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III. Elementos centrales de la economía aplicada a la conducta hu-

2. Los precios

Una vez que asumimos que las personas son buscadores raciona-

les de utilidad y que este modelo puede emplearse en cualquier con-

texto social, contamos con una teoría que ofrece descripciones y pre-

dicciones de las decisiones humanas. Tanto cuando los individuos

realizan operaciones en el mercado, cuando votan en las elecciones, o

deben optar entre cumplir una ley o no cumplirla, la teoría supone

que el actor siempre está finalmente intentando maximizar su utili-

dad o bienestar, es decir, obtener sus fines a menores costos posibles.

En algunos contextos se asume que las personas buscan metas más

precisas, como minimizar el costo privado que enfrentan como con-

secuencia de los accidentes o que los burócratas persiguen maximizar

su presupuesto. Esto nos lleva directamente al segundo elemento cen-

tral de la teoría: los precios.

Si las personas buscan maximizar su utilidad, se sigue que res-

ponden a cambios en la relación de valor entre diversas alternativas u

opciones de un modo determinado, que puede ser explicado por la

teoría. En el caso de la economía aplicada al derecho, se asume que

las personas cuando toman decisiones responden a cambios en los

precios implícitos contenidos en las reglas legales del mismo modo que

lo hacen respecto de precios monetarios en los mercados de bienes y

servicios.

El precio consiste en una relación de valor entre diversas alterna-

tivas disponibles, razón por la cual toda elección tiene necesariamen-

te un precio. El precio relevante de una decisión cualquiera se expresa

por las alternativas que se sacrifican a consecuencia de la elección. El

precio no requiere alteridad, sino simplemente la existencia de dos o

más alternativas rivales. Un náufrago, por ejemplo, debe sacrificar

unidades de trabajo en una actividad Y por otra más preferida X, de

modo que su decisión enfrenta el costo de resignar Y, mientras el pre-

cio expresa la relación de valor entre ambas alternativas. Siempre que

haya escasez y dos o más alternativas rivales, hay precios. Las reglas

que componen el sistema legal afectan el valor relativo de las alterna-

tivas disponibles y, por lo tanto, sus efectos en la conducta de las per-

sonas pueden ser examinados desde la teoría económica.

El empleo de la hipótesis del hombre como buscador de su pro-

pia utilidad combinada con la idea de precios permite establecer bue-

nas explicaciones y predicciones respecto de la conducta humana.

Sabemos, por ejemplo, que cuando alguna alternativa disminuye su

precio, en términos de las demás cosas que hay que sacrificar para

alcanzarla, su demanda o empleo se hace más atractiva, del mismo

modo que cuando el precio sube, su empleo o demanda se hace me-

nos atractiva. Esto sucede de hecho, también, con los institutos lega-

les, en tanto es predecible que los operadores busquen aquellas alterna-

tivas que les signifiquen menos de otras cosas para lograr sus objetivos,

es decir, aquellos institutos legales que permiten conseguir los objeti-

vos al menor precio.

Creo que la idea es extremadamente simple: se asume que las per-

sonas quieren maximizar su bienestar o utilidad y para hacerlo eligen

las alternativas de modo tal que esa finalidad sea satisfecha, en princi-

pio, eligiendo aquellas alternativas por las cuales deben sacrificar me-

nor cantidad de otros bienes, es decir, aquellas alternativas que son

menos costosas en términos de otras.

Sin embargo, para que la elección sea consistente y sea posible

efectuar un análisis preciso del modo en el cual operan los mercados,

sean explícitos o implícitos, necesitamos, además, introducir un par

de otras suposiciones básicas. Una de ellas, por ejemplo, es la estabi-

lidad en las preferencias. Si las preferencias fuesen demasiado cam-

biantes en el transcurso del tiempo, cualquier análisis o predicción

resultaría inútil en tanto los actuales precios no estarían representan-

do las preferencias actuales relevantes. Decimos que a una disminu-

ción en el precio del pan debe seguir una mayor demanda de este bien.

