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La Ahnenerbe viaja a Toledo

La visita de la comitiva alemana en 1940 no era una visita protocolaria común realizada por altos cargos de la Alemania nazi, ni tenía un interés político ni estratégico ni en relación a la contienda bélica. Era una delegación expresa de las SS, y en concreto de su unidad arqueológica, la Ahnenerbe, encabezada por su máximo jefe, el Reichsführer Heinrich Himmler.

Existen fotografías testimoniales que han retratado a miembros de las SS posando entre las ruinas de El Alcázar de Toledo, en 1940, durante las jornadas de visita de Heinrich Himmler a Toledo.

Se trataba de una Expedición al más alto nivel por motivos esotéricos, a la caza y captura de reliquias sagradas de poder. España ofrecía un gran interés ya que durante su historia, y sobre todo la ciudad de Toledo, había sido la capital del Reino de los Visigodos, el Reino de los nórdicos arios de la Europa del Norte y con ellos llevaban todos los tesoros visigodos y reliquias antiguas saqueadas de Roma y a su vez de Jerusalén.

Ya entre 1934 y 1936, unidades de investigación arqueológica de las SS habían estado en España realizando reconocimientos en zonas arqueológicas españolas de interés para los nazis.

La tradición decía que la Mesa de Salomón, la Menorah o candelabro judío de 7 brazos, y el tesoro visigodo en general, habían sido trasladados por los romanos de Jerusalén a Roma; tras la caída del Imperio Romano, de allí los godos lo llevaron a Francia, a su antigua capital Toulouse, y ante la arremetida de los francos merovingios, mandados por Clovis, los visigodos y sus tesoros, tuvieron que refugiarse hacia Carcassonne y Rhedae, el actual pueblo Rennes le Château, para adentrarse después hacia la Península Ibérica, pasando primero por Barcelona y terminando en Toledo, la nueva capital de los godos.

Esta ruta del tesoro histórico visigodo, y de sus reliquias sagradas de poder, que quedó finalmente estacionado y protegido en Toledo, explica el lógico interés de los nazis y de la Ahnenerbe en Toledo, que sin duda era el destino más importante del itinerario de la comitiva de las SS en España, el epicentro de los objetos de poder en España.

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posteriormente a Barcelona, al Monasterio de Montserrat, ya que el Reichsführer de las SS tenía una obsesión personal con la búsqueda del Santo Grial y quería encontrarlo para llevarlo ante la Mesa de piedra redonda de los 12 Caballeros del Castillo de Wewelsburg, siguiendo el símil iniciático del Rey Arturo. De hecho, Himmler siempre llevaba consigo un ejemplar de Parsifal, la obra de Wolfram Von Eschembach.

Según esta leyenda del Santo Grial, el objeto en cuestión, la copa sagrada, tenía que ver con una extraña esmeralda caída de la mismísima frente de Satanás, o de su corona, como también se puede entender y según citan otras versiones, y que según Eschembach, llama "lapis exillis" o "piedra del cielo". Más tarde, según la leyenda, esta piedra preciosa habría sido tallada por un ángel que la convirtió en copa.

El autor de la obra Parsifal, Wolfram Von Eschembach, cita sus fuentes, y dice que fué un trovador provenzal llamado Kyot quien le relató la historia del Grial. Este trovador había estado en Toledo y allí descubrió unos textos escritos por un judío llamado Flegetanis, al parecer del linaje de Salomón, que se referían a la piedra esmeralda. Es curioso que esta obra de Parsifal, haga una referencia a un objeto sagrado custodiado en Toledo, detalle que ha llevado a algunos autores a identificar o a relacionar esta piedra esmeralda del Santo Grial con la Mesa de Salomón, que también es mencionada por algunos autores como la "Tabla Esmeraldina".

