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l prófugo de la justicia norteamericana José Valla- dares Acosta falleció repentinamente en Panamá el 7 de octubre de 2003, mientras esperaba su juicio como cómplice de Luis Posada Carriles. Era un conoci- do socio del cubano-americano Orestes Cosío, depor- tado hacia EE UU por narcotráfico y participación en tres homicidios.Fuentes en Panamá revelaron que Cosío, quien resi- día en la provincia de Chiriquí bajo el nombre de Luis “Mack” Navarro, se asoció a José “Pepe” Valladares y a Pedro Caridad Gordillo Serrano, un jubilado de la po- licía de Miami también vinculado al narcotráfico, en un taller mecánico conocido por “Big Truck”. Chiriquí es fronteriza con Costa Rica, a unos 450 kilómetros al oeste de la capital panameña.
Luego de la detención de Posada Carriles y sus cóm- plices, el 17 de noviembre de 2000, en Ciudad de Pana- má, cuando terminaban los preparativos para atentar nal y un cabo del Servicio Aéreo Nacional (SAN) fueron
separados de sus cargos y estaban bajo arresto por su presunta vinculación con una organización criminal dedicada al tráfico de drogas, a la cual se le decomisó un cargamento de mil kilos de cocaína en noviembre de 2001. El sargento primero Víctor Quintero, el pro- pio jefe de la escolta del fiscal de drogas Rosendo Mi- randa, se encontraba entre los sospechosos.
En una mesa redonda televisiva en La Habana so- bre el tema de Posada, el periodista y diputado cubano Lázaro Barredo también explicó cómo, en una visita a esta prisión con una delegación interparlamentaria latinoamericana, se había enterado de que oficiales de El Renacer, en algún momento, llegaron hasta a “ven- der” salidas temporales de su instalación a miembros de pandillas para que pudieran realizar sus ajustes de cuentas en los barrios calientes de la capital.
Lo cierto es que El Renacer tolera lo intolerable: la presencia en sus muros de visitantes que son, nada más y nada menos, terroristas fichados a la vez por el FBI y la DEA, conspirando para provocar la fuga, a toda costa, de quien se mereció, compartido con su amigo Orlando Bosch, el título de terrorista más peligroso del hemisferio.
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De acuerdo con datos aportados por fuentes cerca- nas a Valladares, los lazos del negociante con la cama- rilla miamense del terrorismo se remontan a más de tres décadas, cuando prestó apoyo al terrorista de ori- gen cubano Orlando Bosch Ávila durante los prepara- tivos para la voladura del avión de Cubana de Aviación en Barbados, en 1976. Luis Posada Carriles luego fue identificado como cómplice de Bosch en ese crimen.
Más adelante, Valladares le facilitó una de sus casas a Bosch en Miami, cuando el extremista llegó a Estados Unidos después de ser liberado gracias a las intervencio- nes con la Casa Blanca del entonces embajador norte- americano en Caracas, el cubano-americano Otto Reich. Según otras fuentes, vinculadas al proceso judicial que tuvo lugar en Panamá, en abril de 1999, luego de una denuncia cubana sobre la estancia de Luis Posada Carriles en El Salvador, que le obligara a salir de aquel país para esconderse en Honduras y Costa Rica, el jefe terrorista orientó a uno de sus agentes en Estados Unidos para que contactara con “Pepe” Valladares y le informara de su situación.
Cuando se conoció del frustrado intento de asesi- nato del Presidente cubano, Valladares abandona su propiedad para refugiarse en un lugar desconocido. contra Fidel Castro, las autoridades panameñas se en-
teraron de que los detenidos habían sido apoyados por Valladares Acosta.
Se descubrió luego que los cuatro individuos habían guardado los explosivos C-4 y Centex en la finca de Va- lladares en Boquete, provincia de Chiriquí, donde es- taban hospedados tres días antes de ser arrestados en la capital.
Nacido el 7 de febrero de 1934, en Pinar del Río (Cuba), Valladares falleció “por problemas coronarios”, en Boquete, donde vivía desde hace años.
En Panamá, fue sucesivamente conocido bajo los apodos de “Pepe el Largo”, “Pepe el Flaco”, “Pepe el Cu- bano” o “El Cojo”. Era poseedor de un pasaporte norte- americano (Nº 044995338).
El 22 de mayo de 2003, la Dirección de Migración de Panamá informaba que había deportado a Estados Unidos a Orestes Cosío, a quien se había detenido en Chiriquí en posesión de un pasaporte estadounidense adulterado y dos armas. Una de ellas había sido robada en Panamá. Residía en Chiriquí desde 1998 y mantenía allí varios negocios. El pasaporte falsificado registraba varios viajes del cubano-americano en Centroamérica.
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accedió. Sin embargo, Miles concluyó su misión unos días después, lo que aparentemente frustró la ocupa- ción del material.
Después de su arresto, Valladares Acosta declaró ante la Fiscalía panameña que Posada Carriles y su grupo habían estado en su casa. Pretendió el sospe- choso haber recomendado al jefe de pandilla emplear un fusil con mirilla telescópica para atentar contra el Presidente cubano, y no emplear explosivos, pues mo- rirían muchas personas inocentes.
Los cuatro terroristas se proponían dinamitar el Paraninfo de la Universidad de Panamá, donde habló el Presidente cubano.
Valladares cumplía, desde su inculpación por com- plicidad, una medida cautelar de casa por cárcel a la espera de un juicio.
Los lazos de Luis Posada Carriles con el mundo del narcotráfico se remontan a los años ochenta, mien- tras actuaba de brazo derecho de Félix Rodríguez, en la base aérea salvadoreña de Ilopango, en un sombrío capítulo del mal llamado escándalo Iran-Contra, lo que hasta ahora le ha valido la impunidad de la cual goza. El jefe de pandilla siempre mantuvo sus vínculos con A finales de septiembre de 2001, la Fiscalía pa-
nameña obtuvo información referente a que en la ciudad de Colón unos individuos estaban tratando de vender unas 100 libras de explosivos C-4. La Fisca- lía asoció estos datos al faltante de explosivos de la conspiración de Posada y se ordenó una investigación de inmediato.
Coincidentemente, el 19 de octubre, la fiscal Ar- gentina Barrera, entonces responsable del dossier Posada, y otros funcionarios de la Fiscalía fueron ci- tados a las oficinas del investigador del FBI Ramón Quijano, en la embajada norteamericana. Éste les comunicó esta misma información y propuso una operación conjunta de “compra controlada”. Añadió el investigador que él también sospechaba que esos explosivos eran parte del lote que Posada y su grupo pensaban utilizar.
A finales de ese mismo mes, Miles Burden, jefe del FBI en la embajada norteamericana en Panamá, envió un informe a la fiscal Barrera indicándole que tenía in- formación de que en la finca de Valladares, en Chiri- quí, había armas escondidas y posiblemente también explosivos. La Fiscalía le solicitó apoyo al FBI en recur- sos técnicos, por la amplitud del terreno, a lo que Miles
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