reportado con nosotros fue en junio de 1976 cuando pidió sin éxito asistencia acerca de un problema de visa.

Mentiras. Los hechos cuentan mucho más de la verdadera relación de Posada y su socio Orlando Bosch con la CIA en aquel momento: a los cuatro días de ha- acciones violentas, realizadas en varios países por la

siniestra CORU, que dirigió junto a Orlando Bosch. Y con la complicidad de José Pepe Vázquez Blanco, Ri- cardo Morales Navarrete, Héctor Carbonel Arenas, Francisco Pimentel, Nelly Rojas y Salvador Romaní Orúe, varios de los cuales siguen manteniendo activi- dades conspirativas.

El sabotaje del avión cubano ocurre el 6 de octubre de 1976. Lo ejecutan dos venezolanos: Freddy Lugo y Hernán Ricardo, al ocultar dos bombas en el DC-8 de Cubana de Aviación.

Al ser interrogados por la policía de Barbados, Lugo y Ricardo declararon mantener contactos con la CIA —se les ocupó una libreta con varios teléfonos de ofi- ciales radicados en Caracas— y denunciaron de inme- diato a sus jefes: Luis Posada Carriles y Orlando Bosch. La Disip arrestó entonces a ambos y encontró en el ne- gocio de Posada Carriles abundantes pruebas no sólo de su participación en este crimen, con sus cómplices, sino también en varios otros.

Extrañamente, es a través del FBI —y no de la pro- pia agencia— que se desclasificó, en mayo de 2005, un informe de la CIA fechado del 16 de octubre de 1976, donde la agencia pretende explicar su relación con Po-

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Lo irrefutable es que las autoridades estadouniden- ses mantenían de una manera u otra, con o sin tener a Posada bajo contrato formal, lazos seguidos, estre- chos, constantes con su “mercenario” y su agencia de investigaciones, y que no sólo supieron de los planes que se desarrollaban sino que pudieron perfectamente conocerlos, orientarlos, revisarlos, autorizarlos y has- ta financiarlos.

ber sido detenidos, por las confesiones de Lugo y Loza- no en relación con la voladura del avión en Barbados, el Gobierno de Washington inició maniobras para ob- tener de Venezuela la extradición de ambos terroris- tas. Bajo razones que hasta ahí nunca invocaban.

Otro informe secreto realizado días después de la explosión de la aeronave y desclasificado por la Direc- ción de Inteligencia Militar venezolana explica textual- mente no sólo el apoyo del Departamento de Estado recibido por Posada y su agencia sino la ayuda material que le proveía concretamente la CIA.

El documento cuya existencia fue recientemente revelada precisa que “se recibió información de que el Departamento de Estado USA, a través de la CIA, le facilitó equipos técnicos de seguimiento, intercepción de comunicaciones y se montó una oficina de investi- gaciones”.

Posada se fugó del Cuartel San Carlos de Caracas, el 18 de agosto de 1985, y se sumó de inmediato a la operación de tráfico de droga contra armas desarrolla- da por la propia CIA, bajo el mando del operativo Félix Rodríguez Mendigutía, desde el aeropuerto salvadore- ño de Ilopango.

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