Así que ya vemos que, la leyenda del Santo Grial se cruza con la leyenda de la Mesa de Salomón; en este caso de Parsifal, el Santo Grial deriva de La Mesa de Salomón; y que al final, de un modo u otro, siempre sale a relucir Toledo, como referencia primaria, fija, originaria y permanente, de tesoros y objetos sagrados de poder, teniendo como centro la Mesa de Salomón.

La primera obsesión de Hitler por una reliquia sagrada determinada cayó en La lanza de Longinos, la cual mandó extraer de la vitrina de un museo de Viena, en cuanto los nazis ocuparon Austria, y trasladarla a Nüremberg, la capital espiritual de la Alemania nazi. Todavía la ciudad - vaticano de los nazis en Wewelsburg estaba en proyecto, para ser la capital espiritual del Imperio de los Mil Años.

Pero por supuesto que la Ahnenerbe estaba interesada en conseguir todo tipo de objetos de poder y de cualquier lugar del mundo.

No se sabía dónde se ubicaba el monte Montsalvat en cuya cueva, según la leyenda de los Cátaros, se había escondido el Santo Grial. Monsalvat no venía en ningún mapa, ni había datos concretos. Pero se había identificado con el Monte mágico y legendario de Montsegur, en el País Cátaro francés. Era el monte con el nombre más parecido a Monsalvat.

Esa había sido la conclusión del competente arqueólogo de las SS, Otto Rhan, el cual estuvo investigando pacientemente durante mucho tiempo en la provincia del Languedoc, en los pirineos franceses. Otto Rhan era un arqueólogo alemán de gran prestigio, que había

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ingresado en las SS el 12 de marzo de 1936 y que fué reclutado para las SS por el General Karl Wolff, brazo derecho de Heinrich Himmler.

Montsalvat debía ser Montsegur. Había, además, leyendas de la Edad Media, de los monjes puros, los cátaros, que relacionan también a Montsegur con el Santo Grial, aunque en este caso, en forma de dinastía humana, en relación a un supuesto linaje entre Jesús y María Magdalena.

Pero en Barcelona estaba también la Montaña de Montserrat, con su propio Monasterio, y ese nombre también tenía parecido con Monsalvat, lo cual llevó a Himmler a inspeccionar ese enclave mágico, por si acaso fuera el escenario correcto en donde estuviera el Santo Grial. Himmler y la Ahnenerbe no querían descartar a Montserrat de la búsqueda griálica, ya que, después de todo, los términos de Monsalvat y Montserrat también tenían parecido y eran de la misma raíz.

Aparte de eso, los nazis arqueólogos de las SS, los caballeros negros del Castillo de Wewelsburg, tenían interés en la Montaña Mágica de Montserrat, principalmente como lugar mágico de poder, y sobre todo en sus interioridades subterráneas, anfitrionas ideales para sus cultos negros secretos, pues no en vano la Orden mística y ocultista de Himmler había levantado su fortaleza central de Wewelsburg junto a las Montañas rocosas de Externsteine, (Rocas venidas de las Estrellas) en la zona de Nort Westfalia, un auténtico enclave mágico y de poder pagano y oculto en Alemania. Las SS querían ver la Montserrat subterránea y de paso, realizar allí culto secreto.

Himmler sabía más de lo que aparentemente podía pensarse, ya que, además de su brillante carrera como ocultista, estaba perfectamente asesorado por la sección de mediums contactistas espiritistas de la Ahnenerbe, que proporcionaban muchos detalles e informaciones para las investigaciones arqueológicas.

Pero Toledo era una pista auténtica y fiable, una pista real, histórica y verdaderamente indiscutible, que no ofrecía confusión ninguna de palabras o términos en poemas épicos antiguos. La sección de contactistas mediums de la Ahnenerbe había informado de que en Toledo, efectivamente, estaba la Mesa de Salomón, pero que estaba muy bien protegida, y que iba a resultar muy difícil o imposible apoderarse de ella.

