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Dime con quién andas y te diré quién eres”, dice el famoso proverbio. La elección del abogado pana- meño Rogelio Cruz por los capos de la mafia de Miami para defender a su protegido, el terrorista Luis Posada Carriles, y sus tres cómplices en Panamá, ilustró has- ta qué punto está activa la conexión del narcotráfico entre los que, asociados a George W. Bush, proponen construir una “nueva Cuba”.Rogelio Cruz tiene un pasado elocuente que se ajus- ta perfectamente al de Posada, quien fue, entre otras cosas, el brazo derecho de Félix “El Gato” Rodríguez en la gigantesca operación de intercambio de armas con co- caína desarrollada desde la base salvadoreña de Ilopan- go, en lo que fue el mal llamado escándalo Irán-Contra. La invasión a Panamá por Estados Unidos, el 21 de diciembre de 1989, llevada a cabo bajo el pretexto de sustituir al Presidente de la nación centroamerica-
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meses antes de investigar el tema... Se supo más tarde que Interbanco había prestado el 80% de su capital de- clarado a un solo “cliente”, Celso Fernández Espina, un socio tanto del cartel de Cali como del de Medellín.
La discreta investigación de las actividades de En- dara llevada por Cruz, irónicamente a solicitud de la DEA, no otorgará al procurador general una página en la Historia.
Lo que sí pudiera darle un párrafo es su generosa actuación a favor del cartel de Medellín, que recuperó, gracias a su intervención, una suma de dinero que se le había extraviado...
Una operación antilavado de dinero llevada a cabo anteriormente por las autoridades panameñas había provocado la “congelación” de 16 millones de dólares que pertenecían a importantes narcotraficantes de Co- lombia y fueron depositados en bancos panameños.
De su propia iniciativa y con total desprecio de la legalidad, Cruz ordenó la “descongelación” de estas enormes cantidades de dinero.
Un gesto tan escandaloso que luego fue citado en el informe de 1993 del Bureau of International Narcotics Matters del Departamento de Estado, como ejemplo narcotráfico, tuvo resultados desastrosos, entre ellos
la muerte de más de un millar de panameños y la des- trucción de miles de viviendas en una de las áreas más pobres de la capital.
Teniendo en cuenta los motivos de la operación nombrada irónicamente “Causa Justa”, la imposición de Guillermo Endara como nuevo presidente iba rá- pidamente a revelarse como la decisión imperial más absurda de la década.
¿Por qué? Porque Endara tenía vínculos con el mundo del narcotráfico que se podrían calificar de es- pectaculares. Vínculos de la misma naturaleza que los que tenía Rogelio Cruz, el abogado que Endara iba a encargar de la administración del aparato judicial en su “nueva Panamá”.
Cruz, otro abogado afortunado de la capital, había sido director del banco First Interamericas, propiedad del entonces jefe del cartel colombiano de Cali, Gilber- to Rodríguez Orejuela. El banco había sido cerrado en 1985 por sus operaciones “irregulares”, entre ellas el lavado de dinero por cuenta de otro jefe del narcotráfi- co, Jorge Ochoa, del cartel de Medellín.
Informado por la DEA del papel de su Presidente en la dirección de Interbanco, Cruz se demoró ocho
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¿En quién puso su confianza el “heredero del Car- tel de Cali” para salir de esta desagradable situación? En Rogelio Cruz, quien de manera evidente gozaba de un cierto prestigio entre los capos colombianos. Y Cruz se puso a trabajar para salvar a Henao y su colosal fortuna.
Según los cables de aquel momento, Castrillón He- nao había depositado millones de dólares provenientes del narcotráfico en bancos internacionales, y la fiscalía de drogas del país centroamericano había logrado in- cautar 8,3 millones de dólares depositados en 66 cuen- tas bancarias en el exterior, incluso Colombia, México, Canadá, Suiza, Francia y España.