Pero esa conclusión sólo es verdadera si las personas mantienen su

preferencia por el pan. Iguales suposiciones deben mantenerse para el

caso de la economía aplicada a conductas no mercantiles

61

.

Una idea central a la economía extendida a la conducta humana

en general es que las personas responden a los precios no monetarios

de manera similar a la forma en la cual responde a los precios mone-

tarios

62

. Por ejemplo, incrementando la demanda de un bien o alter-

61 Hay desde luego otras condiciones y elementos, algunos de las cuales, por

cuestiones didácticas, sin embargo, vamos a examinar en el próximo capítulo. Una con- dición importante, p. ej., es la transitividad de las preferencias, lo que equivale a decir que si las personas prefieren X a W y W a Z, entonces, deben preferir también X a Z.

62 Gary Becker, p. ej., explica que “de acuerdo con el enfoque económico, la per-

sona decide casarse cuando la utilidad esperada del matrimonio es mayor que la utili- dad esperada de quedarse soltera o buscar con más tiempo un compañero o compañe- ro adecuado (...). De igual modo, la persona casada pone fin a su matrimonio cuando la utilidad esperada de convertirse en soltera o de casarse con otro y otra excede a la pér- dida de utilidad sufrida por la separación, incluyendo las pérdidas originadas por la se- paración de los propios hijos, por la división de los bienes conjuntos, por las tasas lega-

les y cosas parecidas. Habida cuenta de que hay muchas personas que buscan un com- pañero o una compañera, puede decirse que existe un mercado del matrimonio en el que cada persona trata de salir lo mejor parada posible, dado que todo el mundo inten- ta hacer lo mismo. Se dice que hay una asignación de equilibrio de personas en un conjunto de diferentes matrimonios cuando las personas no casadas entre sí en esta asig- nación no pudiesen mejorar si se casaren entre ellas”. FEBRERO, Ramón - SCHWARTZ, Pe-

dro (eds.), La esencia de Becker, Ariel, Barcelona, 1997, p. 53.

63 Señala Becker que “el enfoque económico no está circunscrito a los bienes ma-

teriales y a los deseos o ni siquiera al sector mercado. Los precios, ya sean precios mo- netarios de mercado o “precios sombra” imputados al sector ajeno al mercado, miden el coste de oportunidad de la utilización de recursos escasos y el enfoque económico, por su parte, predice la misma clase de respuesta para los precios “sombra” que para los precios de mercado.

nativa cuando ésta disminuye su precio y, a la inversa, disminuyendo

la cantidad demandada cuando el precio se incrementa, aun en con-

textos legales. Se asume, entonces, que las personas toman en cuenta

los precios implícitos en el sistema legal, por ejemplo, incrementando

la tasa de incumplimiento contractual cuando las indemnizaciones por

incumplimiento son más bajas o la aplicación de éstas es menos pro-

bable, o una combinación de ambas.

Este segundo elemento del análisis sugiere que las personas tam-

bién responden a cambios en los precios no monetarios, o precios som-

bra, de una manera predecible, analíticamente similar a la respuesta

que usualmente tienen frente a los precios de mercado. Los precios

me dicen cuánto cuesta un bien X en términos de otro/s bien/es Y, razón

por la cual cambios en éstos pueden ayudar a predecir cambios en las

elecciones, sean éstas de mercado en el sentido ortodoxo, o bien, en

cualquier otro contexto. Cuando, por ejemplo, se hace más engorroso

ejecutar un tipo X de garantía, es probable que las personas prefieran

emplear una garantía del tipo Y que sea fácil de ejecutar para cuidar

el valor del crédito

63

. Simplemente, dada una finalidad, las personas

buscan obtener ésta a los menores costos posibles, sacrificando la

menor cantidad posible de otros bienes. Los cambios en la relación

de valor entre las alternativas disponibles permiten predicciones de

tendencia hacia determinados resultados estables o equilibrios que son

centrales para el análisis económico. La idea es que cambios en los

precios inducen a que las personas tomen decisiones arribando a es-

tados donde las elecciones son estables, es decir, equilibrios.