La formación artística me ha permitido enfocar los problemas de un modo no esquemático, flexible, capaz de favorecer la relación entre las estructuras, la curiosidad y una actitud bastante irónica y divertida. La formación artística produce mayores libertades de pensamiento y variedad de estilos de enfoque, en sintonía con los motivos por los que Loris Malaguzzi ha optado por introducir el taller en las escuelas de los niños pequeños (Vecchi, 2013:137).
Com element essencial per a assegurar l´atenció a l´art, a la creativitat, a l´estètica i a la investigació contínua com metodologia de treball.
- Conté gran varietat de materials eines i recursos
- Es utilitzar sistemàticament per tots el xiquets i les xiquetes, educadors i educadores per a explorar, expressar i crear pensaments
Valora i revetla altres llenguatges que tenen a veure amb les mans, la percepció, el color, el fang… l'art és més que passar el temps, és una comunicació amb si mateix (Projecte Educatiu de Centre. Anexo nº21).
Com element essencial per assegurar l´atenció a l´art, a la creativitat, a l´estètica i a la investigació continua com a metodologia de treball (Informació a les famílies del funcionament general. Anexo nº22).
Desde finales del siglo XIX y principios del siglo XX, Dewey y Kilpatrick, vienen afirmando, que toda experiencia educativa se considera un único taller, que parte de los niños y las niñas y de sus experiencias a través de procedimientos de investigación libre. Es el contexto idóneo en el que se actúa sobre la inteligencia, sobre la socialización y sobre la libertad. El taller, es una experiencia de vida en la que se involucra totalmente al niño y a la niña, y donde como dice Malaguzzi, pueden comunicarse con múltiples lenguajes. El taller nace para escucharlos de forma diferente; nace para romper los prejuicios, los estereotipos, la cultura de masas, las fichas, etc. Para generar sentido estético a la vida.
Se trata de lugares de experimentación y de búsqueda de nuevas técnicas y procesos artísticos. Una manera de combinar los lenguajes y las inteligencias no verbales de los niños y las niñas. Loris dio al taller la función de actuar como garantía de frescura y originalidad en un acercamiento a las cosas. Un lugar donde trabajan conjuntamente el cerebro, las manos, la sensibilidad, la racionalidad, la emoción y la imaginación. Un lugar donde los niños y las niñas adquieren nuevas modalidades que les enriquecen, un lugar donde encontrarse consigo mismo y con los demás. La escuela infantil que trabaja por talleres, como dice Miguel A. Zabalza (2011):
(…) toca los tres puntos G: el corazón, la mente y la diversidad. El corazón porque el taller introduce un estilo de trabajo rico en valores civiles, éticos y morales en la medida en que crean un espacio socio-comunitario de aprendizajes: los niños aprenden con las manos, con el cuerpo, con el conjunto de intercambios que requiere un proyecto colectivo. Con la mente porque los talleres son capaces de integrar los componentes monocognitivos provenientes de las disciplinas y lenguajes disciplinares con aquellos interdisciplinares y metacognitivos surgidos en el proceso de investigación e interpretación que se genera al intentar ver las cosas desde distintos puntos de vista y con diversos lenguajes. Finalmente, los talleres constituyen espacios acogedores que permiten experiencias ricas de contactos diferenciados con los otros compañeros y con los propios objetos sobre los que se experimenta (Zabalza, 2011:14).
Por tanto, los talleres son lugares de crecimiento donde los niños y las niñas tienen la posibilidad de hacer cosas y a la vez, reflexionar sobre lo que están haciendo. En él es posible curiosear, probar, errar, concentrarse, buscar alternativas, soluciones, estar en calma, explorar, ponerse en acción, construir, etc., para que puedan enriquecerse a nivel
intelectual, afectivo y relacional. El taller comprendido como “un lugar de investigación en el que la imaginación, el rigor, el experimento, la creatividad y la expresión se entrelazarían y se complementarían mutuamente” (Dahlberg y Moss, 2013:45).
Es, por tanto, “el lugar más productivo para hacer cultura, por cuanto espacios pedagógico más apropiado para activar y desarrollar la investigación-acción (…) acreditado para practicar el método científico” (Quinto, 2010:38). Un lugar donde se activa el saber, el saber-hacer y el saber interactuar.
Para que se pueda llevar a cabo este tipo de metodología, se necesita una estancia amplia anexa al aula, conectada a la misma para que el número de experiencias y oportunidades pedagógicas se multipliquen. De igual modo, debe estar provisto de todo tipo de materiales específicos y bien colocados en orden. Aunque la presencia de material no especializado como piedras, rocas, cuerdas, botes, contenedores, hojas, troncos de madera, etc. es también muy útil para desarrollar determinadas actividades.
