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indígenas

2.5. El impacto del siglo

2.5.1. Cambios de géneros en el siglo

Una de las transformaciones que experimentaron los relatos indígenas sobre el pasado fue su asimilación al género occidental de la historia, comprendida como un relato de hechos reales sucedidos en el pasado.122

Esta asimilación, que ha continuado hasta nuestros días, no era arbitraria, pues las tradiciones históricas indígenas pretendían también hablar de sucesos acaecidos

realmente en el pasado y había muchas coincidencias entre ellas y la historia occidental.

El primer indicio inequívoco que tenemos de la explotación exitosa de esas coincidencias es la investigación realizada por un fraile anónimo, muy probablemente franciscano, en Colhuacan antes de 1532, respecto a la genealogía de los tlatoque

mexicas123

El éxito de su empresa fue claro, pues, una vez eliminadas las informaciones que consideraba productos demoniacos, el fraile pudo reconstruir la el linaje de los

tlatoque mexicas y colhuas hasta el mismo Quetzalcóatl. Más allá del terreno de las

genealogías, el diálogo entre ambas tradiciones pudo darse también porque ambas compartían el interés por narrar los hechos y las hazañas de los reyes y otros gobernantes para defender la identidad y la legitimidad de un grupo étnico o entidad política.124

Igualmente, las dos tradiciones coincidían en vincular autoridad y verdad, pues tanto europeos como indígenas pensaban que la veracidad de un discurso dependía de su origen y de la posición política de quienes lo transmitieran.125

Más allá de estas coincidencias, que son sin duda fundamentales, había otros aspectos divergentes y por ello el diálogo entre las dos tradiciones resultó complejo y no siempre exitoso. Esto no se debió a que la historia occidental de la época fuera necesariamente más empírica, realista y fidedigna, y la indígena más fantástica, sobrenatural y mítica, sino a que las premisas religiosas de ambas tradiciones eran incompatibles.126

En lo que resta de este apartado describiré brevemente la manera en que los géneros históricos indígenas se han asimilado a los géneros históricos occidentales.

La historia occidental estaba organizada en varios géneros de creciente complejidad y ambición explicativa: los “anales” que registraban los eventos

123 La datación se debe a García Icazbalceta, quien afirma que el documento fue enviado a España en 1532, García Icazbalceta, “Nueva colección de documentos originales para la historia de México”, XXXVI.

124 Guenée, Histoire et culture historique, 35-37. 125 Guenée, Histoire et culture historique, 129-133.

126 A este respecto llama la atención como el análisis de Alfonso Mendiola sobre la Historia verdadera de la

conquista de la Nueva España de Bernal Díaz del Castillo en el contexto de la historiografía occidental lo lleva a formular advertencias respecto a tomar literalmente su información que son muy similares a las que hacen los estudiosos de las fuentes indígenas como Davies, Bernal Díaz del Castillo: verdad romanesca y verdad historiográfica.

cronológica sin mayor elaboración narrativa aparente,127 la “relación” en que un autor

daba testimonio directo de hechos que había conocido, la “crónica” que implicaba una mayor extensión cronológica y la elaboración de una explicación causal y diacrónica y, finalmente, la “historia” que abarcaba periodos mucho más amplios para presentar una narración que se vinculaba con la historia universal de la salvación cristiana. Este último género debía emplear además todas los métodos de la retórica para construir una narración elaborada, y no una simple enumeración cronológica de sucesos.128

Por la importancia que otorgan a la cronología, la mayoría de las historias pictográficas y alfabéticas escritas por indígenas han sido asociadas con el género europeo de los “anales.” En el caso de las historias de migración, como hemos visto, esta identificación es errónea, pues lejos de ser simples registros cronológicos de eventos, éstas presentan una compleja estructura narrativa que combina la representación del tiempo y del espacio en un conjunto significativo.129

Por otro lado, casi ninguno de los historiadores indígenas utilizó el término “historia” para titular sus obras. Esto quizá se deba a que no se consideraban capaces de dominar el más ambicioso de los géneros históricos europeos, tal vez por razones de su origen étnico. Por otro lado, como veremos adelante, el funcionamiento de las tradiciones históricas indígenas, con su énfasis en el carácter colectivo y heredado de la verdad, no era compatible con este género europeo que enfatizaba la supremacía del autor-narrador y de su capacidad explicativa.130 Sólo Alva Ixtlilxóchitl se atrevió a dar

este título a la más ambiciosa y acabada de sus obras la Historia de la Nación Chichimeca, que presenta, en efecto, una interpretación completa de la historia de los chichimecas y los acolhuas y que la inserta en el marco de la historia universal de la salvación cristiana.

En contraste los autores españoles, como Bernardino de Sahagún, Juan de Tovar, Diego Durán y Juan de Torquemada, utilizaron las fuentes indígenas para producir

127 Hayden White ha señalado con razón que la organización cronológica es ya una forma de narración y que la selección de los eventos que se registran implica necesariamente una intención narrativa, White, “El valor de la narrativa en la representación de la realidad”.

128 Para la definición de estos géneros históricos europeos he seguido las ideas de Guenée, Histoire et

culture historique, 203-207. Igualmente utilicé la clasificación de géneros que propone Salomon, “Chronicles of the Impossible. Notes on three Peruvian Indigenous Historians”, 9-10.

129 Véase ap. 2.4.1. En todo caso, esta clasificación se podría aplicar para la sección finales del Códice

Aubin que es, en efecto, un registros no muy elaborado de eventos variados que acontecieron año por año bajo el régimen colonial español.

textos acordes al género de la “historia” pues pretendieron presentar una explicación única y global de la historia indígena, vinculándola con la historia europea y la de la salvación cristiana, y asumiendo una voz narrativa personal que conduce el relato y presenta explicaciones causales congruentes con la cultura europea.131