2. La concepción heredada 23 )
3.4. La falsabilidad como criterio de demarcación
El problema de la demarcación entre ciencia y metafisica (Abgren-
zungskriterium) es considerado por Popper, como por el Círculo de
Viena, como una cuestión capital para la filosofia de la ciencia. Pese a esta común perspectiva, en la que se muestra la incidencia que sobre su pensamiento tuvieron los debates de los atomistas lógicos, la solución propuesta por Popper será muy diferente. Pop- per rechaza la inducción como criterio de demarcación precisa- mente porque no considera que sea un criterio satisfactorio. Y se remite a Kant como al autor en el que el problema de la demarca- ción adquirió una importancia prioritaria. La solución de los positi- vistas le parece naturalista, mientras que para Popper dicho proble- ma no es exclusivo de las ciencias naturales. Si aceptásemos las propuestas de Wittgenstein o de los vieneses, afirma Popper, partes muy importantes de la ciencia (como las leyes científicas) habrían de ser consideradas como extracientíficas, al no proceder de obser- vaciones repetidas que inductivamente han dado lugar a enuncia- dos universales. De ahí que el criterio neopositivista de demarca- ción, basado en la verificación o en la confirmación, pero de hecho sustentado en el método inductivo como marca de la cientificidad, ha de ser radicalmente modificado.
Para Popper la ciencia no es nunca un sistema de enunciados ciertos e irrevocablemente verdaderos, sino todo lo contrario. La ciencia nunca alcanza la verdad, sino que se aproxima a ella proponiendo sistemas hipotéticos complejos (las teorías científicas) que permiten explicar más o menos fenómenos empíricos, pero nunca todos los hechos que se pueden presentar en una disciplina determinada y en un momento histórico dado como base empírica de dicha ciencia. Los científicos deducen, a partir de dichos siste- mas hipotéticos, consecuencias que coinciden en mayor o menor grado con la experiencia. Pero las teorías científicas nunca son categóricas, sino conjeturales. La función de la empiria consiste en refutarlas, o en el mejor de los casos en corroborarlas en un cierto grado, pero no en ratificar ni en confirmar las teorías.
Surge así el nuevo criterio de demarcación entre ciencia y no ciencia: una teoría es científica si puede ser falsada por medio de la experiencia (en el caso de las teorías empíricas) o por medio de su contradictoriedad interna (en el caso de las teorías lógicas y mate-
84 El falsacionismo popperiano La falsabilidad como criterio de demarcación 85
máticas). Para Popper, «las teorías no son nunca verificables empí-
ricamente»," pero sí han de ser contrastables con ella. En lugar de
elegir un criterio positivo de contrastación, hay que tomar uno ne-
gativo:
No exigiré que un sistema científico pueda ser seleccionado, de una vez para siempre, en un sentido positivo; pero sí que sea susceptible de selección en un sentido negativo por medio de contrastes o pruebas empíricas: ha de ser posible refutar por la experiencia un sistema científico
empírico.17
La posibilidad de mostrar la falsedad de una teoría científica
mediante la experiencia, por ejemplo a través de las predicciones
que deductivamente se derivan de ella, es el signo distintivo del
saber científico frente a otro tipo de saberes. Esta falsabilidad es un
criterio de demarcación, pero no de sentido. Aquello que no versa
sobre la experiencia ni es falsable por ella puede perfectamente
tener sentido, pero sin ser científico. Popper no reprocha a la
metafísica clásica, ni en general a la religión, o a la poesía, o al arte,
su ausencia de sentido, como sí hicieran Carnap y el Círculo de
Viena. Él afirma incluso que la metafisica puede tener valor para la
ciencia empírica." Lo que ocurre es que, entre aquellos enuncia-
dos empíricos que tienen sentido (por ejemplo, «surgirá una bola
de fuego del cielo» y «aparecerá el corneta Halley el año 1986») el
primero no es falsable y el segundo sí; en esa medida, sólo el
segundo es un enunciado científico.
Popper propone la falsabilidad corno criterio de demarcación
basado en una asimetría lógica entre la verificabilidad y la falsabili-
dad. Un enunciado universal nunca es deductible a partir de los
enunciados singulares, por muchos que éstos sean, como ya vimos
en el análisis popperiano del problema de la inducción; pero, en
cambio, un enunciado singular sí puede contradecir un enunciado
universal, y por lo tanto refutarlo.
