III. Elementos centrales de la economía aplicada a la conducta hu-
4. La eficiencia
Hay diversos significados posibles para ese término. Una prime-
ra noción es la denominada eficiencia en el sentido productivo y pro-
bablemente sea la más intuitiva. Una economía opera de manera efi-
ciente en este sentido cuando todos sus factores de la producción están
empleados de tal manera que no es posible producir ninguna unidad
adicional sin al mismo tiempo dejar de producir alguna unidad de otro
bien. La noción es muy intuitiva: si es posible producir un bien sin
sacrificar otro bien, significa que los factores no están siendo aprove-
chados de manera completa.
En el campo de la economía aplicada al derecho el empleo del
término usualmente refiere a la eficiencia en sentido distributivo, de
extensivo uso en economía normativa, más precisamente a la eficien-
cia en el sentido de Pareto. Esta regla es muy conocida y sirve para
comparar estados de cosas desde el punto de vista de la utilidad o bien-
estar sin necesidad de comparar el nivel de utilidad de las personas,
algo que (en principio) no puede hacerse sin introducir juicios de va-
lor en una disciplina con pretensiones de neutralidad científica. La regla
de Pareto permite conocer cuando las personas están mejor sin nece-
sidad de comparar el bienestar o la utilidad de una personas o grupo
de personas con la utilidad de otra persona o grupos de personas, es
decir, sin incurrir en comparaciones interpersonales de utilidad.
Para comprender bien el significado de la eficiencia de Pareto, es
conveniente distinguir entre una “mejora en el sentido de Pareto” o “su-
perioridad o dominancia en el sentido de Pareto” del “óptimo en el
sentido de Pareto”. Se dice que un estado de cosas X es superior o
domina a otro Z si nadie prefiere Z a X y al menos alguien prefiere X
a Z. Supone que un estado de cosas es superior a otro si consecuencia
del cambio distributivo al menos una persona está mejor y ninguna
está peor, desde la perspectiva de sus propias preferencias.
Un ejemplo puede contribuir. Supongamos un estado de cosas X
donde todos los alumnos del curso tienen $ 10 y otro estado de cosas
Y donde todos tienen ahora $10, de manera que están indiferentes
respecto de X, salvo un alumno que tiene $ 12. Si como asumo en el
ejemplo el dinero representa adecuadamente la utilidad de las perso-
nas, el estado del mundo Y domina o es superior en términos de Pareto
al estado del mundo X, en tanto al menos una persona está mejor y
nadie está peor, desde la óptica de sus propias preferencias. Quien tie-
ne $ 12 está mejor en Y que en X y los demás alumnos están indife-
rentes entre ambas distribuciones. Si hay dos opciones para viaje de
egresados de la facultad de derecho y todos, por ejemplo, prefieren la
opción playa a montaña, entonces la primera domina o es superior a
la segunda en tanto todos están mejor y nadie peor. Como puede
advertirse, un atractivo de la eficiencia en el sentido de Pareto es que
asegura que las personas incrementan la utilidad y al mismo tiempo,
en tanto supone una forma de unanimidad, implica consenso, y tanto
el bienestar como la autonomía de la voluntad son dos valores muy
apreciados y de larga tradición en filosofía legal y política
67.
El óptimo de Pareto supone que, dadas las restricciones operan-
tes, los bienes están asignados a su mejor empleo, de modo que no es
67 El principio, en su versión fuerte, implica que si nadie prefiere “X” a “Z” y al
menos una persona prefiere “Z” a “X”, entonces, “Z” es una solución preferida en el sentido de Pareto; mientras la versión débil del mismo principio supone que si todos prefieren “Z” a “X”, entonces, “Z” es la opción socialmente preferida.
posible ya mejorar a nadie sin empeorar a otro individuo. Queda, en
algún sentido, de ese modo definido en forma algo negativa: constitu-
ye un estado de cosas que no puede ser dominado por ningún otro, en
tanto no es posible ya mejorar a nadie sin perjudicar a otra persona.
