A
parentemente muy seguro de sí cuando llegó a la audiencia preliminar con Posada y sus otros cóm- plices, Pedro Crispín Remón perdió repentinamente su arrogancia cuando la secretaria de la Corte hizo la relación de sus crímenes, al efectuar la lectura de la vista fiscal.Todas las miradas de las personas presentes se di- rigieron hacia él cuando se mencionó cómo, en New Jersey, había ejecutado fríamente con su ametrallado- ra MAC-10 al cubano-americano José Negrín, ante los ojos de su hijo de 12 años.
La cara del terrorista se enrojeció bruscamente cuando se mencionó cómo había sido horrorizada la comunidad cubano-americana de New Jersey al ser re- velados los detalles del crimen.
Vestidos de trajes y corbatas —Posada se puso ele- gante, usando un traje color hueso, los cuatro indivi- duos parecían prósperos negociantes, en la primera fila los círculos del narcotráfico de Miami, capital norte-
americana de la droga.
Los lazos del narcotraficante Cosío con José Valla- dares, su cómplice, confirman una vez más la perma- nencia del comercio de drogas detrás de las actividades del peligrosísimo terrorista y de sus patrocinadores.
132
Jean-Guy Allard Posada Carriles
133
Ahí, como también en documentos desclasifica- dos del FBI que se señalaron, aparecieron varios an- tecedentes poco conocidos de Posada, numerosos detalles de las ejecuciones realizadas por Remón por cuenta de Omega-7, las actividades conspirativas de Novo y las maniobras de Jiménez para escapar de la justicia mexicana.
El documento describía con un gran número de detalles los varios movimientos efectuados por los cuatro conspiradores principales de este complot, entre Costa Rica y Ciudad de Panamá, desde la fin- ca de Jacu del también terrorista José Valladares, en Chiriqui, a 6 kilómetros de la frontera costarricense, hasta el apartotel Coral Suite, en la capital, donde los sorprendió la policía.
En fin, todas las personas presentes aprendieron cada detalle de la fabricación del artefacto explosivo concebido por Posada y sus cómplices desde el radio control de fabricación taiwanesa hasta sus pilas de marca Duracell, el conjunto montado “con mucho co- nocimiento por un profesional de los explosivos”, se- gún el autor de un informe técnico.
de los asientos reservados a los acusados. Atendidos con una insuperable amabilidad por sus guardias, se permi- tieron levantarse, antes de la apertura de la audiencia, para conversar libremente con elementos como el terro- rista miamense Ignacio Castro Matos y otros elementos que ocupan los primeros asientos de la sección de la sala más cercana al espacio de los inculpados.
En medio de la audiencia, cada uno solicitó satis- facer sus necesidades fisiológicas y salió de la sala du- rante varios minutos mientras se proseguía la lectura de las 175 páginas de la Vista Fiscal Número 200, que resume el contenido de los 45 tomos de documentos depositados ante el tribunal. Esta lectura ocupó un día entero, en esta sala relativamente pequeña —me- nos de 100 asientos— cuyas ventanas fueron tapadas con bandas de papel para evitar que los camarógrafos tomaran imágenes de los acusados a través de las re- jas. Algo un poco paradójico, cuando se autoriza a los mismos individuos a recibir a la prensa en su suite carcelaria.
Sin embargo, la lectura del enorme documento, aun- que a veces aburrida, ha permitido al público presente darse cuenta de la verdadera identidad de estos cuatro señores que proclaman obsesivamente su inocencia.
Jean-Guy Allard Posada Carriles
sus sicarios no dejaron de mostrar un evidente males- tar. Hasta el punto de que, perdiendo el control de sus nervios, Guillermo Novo se puso a gritar, amenazando frenéticamente con el dedo: “¡El delincuente y el crimi- nal es usted!”. El abogado le contestó ignorándolo.
Pero más tarde señaló cómo el mismo Novo, en alguna oportunidad, expresó la necesidad de realizar acciones terroristas “sin tomar en consideración las pérdidas de vidas humanas”.
A Pedro Remón le reiteró todo el horror del cri- men que cometió en New Jersey al asesinar al cubano- americano José Negrín: “No le importó hacerlo ante su hijo de 12 años”, añadió.
“¡Esta es la catadura moral de estos señores! (…) Son terroristas internacionales de pura cepa, de 24 ki- lates”, dijo en otro momento el abogado, citando los documentos del FBI.
“Que no nos hablen de deserciones imaginarias, de cuentos de hadas”, expresó Rodríguez haciendo re- ferencia a la mentira utilizada por los conspiradores acerca de una supuesta “deserción” de un alto oficial de Inteligencia cubano que justificaría su presencia en Panamá en el momento de su arresto.
• • •
Nunca en sus vidas a estos cuatro representantes del terrorismo miamense se les había dicho en plena cara lo que eran. En Panamá, en su audiencia prelimi- nar, los cuatro individuos que durante más de 40 años han asesinado, torturado, chantajeado a otros seres humanos sin escrúpulo alguno tuvieron que escuchar a un apasionado pero objetivo doctor Rafael Rodríguez, abogado de varios sindicatos panameños, decirles has- ta qué punto “¡son gente sin piedad, sin sentimientos, sin patriotismo porque ni siquiera conocen la diferen- cia entre lo malo y lo bueno!”.
