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7. Crítica de la ciencia

7.3. Ciencia e ideología

7.3.1. EL CIENTIFISMO

El movimiento de mayo del 68, profundamente crítico, alcanzó también a la ciencia. Y no sólo a sus formas de enseñanza, sino también a la propia investigación. Numerosos grupos de técnicos e investigadores llevaron a cabo, paralelamente, acciones y reflexio- nes críticas sobre sus actividades. Aunque muchos de esos debates y manifiestos se han perdido, quedan suficientes documentos para poder comprender en qué sentido iba esta «filosofía crítica de la ciencia», que tuvo la particularidad de ejercerse también práctica- mente.

La revista Internationale Situationniste, por ejemplo, formula- ba de esta manera sus tesis sobre la ciencia, a través de Eduardo Rothe:

35. La ciencia en una sociedad libre, p. 113.

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La imposibilidad actual de investigar y de aplicar la ciencia sin contar con enormes medios, ha puesto el conocimiento, espectacularmente con- centrado, en las manos del poder, y lo ha dirigido hacia los objetivos del Estado.36

Al servicio del capital, la ciencia cumple una función alienante en la sociedad actual. Su proyecto de liberar a los hombres de la dependencia respecto de la naturaleza ha resultado fallido, al ha- cerlos depender de una nueva forma de alienación, de la cual constituye una de las más importantes superestructuras ideológi- cas. Comparable a la religión por su actual función social, ha engendrado su correspondiente casta de sacerdotes: los especialis- tas. Sonia y Maurice Dayan han descrito esta dependencia de la ciencia con respecto al Estado en los términos siguientes:

Concediendo los medios para la investigación, el Estado controla y selecciona, pero se convierte al mismo tiempo en apoyo, si no en promo- tor, de la ciencia. Los sabios son así incitados a adoptar una conciencia de servidores del Estado, sutilmente mezclada con la conciencia de trabajar por el bien público. A cambio, la ciencia aporta al Estado la garantía de su universalidad, reforzando la clase de autoridad que él pretende obtener de la «voluntad general».37

O dicho de otra manera: las comunidades científicas han perdi-

do la relativa autonomía de la que gozaron en otras épocas históri- cas, pasando a depender, por una parte, de la gran industria, y por otra de la política científica del Estado correspondiente. Dicha modificación de la actividad científica no es neutra. La aplicabili- dad de los resultados científicos se mide, en primera instancia, en forma de beneficios económicos para la entidad patrocinadora, lo cual da lugar de inmediato a que determinadas líneas de investiga- ción (y por lo tanto teorías) sean preferidas a otras. La pretendida universalidad y el prestigio de la ciencia, por otra parte, desempe- ñan una función ideológica muy importante, al servir como refren- do, a través de los técnicos y de los especialistas, de las políticas

36. E. ROTHE, «La conquéte de l'espace dans le temps du pouvoir», en

Internationale Situationniste, 12 (septiembre de 1979), pp. 80-81.

37. S. y M. DAYAN, «Para un análisis crítico de la ciencia y sus funciones», traducido en J. M. LÉvt LEBLOND y A. JAUBERT (eds.), (Auto)crítica de la ciencia, traducción de Eva Groser (México, Nueva Imagen, 1980), p. 47. Original publicado en París (Seuil, 1975).

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científicas de los Estados y multinacionales, concretada en sus líneas prioritarias, cuando no altamente secretas.