Un estado de cosas X es óptimo o eficiente en este sentido si y sólo si
ningún estado de cosas constituye una mejora o es superior a X. Su-
pone, en otros términos, que no es posible ningún cambio sin afectar
al menos a una persona. De lo contrario, habría un estado de cosas
que es superior a X.
Quizás un ejemplo pueda hacer más comprensible este concepto.
Voy a tomar uno especialmente simple. Los chicos usualmente colec-
cionan figuritas de súper héroes o jugadores de fútbol, las que usual-
mente tienen diferente valor según su escasez relativa. Pero siempre
las repetidas tienen para ellos menos valor que aquellas que no tie-
nen. Y usualmente los colegios son verdaderos mercados donde los
chicos intercambian figuritas, normalmente aquellas que tienen repe-
tidas por otras que les permiten completar la colección. Cada tran-
sacción, como en los mercados competitivos, mejoran a ambas partes
de la transacción, ya que cambian una repetida por una que más va-
loran. Estas transacciones constituyen mejoras en el sentido de Pareto.
Pero las posibilidades de intercambios tienen restricciones y las tran-
sacciones posibles no son infinitas. Cuando los chicos en el colegio
han aprovechado la totalidad de las transacciones posibles de figuri-
tas, alcanzan el óptimo en el sentido de Pareto. Arriban a un punto de
equilibrio óptimo donde todas las figuritas están ya en manos de quie-
nes más las valoran. Simplemente no hay disponible transacción al-
guna ni asignación de bienes en capacidad de mejorar el bienestar de
uno de ellos sin al mismo tiempo afectar el bienestar de otro. Los chi-
cos han vaciado el mercado, han aprovechado, dadas las restriccio-
nes, la totalidad de las transacciones provechosas.
Este sencillo ejemplo puede contribuir a que se comprenda el modo
en el cual los mercados competitivos logran el óptimo en el sentido de
Pareto. El principio por el cual las personas logran por medio de tran-
sacciones libres y voluntarias resultados eficientes en los mercados
competitivos es el mismo que en los otros casos que he comentado. Se
asume que las personas no quieren desperdiciar oportunidades de
mejorar y el modelo supone que las personas practican todas las tran-
sacciones mutuamente provechosas hasta que no queda ninguna ga-
nancia o excedente vacante sin capturar. Una vez que se logra ese es-
tado, se verifica Pareto: no es posible mejorar a nadie sino a expensas
del bienestar de otra persona. Los bienes a su vez están asignados a
sus usos más valiosos, puesto que todas las transacciones han sido
realizadas y el que compra siempre valora más que el que vende. Los
mercados competitivos tienden a llevar las cosas a sus usos más valio-
sos medidos en lo que las personas están dispuestas a entregar a cam-
bio para obtenerlas.
Los mercados competitivos, entonces, llevan a equilibrios eficien-
tes en el sentido de Pareto, puesto que no hay ninguna distribución
alternativa de los recursos capaz de mejorar a alguno sin empeorar al
mismo tiempo a otro participante del mercado. Es, en este sentido,
que la mano invisible del sistema de precios lleva a que las personas
tomen decisiones consistentes con el bienestar aun cuando éste no sea
la finalidad u objetivo perseguido. Esta relación entre el equilibrio de
los mercados competitivos y la eficiencia en el sentido de Pareto, que
se conoce como primer teorema de la economía del bienestar, consti-
tuye un elemento central en economía normativa, que luego voy a
comentar más en detalle.
La eficiencia de Pareto como regla normativa puede tener algún
atractivo: asegura que las personas incrementan utilidad o riqueza,
dos valores usualmente considerados valiosos en la sociedad. Al mis-
mo tiempo, las transacciones suponen ejercicio de la autonomía de la
voluntad, un principio que tiene largo arraigo en derecho y filosofía
normativa. En torno a ambos conceptos se han elaborado grandes
tradiciones de pensamiento filosófico legal y político. Por otra parte,
en comparación con otras metas o principios usualmente considera-
dos valiosos, consiste en una regla analíticamente bien definida y cla-
ra. Pero indudablemente tiene sus límites, algunos de los cuales con-
viene destacar.