El Reichsführer de las SS y sus colaboradores, así como el propio Hitler, conocían perfectamente la leyenda antigua que decía que quien poseyera la Mesa de Salomón sería el dueño del mundo, y esto era algo que les atraía enormemente hacia la posesión de dicha reliquia milenaria. Pues la Mesa de Salomón, junto con el Arca de la Alianza son los dos objetos sagrados más poderosos que hayan existido nunca en toda la historia humana. Todo esto nos indica acerca de la importancia central que tenía Toledo en la visita esotérica que hacía Heinrich Himmler a España.

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El itinerario del viaje de la comitiva de Himmler a España sería el siguiente y por este orden: San Sebastían, Burgos, Madrid, Toledo y Barcelona.

El 19 de octubre de 1940 Himmler y un séquito de 25 oficiales de las SS, encabezados por el general Karl Wolff, Jefe del Estado Mayor, y el capitán Günter Alquen, iniciaron el periplo iniciático y esotérico por la Península Ibérica. Ese mismo día, visitaron San Sebastián y Burgos.

El 20 de octubre de 1940, la comitiva de las gorras negras con calaveras llegó a Madrid, en medio de un recibimiento por todo lo alto en la Estación de trenes del Norte, encabezado por el Ministro del Régimen Franquista, Ramón Serrano Suñer.

Después Himmler se entrevistó con Franco en su Residencia de El Pardo, un pequeño pueblo tranquilo, situado al norte de la capital. Ya en Madrid, Himmler se entrevistó con Julio Martínez Santa Olalla, el Comisario de Falange para la Arqueología, Jefe de la "Comisaría General de Excavaciones Arqueológicas", que fué creada en 1939, una unidad arqueológica española que imitaba a la Ahnenerbe, con objeto de acompañarle en su viaje hacia Toledo. De algún modo, y en versión franquista española, La Falange hacía el papel de las SS, una orden uniformada que velaba por la pureza del régimen, y la Comisaría de Arqueología española hacía el papel de la Ahnenerbe nazi.

Las relaciones de España con Alemania eran buenas, afines. A Hitler le venía muy bien que en Europa hubiera un país como España, pues siempre, de un modo u otro, podía prestar su ayuda y colaboración a los nazis.

Sin embargo había algo extraño que no terminaba de encajar entre los regímenes nazi y franquista: el régimen de Franco era declaradamente ultracatólico tradicionalista, aliado incondicional del Vaticano Romano, y en cambio el nazismo alemán fomentaba unos valores extraños, claramente anticristianos, que habían ido marginando la doctrina católica en Alemania e impulsando a la vez una nueva religión germánica, ritual y esotérica, basada en la vuelta a las creencias ancestrales y paganas de los pueblos teutones y nórdicos, cuyos máximos sacerdotes druidas, vestidos de negro y adornados con siniestras calaveras, estaban precisamente ahora de visita en España, liderados por el temido hombre en toda Europa, Heinrich Himmler.

El 21 de octubre los invitados de las SS visitaron El Escorial. Y realizada esta última visita al monasterio de este pueblo de la sierra madrileña, la comitiva negra puso rumbo a Toledo. Al llegar a Toledo, el Jefe de los Campos de Concentración Nazis, Heinrich Himmler, y su comitiva, fueron recibidos por el mejor anfitrión de Toledo que podía guiarles, el General Moscardó, el héroe del Alcázar, el cual les mostró personalmente las ruinas de El Alcázar de Toledo, tal como quedó tras el famoso asedio que padeció la fortaleza en 1936.

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detalles al Reichsführer Heinrich Himmler. A su izquierda, les seguía de cerca el el general de las SS, karl Wolff; detrás y a su derecha, vestido con un traje militar oscuro, el ministro español Serrano Suñer. Y justo detrás de Himmler y Moscardó, entre medias de ellos, iba, cómo no, Santa Olalla, inconfundible con sus gafitas de intelectual y aspecto de cura, el jefe de la Ahnenerbe española, el Comisario de Falange para la Arqueología española.