Toda esta organización y contextualización del taller, no sería posible sin una organización del personal adecuada y ajustada a las necesidades de la puesta en práctica del mismo. Como ya hemos dicho en el capítulo anterior, la organización diaria de la pareja educativa como estructura base sobre la que pivotan todas las propuestas posteriores, facilitan y provocan que la organización de los niños y las niñas para asistir al taller pueda realizarse en pequeños grupos. Esta estructura favorece la manera de relacionarse de los niños y las niñas y aumenta el número de intercambios entre ellos. Como decíamos anteriormente cuando hablamos de la imagen de los niños y las niñas, investigan conjuntamente, y este tipo de estructuras les facilita la construcción de ideas compartidas (Hoyuelos, 2004a).
Los grupos pequeños ofertan y favorecen los posibles momentos de comunicación, para que gracias al trabajo que les brinda el taller pueden plantear proyectos que les ayuden a sentirse miembros de un grupo, en el que cada uno adopta un rol diferente, y así poder poner en marcha sus complementariedades. De esta manera “los niños se dan cuenta,
rápida e inteligentemente, de las ventajas de jugar, trabajar, pensar y emocionarse con otros coetáneos” (Hoyuelos, 2004:235). De igual manera que también se ponen encima de la mesa las diferencias sociocognitivas, las cuales, les van a permitir crear estrategias para generar acuerdos cooperativos que enriquezcan más sus propias construcciones individuales.
En el caso de las escuelas infantiles de Reggio Emilia, la persona responsable de coordinar el taller, es el atelier o “el profesional de la maravilla” (Vecchi, 2013), una persona que viene del mundo de las bellas artes, tiene formación artística y cuenta con el apoyo constante de los maestros y las maestras, y de las pedagogas del centro. Su función no se ciñe única y exclusivamente a la educación artística, sino que la desborda, ya que llega no sólo al taller, sino a todos y cada uno de los rincones de la escuela infantil para escandalizarla (Hoyuelos, 2006:138).
El atelierista, es la persona que ayuda y guía a los niños y a las niñas a atravesar fronteras entre el mundo del arte, la arquitectura y el dibujo, para que consigan entablar un diálogo íntimo que abrace los lenguajes del arte, que sea consciente de las estrategias de los niños y las niñas, y que sea respetuoso con ellos y con ellas.
Para formar un nuevo rol profesional como el de las talleristas: facilitar a las personas lecturas interesantes y formativa, ponerlas inmediatamente a observar y documentar situaciones para estimular su capacidad de formular hipótesis y desarrollar una capacidad interpretativa, después releer juntos y comentar el material recogido y prepararlo para ponerlo en común con otras personas en presentaciones y publicaciones (…) Puede ocurrir que una tallerista trabaje junto con las maestras en el aula y que las maestras trabajen con los niños y las niñas en el taller (Vecchi, 2013:176,197).
Es una manera de vivir entre atelierista y pareja educativa que da la oportunidad a los niños y las niñas de acudir a unos u otros según la fase del proyecto en la que se encuentren, prestando especial atención a la creatividad, el arte y la estética; y donde explorar, expresar y crear pensamiento. En este sentido, el papel que el atelierista desempeña en las escuelas infantiles del primer ciclo de Educación Infantil, sería el de:
(…) apoyo de las conexiones o, como de un modo más poético lo denomina Vea, “la danza”, “entre lo cognitivo, lo expresivo, lo racional y lo imaginativo”. El sentido estético lo nutre de empatía, una relación intensa con las cosas; no incluye las cosas en categorías rígidas y, en consecuencia, puede constituir un problema en lo que atañe a una certidumbre y una simplificación cultural excesivas”. En este contexto, la tarea no solo consiste en conectar, sino también en romper las restricciones creadas por el “monolingüismo pedagógico”, las disciplinas cerradas, las categorías preconcebidas y los fines predeterminados (Dahlberg y Moss, 2013:46).
Este espacio creado y pensado para el desarrollo del pensamiento científico y pedagógico de los niños y las niñas; y su máximo representante, el atelierista, abren una ventana a la interpretación del mundo que les rodean y las cosas que les pasan, un lugar en el que abastecerse de herramientas metodológicas, conceptuales y emocionales para la resolución de sus problemas en sus vidas cotidianas. Un espacio con identidad propia que los muestra tal y como son, tal y como están, tal y cómo piensan. Es por ello, por lo que es necesario dejar registrado testimonialmente todas y cada una de las producciones que en el taller se realizan, todas y cada de las conversaciones que allí tienen lugar y que se van creando entre ellos y ellas para acceder a un pensamiento cada vez más complejo. Por que documentando lo que ocurre en las escuelas infantiles, estamos haciendo historia individual y colectiva de los sujetos.