Sorpresa en Panamá
3 de noviembre: Posada llega a Panamá, proce-
dente de Costa Rica, por ese puesto de Paso Canoas, usando un pasaporte falso, el número A143258, a nombre de Franco Rodríguez Mena, un “regalo” de sus amistades salvadoreñas (ya ha usado el mismo docu- mento falso en un viaje anterior de preparación, el 12 de agosto de 2000).
6 de noviembre: A las 10:28 de la mañana, Posada
aparece en el apartotel Las Vegas de Panamá, donde al- quila la habitación 215. Desde ahí contacta a su socio Cé- sar Matamoros, cubano (con antecedentes de narcotráfi- co), residente en la capital istmeña, quien le proporciona a su empleado José Manuel Hurtado como chofer.
Hurtado va a jugar un papel central en los aconte- cimientos. Este humilde trabajador negro que Mata- moros usa como si fuera su propiedad colaborará es- pontáneamente con la justicia en una primera etapa, después del arresto de los conspiradores, hasta que su patrón blanco y los asesores mafiosos de Posada le orientan otra actitud.
8 de noviembre: Hurtado ve a Posada, quien ex-
presa su deseo de cambiar de hotel. A 500 metros de Las Vegas, visitan al apartotel Coral Suites donde Po- sada reserva una habitación.
Sin embargo, el caso de Posada, Remón, Jiménez y Novo va mucho más allá de lo que pasó en Panamá. Y vale la pena recordarlo.
Cada uno de estos cuatro individuos tiene más de cuatro décadas de actividad terrorista ininterrumpida, dejando tras de sí cientos de cadáveres, heridos, fami- lias destruidas, niños huérfanos, principalmente en Cuba, pero también en Estados Unidos, América Lati- na y en varias naciones fuera de este continente.
Para la justicia panameña, no cabe duda de que los explosivos que se encontraron después del arresto de Posada y su tropa, gracias a la colaboración de su chofer panameño, entraron por el puesto fronterizo de Paso Canoa el 16 de noviembre de 2000 en una maleta que transporta el conspirador Gaspar Jiménez. Se trata de nada menos que 33,44 kilos de explosivos militares... una carga obviamente devastadora.
Para entender bien lo que pasó, hace falta recons- tituir la cronología del recorrido de los conjurados en esos días de noviembre de 2000 mientras se acerca la Cumbre Iberoamericana de Panamá donde planean asesinar al Presidente de Cuba.
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Jiménez cruza la frontera con un pasaporte norte- americano falso con el número 044172940, a nombre de Manuel Díaz, y Remón usa un pasaporte norteame- ricano válido número 084987631.
Remón, por su parte, llega de Miami, después de una mal explicada estancia de un día en Atlanta, Geor- gia, donde participó supuestamente en un seminario comercial.
Detalle importante: ante el fiscal, Remón explica haberse encontrado con su socio Jiménez en el hotel Best Western de San José, Costa Rica, para luego via- jar con él por avión hasta el aeropuerto fronterizo lla- mado Coto 47. Según el informe de la Fiscalía, Remón explicó entonces que “por necesidades fisiológicas, se internó en la vegetación donde aprovechó para sacar un equipo GPS (sistema de posición global) que porta- ba y tomó la posición geográfica del lugar”. Un paseo extraño que queda por explicar.
Ese mismo día 16, después de una reunión en la fin- ca Jacu, Posada, Novo y Remón viajan por avioneta de las líneas aéreas Aeroperlas desde la ciudad de David (Chiriqui) hacia la ciudad de Panamá.
Posada no quiso viajar en el avión con los explosi- vos... Ordena a Jiménez viajar con Hurtado hacia la
9 de noviembre: Posada va al aeropuerto capitalino
de Tocumen, con Hurtado, para acoger a su amigo cuba- no-salvadoreño Raúl Hamouzova. Posada y Hamouzo- va alquilan entonces, en la agencia de la empresa Dollar Rent-A-Car del aeropuerto, un Mitsubishi Lancer de co- lor rojo, matrícula 223 251, que Hurtado va manejar.
14 de noviembre: A las 5 de la mañana, Posada sale
de Panamá con Hurtado, en el carro alquilado, hacia la provincia de Chiriqui, donde vive su amigo narcotrafican- te José Valladares (“Pepe el Cubano”) en una hacienda lla- mada Jacu, en una zona limítrofe de la frontera de Costa Rica, vecina del puesto fronterizo de Paso Canoas.
15 de noviembre: Guillermo Novo llega a Paso
Canoas y se presenta a la inmigración panameña con un pasaporte norteamericano válido, número 043788076.