Moscardó explicaba los detalles a Himmler. Himmler era acompañado en todo momento por uno de sus principales colaboradores, el general de las SS, Karl Wolff, quien no perdía detalle de todo cuanto veía en Toledo. Los visitantes germanos quedaron admirados y entusiasmados de la epopeya numantina del Alcázar de Toledo y además de que se lo pudiera explicar en persona su principal protagonista, superviviente del episodio.

El destacamento de la Ahnenerbe, con Himmler a la cabeza, también visitó el centro del casco histórico de la ciudad, contemplaron la Catedral de Toledo, y atravesando la Plaza, subieron por el lateral derecho del edificio del Ayuntamiento de Toledo, escoltado de militares de gala en formación, presentando sus armas. Al fondo quedaba la Catedral de Toledo, siendo testigo de los hechos históricos.

Santa Olalla caminaba detrás de Himmler en la comitiva de la Ahnenerbe que atravesaba la plaza de la Catedral de Toledo, subiendo por el lateral del Ayuntamiento. El Comisario de Falange para la Arqueología, iba pegado a Himmler. El Jefe de la "Ahnenerbe española" era el guía imprescindible de Toledo para Himmler...

Hasta entonces, la comitiva de las SS encabezada por Himmler, apenas había estado unas horas en cada uno de los primeros destinos de visita, San Sebastián, Burgos, Madrid, El Pardo, y El Escorial. Himmler y los oficiales de rango de las SS que le acompañaban, se sentían a gusto en Toledo. Y Toledo era el Destino. Por eso los visitantes nazis se quedaron a pernoctar en la ciudad visigoda.

Al día siguiente, 22 de octubre de 1940, el segundo hombre más poderoso de la Alemania nazi, después de Hitler, Heinrich Himmler, visitó el Museo Arqueológico Nacional; su guía imprescindible, como siempre, el falangista Julio Martínez Santa Olalla, jefe de la "Comisaría General de Excavaciones Arqueológicas", el equivalente franquista de la Ahnenerbe nazi, del que fué calcado.

Santa Olalla había sido profesor en la Universidad de Bonn entre 1927 y 1931; germanófilo declarado, era hijo de un general amigo de Franco, y gran amigo de Wolfram Sievers, el director de la unidad de operaciones especiales de la Ahnenerbe. Santa Olalla era un gran defensor de las raíces arias y celtas de España, ignorando al pueblo íbero, y por supuesto, ignorante de la antigua esencia hebrea de España.

En el Museo, el Reichsführer mostró mucho interés y fervor por todo tipo de piezas de origen visigodo, lo que motivó que Santa Olalla, halagado, le obsequiase con una de ellas. Himmler, muy diplomático, comentó que el Reino Visigodo había sido ya un primer lazo de

119 unión entre los pueblos germano e hispano.

Al día siguiente, 23 de octubre, la comitiva de las SS voló hacia Barcelona. El jerarca nazi se alojó en el Hotel Ritz de Barcelona. Ante la concentración de admiradores y curiosos a los pies del hotel, aclamando al visitante, Himmler tuvo que salir al balcón de su suite para complacer al enfervorizado público catalán.

Uno de los libros que llevaba consigo Himmler era "La Corte de Lucifer" el libro que había escrito el arqueólogo de las SS, Otto Rhan. Y allí en Barcelona, la visita principal se centró en el Monasterio de Montserrat. Los caballeros de las SS tenían gran interés en la Montaña Mágica de Montserrat y en ver sus interioridades subterráneas más secretas.

Al llegar al Monasterio de Montserrat, se cuenta que las máximas autoridades benedictinas del Monasterio no deseaban atender a Himmler, alegando no conocer el idioma alemán, ya que sabían acerca del ninguneo y marginamiento del régimen nazi hacia la Iglesia Católica, y que los nazis fomentaban una propia religión teutónica germánica, de creencias místicas y paganas. Así que los priores de Montserrat le encomendaron esta tarea de anfitrión de Himmler al joven padre Ripoll, el cual sí hablaba alemán.

