XI. Imperfecciones de mercado
2. Asimetrías de la información
Una condición para que los mercados operen de manera eficiente
es que los operadores tengan buena información acerca de los elemen-
tos relevantes del mercado. En muchos mercados, los precios logran
11 Tal vez la venta de licencias por áreas limitadas de servicios permita la compe-
tencia y que el precio baje a sus niveles de equilibrio competitivo. Véase DEMSETZ, Harold, “Why Regulate Utilities?”, Journal of Law and Economics, vol. 11, 1968, ps. 55-65. Los resultados de las regulaciones, además, no siempre llevan a la metas deseadas o pre- vistas. Stigler, p. ej., mostró que la regulación de las empresas distribuidoras de electri- cidad no llevó a un descenso en las tarifas, ni afectó la rentabilidad de las empresas. Como he comentado antes, la sola presencia de una falla de mercado no debería llevar inmediatamente a la conveniencia o la necesidad de regulación. Ver STIGLER, George - FRIEDLAND, Claire, “What Can Regulators Regulate? The Case of Electricity”, Journal of Law and Economics, vol. 5, 1962, ps. 1-16.
12 HAYEK, F. A., “The Use of Knowledge in Society”, American Economic Review,
vol. 35, nro. 4, 1945, ps. 519-530.
13 SMITH, Vernon, “Markets as Economizers of Information: Experimental Examination
of the ‘Hayek Hypothesis’”, Economic Inquiry, vol. 20, nro. 2, 1982, ps. 165-179. Ver, también, PLOTT, Charles R., “Markets as Information Gathering Tools”, Southern Economic Journal, vol. 67, nro. 1, 2000, ps. 2-15.
14 El primer artículo en destacar este problema es AKERLOF, George, “The Market for
‘Lemons’: Quality Uncertainty and the Market Mechanism”, Quarterly Journal of Eco-
nomics, vol. 84, nro. 3, 1970, ps. 488-500.
discriminar entre productos e informar adecuadamente a los opera-
dores para que tomen decisiones consistentes. Por otra parte, hay cierta
evidencia experimental consolidada de que los mercados logran equi-
librios eficientes aun con poca o muy poca información.
Hayek, en un celebre artículo, sugirió que una función central
del sistema de precios es centralizar información y conocimiento dis-
perso, a veces tácito, permitiendo que los operadores de mercado
tomen mejores decisiones en términos de coordinación
12. El sistema
de precios contiene información que permite que los operadores de
mercados tomen decisiones correctas en términos de coordinación con
alto grado de ignorancia. El sistema de precios, antes que permitir
que agentes informados asignen bienes a sus usos más valiosos, per-
mite que agentes poco informados tomen decisiones correctas en los
mercados.
Una variedad importante de experimentos ha mostrado el acier-
to en la tesis de Hayek. La economía experimental ha mostrado reite-
radamente que participantes con muy poca información pueden to-
mar decisiones eficientes, puesto que el mismo sistema de precios
colecta información dispersa e induce a los operadores a que tomen
decisiones correctas. La eficiencia, en suma, puede lograrse bajo con-
diciones mucho menos exigentes que las usualmente consideradas
13.
Pero hay casos paradigmáticos en los cuales los precios fallan a
la hora de transmitir adecuada información llevando a resultados ine-
ficientes. Son los casos donde operan problemas de “información asi-
métrica”, casos donde la información es muy costosa o está mal distri-
buida, razón por la cual la extensión de los intercambios se ve limitada
a menos transacciones con la consiguiente pérdida de excedentes.
La asimetría de la información sucede cuando en un mercado el
vendedor tiene mucha más información que el comprador sobre la
calidad de los bienes. Para ilustrar el caso, nada mejor que apelar a
un clásico: el mercado de autos usados donde el vendedor tiene en
general mayor información que el vendedor respecto de la calidad de
los autos
14. Supongamos que hay sólo dos categorías de autos: los
buenos y malos o “limones”. Para simplificar asumamos también que
15 El comprador sabe que tiene un 50% de probabilidades de comprar un limón y
otro 50 % de probabilidades de comprar un buen auto. Es decir, ½ (12.000) + ½ (24.000) = 18.000. Éste es el monto máximo que le conviene pagar.