16 de noviembre: Posada y Novo acogen a Pedro
Remón y Gaspar Jiménez en ese mismo puesto pana- meño de inmigración. Hurtado pone los equipajes de ambos hombres en el Mitsubishi rojo. Entre las ma- letas se encuentra una de color negro con logo de los Marlins de Miami y las palabras “The Miami Herald”, en la cual la policía encontrará los explosivos, tres días después (el 19), en la ciudad de Panamá.
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prevista para el día siguiente. Hace falta recordar que este carro es el que transportó los explosivos desde la frontera. Según Hurtado, sólo se le ordenó que fuera llevado a lavar este carro y no los otros.
Sobre las 4 de la tarde, varios agentes de la policía na- cional panameña, alertados por Fidel, quien denunció, minutos antes en conferencia de prensa, la presencia de los terroristas en el apartotel Coral Suites, rodean el lugar, bajo la dirección de Roger Diez Quintero, jefe de la División de Seguridad de la Policía Técnico Judicial, y del Inspector Ignacio Taylor.
Observan entonces dos individuos quienes al ver la presencia policíaca cruzan la calle de manera alta- mente sospechosa. Se trata de Remón y Novo, que son inmediatamente requeridos y luego arrestados por el detective Faustino Portugal.
Al llegar al lava-autos, el chofer Hurtado se da cuen- ta, según su testimonio ulterior, “de que al señor Posa- da se le había quedado en la parte trasera del vehículo un maletín el cual cargaba siempre”. Preocupado por el contenido extraño de la maleta, llama a su patrón, Ma- tamoros, quien le ordena “entregar eso a los cubanos”, refiriéndose a Posada y a sus acompañantes.
capital, por carretera, en el Mitsubishi rojo... con la maleta negra que contiene los 33,44 kilos de explosi- vos militares en el maletero.
Ante el fiscal, Jiménez pretenderá hacer creer que ha- bía viajado en carro por razón de salud: “porque el avión es chiquito y le podía causar un coágulo en el cerebro”.
Posada y Remón llegan al Coral Suites por la tarde y Jiménez, sobre las 11 de la noche. Los dos primeros ocupan la habitación 310 y Jiménez se sumará a Novo en la 509 (la más cara de todo el hotel). Ambas habi- taciones fueron reservadas con antelación por Posada. Esa noche, Hurtado deja las llaves del Mitsubishi rojo a Jiménez y se va para su casa en taxi.
17 de noviembre: Jiménez y Novo hacen un largo
recorrido que pasa cerca del hotel César Park, donde tendrá lugar la Cumbre Iberoamericana, y luego por los terrenos de la Universidad donde Fidel debe hablar horas más tarde en el Paraninfo ante 1.500 personas. Están con Hurtado, el chofer, en otro vehículo (un Mitsubishi Lancer negro) alquilado por Novo. Remón dispone de otro Mitsubishi alquilado, de modelo Ga- lant, que usa con Posada.
Horas más tarde, Posada ordenará a Hurtado lle- var el Mitsubishi rojo a lavar en vista a su devolución
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También se encuentran en la maleta una toalla de color blanco con manchas chocolate, negra y amarilla, y otra de color blanco con manchas chocolate y gris. Un análisis ulterior de criminalística determinará que estas toallas se usaron para hacer las mezclas de explosivos.
La prueba química efectuada por el perito Eybar Castillo señalará la presencia de “pelos de origen hu- mano”.
Los días 6 y 7 de diciembre de 2000, apenas tres se- manas después del arresto de los cuatro sospechosos, la Fiscalía les convoca para recibir su indagatoria. Sin embargo, los cuatro se niegan rotundamente a rendir testimonio sobre los hechos. Rechazan además la prác- tica de pruebas psiquiátricas y caligráficas solicitadas por la Fiscalía.
Hará falta esperar seis meses antes de oírlos hablar, mentir y, de nuevo, mostrar su total falta de deseo de colaborar con la justicia.
Siempre se niegan a someterse a la prueba del ADN, a pesar de la insistencia y luego de la orden de las au- toridades judiciales. Según el informe de la Fiscalía pa- nameña, la ley 80 “prevé un grave indicio” en contra de los imputados culpables de tal comportamiento. Sospechando que se encuentra involucrado en un
acto criminal, Hurtado regresa al apartotel pero ob- serva la presencia policíaca en el momento en que va a penetrar en la entrada del Coral Suites con “la luz de señal encendida”, según los investigadores. Acelera entonces y, perseguido por el inspector Taylor en un vehículo de la policía, se dirige hacia la cercana avenida de España donde desaparece en la circulación.
Minutos después, Posada y sus cómplices, todos detenidos, a quienes se les pregunta acerca del Mitsu- bishi rojo, afirman que “no conocen este carro”, según reporta luego Taylor en su informe.