Sea cual sea la enfermedad que padezca, ésta puede pasar de ser un pro blema a ser vista como algo positivo que refuerza la energía si sabe llevar a cabo el siguiente ejercicio.
Para entender una enfermedad que padece periódicamente deberá rea lizar el ejercicio durante 20 minutos a lo largo de una semana. Si está muy enfermo, repítalo tantas veces al día como considere durante un mes como mínimo.
Siéntese o túmbese cómodamente. Cierre los ojos. Sienta cómo sube y baja su respiración, sienta su cuerpo, sus órganos, su sangre, sus huesos y su piel. Concéntrese en ellos a medida que siente su enfermedad y vea cómo le revelan la razón por la que padece la enfermedad. Ahora observe cómo en su interior, su salud deteriorada cobra un color na ranja brillante; todo su ser se sumerge en esa luz y su enfermedad cam bia de forma, siendo cada vez más diminuta y creando energía positiva y pura. Su cuerpo se cura y siente cómo su vitalidad empieza a surgir de su corazón, pasando por todo su cuerpo y mente, aportándole enten dimiento, sabiduría y perdón.
También puede emplear este ejercicio para entender por qué está enfer ma otra persona y cómo podría recuperarse. Hacia el final de la sesión, diri ja la luz naranja hacia ese ser y volverá a usted ofreciéndole información. Haga el ejercicio con dicho propósito al menos una vez a la semana duran te 15 minutos.
Cuando Alana vino a verme tenía 28 años y su salud estaba muy deterio rada. Desde niña había estado enferma, pero nadie sabía qué le pasaba. A lo largo de los años había acudido a innumerables consultas médicas y los mé dicos siempre le habían dicho que pensaban que se trataba de una disfun ción de su sistema inmunitario, o de su sistema hormonal, que quizá tenía el síndrome de fatiga crónica o incluso leucemia. A pesar de la disparidad de criterios, ninguno dio en la diana. Alana estaba siempre cansada, no co mía bien y estaba tan débil que le costaba esfuerzo incluso caminar.
Después de examinarla, enseguida pude ver que su humor de viento es taba muy desequilibrado. En la medicina tibetana no es tan importante po
muestra una persona y averiguar dónde está su desequilibrio corporal. El análisis me indicó que Alana no tenía concepto de bienestar; había perdido el contacto con su propia capacidad para estar sana y creía que nunca podría estar bien. Sin embargo, contaba con una gran determinación y vo luntad para cambiar las cosas, lo que era un factor muy positivo. La traté para equilibrar su viento y le enseñé a realizar el ejercicio de pensamien to para transformar la enfermedad en una bendición, que prometió llevar a cabo tres veces al día durante las siguientes semanas.
La siguiente vez que vino a verme, un mes después, Alana había mejora do mucho. Había estado enferma durante siete días después de empezar el ejercicio, pero después había empezado a curarse poco a poco, comía más, había engordado y se sentía con más energía. El ejercicio le había señalado que la razón de su enfermedad era su miedo a vivir. Su hermana mayor ha bía muerto cuando ella sólo tenía diez años y ese hecho había desencadena do su miedo y también su mala salud. Entenderlo ayudó a Alana a vivir con mayor calidad y a estar sana. Tres meses después Alana era una mujer completamente distinta. Irrum pió en mi oficina y exclamó que estaba genial. Le había vuelto la regla, había logrado un peso adecuado a su estatura y sus padres estaban encantados con el cambio. Ahora ya han pasado dos años y Alana trabaja en una herboristería, se preocupa por su salud y tiene una vida normal y saludable al lado de su novio.
HACERSE CARGO
Equilibrar la vida y crear bienestar significa estar dispuesto a responsa bilizarse de la vida y la salud propias. Para muchas personas esto significa ser más firme con lo que saben que es correcto y positivo para ellas y apren der a decir no más a menudo. Decir no a algo o a alguien es decir sí a uno mismo. Cuando se niega a trabajar horas extra que le supondrían mayor estrés y cansancio está diciendo que sí a la protección y al cuidado de su persona.