Un problema importante es que la eficiencia de Pareto constitu-
ye una regla muy limitada. Ésta supone cierta forma de consenso o
unanimidad cuando la mayor parte de las decisiones sociales y lega-
les implican tanto ganadores como perdedores. Una medida de go-
bierno por la cual se resuelve bajar los impuestos a las importaciones
de un producto de consumo masivo, por ejemplo, mejora a los con-
sumidores, quienes ahora pueden comprarlo a menor precio, sacri-
ficando menos de otros bienes para adquirir ese bien. Pero implica
también una pérdida para los productores locales que ahora restrin-
gen sus ganancias a consecuencia del menor precio derivado de la com-
petencia.
Por otra parte, algunos cambios que podrían ser deseables serían
en algunas ocasiones vetados por la estricta regla de Pareto que en
general tiende a favorecer el status quo sobre el cambio. Podría ser el
caso de un pueblo muy pobre que solamente compra comida a un
monopolista local que explota un permiso del tirano de turno. El ti-
rano es derrocado y el nuevo gobierno, democrático y republicano,
68 El problema supera a Pareto y se extiende también a la forma potencial de este
criterio. Este asunto fue discutido en la literatura. Véase, p. ej., DWORKIN, Ronald M.,
“Is Wealth a Value?”, 9 J. Legal Stud., vol. 191, 1980; VELJANOVSKI, Cento G., “Wealth Maximization, Law and Ethics –On the limits of Economic Efficiency”, Review of Law &
Economics, vol. 5, 1981; SPECTOR, Horacio, “Self Ownership and Efficiency”, en Justice,
Morality and Society, A Tribute to Alexander Peczenick on the Occasion of his 60th
Birthday, 1997; POSNER, Richard, “The Value of Wealth: A Comment on Dworkin and Kronman”, Journal Legal Studies, vol. 9, 1980. No voy ahora a considerar las posibles soluciones a este problema.
resuelve abolir el monopolio. El cambio beneficia a los consumidores
que pueden adquirir comida sacrificando menor cantidad de otros
bienes (porque baja el precio) pero hay un perdedor: el ex monopolis-
ta que ha visto disminuidas sus ganancias. El deseable estado del
mundo sin monopolio no domina en el ejemplo al estado del mundo
con el monopolio, donde las personas deben pagar más para adquirir
la misma cantidad de bienes.
Otro límite de Pareto es que sólo dice cuándo las personas mejo-
ran su bienestar “dada” determinada distribución de los derechos de
propiedad sobre los recursos, pero no puede establecer, al menos con
facilidad, cuál distribución inicial de derechos es aquella que mejora
el bienestar. El problema se agudiza en tanto las distribuciones de
mercado son función de la distribución inicial de los recursos. Vea-
mos un simple ejemplo que muestra el problema: ¿es posible afirmar
que un estado de cosas X en el cual un hombre A es esclavo de otro B
es más o menos eficiente que un estado de cosas Y donde cada uno es
dueño de su propia persona? ¿Y comparar alguno de éstos con otro
estado inicial distributivo implicado en un estado de cosas Z donde
ahora A es dueño de B? El problema es que cualquiera de estas distri-
buciones constituye un óptimo: no hay ninguna situación alternativa,
“dada” la distribución inicial, que sea superior en tanto cualquier otro
estado de cosas supone al menos un perdedor. Tanto en X como en Z,
por ejemplo, no es posible un movimiento Pareto preferido sin que al
menos exista un perdedor: el ex amo. Pareto, en suma, resulta una
regla muy limitada para cuestiones normativas y éstas usualmente son
importantes en materia legal
68.
