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Yo fuí encerrado por buscar la Cueva de Hércules

Nosotros, ambos, Alberto y Fran, hemos sido detenidos, por agentes policiales, en distintas ocasiones, en el sentido de que los agentes han salido a nuestro encuentro, nos han interceptado, y nos han pedido explicaciones, simplemente por buscar la Cueva de Hércules. Después, por lo general, nos han dejado marchar.

En la primera ocasión, fué el propio Alberto Canosa, el que, cuando acababa de empezar en solitario toda la investigación seria sobre el misterio y el secreto que rodean la Cueva de Hércules, mientras hacía sus recorridos de observación, por distintos lugares de Toledo, tuvo ocasión de ser visitado por agentes de la Ley.

Un día, a primeras horas de la tarde, una patrulla de la policía local de Toledo dió el alto a Canosa. Le preguntaron que qué hacía por allí, por ese lugar, y el investigador respondió que nada en particular, que simplemente estaba por allí, viendo algunas cosas, sin más. Los agentes dijeron que les habían avisado sus mandos, desde un punto de observación, acerca de su presencia en aquél lugar, con objeto de advertirle de que se marchara y se alejara de esa zona, a la mayor brevedad posible.

Canosa preguntó a los agentes que quién había dado el aviso, y éstos respondieron que el aviso había partido de una "llamada anónima". Los agentes fueron amables, pero el paseante molesto, que en realidad no molestaba a nadie, tuvo que marcharse.

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En otra ocasión, fuimos los dos, Alberto y un servidor, y una tercera persona que en esa ocasión nos acompañaba, los que tuvimos el gusto y el grato placer, obligadamente, eso sí, de recibir la visita de otra patrulla de la policía local de Toledo. Por lo visto, ya estábamos siendo bastante conocidos.

Nos interrogaron acerca de qué hacíamos exactamente por allí. Y nos pidieron la documentación, los carnets de identidad, para apuntar nuestros nombres. Pero de nada se nos pudo acusar, ya que simplemente estábamos paseando como buenos vecinos y amigos de Toledo.

Se supone que hay que recrear la vista en el encanto de Toledo, y admirar su legado histórico, como hacen todos los turistas a diario, y eso mismo hacíamos. No obstante, tuvimos que marcharnos, antes de que la cosa fuera a peor.

Hay que recordar que fué aquél detective privado, Alberto Homar, del que ya hablamos en un capítulo anterior, el que recomendó encarecidamente a Canosa que no pisara más por Toledo, si no quería tener serios problemas con el Alcalde, que en aquél momento era Jose Manuel Molina, un político del partido popular que tenía excelentes relaciones con Blas Piñar, el líder de la extrema derecha, y con otros cargos políticos y religiosos del Opus Dei y de la Iglesia Católica de Toledo, todos ellos metidos en el ocultismo y en el secretismo hasta los ojos.

Hay personas que en algunas ocasiones, que por cierto, desconocen los entresijos y el trasfondo de Toledo, acusan de que deformamos las cosas, y dicen que no hay ningún complot en Toledo, que eso de la Cueva de Hércules es una quimera inexistente, y que nadie persigue ni detiene a nadie por buscar la Cueva de Hércules.

¡Bueno, que me lo digan a mí, que me encerraron por buscar la Cueva de Hércules!... El 29 de septiembre de 2005, una patrulla de la Guardia Civil, perteneciente a la Unidad del Seprona, Servicio de protección a la Naturaleza, y con base en el Cuartel de la Guardia Civil, sito en la Avenida de Barber nº 42, Toledo, me interceptó y me llevaron detenido a dicha dependencia.

¡Detenido por buscar la Cueva de Hércules!...

Antes de que se acercara esta patrulla a prenderme, pude ver por encima de mi cabeza como me sobrevolaba varias veces un helicóptero de la Guardia Civil; un helicóptero que despegó y que salió en misión de reconocimiento, únicamente por mí; para vigilar mis movimientos y para guiar al coche patrulla hasta mi persona; alguien había dado un aviso con la esperanza de que me detuvieran lo antes posible, sin reparar en gastos ni recursos. Ya en el Cuartel, los agentes de la Benemérita de Toledo me abrieron ficha y expediente, y me preguntaron acerca de todos mis datos personales, nombre, dirección, etc...,

161 Nunca me habían leído "mis derechos":

"Tiene derecho a permanecer en silencio. Cualquier cosa que diga podrá ser utilizada en su contra"...

Y fuí denunciado por cometer un delito contra el patrimonio ante el Juzgado de Instrucción nº 5 de Toledo.

Me requisaron y me registraron todos mis objetos personales, tanto los que portaba encima como los que llevaba en el coche. Y fuí conducido a una de las celdas de los calabozos del Cuartel de la Guardia Civil de Toledo.

Allí, junto a las celdas, había varios agentes; uno de ellos, de pelo cano y algo mayor me preguntó:

- ¿Tú quién eres? ¿el que han detenido por lo de la Cueva de Hércules? - Sí, yo soy - repondí. Yo estaba buscando la Cueva de Hércules.

Algunos agentes no podían reprimir sonrisas de burla y chanza; otros estaban serios, con caras de pocos amigos, otros imbuídos en la rutina, y otros se mostraban amables. Era un auténtico ambiente militar cuartelero, que me recordaba los tiempos cuando yo había vestido uniforme.

Me registraron antes de entrar en el calabozo; una comprobación rutinaria por si el detenido pudiera autolesionarse o incluso suicidarse con algún objeto oculto.

No seré yo quien me suicide, desde luego - pensé -, si acaso, algún día, otros se suicidarán cuando se destape el pastel de la Cueva de Hércules.

Fuí encerrado; había un camastro metálico y una manta, nada más; pasé allí la noche, hasta el día siguiente.

Al día siguiente, a primera hora, y después de un vaso de café ofrecido por un agente a través de los barrotes, me subieron, escoltado, a un piso superior de uno de sus edificios, en donde parecía haber un laboratorio fotográfico. Allí otro agente que atendía ese destino, me tomó mis huellas dactilares, de todos los dedos, y me realizó varias fotografías, una de frente, otra de perfil, y otra de cuerpo entero.

Después, la misma patrulla del día anterior, me trasladó en su vehículo al Juzgado, cerca de la Plaza de toros de la ciudad, y tras unas gestiones de papeles y declaración, fuí devuelto de nuevo a la libertad.

Y esta fué la historia, no muy agradable, pero que resulta necesario y más positivo contarla, de mi aventura en aquellos días con los agentes de la Guardia Civil, con los calabozos, y con un Juzgado de Toledo, todo ello relacionado con la Cueva de Hércules.

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Para que luego digan algunos que no pasa nada por buscar la Cueva de Hércules y que nos inventamos las cosas. Según muchos, a mí me encarcelaron por algo que no existe.

Cuando las altas instancias de los poderes de Toledo, se enteraron de que yo tenía relación con Alberto Canosa, aparcaron el asunto, se corrió un tupido velo, y no volví a saber nada más de aquello, ni hubo juicio ni nada, hasta hoy; tienen el caso guardado, pero lo sacarán en el momento oportuno en que les pueda interesar; quizás nunca.

Capítulo 25