Asimismo la comparación entre la ciencia y la religión fue ampliamente desarrollada durante esos años de actividad crítica. En 1971 la revista Survivre acuñó un texto que puede ilustrar bien este tipo de concepciones," y cuyo título, La nueva Iglesia univer- sal, deja clara la tesis básica: «La ciencia ha creado su propia ideología, que tiene muchas de las características de una nueva religión, que podríamos llamar el cientifismo. Dicha ideología ha reemplazado a las religiones tradicionales. Se enseña obligatoria- mente en todos los niveles educativos y está difundida en todas las clases sociales, si bien resulta más poderosa en los países más desarrollados y en las profesiones intelectuales»." Basada en reali- dad en una serie de mitos, que los autores del artículo van a tratar de delimitar, pretende además que dichos mitos son los únicos verdaderos, por estar fundados en razón. Los tecnólogos, los tecnó- cratas y los expertos son los sumos sacerdotes dé dicha religión, pero la gran mayoría de los científicos están dispuestos a aceptar su pertenencia a dicho «clero», con tal de no ser excómulgados de la comunidad científica. Organizada jerárquicamente, esa Iglesia uni- versal está profundamente interrelacionada con el poder político, militar y económico, conforme a la tradición de todas las grandes religiones. Puestos a enunciar su credo, el grupo Survivre opta por las formulaciones más extremas de sus artículos de fe, y ello no porque piensen que todos los científicos los suscribirían tal cual, sino porque en esas expresiones se encuentran los fundamentos últimos de dicha ideología, que luego podrá ser matizada y suaviza- da convenientemente por sus usuarios:

Mito 1. «Sólo el conocimiento científico es un conocimiento verdadero y real; es decir, sólo lo que puede ser expresado cuanti- tativamente o ser formalizado, o ser repetido a voluntad bajo condi- ciones de laboratorio, puede ser el contenido de un conocimiento verdadero.» De acuerdo con este mito, el conocimiento científico es «universal, válido en todo momento, en todo lugar y para todos, más allá de las sociedades y de las formas culturales particulares»."

38. «La nueva Iglesia universal», en Survivre, 9 (agosto y septiembre de 1971), pp. 310 y ss., en LÉvt LEBLOND, (Auto)crítica de la ciencia, pp. 48-57.

39. «La nueva Iglesia universal», pp. 48-49. 40. «La nueva Iglesia universal», pp. 50-51.

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Mito 2. «Todo lo que puede ser expresado en forma coherente en términos cuantitativos, o puede ser repetido en condiciones de laboratorio, es objeto de conocimiento científico y, por lo mismo, válido y aceptable. En otras palabras, la verdad... es idéntica al conocimiento, es decir, idéntica al conocimiento científico.»41

Este segundo mito, siendo el recíproco del primero, perfeccio- na la teología del cientifismo, dando validez a todo cuanto sea

cuantificable, formalizable o experimentable en laboratorio, inde-

pendientemente de su mayor o menor interés intrínseco, o de su función social. La aplicación de la metodología científica a las actividades militares, en concreto, justifica este tipo de investiga- ciones y las hace científicamente probadas, o al menos dignas de ser estudiadas. Los laboratorios experimentales pueden ser, en este casó, países y regiones enteras, como ocurrió en Vietnam para el caso de las armas químicas o biológicas, o en Chile y en Argenti- na con teorías económicas.

Mito 3 (o concepción mecanicista, formalista y analítica de la naturaleza). «Átomos, moléculas y sus combinaciones pueden ser enteramente descritos según las leyes matemáticas de las partículas elementales; la vida de la célula en términos de moléculas; los órganismos pluricelulares en términos de poblaciones celulares; el pensamiento y el espíritu (incluyendo todas las clases de experien- cia psíquica) en términos de circuitos de neuronas, las sociedades animales y humanas, las culturas humanas, en términos de los individúol que las componen.»42

No cabe duda de que la unificación de la ciencias por reduc- ción á lenguaje fisicalista participaba de este tipo de mentalidad Cientifista.

Mito 4. «El papel del experto: el conocimiento, tanto para su desarrollo como para su transmisión a través de la enseñanza, debe ser dividido en numerosas ramas o especialidades [...]. Para cual- quier cuestión perteneciente a un determinado campo, sólo corres- ponde la opinión de los expertos en este campo particular; si abarca varios campos, sólo lo es la opinión colectiva de los exper- tos de todos estos campos.»43

41. «La nueva Iglesia universal», p. 51. 42. «La nueva Iglesia universal», p. 52. 43. «La nueva Iglesia universal», p. 52.