Pero a nivel práctico, el problema más grande es la incapacidad
de evaluar la mejora cuando hay perdedores. El criterio de eficiencia
empleado por los economistas para permitir perdedores y seguir eva-
luando cuáles cambios son distributivamente eficientes es el denomi-
nado de la compensación potencial o potencial de Pareto, o bien, de
Kaldor-Hicks, en homenaje a sus proponentes. Este criterio tiene ven-
tajas y problemas respecto de Pareto.
69 Pero es conveniente introducir algunos refinamientos. El criterio de Kaldor su-
pone que el precio máximo que los ganadores están en capacidad hipotética de pagar a los perdedores es superior al mínimo que ellos aceptarían. El criterio de Hicks, que com- pleta el célebre principio, supone por el contrario que el monto máximo que los perde- dores están dispuestos a ofrecer a los ganadores para prevenir el cambio (y evitar así la pérdida) es menor que el mínimo monto que los ganadores están dispuestos a aceptar para prevenir el cambio. Mientras uno es el test del lado de los perdedores, el otro (el de Hicks) supone el mismo test del lado de los ganadores. Si ambos “tests” se verifican, se cumple con el criterio de eficiencia de Kaldor-Hicks.
70 KALDOR, Nicholas, “Welfare Propositions in Economics and Interpersonal Com-
parisons of Utility”, Economic Journal, vol. 49, 1939, ps. 549-555.
Un estado de cosas X es superior en los términos de Kaldor-Hicks
a otro “Z” si y sólo si quienes se benefician en “X” estarían en condi-
ciones de compensar a quienes se perjudican y mantener todavía su
calidad de ganadores. Se lo denomina criterio de la compensación
potencial en tanto dicha compensación es hipotética y no necesaria-
mente debe proceder en la realidad de los hechos y constituye una
mejora potencial en el sentido de Pareto en tanto hipotéticamente
quienes ganan en X habrían estado en condiciones de compensar an-
tes del cambio a quienes pierden, de modo tal que éstos habrían hipo-
téticamente aceptado X; puesto en otros términos que los perdedores
de X quedan indiferentes entre la elección entre X e Y.
De modo que un estado distributivo X es Kaldor-Hicks preferido
a otro anterior Z cuando en X los ganadores pueden hipotéticamente
compensar a los perdedores de modo tal que continúen siendo gana-
dores, tal que la utilidad de los perdedores en X sea al menos igual a
la posición que tenían en Z
69. El mismo Kaldor, uno de los proponen-
tes del criterio, ofreció un ejemplo especialmente atractivo: la apertu-
ra comercial de maíz en la Inglaterra del siglo XIX fue eficiente pues-
to que la ganancia de los consumidores excedía la pérdida de los
propietarios antes beneficiados con los mayores precios
70.
La compensación potencial tiene el evidente atractivo que permite
evaluar cambios cuando de éstos se siguen perdedores, pero enfrenta
sus propios problemas. Uno de los más notables es que asume indebida-
mente que un dólar o un peso tiene el mismo valor para todas las per-
sonas. Una persona podría valorar más un estado de cosas que otra
persona pero podría contar con menos recursos y la capacidad de de-
manda es función de la cantidad de recursos con que cuenta una per-
sona. Por otra parte, en tanto la compensación a quienes pierden es
sólo potencial podría admitir que se usen a algunas personas a favor
de otras, algo usualmente contrario a nuestras intuiciones de justicia.
Por otra parte, adjudica derechos conforme la capacidad de de-
manda pero ésta es función de la distribución originaria de derechos
71 Creo que esta consideración de Fried resume adecuadamente el punto: “According to EAR the function of the legal system is making its initial assignment of rights and liabilities are to promote economic efficiency, that is, to simulate the outcomes of bargaining in the absence of transactions costs. (...) Now, it is crucial to recognize that the concept of efficiency which is used in EAR is completely indeterminate in respect to distributional questions. Where the process will come out (what will be the efficient solution) is a function of the initial endowments and assignments of rights”. FRIED, Charles, Right and
Wrong, Harvard University Press, Cambridge, Mass.,1978, ps. 93-94.