En consecuencia, por medio de inferencias puramente deductivas (valiéndose del modus tollens de la lógica clásica) es posible argüir de la verdad de enunciados singulares la falsedad de enunciados universales.'
16. K. R. POPPER, Lógica..., p. 39. 17. K. R. POPPER, Lógica..., p. 40. 18. K. R. POPPER, Lógica..., p. 38. 19. K. R. POPPER, Lógica..., p. 41.
La relación metodológica adecuada entre teoría y experiencia
es pues la tentativa de falsación. Un enunciado universal del tipo
«todos los hombres son mortales» no puede nunca ser comprobado
e
xperimentalmente, por muchos que fuesen los casos singulares en
l
os que,en efecto, se certificase que también este individuo singu-
lar había muerto. En cambio, es muy fácil refutar dicho enunciado
por la vía de la experiencia. Bastaría mostrar (incluso observacio-
nalmente) que un determinado hombre no ha muerto —por ejem-
plo, tras varios siglos de existencia—
para que el enunciadouniver-
sal quedase, si no plenamente refutado, sí puesto seriamente en
cuestión. En esa medida, dicho enunciado puede ser plenamente
aceptable en una disciplina científica como la biología, por su
enorme contrastabilidad con la experiencia. Y otro tanto cabría
decir de enunciados científicos más especializados, como los enun-
ciados de leyes, que normalmente son proposiciones universales
que se refieren a la experiencia, y que por consiguiente pueden ser
falsados con facilidad con sólo un contraejemplo fáctico que se
encuentre. Por el contrario, otro tipo de afirmaciones nunca po-
drían ser refutadas experimentalmente, o cuando menos sólo sé-
rían
falsables con grandes dificultades y de forma dudosa. La facili-
dad para la falsación empírica caracteriza el saber científico, y por
lo mismo cabe distinguir grados de contrastabilidad en unas u otras
teorías.
La regla lógica fundamental en las ciencias empíricas pasa a
ser el modus tollens, cuya forma de expresión es la siguiente:
[(p q) « q] p
Para demostrar que una proposición p es falsa, basta demos-
trar deductivamente su contradictoria, ---p. Y, a su vez, para ello
puede seguirse la vía indirecta (paralela desde el punto de vista
deductivo a la clásica reductio ad absurdum) de examinar alguna
de las consecuencias, q, que se derivan de la proposición p. Si
conseguimos demostrar:
por un lado
y por otro
podemos concluir
p q q86 El falsacionismo popperiano con lo cual hemos logrado nuestro objetivo de refutar p: la hipóte- sis p ha de ser eliminada (quitada, tollere) porque si la admitimos, dado que de ella se deduce q y q es falsa (por ejemplo, porque comprobamos empíricamente que no ocurre q) llegamos a un absurdo; luego hemos de aceptar la falsedad de p, en virtud de que de lo verdadero nunca se deduce lo falso.
Vemos pues que Popper conjuga su tesis de la estructura deductiva de las ciencias empíricas con la contrastación teoría/ empiria en base a esta regla deductiva que es el modus tollendo tollens, y que sería de continua aplicación en el razonamiento experimental. Por el contrario, la verificación y el modus ponens no tienen aplicación en las ciencias experimentales en el caso de los enunciados universales. La asimetría entre enunciados univer- sales y singulares, desde el punto de vista de las propiedades lógicas del condicional, es la tesis que sustenta el criterio popperia- no de falsabilidad.
Obsérvese que, como ya sucedió en el caso del Círculo de Viena, Popper no exige una falsación ya efectuada para atribuir carácter científico a una proposición, sino la falsabilidad en princi- pio. Una teoría auténticamente científica es la que no sólo se limita a presentar sus hipótesis y sus consecuencias, sino que además delimita los distintos modos en los que dichas consecuencias po- drían ser refutadas experimentalmente. La metafísica clásica no se ha preocupado nunca de este aspecto, limitándose a enunciar y a argumentar sus tesis, pero sin sugerir los medios concretos me- diante los cuales dichas teorías podrían ser contrastadas con la experiencia. En cambio, la ciencia sí lo ha hecho, en mayor o menor medida, y por eso la falsabilidad es un criterio adecuado de demarcación.