Hacerse cargo de la salud propia también significa confiar más en uno mismo y en lo que nos beneficia. Este hecho implica escuchar al cuerpo y lo que tiene que decir. En muchas ocasiones, la enfermedad se apodera de nuestro cuerpo porque ignoramos los mensajes que éste nos transmite.
A veces es vital decir no a las sugerencias y buenas intenciones de los de más, ya que puede que acabemos haciéndonos daño si no son positivas para nosotros. Responsabilizarse y aprender a decir no es mucho más senci llo cuando tenemos confianza en las energías de pensamiento relacionadas con la salud.
Si está enfermo o lo ha estado quizá esta exploración basada en tres pun tos para desarrollar energías de pensamiento saludables le será útil. Al res ponder a las preguntas obtendrá información sobre cómo se siente, piensa y actúa consigo mismo y tendrá el conocimiento necesario para tomar las riendas de su propia recuperación. 1. ¿Cómo enfermó y cómo se sintió cuando supo que estaba enfermo? 2. ¿Utiliza su enfermedad para influir en los demás? 3. ¿Cree que puede volver a estar sano sin rastro de la enfermedad? Margaret llevaba años trabajando en una fábrica de alimentos enlatados. Una tarde empezó a sentirse mal y tuvo que sentarse antes de desmayarse. La llevaron a casa y durante los días posteriores empeoró todavía más. Le detectaron una hepatitis muy virulenta que le provocó una pérdida de peso enorme e incluso hizo temer por su vida. Al final tuvo que ingresar en el hospital.
Los médicos hacían todo lo posible por ella, pero ninguna medicina pa recía funcionar. Un familiar suyo vino a mi consulta y me pidió que me acer case al hospital para ver si podía hacer algo por ella. Tuve que obtener per miso primero del equipo médico para examinarla.
Hablé con Margaret un rato y le expliqué que tenía que responsabilizar se de su propia enfermedad y confiar en su capacidad para superarla. Le pedí que respondiese a las tres preguntas que he expuesto antes con hones tidad y reflexionase al respecto. Al cabo de unos días el hijo de Margaret me llamó y me dijo que ya había salido del hospital. Seguía una dieta muy estricta tomando sólo unos cuan tos alimentos y descansaba en casa, orando a diario. En dos semanas Margaret pudo levantarse de la cama y ya se sentía un poco mejor. Los médicos se quedaron asombrados de su recuperación. Cuando volví a hablar con ella me explicó que había descubierto la gran sa biduría que había en su interior y que ahora ya sabía qué necesitaba para llevar una vida sana. Contradecir a los doctores había sido muy duro, pero eso le había permitido descansar en casa y recuperarse.
LA ENERGIA DE PENSAMIENTO DE CURACION DEL CUERPO
El cuerpo tiene su propio almacén de energía de pensamiento que espe ra ser liberada. La energía permanece aletargada en el sistema nervioso, en el cerebro, en el corazón, en el hígado y en los órganos reproductivos. Cada uno de esos órganos crea una resonancia concreta en la energía de pensamiento y, por lo tanto, puede producir su propia fuerza, impulsando y regulando la salud del cuerpo, la mente y la vida.
Al hacer los ejercicios de esta sección verá que su salud mejorará, que su pera sus enfermedades y que le ocurren cosas positivas en la vida que le aportarán mayor autoconocimiento y felicidad.
Su cerebro
Su cerebro es un centro inmenso de energía que influye en sus pensa mientos y emociones y controla su cuerpo, instruyéndolo en cómo hacer frente a las complejidades de la vida cotidiana.
No obstante, su cerebro vive en el pasado. Sus sentidos le informan de lo que ocurre a su alrededor, pero la información que le aportan, aunque pa rezca instantánea, llega al cerebro un segundo o dos después. Por eso, siempre estamos viviendo en el pasado, aunque pensemos que se trata del presente.
Esa es la visión de la cultura bön de entender la realidad como algo con dicionado por nuestros sentidos. Para experimentar la realidad, tal y como se produce, tenemos que ir más allá de nuestros sentidos y esa capacidad sólo puede lograrse si se amplía el poder cerebral.