E
n su libro Cuba confidencial, publicado en el año2003 (Vintage Books), la periodista más celebrada en Estados Unidos como experta de la mafia cubano- americana, Anne-Louise Bardach, concluye las más de 50 páginas consagradas a Luis Posada Carriles, enton- ces preso en Panama, con una extraña declaración que le hizo personalmente un asiduo de los círculos terro- ristas miamenses, quien predijo explícitamente que Posada pronto pudiera “pasear en las calles de Miami”. Lo que ocurrió luego.
Agente activo de la CIA desde 1963, tal como lo con- firman los documentos desclasificados de la Comisión Church, Luis Posada Carriles actuó simultáneamente como especialista en demolición, sabotaje e informan- te de la Agencia Central de Inteligencia.
A principios de 1976, Luis Posada Carriles está ubicado por la CIA en la Digepol venezolana, donde alcanza rápidamente la jefatura hasta que aquella
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Hay que recordar también que George Bush padre fue quien otorgó la libertad a Orlando Bosch, entonces calificado como “terrorista más peligroso del hemisfe- rio” en un informe del FBI, después de su liberación en Venezuela, negociada por Otto Reich.
Bien se sabe cómo se “resolvió” el recuento de los votos: con la repentina intervención de los pandille- ros de Vigila Mambisa, una tropa constituida por de- lincuentes y manejada por el representante batistiano Lincoln Díaz-Balart.
La llegada al poder de Bush hijo confirmó a la CIA y al FBI de la Florida del Sur, dirigidos por el special agent puertorriqueño Héctor Pesquera, que más que nunca se mantenía la orientación de dar apoyo a los capos de la mafia cubanoamericana y de incrementar los niveles de impunidad a favor de los elementos extremistas.
Señala Bardach:
El FBI puso fin a todas sus investigaciones sobre la violencia de los exilados, desesperando a unos agentes. Miami regresó al ámbito de laissez- faire (de tolerancia generalizada) de los años 80 cuando cada uno sabía de otro implicado en las operaciones de reabastecimiento de la Contra.
agencia de policía política se convierte en la Disip, para acabar con la guerrilla… Ahí, según sus propias afirmaciones, organizó y participó en la más salva- je represión, secuestrando, torturando y asesinando con toda libertad.
Cuenta Bardach en su libro que en la última semana de noviembre de 2000, es decir, apenas unos días des- pués de su captura, “un amigo de infancia de Gaspar Jiménez”, uno de los cómplices terroristas de Posada arrestados con él en Panamá, le contó “con una ansie- dad palpable” que “la única esperanza por la liberación del grupo era la elección de George W. Bush” en el re- cuento de votos que se desarrollaba entonces, después de los comicios presidenciales:
Escribe la periodista:
El padre de Bush y ex presidente —anotó— había sido muy bueno con los ‘militantes’ cuando dirigía la CIA en los años 70 (…). Dijo que confiaba que Bush se recordaría de toda la ayuda dada a la operación Contra (realizada por) exilados cubanos.
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presidenta mafiosa del país del istmo. Sin la más míni- ma intervención de los individuos supuestamente en- cargados de la aplicación de las leyes norteamericanas y de las varias disposiciones de aquéllas en contra del terrorismo.
Posada, por su parte, se desvaneció. Oportuna- mente, para algunos. En San Pedro Sula fue aco- gido por su socio de siempre, el traficante de ar- mas y dueño de estación de televisión, Rafael “Ralph” Hernández Nodarse. Luego de todo un circo mediático, se pierde oficialmente su traza. Algún portavoz señalará una pretendida salida hacia las Bahamas que las autoridades de ese Estado no co- mentaron.
Pero, concretamente, no apareció ni la sombra de una indicación oficial sobre su eventual ubicación. Lo que llevó a analizar la otra posibilidad: la de su presen- cia en el propio territorio de Estados Unidos, con toda libertad de reunirse con sus amistades.
Según Anne-Louise Bardach y varios expertos, Posada ha realizado, fuera de la legalidad, en el curso de los años, varios viajes a territorio norteamericano. Cuando otorga a Bardach, a partir del 18 de junio de 1998 y durante tres días, la entrevista donde confiesa En el verano de 2001, las cosas se veían ya más po-
sitivas, para Posada y sus cómplices, escribe Bardach en la sumamente interesante conclusión del capítulo:
Con la ‘diplomacia por la puerta de atrás’ de ciertos miembros de la administración Bush, el amigo de Gaspar Jiménez estaba lleno de esperanza de que los cuatro iban a ser libera- dos, exactamente como lo había sido Orlando Bosch. Recordó cómo Miami había celebrado un Día de Orlando Bosch y cómo unos partidarios de la línea dura habían manifestado su aproba- ción en el Orange Bowl de Miami en el año 2000 cuando Bosch fue llamado a subir a la escena. El equipo estaba de nuevo en su lugar…
Y termina la periodista norteamericana con una frase reveladora: “Cualquier día ahora, dijo, Posada y sus amigos pudieran pasear en las calles de Miami”.
La predicción se realizó plenamente, y a la luz del día, en tres de de los cuatro casos conjurados de Pa- namá: Pedro Crispín Remón, el sicario de Omega-7; Gaspar Jiménez y Guillermo Novo, los de la CORU, lle- garon de Panamá, en jet privado, pocas horas después de su subrepticia liberación, en agosto de 2004, por la
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to Posada como Remón, Jiménez y Novo confirmaron de viva voz, ante las cámaras de televisión, tanto de Miami como de Panamá, en varias oportunidades, que esperaban salir de ahí para seguir cometiendo actos de terrorismo.
Ninoska Pérez Castellón, la locutora de Radio Mambí y directora-fundadora del terrorista Cuban Li- berty Council, en una declaración a Bardach, calificó el intento de asesinato de Panamá, con 33 libras de C-4, de “divagaciones de una vieja estrella de rock que nece- sitaba atraer la atención”.
Todo indica que el viejo terrorista, con sus sicarios, seguirá en sus divagaciones. Con la bendición de la CIA. recibir financiamiento de la Fundación Nacional Cuba-
noamericana, Posada revela que dispone entonces de cuatro pasaportes distintos de diferentes países y bajo falsas identidades:
Él admitió tener un pasaporte norteamericano aunque se niega a decir cómo lo obtuvo y a re- velar el nombre. Yo le pregunté cuándo había visitado a los Estados Unidos por última vez y contestó con una risa y su propia pregunta: ‘¿Oficialmente o no oficialmente?’. Añadió que había usado su falso pasaporte norteameri- cano ocasionalmente para visitar los Estados Unidos ‘no oficialmente’. (…) ‘Si quiero ir a Miami, tengo varias vías’.
Un amigo de Posada luego afirmó a Bardach que él había comprado el pasaporte de un funcionario co- rrupto en Miami y que estaba bajo “un nombre gringo, de Atlanta, Georgia”.
“Tengo muchos pasaportes”, insistió luego Posada en su conversación con la periodista. “Si quiero ir a Miami, tengo varias vías para ir. No hay problema”.