Además, se le habían incautado en la propia Pa- namá once apartamentos lujosos valorados en varios millones de dólares. También se presumía que operó decenas de sociedades anónimas en Panamá para usar- las como fachadas en el lavado de dinero.
Y, por fin, se descubrió que una de sus empresas había donado 51 mil dólares a la campaña electoral del presidente Ernesto Pérez Balladares en 1994.
Ahora, ¿con qué métodos el astuto Cruz tratará de salvar a su narco-cliente? Los mismos que algunos años de corrupción de un oficial del Estado, a escala inter-
nacional. La propia Corte Suprema de Panamá reco- noció la ilegalidad absoluta de la actuación de Rogelio Cruz y lo forzó a abandonar su puesto.
El abogado Rogelio Cruz reapareció en los titula- res de Panamá en 1996, cuando, el día 17 de abril, fue arrestado Castrillón Henao, en una acción internacio- nal antidrogas.
Castrillón era considerado el “heredero” del cartel de Cali y líder de una red marítima encargada del tra- siego de estupefacientes desde Colombia al mercado norteamericano.
Según un despacho de la agencia AP de aquel mo- mento, fiscalías en Florida y San Diego habían co- menzado, en agosto de 1995, una investigación con- tra Castrillón Henao, por el trasiego de 12 toneladas de cocaína dentro de la embarcación Nataly I, incau- tada en julio de 1995 por el servicio de guardacostas norteamericano. En aquel momento se comentó que era “el más grande cargamento de drogas con destino a Estados Unidos hecho en alta mar por las autori- dades norteamericanas” y que “el lote de drogas fue valorado en 143 millones de dólares en el mercado norteamericano”.
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El 1° de junio de 1998, la prensa panameña anun- ciaba que había extraditado a Estados Unidos al co- lombiano.
Algo desestabilizado, Rogelio Cruz declaró enton- ces por teléfono, a la agencia AP, que no había sido no- tificado sobre la “supuesta extradición” de su cliente y expresó que era “una medida arbitraria”.
El 5 de diciembre de 2000, la prensa miamense anunciaba triunfalmente que Posada Carriles y sus cómplices, Guillermo Novo Sampoll, Pedro Remón Ro- dríguez y Gaspar Jiménez Escobedo, disponían de un nuevo abogado, el “ex procurador general de Panamá”, Rogelio Cruz.
La elección del abogado panameño Rogelio Cruz por los capos de la mafia de Miami como hombre de con- fianza para defender a su protegido, el terrorista Luis Posada Carriles, y sus tres cómplices, recordó hasta qué punto son reales y profundos los vínculos de los círculos contrarrevolucionarios de Miami con el narcotráfico.
Desde las hazañas de los “muchachos” de la Opera- ción 40 de la CIA, hasta las aventuras centroamericanas de Posada, los círculos cubano-americanos siempre han mantenido activos sus lazos con el mundo de la droga. después usará con el terrorista cubano-americano Luis
Posada Carriles y sus tres sicarios, con la entera cola- boración de los medios de comunicación vinculados a la cúpula terrorista de Miami.
Según Cruz, Castrillón Henao padecía de una her- nia lumbar que le dificultaba caminar y lo hizo presen- tarse a audiencias en silla de ruedas.
Finalmente, el narcotraficante mantuvo durante varios días una huelga de hambre para obtener ser trasladado de la cárcel donde se encontraba hacia un hospital.
Cruz, a quien siempre le gustó el mundo del espec- táculo, afirmó a la prensa que su cliente estaba dis- puesto a morir de hambre si no era trasladado a un hospital para que fuese tratado de una dolencia en la columna vertebral.
Cruz aseguraba que Castrillón Henao bebía sólo una taza de té cada 24 horas y que mostraba claros sig- nos de debilidad.
A través de su “show”, bastante mediocre, el aboga- do constantemente denunció que su cliente era “vícti- ma de violaciones a los derechos humanos”.
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