16 Varian cree que el problema reside en una externalidad entre vendedores de
autos en tanto cuando un individuo intenta vender un automóvil malo afecta la per- cepción de calidad media de producto que tienen los consumidores en un contexto donde los precios no pueden discriminar entre calidad. VARIAN, Hal, Microeconomía...,
cit., p. 668.
en el mercado la mitad de los autos son de buena calidad y la mitad
restante son “limones”.
Los vendedores quieren vender al mayor precio posible y los de-
mandantes comprar al menor precio posible y estos últimos prefieren
un “buen auto” a un “limón”, pero son los vendedores quienes cuen-
tan con esa información. Imaginemos que las condiciones para los in-
tercambios provechosos, tanto de “limones” como de “buenos” au-
tos están dadas: los vendedores venden “limones” desde $ 10.000 y
los compradores están dispuestos a pagar por ellos sólo hasta $ 12.000.
Y que los vendedores están dispuestos a vender los “buenos” a partir
de $ 20.000 y los compradores a pagar por ellos hasta $ 24.000. Da-
das las valoraciones hay potenciales excedentes para ambas catego-
rías de autos; es decir, hay tanto compradores como vendedores de
“buenos” autos como de “limones”.
Los compradores, sin embargo, no tienen modo, a un costo razo-
nable, de diferenciar los “buenos” de los “limones” y la información
que brinden los vendedores no necesariamente es confiable. Si hubie-
se un mecanismo sencillo para identificar los “buenos” de los “ma-
los”, los precios simplemente discriminarían entre éstos, asignando
un precio de equilibrio para cada tipo de auto.
En tanto el mercado está compuesto de una mitad de “limones”
y otra mitad de “buenos” autos, un elector racional representativo
debería descontar del precio la probabilidad de un 50% de que le to-
que un “limón”. En otros términos, en tanto el precio no puede dis-
criminar entre “buenos” y “limones” los compradores tienen buenos
incentivos para descontar del precio de demanda esa probabilidad y
pagar sólo hasta $ 18.000, un precio al cual sólo se venden “limo-
nes” y no autos “buenos”, en tanto el precio de reserva de los buenos
autos es de $ 20.000
15; es decir, al precio de $ 18.000 se ponen a la
venta “limones”. A su vez, si el consumidor conoce este problema,
tiene incentivos para ofrecer sólo hasta $ 12.000 en tanto ése era el
precio máximo que en el ejemplo está dispuesto a pagar por “limo-
nes”. De ese modo, aun cuando hay disponibles transacciones prove-
chosas entre oferentes y demandantes de autos “buenos”, estas tran-
sacciones no se realizan, limitándose el ámbito de los mercados
16.
El problema no sólo funciona en el mercado de los autos, sino en
otros casos donde alguna parte tiene mucha más información que la
otra y es costoso identificar la calidad del bien, como por ejemplo pue-
de suceder en mercados como el de trabajo o el de capitales. Cuando
hay severas asimetrías de información en contextos donde es muy cos-
toso obtenerla, el mercado puede generar equilibrios ineficientes don-
de se pierden muchas transacciones provechosas. Si además los con-
sumidores conocen este problema, hay incentivos para que se realicen
aun menor cantidad de transacciones con mayor pérdida de excedentes.
En general, el Estado no cuenta con procedimientos para que los
particulares revelen confiablemente esta clase de información priva-
da, y son las mismas prácticas mercantiles las que pueden contribuir
a mejorar las condiciones del mercado. La creatividad empresarial
puede eliminar o al menos mitigar algunos de estos problemas brin-
dando mejor información o estableciendo precios que discriminen, sea
apelando a mecanismos como la marca, el renombre o las garantías.
Por medio de garantías, por ejemplo, los propietarios de autos “bue-
nos” pueden brindar una señal que permite discriminar precio y fa-
vorecer las transacciones. Sin embargo, estas señales no siempre es-
tán fácilmente disponibles y a veces no contribuyen necesariamente a
la eficiencia del mercado
17.
