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El misterio de los extraños temblores de la Catedral de Toledo

El empezar a desentrañar este misterio hace retrotraerme a los viejos tiempos de mi infancia cuando recorría como niño las viejas calles de Toledo, pues esta es la ciudad donde me crié y crecí. Quizás ahora muchas personas comprendan que mi vinculación con Toledo no es algo puramente superficial o de un interés momentáneo o pasajero, sino algo que se enraiza profundamente en los orígenes de mi propia vida.

Por ello que no puedo más que asistir con lástima cuando me he encontrado con críticas gratuitas vertidas por algunas personas que lo desconocen todo sobre mí y sobre Toledo, acusándome de que yo no sé nada de Toledo o que no entiendo nada de Toledo y que tan sólo soy un fabulador que habla de cosas que no conoce.

Lo cierto y verdad es que desde muy niño sentí la curiosidad por lo insólito y lo misterioso, por lo cual me interesaban mucho los lugares extraños del viejo Toledo medieval donde en cada rincón, en cada calle, y en cada piedra del campo hay algo misterioso y desconocido. En mi ser había un interés genuino en observar e investigar todas estas cosas que me atraían profundamente, pues sentía algo dentro de mí que me decía que hay algo más profundo detrás de todo esto que lo que la historia vulgar escribió, basándose en meras supercherías, tradiciones antiguas, y charlatanería de filósofos y beatos influenciados profundamente por la religión católica muy arraigada en Toledo, la cual llegó a ser en un tiempo pasado una Ciudad- Convento y Monasterio.

Cuando de niño " obligadamente" íbamos todos los domingos a la misa, generalmente yo iba a la Catedral de Toledo, a oír la misa mística católica de las 12, y curiosamente, como niño que era, husmeaba por todos los rincones insólitos de la Catedral de Toledo, observando cada piedra y cada cuadro, viendo en todo ello algo místico y oscuro que daba a veces temor y miedo, sobre todo si en la Catedral había pocas personas, estando como estaba todo oscuro y tétrico, pero esa atracción instintiva me decía que la Catedral encerraba más misterios que algún día tendrían que ser desvelados.

Recuerdo que, siendo pequeño, un domingo, estando yo con los otros niños en la Misa de las 12, que se celebraba en la Capilla de Santiago, naturalmente, como solía ocurrir, y creo que en algunos casos sigue ocurriendo en la actualidad, durante la celebración ritual de esa Misa católica, las personas prominentes y ricas tenían su asiento en primera fila, incluso tenían sillas con sus nombres, las cuales nadie podía ocupar, y el resto de la gente más humilde

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formaba detrás una masa compacta y oían todos esa Misa en latín. En aquel tiempo muchas personas eran analfabetas en una sociedad en donde reinaba la ignorancia general.

Y recuerdo que yo estaba siempre en la última fila, con los otros niños, muy cerca de un altar donde hay una estatua de mármol blanco con una virgen y un niño en sus brazos. Pues bien, sobre la superficie y debajo de aquel altar, jugábamos los niños a colocar la oreja, porque verdaderamente que se oía como un ruido estruendoso y atronador, como de una potente manga de agua que corriera desorbitadamente, y producía un ruido atroz, como si aquello fuera una extraña catarata que corría salvajemente por debajo de la catedral y sin avisar, y sin que nadie lo supiera.

Aquél recuerdo, que me quedó grabado, me resultaba siempre de lo más extraño e incomprensible. Naturalmente que uno, de niño, no podía entender qué diantres era ese ruido y ese agua, pues a veces algunos mayores daban explicaciones vagas sobre ciertas corrientes de agua que corrían por debajo de la catedral.

Incluso el célebre y exitoso escritor Vicente Blasco Ibáñez (1867-1928) en su libro "La Catedral" llegó a describir, acertadamente, que a veces se podían escuchar ruidos estrenduosos de corrientes de aguas muy potentes debajo de la Catedral de Toledo. Y fué después, a lo largo del tiempo y de mi vida, cuando llegué a comprender, tras muchos estudios e investigaciones, que ese ruido lo producía ni más ni menos que una manga de agua que venía por un túnel desde los alrdedores de un pueblo llamado Mozarambroz, situado a unos 38 kilómetros al sur de la ciudad de Toledo. Pero este túnel en particular, tiene un diámetro muy estrecho, tanto que ni siquiera cabe ni puede avanzar una persona dentro de él.