Hablando con toda la fuerza de su convicción, el respetado jurista hizo un amplio análisis de las prue- bas para terminar señalando que los cuatro represen- tantes de los grupos populares, abogados querellantes en esta causa, no recibieron “ni un real” para cumplir su trabajo: “Nos mueven los ideales, la sinceridad, la defensa de nuestra patria”, expresó Rodríguez, visible- mente emocionado.
Durante esta intervención de un académico de gran reputación en su país, orgulloso de haberse siem- pre consagrado a la defensa de los humildes, Posada y
136
Jean-Guy Allard Posada Carriles
137
Y cuenta Rodríguez que éste le dice: “Hay que des- hacerse de este material”, ordenando a su “hombre de confianza” deshacerse del peligrosísimo bulto.
Matamoros “se aprovechó de la inocencia de su em- pleado”.
“Es él quien le dio las instrucciones”, concluyó, re- clamando la cancelación de las medidas cautelares de las cuales se beneficia ahora el negociante quedando en libertad.
El abogado recordó cómo —una prueba más del complot— el ahora difunto José Valladares, gran so- cio de Posada, confesó a la Fiscalía haber sugerido a Posada no usar explosivos, sino “un rifle con mirilla telescópica” para cometer el atentado.
“Como se asesinó a Kennedy”, precisó Rodríguez en una alusión a la posible participación de Posada en el asesinato del Presidente norteamericano.
Acerca de la desaparición de los detonadores, lo que provocó anteriormente el abandono del cargo de intento de magnicidio, Rodríguez afirmó dirigiéndose a Posada: “Que no venga a decirnos que las cápsulas detonantes no estaban ahí... él, quien es químico y que fue condenado varias veces por uso de explosivos”. “Esta gente está acostumbrada a mentir, mentir y
mentir”, añadió al tiempo que enfáticamente expresa- ba: “Si yo soy la defensa y hago tales afirmaciones, yo las pruebo”.
Pero Posada y sus cómplices son tan propensos a ima- ginar cuentos “que Julio Verne les quedó chiquitico”.
El letrado explicó por qué se eligió la Universidad de Panamá para la realización del atentado: “Es que la Universidad tiene autonomía y la policía nacional no puede entrar y tampoco lo hace. Sin embargo, ahí pue- de entrar cualquier persona y cualquier automóvil sin ser revisado. Por eso escogen un hotel muy cercano, el Coral Suite”.
Cuando pasan al lado de la Universidad, “piden a Hurtado (el chofer) que fuera lo más despacio posible” y lo mandan a hacer ahí verificaciones.
Por otro lado, Rodríguez tomó la defensa de Hur- tado “un hombre sencillo que nunca había cometido delito alguno”.
Cuando descubre la presencia en el maletero del ca- rro de la maleta llena de explosivos “que siempre car- gaba Posada” se dirige a César Matamoros, su patrón.
Jean-Guy Allard Posada Carriles
zaciones obreras, señaló que el proyectado atentado en el anfiteatro de la Universidad hubiera provocado entre 5 y 6 mil muertos.
“Para ellos no es nada, acusó apuntando a los cua- tro criminales. ¡Como no fueron nada los 73 muertos del avión de Barbados!”.
Revisando los diferentes elementos de la prueba, Berrios señaló cómo, estando en Panamá a poca dis- tancia de la frontera de Costa Rica, Remón penetró en la selva con un aparato GPS de localización. El terro- rista, después de su arresto, pretendió haberlo hecho para satisfacer sus “necesidades fisiológicas”.
La verdad, indicó Berrios, es que Remón fue a re- cepcionar los explosivos en esta área llena de senderos que se usan para pasar mercancía de contrabando.
“Por eso, se usa el carro para viajar a Panamá”, afir- mó al explicar que fue así como Jiménez viajó con Hur- tado por la carretera hacia la capital, mientras Posada, Remón y Novo usaban una avioneta.
Denunciando, por otra parte, cómo Posada hizo “desde la celda” declaraciones políticas “comprome- tiendo nuestras relaciones con otro país”, Berrios pre- guntó: “¿Permitirían los Estados Unidos al jeque árabe A Pedro Remón le indicó que utilizó contra Cuba,
en el pasado, explosivos C-4, “los mismos que maneja Posada Carriles”.
El abogado afirmó que, de haberse realizado, el aten- tado hubiera sido “de imprevisibles consecuencias”.
Posada y sus matones “vinieron a Panamá, violando las fronteras, despreciando nuestra soberanía, con el objetivo de asesinar al presidente Fidel Castro, impe- dir que se reuniera con el pueblo, con un total despre- cio a las pérdidas humanas”.
Ante tal atentado, “el pueblo panameño no iba a quedarse quieto e iba a lanzarse a las calles y esto hu- biera podido ser el pretexto para que el territorio de Panamá fuera de nuevo invadido”.
“Nadie sabe las consecuencias de este acto”, dijo, reclamando que se aplicara en un juicio a los cuatro terroristas la ley panameña que castiga “al que cometa un hecho contra un Jefe de Estado extranjero”.
“Gracias a Dios que fueron descubiertos a tiempo”, concluyó Rodríguez.
En otra intervención que emocionó al público pre- sente, el doctor Julio Berrios, eminente catedrático de la Universidad de Panamá y representante de organi-
140
Jean-Guy Allard