Otro conocido problema de información es la selección adversa,
un típico problema del mercado de los seguros, donde el asegurado
cuenta con mayor información respecto del riesgo
18. Supongamos un
mercado de seguro de robo de autos. La empresa puede ofrecer una
prima que contemple el riesgo medio de robo de autos, tomando en
cuenta diversas localidades y sectores. Si para la empresa es muy cos-
toso discriminar precios, son precisamente las personas con mayor
propensión al riesgo aquellas que tienen mayores incentivos para con-
tratar el seguro, en el ejemplo aquellas que viven en barrios más peli-
grosos. De ese modo, la empresa debe incrementar la prima excluyen-
do, como en el caso anterior, a aquellos “buenos” clientes que viven
en zonas poco peligrosas que estaban dispuestos a asegurarse a la pri-
ma correspondiente.
17 Véase VARIAN, Hal, Microeconomía..., cit., p. 676.
18 Se ha encontrado evidencia empírica que respalda estos resultados. Para el merca-
do de seguros de automóviles, véase PUELZ, R. - SNOW, A., “Evidence on Adverse Selection: Equilibrium Signaling and Cross-Subsidization in the Insurance Market”, Journal of
Political Economy, vol. 102, nro. 2, 1994, ps. 236-257. Respecto del mercado de salud,
probablemente el primero en mostrar resultados empíricos, BROWNE, M. J. - DOERPINGHAUS, H. I., “Information Asymmetries and Adverse Selection in the Market for Individual Medical Expense Insurance”, Journal of Risk and Insurance, vol. 60, nro. 2, 1993, ps. 300- 312.
19 El origen mismo del término, al parecer, proviene de la industria del seguro y es
un problema conocido antes de que se teorizara sobre éste. Véase el artículo de BAKER, Tom, “On the Genealogy of Moral hazard”, Texas Law Review, vol. 75, 1996, ps. 237- 292. El problema desde luego afecta a otros mercados. Gobernantes que son sistemá- ticamente asistidos financieramente por organizaciones gubernamentales, p. ej., enfrentan un problema de riesgo moral en tanto no cuentan con incentivos para tomar decisiones adecuadas en materia económica.
Para simplificar supongamos que hay dos tipos de consumidores
de seguros, los “buenos” y los “malos”, donde los primeros tienen
menor probabilidad de que les suceda el siniestro que a los segundos.
Si no hay precios que discrimen, son los “malos” quienes tienen ma-
yores incentivos para contratar el seguro en tanto ellos son quienes
enfrentan mayor probabilidad de siniestro. La compañía de seguros,
para que el negocio sea rentable, debe elevar la prima, lo cual restrin-
ge el ámbito del mercado expulsando precisamente a aquellos mejo-
res clientes. Los mercados, nuevamente, no arriban al óptimo de Pa-
reto, en tanto dadas las valoraciones quedan excedentes sin aprovechar;
es decir, ventajosas transacciones sin practicarse.
Otro caso muy conocido donde también es el consumidor quien
maneja mayor información, es el del riesgo moral. De hecho este pro-
blema también afecta y puede ilustrarse por medio del mercado del
seguro
19. Supongamos que una persona está completamente asegura-
da contra un siniestro determinado, como el robo de autos. En tanto
el costo del siniestro recae enteramente en la empresa de seguros y el
costo privado de cuidarse enteramente en el asegurado, un seguro
completo puede afectar sus incentivos para adoptar un nivel razona-
ble de cuidado.
El riesgo moral constituye un caso de costo externo negativo,
donde la conducta de uno tiene incidencia sobre el otro y donde los
precios no puedan capturar enteramente los riesgos y discriminar. En
el ejemplo del seguro, el riesgo de ocurrencia del siniestro queda en
manos del asegurado. Es él quien elige el nivel de gastos que elimina
marginalmente la probabilidad de ocurrencia, por ejemplo, de un in-
cendio, o de sufrir un problema de salud o robo de su casa. En tanto
cierto nivel de riesgo se ha transferido a la empresa de seguros el con-
sumidor tiene menos incentivos para gastar en prevención. Un auto
alquilado enteramente asegurado contra cualquier daño puede gene-
rar incentivos para que una persona lo cuide mucho menos que a su
propio auto no asegurado.
Las compañías se cubren normalmente exigiendo un determi-
nado nivel de precauciones, la ausencia de culpa grave del propie-
tario de un bien asegurado o bien exigiendo a transportistas que no
se transporten mercaderías peligrosas, por ejemplo. Estas medidas
20 Véase VARIAN, Hal, Microeconomía..., cit., p. 675.