Karl Wolff, general de las SS, que acompañaba a Himmler, para tranquilizar a los monjes del Monasterio de Montserrat, aclaró el objeto de la visita del grupo de las SS:

-No se preocupen. El interés real del Reichsführer en Montserrat no está en el Monasterio, sino en los túneles subterráneos de la Montaña.

Cumplido el programa, al día siguiente, Himmler salió en avión rumbo a Alemania.

Hay un hecho curioso, y es que dos días después de la visita de Himmler a Toledo, el día 23 de octubre de 1940, y mientras el Jefe de las SS, con su séquito siniestro, volaba a Barcelona, el Caudillo de España, Franco, y Adolf Hitler, se entrevistaban en Hendaya. Es curioso cómo coincide la reunión Franco-Hitler en el contexto de aquella semana de visita de Heinrich Himmler a España, y concretamente, justo después de su estancia en Toledo. De manera que mientras Hitler estaba reunido con Franco, Himmler estaba aún en Barcelona.

Por cierto que en aquella reunión de Franco con Hitler, del día 23 de octubre, asistió también el ministro español de asuntos exteriores, Ramón Serrano Suñer, y por parte alemana, Von Ribbentrop. Serrano Suñer, que se encontraba el día 21 en Toledo, tuvo que viajar también a Hendaya, sin pérdida de tiempo, para estar presente en la reunión del día 23 entre los dos Jefes de Estado.

Es decir, que la reunión entre Franco y Hitler tuvo lugar sin que Hitler tuviera todavía ningún informe de la estancia de Himmler en Barcelona. Era irrelevante. Pero sí había ya un informe sobre la mesa acerca de la visita del jefe de la Ahnenerbe a Toledo, que ya había tenido lugar dos días antes, que era lo importante.

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Hay otro motivo que demuestra que la visita de Himmler a Toledo era la clave del viaje de la Ahnenerbe a España, y el razonamiento es el siguiente:

Siempre se ha dicho que la clave de la visita de Himmler a España era Santa Olalla, y es cierto.

Observemos un detalle, Santa Olalla no acompañó a Himmler a San Sebastián, ni a Burgos, ni tampoco a Barcelona. No hay fotografías ni información que muestren a Santa Olalla en Barcelona con la comitiva de las SS. Fué el General Orgaz quien se encargó de recibir y acompañar a Himmler en Barcelona. Era irrelevante que el guía de Himmler, Santa Olalla, estuviera en Barcelona.

Sin embargo Santa Olalla sí acompañó a Himmler a Toledo. Es cierto que también le acompañó a El Escorial, pero porque el Comisario falangista de la Arqueología fué asignado en Madrid a acompañar al séquito de Himmler en su viaje a Toledo. El Escorial era simplemente una escala de camino, en el viaje de la Ahnenerbe a Toledo, puesto que de El Escorial Himmler salió directamente hacia Toledo.

Pero es que además, esto mismo también se cumple con el ministro Ramón Serrano Suñer. El ministro Serrano Suñer no apareció para nada en San Sebastián, ni en Burgos, ni en Barcelona. Pero Serrano Suñer estuvo como un clavo allí en Toledo, puntualmente. Santa Olalla y Serrano, los dos representantes importantes, tenían que estar con Himmler en Toledo, porque Toledo era la clave importante y central de la visita de la Ahnenerbe a España.

Existen unas fotografías históricas de la visita de Himmler a Barcelona, fechadas el 23 de octubre de 1940. En todos los registros, Himmler aparece acompañado en todo momento del General Luis Orgaz, que aparece en primera fila. Ya no hay rastro del Comisario falangista para la Arqueología, Julio Martínez Santa Olalla, ni del ministro de asuntos exteriores, Ramón Serrano Suñer. Ya habían cumplido la misión importante, que era acompañar a Himmler en su visita a Toledo.

¿Y qué era lo que había en Toledo? Pues no es ningún secreto, sobre todo para las órdenes ocultistas y herméticas, que desde hace muchos siglos hay muchas referencias, leyendas y