228 Crítica de la ciencia Este parcelamiento de los objetos de estudio, regla básica del método analítico desde Descartes, es una de las claves del cientifis- mo y, en particular, fundamenta el poder de los expertos, la jerar- quización del conocimiento científico y la posibilidad misma de su cómoda administración estatal. Las decisiones, los informes deter- minantes, han de ser competencia de los expertos en la materia. Paralelamente, éstos deben de usar un lenguaje incomprensible para la población, al modo de las viejas lenguas sagradas, garanti- zándose con ello el respeto y la admiración de las masas ignoran- tes. Pero, sobre todo, «nadie puede pretender por sí mismo un conocimiento válido de ninguna parte compleja de la realidad»." Ha de ser el Sanedrín de los científicos el que dictamine en último término sobre lo que es verdadero y falso.

Mito 5. «La ciencia, y la tecnología surgida de la ciencia, y sólo ellas, pueden resolver los problemas del hombre.»45

El cientifismo es una religión incluso por su misión salvífica. También en este caso el reino de los cielos está lejano, por supues- to. La tarea de los científicos consiste en «aproximarse a la verdad», aunque ésta nunca vaya a ser alcanzada en el tiempo histórico; y conducir a la grey de sus conciudadanos hacia ella, claro está.

Mito 6. «Sólo los expertos están calificados para participar en las decisiones, porque sólo los expertos 'saben'.»46

Ratificación de uno de los dogmas anteriores del cientifismo que, sin embargo, es imprescindible para transformar la comuni- dad científica en Iglesia, coyi su correspondiente jerarquía y curia, ya que no Papado. En la vieja tradición racionalista e ilustrada, la nueva Iglesia universal adopta formas republicanas de gobierno. El grupo Survivre, al enunciar estos mitos, no está afirmando su falsedad. Por el contrario: «Como todos los mitos, los del cienti- fismo contienen algunos sólidos elementos de verdad: el hecho de que se pretendan fundados en razón les concede un poder suple- mentario».47 Su propósito consiste en denunciar la utilización ideo- lógica y cuasi-religiosa de numerosos logros de la ciencia al objeto

44. «La nueva Iglesia universal», p. 53. 45. «La nueva Iglesia universal», p. 53. 46. «La nueva Iglesia universal», p. 53. 47. «La nueva Iglesia universal», p. 54.

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de justificar nuevas formas de explotación. En este mismo sentido, aunque ahora desde posiciones marxistas, irán las críticas de Lévi Leblond y otros autores, como veremos en el siguiente apartado. 7.3.2. LA PROLETARIZACIÓN DE LA CIENCIA

La crítica de Lévi Leblond a la actual investigación científica parte de una tesis básica, de raigambre marxista: «La actividad científica, como cualquier otra, no es separable del conjunto del sistema social en que se practica».48 Podría pensarse que, entre el siglo xvii

y el xix, la investigación científica era individual, e incluso artesa-

nal. Cada científico trabajaba por su cuenta, y era propietario de los resultados producidos y libre para elegir las líneas a seguir. Escasa- mente institucionalizadas, las relaciones de jerarquía que se produ- cían tenían su origen en el mutuo reconocimiento de los méritos. Es cierto que ya había importantes instituciones científicas, deter- minantes en muchos casos de lo que era digno de atención y lo que no. El artículo de Frank E. Manitel, «Newton, autócrata de la ciencia»,49 expone claramente las estrategias y las argucias de New- ton en su lucha por el poder científico de la época desde la presidencia de la Royal Society, tanto a nivel nacional (contra Flamsteed) como internacional (polémica con Leibniz). Y no hay duda de que podrían aportarse otros muchos ejemplos de la in- fluencia de las academias, sociedades científicas y laboratorios en la atribución de los méritos y en el logro de apoyos y difusión para unas u otras líneas de investigación.