Pues bien, ese angosto túnel llevaba una manga de agua procedente del Río Tajo con dirección a Toledo, y hacía subir el agua a presión hasta la altura máxima de Toledo, en la Iglesia de San Román, y desde esa altura, bajaba después, en pronunciada pendiente, de nuevo hasta el Río Tajo.

El agua bajaba a toda presión desde la parte más alta de Toledo, y este canal de agua era el que pasaba justamente por debajo de la Catedral de Toledo, y de su Cripta, con lo cual, pasaba por la misma Cueva de Hércules.

Al rozar el agua las piedras magnéticas que hay debajo de la Cueva de Hércules, éstas se magnetizaban, y eran cargadas de electricidad, como baterías naturales, y provocaban una fuerza de corriente eléctrica que hacía que las estatuas metálicas que hay en la Cueva, tuvieran un movimiento de brazo continuo, para efectuar golpes en el suelo, con una maza que tienen en sus manos las estatuas, y con ello asustar así a los curiosos que por alguna razón hubieran entrado casualmente en la Cueva de Hércules por alguna posible entrada. Pero en el año 1975 sucedió algo, y fué que se construyó la Presa de Alcantarilla, en las

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cercanías del pueblo de Mozarambroz, con lo que la situación cambió.

A partir de ese momento, al estar el agua represada en este canal del Río Tajo, ésta ya no fluía libremente y ya no entraba en la boca del túnel que iba hacia Toledo, de tal manera que al no haber más agua pasando bajo la nave de la Cueva de Hércules, ya no se producía corriente o electricidad, y las estatuas metálicas dejaron de efectuar esos movimientos, y dejaron de golpear el suelo.

Sin embargo, hoy día, actualmente sigue existiendo otro misterio, y es que ocurre que de vez en cuando las estatuas se ponen a golpear el suelo con sus terribles mazas. ¿Por qué? Esto se debe a que cuando hay épocas de copiosa lluvia y trombas sobre Toledo, la Presa de Alcantarilla en Mozarambroz se desborda, porque ha llovido mucho, y entonces se deja escapar mucha agua al vacío, entrando en el túnel de la Cueva de Hércules de Mozarambroz. Este agua sobrante que llega de repente de Mozarambroz llena de nuevo el túnel y al llevar de nuevo la manga de agua hacia Toledo, ésta baja de nuevo a la Cueva de Hércules, llena las piedras magnéticas, baterías naturales, de corriente eléctrica, y ésta hace que las estatuas se pongan de nuevo en marcha y efectúen sus movimientos de brazos, golpeando el suelo de nuevo, y provocando unas vibraciones encima de la nave donde se hallan las estatuas, que se traspasa en vertical hacia la zona superior de la Catedral, donde se encuentran la Cripta, el Transparente y toda la techumbre de la Catedral.

Esas vibraciones hacen que esa zona de la Catedral se mueva, vibren los muros y el techo, ya viejos y desgastados, con el consiguiente peligro de que un día, después de unas torrenciales lluvias, las vibraciones hagan caer parte del techo, pudiendo causar víctimas o muertes entre los turistas que visitan la Catedral.

Por ello hace tiempo que envié varias cartas al Alcalde de Toledo, Jose Manuel Molina, advirtiéndole y poniéndole al corriente de la causa de esos movimientos y temblores que tienen lugar en esa parte de la Catedral.

Pero ni la Alcaldía ni nadie del Consistorio han hecho ni caso, como siempre. Tan sólo han colocado, como única precaución, un sensor de vibraciones dentro de la Cripta de la Catedral, como ya he dicho anteriormente, con objeto de medir dichos movimientos.

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Capítulo 16