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Un millón de euros para abrir La Cueva de Hércules

A la cita del almuerzo llegó el Príncipe Bonario, un hombre con bigote y barba caballerescos y afilados, y semblante serio, o solemne; iba acompañado de otro personaje corpulento, ambos impecablemente trajeados. El acompañante no hablaba durante la comida, por lo cual, su papel era, como se podía suponer, de guardaespaldas protector del tal Príncipe. Además, el acompañante probablemente no manejaba un español perfecto, pues tenía un aspecto rubio, como de persona del Este.

¿Quién dijo que no había dinero para abrir la Cueva de Hércules? Ahí estaba, encima de la mesa, al menos supuestamente.

El presupuesto de los fondos consistiría en una primera entrega de 100.000 euros, seguida periódicamente, según las exigencias y el transcurso del tiempo, de otras cantidades similares de 100.000 euros, así hasta completar una cifra de 1 millón de euros, que representaría el presupuesto total de los fondos destinados por esta Orden para abrir la Cueva de Hércules a la luz pública.

El Gran Maestre, hombre de amigable charla, parecía informado y formado excelentemente en cultura y saberes; también se mostraba ducho en cuestiones jurídicas y en conocer el arte de los atajos legales y de las subvenciones oficiales. ¡Era un tipo curioso!...

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iniciática, desde luego, sobre todo para un hombre que aparentaba bastante más edad, o al menos a mí así me lo parecía.

En el transcurso de la conversación, advertí al Maestre de que el descubrimiento de la Cueva de Hércules traería unas consecuencias catastróficas para la Iglesia Católica y era por ello que el Vaticano se oponía a abrir el Recinto Sagrado de Salomón.

Pero sabido es que templarios y Vaticano no se llevan muy bien, sobre todo después de la última conversación, poco amable, que tuvieron el 18 de marzo de 1314 junto a la Catedral de Notre Dame, en la que los monjes caballeros fueron quemados vivos.

Al menos en esto, en no fiarnos mucho del Vaticano, ambas partes coincidíamos. De hecho mi interlocutor me confesó que su orden había tenido problemas en el pasado con el Opus Dei. Buena señal. ¿Llegaríamos a trabajar juntos?

Entonces el caballero maestre me presentó un posible e interesante plan para abrir la Cueva de Hércules, que consistía en lo siguiente:

Con los fondos que disponía la orden, que parecían más que considerables, se trataría de comprar una casona de esas viejas que suelen aparecer en venta, en las inmediaciones a la Catedral de Toledo, es decir, en alguna esquina o calle adyacente o próxima a la Catedral. El inmueble sería comprado y puesto a nombre de la Orden. Y después, dentro de esa casa, se acometería una excavación y un túnel subterráneo hasta llegar a la misma Cueva de Hécules, la cual está debajo mismo de la Catedral.

¡Desde luego el plan no era malo! ¡Aquél plan era bien bueno!... ¡el templario no era nada tonto, sino muy inteligente!... ¡y encima tenía medios económicos para emprender cualquier proyecto!... ¡por lo visto parecía que esta gente iba a por todas!...

Finalizando el almuerzo, hubo un intercambio de carpetas que contenían documentos de información. Yo había preparado un pequeño dossier de documentos de interés relacionados con la Cueva de Hércules, informaciones sobre Toledo, etc.., una presentación del proyecto del descubrimiento, por si llegábamos a trabajar juntos, para que conociera un poco el terreno, y se fuera familiarizando. Y en la carpeta que me ofreció el jefe bonario había algunas publicaciones de revistas de su Orden de Caballeros y de sus actividades humanitarias en diferentes países, las cuales todavía conservo.

Fué extraño que los dos hombres no se quitaron en ningún momento, sus chaquetas para comer, dado que hacía bastante calor aquél día. Así que pensé que probablemente ocultaban ciertas herramientas muy socorridas en este tipo de encuentros: armas para su protección personal, y grabadoras. Yo por mi parte debo decir que no portaba ningún juguete de esa clase.

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- Podeis contar con esos fondos - fueron las palabras de despedida del Jefe de la Orden Templaria.

Posteriormente, yo mismo, informé de todo lo tratado en la reunión a mi socio, el descubridor Alberto Canosa.

Transcurridas 24 horas, y valorados y analizados todos los elementos que convergían en esta posible colaboración, al final no hubo un acuerdo positivo entre ambas partes. Pues por nuestra parte consideramos que la obtención de esos fondos y el compromiso a contraer con dicha Orden no dejaban suficiente espacio para nuestra libertad e independencia plena. La sensación que teníamos nosotros, Alberto y yo, de toda aquella reunión y contactos, era que la Orden se constituía en la depositaria de todos los derechos del descubrimiento de la Cueva de Hércules, así como de sus tesoros, quedando nosotros como meros colaboradores lejanos, unos simples trabajadores más de la Orden, que solo llegaríamos a cobrar unos sueldos mensuales a cargo de la Orden, por haber participado en los trabajos del descubrimiento.

Tal vez hubiera un millón de euros, pero desde luego no iba a ser para nosotros, sino que sería para ellos mismos. Nosotros, en realidad, estábamos de más.

Lo cual para nosotros era como hacer dejación de nuestra responsabilidad y de nuestro interés para descubrir la Cueva de Hércules, para mostrarla al mundo, no para que sea objeto de uso y disfrute de una secta particular, y para sus ambiciones de poder y deseo de riqueza.

No hubo acuerdo entre los templarios y nosotros. Pero ¿eso significa que los templarios renunciarán a buscar la Cueva de Hércules y la Mesa de Salomón? ¿Renunciarán los Caballeros del Temple a sus ideales de encontrar las reliquias sagradas de poder?

El hecho de que nunca renunciaron a sus ideales es que todavía, después de todos estos siglos, siguen existiendo, y siguen interesados en los mismos proyectos que al principio del nacimiento de la orden en Francia y Jerusalen, uno de ellos, recuperar o más bien apoderarse de las reliquias sagradas de poder, de la Cristiandad.

Bueno, al menos, estos representantes de la Orden Bonaria, fueron unos personajes que, de algún modo, se interesaron por nuestro proyecto de descubrir la Cueva de Hércules y la Mesa de Salomón, ofreciendo una posible forma de financiación.

A día de hoy, para vergüenza de las autoridades, ninguna administración pública no sólo no va a financiar ni un sólo céntimo para este proyecto sino que tratarán de poner todas las trabas posibles y desacreditar a los investigadores. Así que tendrán que ser las iniciativas privadas, como la nuestra, las que recuperen el patrimonio de todos.

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durante muchos siglos de la Historia, Toledo, no debe ser propiedad ni cortijo particular de ningun grupo religioso, político, asociación, fundación, u organización alguna, sino un lugar rescatado, después de 3048 años, para los toledanos, los castellano-manchegos, los españoles y para todos los seres humanos del mundo, como verdadero Patrimonio de la Humanidad.

Afortunadamente, la protección divina y sobrenatural de la Mesa de Salomón nos salvó de cerrar tratos con esa organización paramasónica y neotemplaria, pues de haberlos llevado a cabo, el negocio habría salido ruinoso y desastroso.