Pero el siglo XX supone un cambio radical al respecto. Con la

progresiva institucionalización de toda la actividad científica, y sobre todo, con la industrialización de la investigación, los meca- nismos de producción que rigen otras formas de actividad humana han pasado a insertarse profundamente en la ciencia. Hay que hablar de trabajo de los científicos, y en concreto de división del

48. J. M. LÉVI LEBLOND, La ideología de/en la física contemporánea, traduc- ción de J. Jordá (Barcelona, Anagrama, 1975). El original fue publicado en Les Temps Modernes, 337-338 (1974). Véase en concreto la p. 85 de dicha traducción. 49. Véase FRANK E. MANUEL, «Newton, autócrata de la ciencia», en D. A. Rosrow (ed.), Filósofos y estadistas, traducción de E. de Champourcín (México, FCE, 1976), pp. 490-528 del original, titulado Philosophers and Kings: Studies in Leader- ship (Nueva York, G. Braziller, 1970).

230 Crítica de la ciencia trabajo. Esto se manifiesta por una parte en la división entre disci- plinas, cada vez más aisladas entre sí; pero también en el abismo abierto entre teóricos y experimentadores, restringidos cada uno de ellos a sus respectivas tareas dentro de un proyecto investigador; y asimismo en la aparición de auténticos «patronos», que han perdido el contacto real con cualquier tipo de investigación cientí- fica y sólo se dedican a funciones administrativas y políticas, al objeto de recabar fondos, administrarlos, cuidar la imagen del equipo investigador, firmar contratos, tener influencia política, etc. Una cuarta novedad estriba en la parcelización de la enseñanza de la ciencia, de tal manera que se pierda la idea de globalidad, acostumbrando a los futuros investigadores a trabajar sólo en el campo que les ha sido asignado, y a dejar en manos de otros las decisiones generales sobre qué líneas seguir, o cómo aplicarlas, o cómo conectarlas con investigaciones en otras disciplinas. Todo ello transforma a los científicos en trabajadores, y la investigación científica en una empresa, estructurada como cualquier otra, y determinada por las reglas del capitalismo. El mismo reconoci- miento del mérito ya no depende tanto de la creatividad científica cuanto de factores sociales externos a la propia investigación: buena red de public relations, fácil acceso a los medios experimen- tales, obtención de fondos económicos, pertenencia a una institu- ción prestigiosa, etc." La ciencia artesanal clásica, en la que cada científico o grupo de científicos era relativamente propietario de los resultados de su actividad y libre para orientarla en un sentido u otro, ha sido reemplazada por una ciencia industrializada, dando lugar a lo que Lévi Leblond llama proletarización de los científicos. Ello es particularmente claro en el caso de los técnicos de labora- torio, que ni siquiera son mencionados en las publicaciones finales, pero también resulta válido para los investigadores en situación eventual, cuya inserción en la comunidad científica depende de tener un buen patrón, de seguir al pie de la letra las instrucciones que éste imparta y de limitarse al trabajo que le ha sido asignado. La concesión de premios (como el Nobel) y honores (doctorados honoris causa, etc.) es otro ejemplo del mismo fenómeno:

En todos los casos se recompensa menos la competencia estrictamen- te científica del individuo, que ya he dicho que tendía a perder todo

50. J. M. LÉVI LEBLOND, La ideología..., p. 33.

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sentido, que su capacidad para funcionar en el seno de la institución científica y de hacer funcionar a ésta: existencia de una importante red de relaciones en el medio, acceso a los organismos de decisión, aceptación de la lucha por el poder y la fama, relaciones de competencia, complicidad con los colegas, son los factores de éxito.51

Particularmente importante es, en este sentido, la separación entre tres tipos de práctica científica, en la cual se ratifica el principio de división del trabajo científico. Lévi Leblond distingue las siguientes:

1) La investigación propiamente dicha: descubrimiento de le- yes, propiedades y fenómenos todavía desconocidos. En esta activi- dad sólo participan sectores muy limitados de la ciencia, y dentro de cada uno de ellos un número escaso de investigadores.

2) El desarrollo, mediante el cual se aplican los resultados ya establecidos para resolver diferentes problemas: nuevas teorías y nuevas técnicas experimentales para evidenciar unos efectos teóri- camente previstos. Mediante este; concepto, no sólo se retorna críticamente la distinción habitual entre investigación y desarrollo

(I+D), sino también, como el propio Lévi Leblond señala, la oposi-

ción kuhniana entre ciencia revolucionaria y ciencia normal. Gran parte de los científicos se dedica a esta segunda actividad.

3) La enseñanza, cuya función es descrita en los siguientes términos: «Ya que el mantenimiento y la continuación de la activi- dad científica dependen de la formación de una suficiente mano de obra especializada y del apoyo al menos implícito de cierta frac- ción de la sociedad, es evidente que la difusión de los conocimien- tos científicos forma parte integrante de la práctica científica en general»." En relación a las otras fases de la actividad científica, la enseñanza está considerablemente desvalorizada. Sus métodos siempre son los mismos. Los manuales repiten esquemas y conteni- dos, presentando en general exposiciones puramente teóricas, exageradamente formalistas y en las que cualquier huella de la actividad científica real que llevó a tales resultados (problemas, heurística, debates, etc.) ha sido cuidadosamente borrada." Aque-

51. J. M. LÉVI LEBLOND, La ideología..., p. 37.

52. Véase J. M. LÉVI LEBLOND, La ideología..., pp. 38-40 para la distinción entre los tres tipos de práctica científica, y p. 40 para la cita concreta.

53. J. M. LÉVI LEBLOND, La ideología..., pp. 53-54 para la crítica de la actual enseñanza de la ciencia.

232 Crítica de la ciencia líos manuales que tratan de romper con esa tradición, presentando las cuestiones en su aspecto histórico, encuentran oposición entre los enseñantes. La ciencia ha de presentarse como un saber seguro y estable, que puede ser aplicado sin sombra de duda. Investigado- res, técnicos y enseñantes constituyen los tres grandes sectores de la empresa científica.

Esta división se refleja en las universidades, en los institutos de investigación y en los laboratorios, con las consiguientes diferen- cias de sueldo, de función y de responsabilidad. Así estructurada, la actividad científica «reflejaría también una cierta concepción de las ciencias de la naturaleza como uno de los pocos campos de expansión aparentemente indefinidos, abiertos todavía a la volun- tad de dominación de la burguesía».54 La noción de progreso indefi- nido de la ciencia encubre así unos intereses económicos. Siendo, además, uno de los campos de actividad económica en el que los trabajadores tienen menor conciencia social, debido en parte a la ilusión por el prestigio social que su trabajo podría llegar a propor- cionarles, la ciencia industrializada pasa a ser uno de los ámbitos primordiales de acumulación de capital. La proletarización de los científicos, por lo mismo, ha avanzado a gran ritmo durante el si- glo xx.

La división del trabajo científico constituye el mecanismo fun- damental de control y de alienación de los científicos, y ello en la triple vertiente ya mencionada: jerarquización de las funciones individuales, especialización de las disciplinas y separación de los tres tipos de práctica científica." El científico se ve alienado de los resultados de su trabajo, y ni siquiera llega a alcanzar el signifi- cado concreto del mismo: «Oscuro ejecutor del cálculo teórico o de la experimentación, sólo tiene una visión muy limitada del proceso global en el que se inscribe su trabajo»." La producción de conocimientos ha quedado tan parcelada como la producción de cualquier tipo de bienes materiales, estando sujeta a las mismas leyes que ésta. La investigación científica no es una actividad separada del contexto social en que se produce, que no es otro que el capitalista; e incluso es uno de los ámbitos de producción más beneficiosos para el capital.